La generación del Yo

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A la Psiquiatría no le gusta demasiado la palabra “narcisismo”.

Y es comprensible porque en realidad el concepto “narcisismo” no procede de la Psiquiatria sino del psicoanálisis. Fue Sigmund freud quien lo rescató de la mitología y se lo enfundó a ciertas caracteristicas de la evolución de la mente infantil y no tan infantil.

De tal manera que hoy, esta palabra tiene múltiples acepciones:

  • Narcisismo como un trastorno de personalidad catalogado por la Psiquiatria en el DSM-IV.
  • Narcisismo como etapa evolutiva de la maduración de la mente.
  • Narcisismo como sinónimo de egocentrismo y opuesta al etnocentrismo.

Y luego está la versión popular, narcisismo seria algo así como estar enamorado de uno mismo, la tendencia a darse excesiva importancia, a la grandiosidad, al sentimiento de que uno está destinado a un alta misión.

Por definición el narcisista sería aquel que no sólo se da a si mismo una excesiva importancia sino que se la quita a los demás. Pues todo parece indicar que el Yo engorda precisamente a base de suplementos de autoestima que se sustrae vampíricamente a otros: a los que piensan y sienten de manera diferente. Pues el narcisista no puede tolerar las diferencias porque en el fondo siente que los otros son simples prolongaciones de sí mismo.

Algo asi parece que les sucede a los niños.

Cuando somos pequeños creemos que lo que uno piensa y siente es necesariamente lo mismo que piensan los demás, que lo que vemos o percibimos coincide con lo que ven y perciben los otros. El otro simplemente no existe como una persona separada que tiene sus porpias necesidades y opiniones sino que se siente como una interface, como una prótesis del Yo, una especie de prolongación externa de nuestro propia mismidad. Asi que es lógico que tengamos una enorme decepción cuando comenzamos a vislumbrar que el otro siente y piensa diferente y mucho más que eso: cuando notamos que el otro no adivina nuestras necesidades o cuando no anticipa nuestros deseos. Es un dia catastrófico aquel en que damos el salto y descubrimos que el otro es un otro.

Ese dia perdemos magia, intensidad y grandiosidad, algún juguete valioso se rompió en nuestra ludoteca particular, desde entonces no tenemos más remedio que aceptar que el otro no es un Yo adherido sino alguien con una subjetividad propia lo que es lo mismo que decir con una subjetividad diferente.

No tenemos más remedio que aceptar que el otro es libre.

Y negociar de forma interminable cada posición individual.

O eso o la confrontación, pues cada meme narcisista no hace otra cosa sino tratar de imponer su punto de vista a los demás.

Creo que el narcisismo más que un conjunto de rasgos de personalidad o estilos de relacion interpersonal puede definirse tambien como la condición de ciertos tipos de conciencia primitivas que encuentran anidadas en los organismos individuales en las condiciones idóneas para sobrevivir, en realidad el narcisismo es un meme, una idea que encuentra muchas razones para parasitar las mentes de las personas concretas y que puede traducirse en la práctica por un individualismo feroz y un vacío sustancial que no sólo desconoce al otro sino que lo elude en sus diferencias y se encuentra precisamente por eso en guerra permanente con lo diferente.

Toda la patología psiquiátrica, social, y cultural se encuentra infectada por este meme.

Aunque los modos de infección son diversos y proceden de distintos entornos.

Los que alcanzamos la mayoria de edad en la década de los 60-70 somos probablemente los individuos más narcisistas de la historia reciente. Mi generación se caracteriza por la rebeldía, el idealismo y el individualismo. Somos narcisistas rabiosos aunque con algun toque de trascendencia, somos muy fáciles de reconocer y tenemos además una carcteristica astrológica común: todos tenemos a Plutón en Leo, algo que infectó a toda una generación como suele hacer Plutón, un planeta que tarda algunos años -tantos como una generación- en transitar por un signo zodiacal (248 años en transitar por todos ellos).

Aqui hay una buena descripción de las caracteristicas de haber nacido bajo esa influencia:

Plutón estuvo en Leo desde 1.939 hasta 1.957, un período marcado por las experiencias traumáticas de la Segunda Guerra Mundial y el lanzamiento de la primera bomba atómica. Perteneces a una generación que experimenta con frecuencia períodos de intensa creatividad, haciendo posible profundos cambios en la vida interior, una intensidad creativa que es buena para la música, la poesía, el arte etc. Eres muy sensible (incluso vulnerable) cuando se trata de expresarte, de «sacarlo fuera».

Somos la unica generación que tiene un himno a su propia generación, este de The Who:

Somos la generación que llegó a la luna y la de los grandes descubrimientos científicos, los que se opusieron a la guerra de Vietnam y los que inventaron la musica pop, los del amor libre y los de la psicodelia ,los de la paz universal y los de las barricadas de Paris en 1968. Somos la generación que sobredimensionó el Yo y lo elevó a los altares.

Pero fuimos tambien los primeros en sucumbir a las nóminas y a los intereses, a las mentiras y a las apariencias, fuimos, por asi decir, los abanderados del “cada cual a lo suyo” que sustituyó nuestra consigna mas conocida. “A mi nadie me dice lo que tengo que hacer” o la aun más conocida:

“Prohibido prohibir”

No es de extrañar que mi generación haya oscurecido -por su brillantez- a las siguientes y posteriores generaciones mucho más light o incluso incógnitas como aquella generacion X de la que no conocemos aun su identidad y que terminó por diluirse en los efluvios de las drogas o de la anomia social.

Ken Wilber escribió sobre nosotros -sobre él mismo- en un libro ya mitico titulado “boomeritis” que es como él llama a la enfermedad del narcisismo que se instaló en toda nuestra generación – la del “baby boom”-, aquella que creció de espaldas a la segunda guerra mundial y nació -entre nosotros- en la postguerra española.

