Patrones, planetas y fenotipos

Un patrón puede definirse -aun siendo una palabra muy polisémica- como un conjunto de rasgos o sucesos recurrentes, esto es que se repiten, sean motivos geométricos como las teselaciones o los fractales o sean los relativos a la economía, el diseño o la climatología. Son también interesantes esos patrones dobles que aparecen en las ilusiones ópticas : ver o no ver un determinado patrón. En suma lo que hay que esperar de un patrón es que aparezca de nuevo, pues está sometido a la ciclicidad,

Existen también patrones psicológicos, asi existe patrones tipo A, tipo B, tipo C o tipo D que más bien remiten a la psicopatologia y han sido adoptados como predictores de salud. Existe pues una relación entre patrones de personalidad y la tendencia a sufrir determinadas enfermedades, por ejemplo sabemos que el patrón tipo A está relacionado con el infarto de miocardio.

Lo interesante de los patrones es que nuestro cerebro se afana en encontrar patrones -es decir repeticiones- a fin de orientarse en el mundo y es probable que nuestro hemisferio derecho se ocupe de emitir y leer patrones que -sin embargo- no puede relatar. De eso se encarga nuestro hemisferio izquierdo, que es el que construye relatos.

La idea de un hemisferio que emite y lee patrones y de otro hemisferio que los piensa, narra o ejecuta, se encuentra en muchos pensadores de la neurociencia y se apoya en ciertas evidencias que encuentran -por ejemplo- que las alucinaciones auditivas de los esquizofrénicos se producen en el hemisferio derecho y probablemente también los paroxismos vocales del síndrome de la Tourette.

Sin embargo las areas de Broca y de Wernicke existen tanto en el hemisferio izquierdo como en el derecho, sólo que con distinta función. Asi el area de Broca izquierda está relacionada con la emisión del lenguaje y el area del mismo lado de Wernicke lo está con la comprensión del mismo. ¿Qué funciones desempeñan estas mismas estructuras en el hemisferio derecho?

Las áreas relacionadas con el lenguaje en el hemisferio derecho son paradójicamente mudas y se ocupan de la expresión no verbal: creatividad, lenguaje corporal e intuición que han de ser puestas en palabras a través del hemisferio izquierdo (la corteza cerebral izquierda) que es la que narra la experiencia que procede de su costado derecho. Concretamente, sabemos que en el hemisferio derecho se ubican la percepción u orientación espacial, la conducta emocional (facultad para expresar y captar emociones), facultad para controlar los aspectos no verbales de la comunicación, intuición, reconocimiento y recuerdo de caras, voces y melodías. El cerebro derecho piensa y recuerda en imágenes de un modo fundamentalmente geométrico.

Diversos estudios han demostrado que las personas en las que su hemisferio dominante es el derecho estudian, piensan, recuerdan y aprenden en imágenes, como si se tratara de una película sin sonido. Estas personas son muy creativas y tienen muy desarrollada la imaginación y la expresividad artistica pero también las conductas apragmáticas que observamos en las enfermedades mentales donde es posible especular que el hemisferio izquierdo es incapaz de dotar de sentido las experiencias que remite el hemisferio derecho.

Leyendo el libro de Linden «El cerebro accidental» el autor nos lleva de viaje a través de la idea de que en realidad el cerebro humano no es una obra maestra de la ingeniería -o como suele decirse del diseño inteligente- sino una de las chapuzas más grandes de la historia evolutiva. Efectivamente el cerebro humano se formó a partir de retazos, de agregaciones y no de rediseños. Como bolas de helado superpuestas en un cucurucho pre-formado y cuyo volumen es imposible de rebasar por el tamaño de las caderas de las hembras humanas.

El hemisferio derecho es pues desde el punto de vista del lenguaje, admonitorio y el hemisferio izquierdo ejecutivo. Dicho de otro modo, el señor Broca derecho seria algo así como una emisora de señales preverbales, de patrones de acción fijos (diseñados por la filogénesis y la ontogénesis), el cerebro derecho gime, gruñe, ordena, grita, susurra, alude, insulta, apela de una forma más o menos tosca puesto que lee patrones fundamentalmente ratoniles (emocionales) pulsantes y repetitivos. La función del hemisferio izquierdo sería la de encontrar sentido verbal y narrativo -máxima relevancia de contexto- a aquellas señales que emergen del hemisferio derecho y para eso dispone de muchos recursos: la racionalización y la narrativa que muchas veces y como veremos a continuación raya en la fabulación.

Observen ahora estos dos patrones de personalidad: el patrón del señor R y el patrón del Sr F.

Señor R.

Es una persona con amplias habilidades sociales, con una gran facilidad para establecer amistades y contactos, es diplomático y agradable y tiene bastante éxito en su profesión. Disfruta de un alto estatus y tiene muchísimos amigos en todas partes que le ayudan a conseguir sus fines. Apenas tiene enemigos y tiene una habilidad especial para encontrar apoyos para sus planes y encontrar argumentos para halagar a todo el mundo que le rodea. No escatimará esfuerzos ni gastos para conseguir apoyos relevantes.