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Para Wilber la “boomeritis” es el principal obstáculo para alcanzar el pensamiento de segundo nivel, es decir aquel estado de expansión de la conciencia -una expansión que se realiza en espiral- segun la teoria de la “dinámica espiral” propiciada por Clare Graves que representaria el alcanzar un estado tal de elevación que superara las contradicciones y antagonismos propios del pensamiento egocéntrico que caracterizaría el primer nivel.

Pero la boomeritis no aqueja solamente a mi generación porque el narcisismo-egocentrismo es desde el punto de vista evolutivo muy potente: representa algo asi como el muy adaptativo “sálvese quien pueda” que seguramente ha producido grandes servicios a nuestra especie. Despegar de él no es cosa fácil sobre todo en un mundo donde el lucro y los rendimientos personales seguidos de premio o de recompensa son los ídolos en los que creen la mayor parte de la población infectada.

Sin contar con el hecho psicológico de que primero tenemos que diferenciarnos para más tarde integrarnos. Muchos de mi generación lograron el primer objetivo pero no el segundo.

La generación actual (los que tienen ahora entre 20-30 años tienen tambien un gran riesgo de boomeritis a pesar de pertenecer a una generación donde la amistad  y los valores cooperativos han terminado por desplazar el autoritarismo y las decisiones fuertemente jerarquizadas al museo de los horrores de la historia. Esta generación que practica el relativismo pluralista puede fenecer de éxito precisamente por no saber discriminar la jerarquia de crecimiento de la jerarquia opresiva, su rechazo de todo orden es precisamente el obstáculo más importante con el que tendrán que lidiar y lo que segun Wilber puede llevarles en un siniestro camino de retorno hacia la boomeritis o el narcisismo ensimismado que caracterizó a nuestra generación.

El narcisismo tiene pues varias puertas de entrada.

Ellos deben ser capaces de dotar de sentido a su eslogan fundacional “que cada uno haga lo que quiera” y transformarlo en un sentido cooperativo en este otro “no todas las ideas tienen el mismo valor” lo que supondría una via de escape de su relativismo postmoderno y el atrapamiento de alguna verdad que se coló por entre las grietas del progreso.

Un confundir “churras con merinas” que se adivina en esa nueva falacia que se conoce con el nombre de nueva era, donde casi cualquier cosa es aceptada como verdad simplemente por el hecho de ser nueva o conectar con algo pseudotrascendente y que entre bastidores permite entrever a creadores de nuevos paradigmas que crecen como setas poniendo en cuestión las verdades universales que antaño sostuvieron nuestros sistemas de creencias y donde podemos adivinar a otros narcisistas tratando de venderse a si mismos ocultos tras sus máscaras de siempre.

Un narcisismo especulativo, tendencioso y que además cobra royalties.

La persistencia del carlismo

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Casi todas las zonas urbanas se mostraron leales a la monarquía, restos de la muralla liberal de Castellón

Probablemente Fernando VII fue el rey español más nefasto que hayamos tenido en nuestro país, conocido por el rey felón por unos y “El deseado” por otros ya que dejó España sola cuando fue invadida por el francés.

Casó cuatro veces y solo con su cuarta esposa acertó a tener descendencia. El problema es que al no tener un heredero varón se le ocurrió cambiar la ley -llamada sálica- que impedía reinar a las mujeres. Hoy sería aclamado por este hecho pero lo que importa recordar es que cambió la ley cuando se le antojó y con esta decisión arrastró a España a un siglo de atraso con respecto a nuestros vecinos, un atraso que se vería mayormente ampliado al final del siglo XIX, después del desastre de Cuba.

Con su cuarta mujer Maria Cristina de las Dos Sicilias tuvo dos hijas, una Isabel que posteriormente sería reina de España con el nombre de Isabel II y otra que desapareció de la escena española Maria Fernanda al casarse con el duque de Montpensier. Fernando VII murió joven  con tan solo 44 años en 1833, razón por la que su esposa Cristina fue la regente durante la minoría de edad de Isabel que tuvo que ser reina prematuramente antes de alcanzar la mayoría de edad.

El problema es que no todo el mundo estuvo de acuerdo con esta abolición de la ley sálica, más concretamente no lo estaba su hermano menor Carlos Isidro cuya personalidad manipuladora y conspiradora ha pasado a la historia con mayor o menor razón. El caso es que Carlos Isidro tras morir su hermano Fernando el 29 de septiembre de 1833, emitió el Manifiesto de Abrantes el 1 de octubre, en el que declaraba su ascensión al trono con el nombre de Carlos V. El 6 de octubre, el general Santos Ladrón de Cegama proclamó a Carlos como rey de España en la localidad de Tricio (La Rioja), fecha en la que se da como comenzada la Primera Guerra Carlista.

Es importante señalar que durante el siglo XIX España tuvo tres guerras carlistas y algún episodio marginal relacionado con ellas, como la Octubrada en 1900, después el carlismo desapareció al menos militarmente hasta la guerra civil española donde los requetés navarros prestaron una ayuda trascendental a Franco y al Alzamiento Nacional, una ayuda que el dictador les pagó en forma de concierto o cupo vasco, sobre todo a Navarra, puesto que Vizcaya y Guipuzcoa fueron castigadas por no sumarse al bando nacional (aunque recuperaron su propio cupo en la Transición).

¿Qué es el carlismo?

Aunque el carlismo aparece en la escena política a partir de ciertas ideas legitimistas, es decir la defensa de un rey verdadero frente a una reina “impostora”, el carlismo es un movimiento mucho más complejo y de alcance más profundo de lo que aparenta. Este post está escrito para alumbrar ciertas ideas que puedan ayudar a comprender como el carlismo del XIX logró sobrevivir al desastre de Cuba, a la guerra civil, al propio Franco y a la Transición democrática española. El carlismo es un fenómeno de largo alcance y aun hoy lo podemos rastrear en ciertos movimientos políticos como el nacionalismo vasco y catalán. No hay que olvidar que tanto el nacionalismo vasco como el catalán aparecen a mitad del siglo XIX.

Más allá de su apariencia legitimista el carlismo es sobre todo un movimiento rural y tradicionalista, un movimiento reaccionario que en sus orígenes propugnaba, no solo la vuelta al Antiguo Régimen, sino también una política de Cristiandad.  Hace falta señalar que el carlismo fue un movimiento anti-urbano, una llamada a la vuelta a los orígenes y que estaba compuesto por beatos, clero, propietarios rurales y gañanes sin educación, no es de extrañar que el carlismo prendiera en el Maestrazgo pero no en Castellón ni en Valencia, lo hizo en Aragón, pero no en Zaragoza, y también en las vascongadas pero no en Bilbao. Por supuesto fue muy importante en Cataluña pero no en Barcelona. 

Si hubo tres guerras carlistas es porque se trataba de un empate infinito, cada guerra terminaba más por agotamiento logístico y hambruna que por victorias claras de un rival sobre el otro. Y el hecho de que durara casi 100 años demuestra que no se trataba de un conflicto baladí sino de algo mucho más profundo que un “quita tu rey para poner el mío”. Lo que estuvo en juego en esa larga guerra fue una España atrasada e inculta, rural, conservadora y ultracatólica contra una España que aspiraba a la modernidad a través de las ideas liberales con una constitución la de 1812 que duró bien poco al ser aniquilada por el propio Fernando VII. Liberales contra carlistas es una forma de decir, rural-católicos contra urbano-aperturistas en la interpretación que hace Sergio del Molino sobre este conflicto.

En este sentido vale la pena leer el libro de Sergio del Molino, titulado “La España vacía”, para del Molino se trataría mas bien de una guerra de una España que empezaba a despoblarse contra la España llena de las ciudades. Una España vacía contra una España llena, tendencia que el propio Molino señala como el Gran Trauma que culminó después de la guerra civil española con el abandono del campo de casi media España.

El anhelo campesino del español medio permanece en nuestro inconsciente colectivo, vale la pena pensar en eso que hemos llamado “fines de semana”, esa especie de peregrinaje continuo de nuestros ciudadanos urbanos en busca de la pureza campestre, que hablan de un retorno, de una nostalgia, de algo que se perdió y que no tuvimos nunca (de ahí su valor de fetiche perdurable) y que podemos recobrar aunque de formas edulcoradas a través de la gastronomía o del turismo rural. Casi todos nosotros si nos remontamos dos o tres generaciones somos campesinos.

Los carlistas de hoy ya no llevan boinas rojas, ni son católicos furibundos y de alguna forma han alzanzado la ilustración, tienen carrera o al menos la empezaron y estudios y aunque están en paro no son en realidad conscientes de sus orígenes. Casi todos son urbanitas y militan en partidos o colectivos de izquierdas o nacionalistas (excepto la CUP o Podemos que tienen otra extracción). Pdcat, Esquerra republicana, el PNV y Bildu son en su origen carlistas reconvertidos al nacionalismo, también algunos representantes del PSOE y del PP.

El nacionalismo en realidad mantiene vigentes ciertas ideas del carlismo, su gusto medievalizante y su añoranza de las instituciones forales. Podría hacerse un catálogo de topónimos y de “nombres medievalizantes. “Juntas”, “Xuntas”, “Cortes”, “Diputación (del) General”, “sindic de greuges“, “Generalitat”, “Consellers”, etc. ¿Cómo puede explicarse que en pleno siglo XXI hablemos de cupos vascos o navarros?

La desigualdad en España se ha profundizado con el estado de las Autonomías que es un sistema federal encubierto y asimétrico, un generador de desigualdades entre los ciudadanos españoles.

No cabe duda de que la España de las autonomías abrió una espoleta oculta de nostalgia de “otro tiempo mejor”, el tiempo en que España aun no podía considerarse un Estado-nación, en realidad los defensores de este modelo fueron los que perdieron privilegios en la Edad Media, baste como ejemplo citar a los comuneros de Castilla, usualmente presentados como héroes, en realidad no eran sino nobles  que temían perder sus privilegios en relación a las huestes de Carlos I que se aprovisionaba en Alemania. Baste recordar que Carlos I se enfrentó al problema de la Reforma que prendió fácilmente en la Alemania feudal y que gran parte de sus problemas procedían de aquel lugar que sufrió una regresión politica con el luteranismo.

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Los poderes locales, reaccionarios y forales fueron los que se enfrentaron al Imperio y lo socavaron desde dentro valiéndose de la propaganda (la leyenda negra que tan bien explica Elvira Roca Barea en su libro “Imperiofobia”.

Hoy la cuestión es un poco más complicada: los antiguos carlistas ya no son rurales sino urbanitas contaminados por la lucha de clases y ya no son ultracatólicos sino indiferentes religiosamente hablando o bien ateos, algunos le llaman la burguesía porque efectivamente las ciudades ya no son solo de su propiedad, los charnegos y en cierta forma los inmigrantes interiores les han cogido la vez. Es por eso que entre los nacionalistas no solo están los antiguos burgueses de la catalanidad bienpensante sino los que se han reconvertido a la fe nacionalista. Rufián es el arquetipo de esta reconversión en Cataluña, una especie de mezcla de chulería y altivez desvergonzada que contrasta con la invisivilidad de sus padres y abuelos, los verdaderos emigrantes que abandonaron sus pueblos andaluces para buscarse un mundo mejor en Cataluña, un arquetipo que asoma en el personaje de Juan Marsé “Pijoaparte” . Ellos, sus nietos han perdido la vergüenza y no necesitan ponerse una boina roja para abrazar las instituciones forales sin caer en la cuenta de su pecado de reacción al progreso.

¿Qué queda de la envidia del pene?

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Uno de los errores mas graves que tuvo el maestro Sigmund Freud, fue la observación de que las mujeres tenían la secreta ambición de ser hombres y que desarrollaban a lo largo de su infancia una fantasía muy especial: la de haber sido desprovistas de tan preciado órgano. En realidad la observación de Freud no era del todo descabellada si tenemos en cuenta a las mujeres que estudió sobre todo en su época de Viena.

Mujeres burguesas sacrificadas por sus padres a ser las cuidadoras de padres enfermos y de madres al borde del ataque de nervios. Todas las histéricas que Freud nos relata en su ya celebre ensayo “Estudios sobre la histeria” eran mujeres espabiladas y ambiciosas que habían sido designadas por el dedo parental como solteronas al servicio de padres tuberculosos cuando no sifilíticos.

En estas circunstancias enfermaban y no deja de ser curioso que un genio como Freud no advirtiera que esa era la verdadera causa de sus malestares nerviosos. Hasta ese punto estamos ciegos a la evidencia cuando la evidencia viene empaquetada por los usos y costumbres de la cultura. Lo políticamente correcto.

En aquella época y en esta clase social, las niñas tenían una educación similar a la de los niños, pero al llegar a la pubertad los padres las retiraban de la educación reglada y las enclaustraban en el hogar a ejercer “las labores propias de su sexo”, a unas (las menos inteligentes) las casaban y a las más inteligentes las dejaban para “vestir santos”. Es lógico que esas mujeres y en esa clase social  desarrollaran una envidia natural hacia sus hermanos que eran libres para ejercer sus profesiones, seguir con los negocios de la familia o instituir una familia por su cuenta.

Desde entonces generaciones enteras de psicólogos y psiquiatras imbuidos en la idea de Freud, creímos a pies juntillas en esa versión de los hechos: las mujeres tenían envidia de los hombres. Nos tenían envidia porque les faltaba algo y ese algo no podía ser otra cosa que el pene, un órgano que remitía a un símbolo (el Falo).

Y lo cierto es que las mujeres pueden tener envidia de sus hermanos cuando ambos se educan en estereotipos bien distintos. Es hasta lógico que Anna O. o Dora o Elisabeth R, tuvieran envidia de los hombres o de las hermanas peor dotadas que ellas y que conseguían un marido.

Pero este hecho intuitivo ha tenido que rivalizar con otros hechos que han pasado inadvertidos para legiones de investigadores y terapeutas. Estos hechos son los siguientes:

1.- La homosexualidad masculina es sensiblemente más frecuente a la femenina, algo que en principio parece ir en contra del argumento freudiano. Lo lógico en este contexto seria encontrar un numero mayor de lesbianas que de gays. Si tomamos en cuenta el argumento de que ser hombre es mas deseable que ser mujer.

2.- Lo cierto es que “ser mujer” tiene algo de atractivo para los hombres, no solo en relación con la orientación sexual sino que es uno de los cementos de las fantasias sexuales masculinas: el travestismo, el fetichismo, y el transexualismo son más frecuentes de hombre a mujer que de mujer a hombre.

3.- Hombres que se visten (en la intimidad o en publico) como mujeres, que hablan como mujeres, que andan como mujeres, que se ponen zapatos de tacón o medias, que fantasean con ser sumisas, dominadas, sojuzgadas, violadas o vendidas como rameras forman parte del imaginario masculino y son las fantasías que con más frecuencia atienden las profesionales por parte de los hombres.

4.- Todas las parafilias son más frecuentes en hombres que en mujeres, del mismo modo sucede con los pares sadismo/masoquismo. tanto los sádicos como los masoquistas son en su mayor proporción, hombres a pesar de que Freud pensaba que el masoquismo en la mujeres es constitucional.

Los hechos desmienten pues la idea de que las mujeres envidian la posición masculina “per se” aunque es posible que en algunos entornos puedan envidiar su posición en la sociedad sobre todo en las sociedades preindustriales. En ciertos casos esta envidia pueda estar justificada sobre todo en ciertos en entornos -como los agrícolas- donde hay muchas diferencias en las oportunidades de ser, lo cual tiene una explicación antropológica: casar a un muchacho es siempre más caro (consume más recursos) que casar a una muchacha dado que a un muchacho es necesario dotarle de ciertos atributos (oficio, ganado, tierras) para que pueda disponer de esposa y casa propia.

Lo que observó Freud (por el sesgo de su clientela) es que las muchachas envidiaban a los hombres, en palabras del maestro “por estar completos” mientras que el propio cuerpo se sentía como incompleto y que sólo podia ser llenado a través de la maternidad, algo en lo que ya nadie cree. Por otra parte puede ser verdad que las mujeres envidian ciertas características de lo que ellas pueden entender como ventajas masculinas (quedando ciegas a las desventajas) pero en cualquier caso esta envidia no es una envidia por el pene que para Freud era algo literal.

Hay algo en la mujer, más allá de su funcionamiento como objeto de goce -en el mismo hecho de ser mujer- que atrae a los hombres. Algo que Lacan llamó el empuje hacia la mujer. Algo que ha sido muy estudiado por los psicoanalistas postfreudianos a raíz del caso Schreber, aquel juez que se transformó delirantemente en la esposa de Dios .

Lo cierto es que en toda mi vida de psiquiatra no he visto nunca ningún caso de transformación delirante de una mujer en hombre y he visto algunos casos de sentido contrario.

Warren Farrell no es un musico de jazz como su nombre podría darnos a entender sino un psicólogo americano que ha dedicado su vida al estudio del poder masculino y del poder femenino y a redefinir ciertos mitos que hacen recaer una y otra vez sobre un supuesto poder masculino que ha resultado históricamente opresor para las mujeres. Asi dice Farrell que:

Farrell definió poder como “control sobre la propia vida”, diciendo que “el hombre aprende a definir poder como ligado a una obligación de ganar dinero que otra persona gasta mientras ellos mueren temprano”. De esta forma, éste se convirtió en uno de sus más controvertidos libros y se lo considera de importancia en los estudios masculinos.

En suma, Farrell es un luchador por los derechos de los hombres, un ilustrado oscuro (según la definición que proponen aqui) y en particular de los hombres divorciados que son probablemente el segmento de la población masculina mas olvidado por el derecho y el sentido común. Sin olvidar las falsas denuncias con los que algunas mujeres consiguen prebendas en sus separaciones, divorcios y escarceos poligínicos.

En realidad el libro de Farrell es superponible en su argumentación a uno de Baumeister del que ya escribí aquí, de modo que les dejo el vinculo por si alguien quiere recordar los argumentos de Baumeister en este debate.

Lo que sabemos hoy a propósito de este debate sobre deseabilidad social es lo siguiente:

  • Hay mas viudas que viudos, algo que podemos ver en cualquier estadística de supervivencia en cualquier país que tenga estadísticas. Las mujeres tienen una mejor calidad de vida y salud que los hombres.
  • Los hombres son en su mayor parte (reproductivamente) prescindibles, es por ello que los trabajos mas arriesgados y las guerras nutren sus bajas de hombres que no regresan a su hogar. La mujer es un valor social, ninguna mujer pagaría por un hombre.
  • Los hombres tienen menos éxito reproductivo que las mujeres que al menos nos doblan en predecesores.
  • Menos oportunidades sexuales para los hombres que para las mujeres y más competencia por los recursos sexuales.
  • Vivimos en una cultura ginecocéntrica que favorece a las mujeres imbuidos por el mito progresista de que el patriarcado (algo que no deja de ser una abstracción) es el culpable de las desigualdades sexuales y que deja vacia a la biología y a los gustos concretos de cada sexo, tal y como ya conté, en la paradoja noruega. Una cultura que se concreta en nuestro país con leyes injustas y discriminatorias como la ley de la violencia de género y bien vista costumbre de la “paridad”.
  • Las mujeres controlan la reproducción de los hombres, no sólo a través de los anticonceptivos sino a través del aborto electivo.

En definitiva ser hombre no es nada deseable y aunque cada sexo tiene ciertos segmentos de desventaja en relación con el otro, lo cierto es que la evolución nos diseñó para complementarnos y no para hacer la guerra unos contra otros. Son ciertas ideologías y ciertos discursos del siglo pasado conocidos como “síntesis progresista” los responsables de haber ignorado tanto lo biológico como de haber construido una narrativa coherente, persuasiva y sencilla para convencer a las mujeres que tienen pene y a los hombres que carecen de él.

Los antifreudianos de toda la vida.

Las 4 Españas

4 españas

Los estudios sociológicos se pusieron de moda para predecir los resultados de las elecciones y desde entonces los investigadores han tratado de describir perfiles de votantes siendo el nivel de ingresos la variable clásica sobre lo que se han basado estos estudios, una división tosca del mundo entre ricos y pobres. Se suponía que los ricos votaban a la derecha y los pobres a la izquierda. Naturalmente los pobres eran los obreros y los ricos la clase acomodada, esa que vivía de rentas o de profesiones más o menos liberales.

Pero hoy la cosa ya no está tan clara debido a la fragmentación y la atomización que han sufrido nuestras sociedades. La clase obrera pareciera haber desaparecido y en su lugar ha amanecido una clase de parado de alto voltaje de indignación que no ha logrado todavía encontrar trabajo, al menos que corresponda a su titulación.

Fue leyendo este articulo de Ramon Gonzalez como comencé a gestar este post. La idea del articulo es que la brecha actual -postcrisis- ya no es de ingresos, sino generacional. Para ello describe cuatro tipologías descritas en el libro de Belen Barriero (que es la lectura que el articulista nos aconseja) y donde el lector hallará explicaciones a estas 4 Españas que vienen a desmentir la idea de Machado de que una de las dos iba a helarnos el corazón. Al parecer hay más razones para temer esa congelación, con la aparición de estos cuatro tipos: digitales, analógicos, acomodados y empobrecidos.

Pero a mi se me ocurrió leyendo el citado artículo que en realidad la mayor brecha no es tanto digital, de ingresos o generacional sino sexual, entiéndase “reproductiva”. En realidad lo que nos diferencia a los humanos europeos de hoy no es tanto lo que ganamos o la edad que tenemos sino las expectativas que tenemos respecto al futuro, es por eso que me pareció tomar la metodología etológica como guía comprensiva del mundo en que vivimos, las variables criticas suelen estar escondidas allí donde nadie miró y es por eso que me puse las gafas de naturalista.

Los alfa.-

Lo que caracteriza a los alfa es su alto valor de pareja y no tanto los ingresos que tienen, tampoco su edad. No hay que confundirlos con los ricos que es una abstracción poderosa emocionalmente pero muy contraintuitiva. Se puede ser alfa por el dinero desde luego pero también por la belleza, la fama, la inteligencia y también el ser un personaje televisivo, un artista de éxito, un deportista de élite, un personaje de la jet o un líder carismático.

El termino “valor de pareja” se debe a David Buss y el lector puede visitar este post donde hablé precisamente de la precariedad del mercado de parejas, una precariedad que no alcanza a los alfa que son ese tanto por ciento que no pueden quejarse de su éxito sexual.

El término ” valor de la pareja” , es algo que no gusta demasiado a la gente en general que rechaza el termino al hacerlo equivalente al de precio. Valor no es igual a precio pero incluso en términos evolutivos la palabra “valor” no coincide con nuestra interpretación actual, valor se refiere al valor de fitness, se trata de un variable cuantitativa que se mide en puntos evolutivos no en logros sociales o económicos.

Lo cierto es que el valor de pareja no se distribuye uniformemente. Contrariamente a los anhelos de igualdad, todas las personas simplemente no somos equivalentes en la moneda de la calidad de pareja. Algunos son extremadamente valiosos, fértiles, saludables, sexualmente atractivos, ricos en recursos, agradables y capaces de brindar con generosidad sus prestaciones. Son los alfa.

Pero aqui en este territorio la competencia para atraer a los compañeros más deseables es feroz. Por lo tanto, los más valiosos son escasos en comparación con los muchos que les desean. Las personas que tienen un alto valor de pareja parecen además tener éxito en la atracción de los socios más deseables. En una puntuación informal que se llevó a cabo entre estadounidenses, los 9s y 10s se emparejan con otro 9s y 10s. Y con la disminución del valor de la 8s a los 1, las personas deben bajar su mirada de apareamiento proporcionalmente. De lo contrario se produce una mayor probabilidad de rechazo y angustia psicológica. “Lo que quiero me lo niegan y lo que no quiero me lo dan” , decimos nosotros en plan castizo.

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Una hembra alfa de nuestro entorno

Dicho de otro modo, los alfa se emparejan entre ellos o con algunas personas beta que ascienden de rango cuando se emparejan con algún alfa. Los alfa practican la hipergamia y no es raro que acumulen tres o más matrimonios con un número de hijos superior a la media junto con un numero de parejas elevada más o menos pasajeras.

Los beta.-

Los beta somos el grueso de la población, los pagafantas del sistema. Los que corremos con los gastos del emparejamiento. Somos los que empleamos estrategias “dad” como estrategia de fondo. “Dad” significa papá y es el modelo de emparejamiento de las sociedades tradicionales donde el sexo es caro. En este post puede el lector profundizar en este tipo de estrategias de emparejamiento que se opone a la estrategia “cad” furtiva y errante.

Lo que caracteriza a los hombres beta es su característica de proveedores y lo que caracteriza a la mujer beta es su carga reproductiva que simultanea con las cargas del empleo y su trabajo dentro de la casa. El matrimonio beta es la pareja tradicional, esas parejas que trabajan ambos y que tienen dos hijos, la parejita. Su enemigo más importantes son las desavenencias y el estrés, el divorcio es letal para los beta, pues perjudica fuertemente a los hombres y les encadena a proveer una casa que ya no habitan dejándoles exánimes para construir otro nido. Para las mujeres beta su condena son los hijos y la cruel atadura de sus familias extensas.

Los beta están en regresión y son los más empobrecidos post crisis, son los que soportan una mayor carga fiscal, la clase media por así decir, aunque lo que caracteriza a los beta no es la clase social sino su creencia en cierto valores tradicionales y en cierto modo aquellos que viven con sentimientos de culpa las infidelidades e incluso el divorcio.

Los valores de clase media han sido los colchones de seguridad del sistema y uno de los puntos de apoyo: la familia ha resistido las embestidas de todas las crisis, pero las amenazas que se ciernen sobre ellos son demasiadas para no tenerlas en cuenta.

Los omega.-

Son los parias del sistema, pero en cierto modo también la reserva genética de la civilización dado que los beta son permeables por abajo y son ellos los que corren con los gastos reproductivos más intensos aun sin disponer de recursos. También son los que acumulan menores puntajes de “valor de pareja”. En este extremo de la distribución  están los omegas, tal vez menos saludables, con menos recursos materiales, o con rasgos de personalidad indeseables tales como la agresividad o la inestabilidad emocional que causan grandes perjuicios a las relaciones y a la calidad de vida. Por no hablar de enfermedades graves, invalidantes o enfermedades adictivas, tan frecuentes como el alcoholismo. También los maltratadores de pareja intima suelen ser omegas deprivados de sexo, deprivados de poder y que sueñan con ascender de rango o al menos emular a esos alfas que tanto les llaman la atención.

Sus estrategias reproductivas son similares a los beta pero pueden darse escarceos más o menos regulares en termino de “cad”. Lo que caracteriza a este perfil es que no comparten los valores de la clase media, por ejemplo invertir en la educación de los hijos, para ellos el dinero es para gastarlo en bienes de consumo, no ahorran ni piensan, en el futuro quizá porque no creen en él.

El lector que haya llegado hasta aquí es casi seguro que se haya ubicado ya en alguno de esos grupos o perfiles, teniendo en cuenta que estos compartimentos no son estancos y que una familia o individuo puede transitar de un bloque al otro en función de la suerte y los avatares de la vida. Lo importante son los valores morales y por supuesto el valor de la pareja: los guapos y las guapas tienen el camino más fácil si bien no pueden garantizarse un futuro de certidumbre solo con la belleza. Ya sabemos que un individuo puede estar hoy a todas horas en TV cobrando royalties y el año que viene desaparecer.

Volviendo ahora a la sociología, creo que podemos adivinar por donde irá el voto de cada cual en las elecciones, siempre y cuando se permita una cierta desviación típica en esa consideración, pero a mi juicio lo que falta en este esquema es la cuarta fuerza.

La cuarta fuerza.-

La cuarta fuerza es la que está compuesta por mujeres jóvenes, fértiles, educadas, competentes, universitarias que han logrado un alto estatus profesional y se han liberado, por así decir de la tutela de padres y los hombres en general. No necesitan proveedores, porque ellas mismas se bastan para subsistir, aunque en realidad estas mujeres no están contra los hombres sino contra los niños. Se trata de aquellas mujeres beta que han logrado liberarse de la cruel atadura y han apostado por el sexo a corto plazo (hipergamia) o la monogamia sucesiva y por supuesto por la infertilidad.  Son las que abaratan el sexo y llevan a los hombres hacia su paroxismo de holgazaneria.

Son estas mujeres las que dictan las políticas de Estado sobre casi todo, son feministas y votan progresista, léase socialdemócrata. Son el grupo social con más influencia en estos momentos en Europa, son las que deciden unas elecciones, llevando al voto a su ascua, que no es otro sino seguir manteniendo su poder e influencia y sobre todo esa concepción grácil y emotivista que caracteriza a lo femenino, es el auge del animalismo, del veganismo y de la anorexia mental. Es el predominio de la emoción y de los buenos sentimientos. Es la victoria de la ginecocracia y de los valores matrifocales.

Pero en el pecado está la penitencia porque ¿de qué sirve tener éxito sino no va acompañado del éxito reproductivo?

Usted puede vivir 100 años con buena salud, puede ser poseedor de un magnífico cerebro y haber tenido éxito en su vida profesional pero si no se reproduce, todas esos éxitos van a perderse en el limbo de los justos. El fitness es un concepto etológico de importancia capital pues combina la supervivencia con la reproducción, el fitness es por definición inclusivo, sin sobrevivir no hay reproducción pero sin reproducción la supervivencia es superflua.

La demografía y la política están en manos de esta cuarta fuerza pero en su fortaleza se esconde precisamente nuestra debilidad, la de todos.

Nosotros los “baby boomers”

Baby boom es el concepto informal con el que se conoce a los que nacimos en la década entre 1947 y 1957 aproximadamente, es decir a la explosión de nacimientos que hubo después de la segunda guerra mundial. Aquellos que alcanzamos la mayoría de edad hacia 1968 coincidiendo con la revolución de mayo de aquel año y que también se conoce como la generación del 68.

Desde entonces no ha habido en Europa otro baby boom y la demografia no ha hecho sino descender.Este post es un homenaje a todos los babyboomers que hoy ya son, somos jubilados.

En un post anterior ya hablé de las características de personalidad de esta generación pero me gustaría volver ahora sobre qué significaba la libertad para nosotros  comparándola con el vacío que hoy podemos observar en la generaciones que nos sucedieron, más amplificadas si cabe con esa otra que ha venido en llamarse millenials.

Ken Wilber describió la patología de nuestra generación, esa que inventó o reeditó el narcisismo, le llamó boomeritis a esta especie de infección memética:

Para Wilber la “boomeritis” es el principal obstáculo para alcanzar el pensamiento de segundo nivel, es decir aquel estado de expansión de la conciencia -una expansión que se realiza en espiral- según la teoría de la “dinámica espiral” propiciada por Clare Graves que representaría el alcanzar un estado tal de elevación que superara las contradicciones y antagonismos propios del pensamiento egocéntrico que caracterizaría el primer nivel.

Pero la boomeritis no aqueja solamente a mi generación porque el narcisismo-egocentrismo es desde el punto de vista evolutivo muy potente: representa algo asi como el muy adaptativo “sálvese quien pueda” que seguramente ha producido grandes servicios a nuestra especie. Despegar de él no es cosa fácil sobre todo en un mundo donde el lucro y los rendimientos personales seguidos de premio o de recompensa son los ídolos en los que creen la mayor parte de la población infectada.

Sin contar con el hecho psicológico de que primero tenemos que diferenciarnos para más tarde integrarnos. Muchos de mi generación lograron el primer objetivo pero no el segundo, debe ser por eso que la mayoria de mi generación terminó apuntándose al PSOE.

Nosotros entendíamos la libertad como una forma de librarnos de las coerciones que procedían tanto de nuestros padres, como de la religión y en menor medida del Estado. Eran los padres los que nos prohibían, los que nos exigían, los que nos mantenían bien atados a la costumbre. Liberarnos de esa coerción paterna era para nosotros la libertad. Vale la pena detenerse un momento sobre esta cuestión. En aquella época los padres no nos dejaban hacer casi nada, ni viajar, ni salir de noche, ni por supuesto beber alcohol. Solo podíamos estudiar y ejercitar algún deporte, las salidas estaban contabilizadas y vigiladas, la hora de vuelta a casa era sagrada y no había lugar para la transgresión. La situación de las chicas era aun peor, condenadas a una castidad perpetua que se prolongaba en la nuestra y a una invisibilidad manifiesta. Las transgresoras eran vistas como chabacanas, flojas, y fáciles: eran así estigmatizadas y sacadas a empujones de la socialización bien entendida.

Fue en el 68 en Paris donde tuvo lugar la ruptura con el padre, el mundo no volvió a ser el mismo, fue en las barricadas donde tuvimos nuestras primeras experiencias sexuales completas con aquellas heroínas hegelianas más bien enloquecidas que buscaban la playa bajo los adoquines. Alcanzamos esa libertad que añorábamos de forma paulatina, la píldora antibaby salió en nuestra ayuda y la minifalda puso el resto. Lo que queríamos era follar y follar sin compromiso, y follar con todas no con la amiga de turno, algunos lo consiguieron sobre todo los alfa del movimiento, esos que se colocaron en algún sitio gubernamental y que la nómina amordazó.

Beatles y la psicodelia, Rolling Stones,  Kinks, Erick Clapton y sus bandas, Steve Winwood, The Who, King Crimson, Yes, era la música que oíamos, la mejor música que se ha hecho en todas las épocas apareció en esa generación mal follada, no es de extrañar. Freud habló de sublimación, ese mecanismo que convierte la pulsión sexual en obra de arte y si a eso le juntamos el trauma generacional que supuso la guerra con embazadas solteras o viudas ya tenemos el cóctel necesario para entender ese fenómeno de explosión de talentos. Y Freud era la lectura de cabecera de mi generación como Poe, Lovecraft, Brabdury, Desmond Morris o Marcuse con aquel ensayo “Eros y civilización” tan freudiano que venia a enfrentar definitivamente la satisfacción erótica con el orden civilizatorio. La creencia en el buen salvaje fue la consecuencia de aquellas lecturas: regresar a la naturaleza era la mejor forma de escapar de las coerciones culturales, esa fue la elección de los que entonces llamábamos hippyes o “progres”, unos personajes que Houellebecq describe tan bien en sus novelas

Pero todo tiene su parte trágica, y esta ganancia de libertad basada en lo sexual tuvo consecuencias imprevisibles en el imaginario humano: la principal consecuencia es la atomización de lo imaginario. Ahora tenemos libertad, al menos aquella libertad que soñábamos pero las cosas parecen haber ido a peor.

La revolución sexual trajo algunos efectos adversos:

El término revolución sexual se refiere a una serie de profundos cambios sociales que implicaron a las actitudes, expectativas, relaciones entre los sexos y costumbres realizadas en la mayor parte del mundo occidental en la década de 1960-1970 y que se superpone a ciertos movimientos conocidos como contracultura (el movimiento hippie) asi como a movimientos políticos relacionados con la revolución del Mayo de 1968 llevada a cabo sobre todo en Paris, una revolución contra el padre o la autoridad según algunos autores. La guerra de Vietnam, el consumo de drogas, la aparición del feminismo y el amor libre ocupan el trasfondo de este movimiento que efectivamente cambió el mundo, pero no en el sentido que esperábamos.

Sin embargo el movimiento que conocemos como revolución sexual tuvo una causa y dos efectos que pueden estudiarse juntos como movilizadores de la sociedad,  son estos tres:

  • La contracepción.
  • La incorporación de la mujer al mundo del trabajo.
  • La fragmentación de la familia extensa y la emancipación de la nuclear.

La contracepción es la tecnología que permitió a las mujeres elegir el momento, el cómo, con quién y cuando quedar embarazadas, mientras se multiplicaban los contactos sexuales previos al matrimonio o al compromiso reproductivo, dicho de otro modo, la contracepción es la que permitió multiplicar los contactos sexuales sin el peaje del embarazo que hasta los años 60 era la regla.

El paso al compromiso reproductivo sufrió un enorme retraso lo que dio lugar a un descenso de la natalidad que hoy consideramos en algunos paises ya más que preocupante al tiempo que se introdujeron -paradójicamente- también otras libertades como la del aborto libre o casi libre que en toda Europa se ha consagrado como un principio de derechos femeninos elementales. Lo cierto es que al menos resulta contradictorio que en entornos de libertad y accesibilidad universal de contracepción hayan aumentado los abortos debidos a embarazos no deseados. Llamo la atención del lector sobre esta primera contradicción. No parece pues que la libertad contraceptiva haya llegado a todas las mujeres o bien que la contracepción por sí misma ha generado un efecto contrario al que se esperaba, embarazos no deseados.

Lo asimétrico de la contracepción es que se deja al control de la mujer la descendencia de los hombres, como veremos más abajo esta hegemonía femenina en cuanto a la voluntariedad de tener o no hijos y con quién tiene secuelas sociales.

Por otra parte la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, no hubiera sido posible en una sociedad tradicional, fuere agricola o industrial, sencillamente en un mundo sin anticonceptivos la mujer no hubiera podido incorporarse de un modo tan generalizado no ya a los trabajos más devaluados o manuales sino a las carreras y estudios complejos que exigen mucha más postergación en la edad de tener el primer hijo. Naturalmente la familia se resintió, con independencia de aquellas mujeres que supieron acumular o retener apoyos familiares suficientes para ayudar en la crianza de los hijos, lo cierto es que la mayor parte de los hogares donde la mujer trabaja fuera de casa tienen unos estandares de vida mucho peores en tanto a presencia y calidad, cuidados de los niños y tiempo dedicado a sus miembros.

Pero lo más paradójico de esta incorporación de la mujer al mundo del trabajo y por tanto de la autosuficiencia económica es que ha dado a los hombres más oportunidades para financiarse una segunda esposa al abaratar -por asi decir- el despido.

La revolución sexual no tuvo los efectos que pretendíamos los jóvenes de entonces sino -tal y como podemos observar hoy- una fragmentación de las formas de vida que coexisten con bolsas de soledad, familas desestructuradas, anomia social, patología mental y sobre todo, otra cuestión que llama la atención: hogares monoparentales presididos por mujeres que viven solas, que tienen hijos a su cargo y con la ausencia de la figura paterna aunque esta vez no se trata de desaparecidos en combate. Y una consecuencia mas dramática y peligrosa: la disminución de la natalidad.

Me propuse llevar a cabo un pequeño estudio sobre mi entorno inmediato, para ello usé la finca donde vivo y aunque ya sé que esta forma de proceder carece de rigor estadístico, me permitió al menos pensar en algo que nunca antes había pensado. ¿Cuantas personas viven solas con o sin hijos en mi entorno más cercano?

De un total de 28 hogares esta es la distribución:

1.- Parejas con o sin hijos 16 hogares, el 57,1 %.

2.-Mujeres solas con o sin hijos 8 hogares, el 28,57%.

3.-Hombres solos, con o sin hijos, 4 hogares, el 14,28%

Lo importante es señalar que más de la mitad de los hogares (la mayoria) sigue mostrando la configuración tradicional, pero están emergiendo hogares de mujeres solas (y excluyo a las viudas) que tienen hijos a su cargo y trabajan fuera de casa. Por último la causa más importante de soledad entre estas mujeres es el divorcio, se trata sobre todo de mujeres separadas.

Con respecto a los hombres todos los que aparecen en la muestra son divorciados.

Dicho de otro modo: el divorcio parece ser -por encima de la viudedad- la causa más importante de vivir solos, tanto en hombres como en mujeres, aunque la frecuencia de “divorciados” parece ser más significativa en hombres.

Cad o dad.-

“Cad” y “dad” es la forma de llamar en inglés a dos estrategias sexuales de apareamiento en humanos y que implican tanto a los hombres como a las mujeres. “Dad” en inglés significa “papá” de modo que la estrategia “papá” representa el emparejamiento monógamo tradicional (biparental), mientras que la estrategia “cad” viene a referirse a la promiscuidad sexual, con o sin compromisos reproductivos tanto en hombres como en mujeres.

De manera que podemos decir que las sociedades avanzadas, occidentales y opulentas, donde los controles sociales acerca de la sexualidad son débiles son estrategias “cad”, mientras que las sociedades tradicionales con cerrazón sexual, ordenadas y pulcras representan estrategias “dad”.

Vamos ahora a obervar un fenómeno concreto: la tasa reproductiva de hombres y mujeres en una sociedad u otra. Es sabido que desde el punto de vista evolutivo las mujeres en todos los tiempos se reproducen más que los hombres (el éxito reproductivo de las mujeres es superior al de los hombres), Baumeister (2007) ha publicado ciertos porcentajes abrumadores a este respecto, pero lo que interesa señalar es que el éxito reproductivo de las mujeres es el doble que el de los hombres, pero ahora vamos a ver las consecuencias sobre esta variable respecto a las sociedades “cad” y “dad”.

libertadsexual

 

Dicho de otra manera: a mi generación se le fue el asunto de las manos.

 

Buscar playas donde no las hay es mal asunto. Y la verdad es que la sexualidad es mejor que esté regulada si queremos que sea igualitaria.