Señor F.-

Es una de esas personas que carecen de intereses sociales, sin ser un asocial no tiene demasiadas habilidades para relacionarse con los demás que le consideran un tipo raro, ensimismado y siempre distraído. Tiene buena reputación debido a que ha alcanzado un alto estatus en su profesión y porque todo el mundo admira su carisma personal y su nivel de conocimientos e inteligencia. Pero apenas tiene amigos y por otra parte no los busca, no encuentra placer en las relaciones sociales, si acaso solo de uno en uno y no con todo el mundo. Se trata de una de esas personas que parece un sabio distraído que apenas se preocupa de los quehaceres concretos de la vida y depende para su gestión diaria de otros, mientras sobrevuela sobre mundos que parecen cerrados para los demás.

Se trata de dos patrones bien conocidos, todos tenemos amigos o conocidos de ambos tipos. ¿No es así? El único problema es que R piensa que F es un holgazán y que no se esfuerza lo suficiente en mantener las relaciones sociales, mientras que F piensa que R es un «pelota», un adulador que ha progresado gracias a sus dotes para la manipulación de egos ajenos, Piensa también que está sobrevalorado en su medio y que su talento no es tan brillante como se le piensa.

A pesar de que los dos señores son Sagitario.

Obsérvese cómo cada patrón tiene además su interpretación: el hemisferio derecho capta el patrón de personalidad pero el hemisferio izquierdo construye un relato.

Leer patrones y conjugar relatos son cosas diferentes. A la ciencia le gustan poco los relatos y prefiere los datos, es decir identificar los patrones para luego relacionarles con otra cosa, sean enfermedades físicas, sean particularidades psicofisiológicas o sean rasgos psicopatológicos. A la ciencia le interesa predecir y no tanto describir.

De hecho esos dos patrones tan banales y frecuentes de los que he hablado más arriba no proceden de la psicología sino de la astrología.

Patrones en la astrología.-

La astrología no es una ciencia sino una pseudociencia pues solo consideramos ciencia a aquella disciplina de donde pueden extraerse predicciones. Si la astrología permitiera conocer el futuro de la vida de los examinandos entonces seria una ciencia. Y así fue -en realidad- como surgió: una forma de adivinación del futuro que vendría determinado por la posición de las estrellas y los planetas a la hora de su nacimiento y según su longitud y latitud, es decir de su posición en la elíptica en ese momento de su nacimiento.

En realidad ni el lugar, día o posición de los planetas determinan nada y tampoco la astrología puede adivinar el futuro de nadie y sin embargo en la astrología hay gotas de verdad. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Se explica porque la astrología, al menos la astrología moderna -de inspiración jungiana- trabaja con arquetipos. El Sr R y el Sr F son arquetipos (el Emperador y el Mago) bien distintos a pesar de compartir el signo astrológico de nacimiento, Sagitario. Pero más allá de dónde estuviera el Sol el día que nacimos, lo que interesa en una carta astral son los aspectos, es decir donde están ubicados los planetas en la elíptica.

Para ello vamos a observar cómo ejemplo los aspectos de Mercurio que están relacionados con la sociabilidad que es el tema que exploré en ambos sujetos.

El Sr R tiene a Mercurio en Tauro (un signo de Tierra) y por tanto su concepto de lo social es muy terrestre, ligado a los intereses y ambiciones propias, mientras que el Sr F lo tiene en Sagitario (un signo de Fuego) y por tanto ligado a la búsqueda, al viaje interior. Ahora vamos a olvidarnos de los nombres de los planetas y vamos a pensar en genes.

A los genes del Sr R que se expresan en su cerebro y que están relacionados con el cerebro social les llamaremos Gen_R y a los genes del Sr F que están relacionados con lo mismo les llamaremos Gen_F. No importa si es un solo gen o un grupo de genes, lo cierto es que hay genes que se expresan en nuestro cerebro y que están relacionados con la sociabilidad y sus múltiples variaciones, pues lo importante es comprender que los genes constituyen un mosaico. No es una relación dicotómica, «o es o no es» sino que constituyen una escala analógica de «mucho a poco» y la peor noticia: ciertos genes operan en contradicción con otros, algo que la astrología interpretó como posiciones mal aspectadas, anticipando el hecho -bien conocido- de que algunos rasgos se contradicen con otros en un mismo individuo: lo que aquí es una ventaja, allí es un lastre. Lo que es obvio es que los Genes_R y los genes_F son bien distintos y las ventajas del Sr R son para el Sr F un producto de su manera de adular a los demás mientras que para el Sr R el lastre del Sr F reside en su falta de sensibilidad con los demás, en su rudeza. Ambos construyen un relato, como cualquier astrólogo hace, solo que no todos los relatos son de igual validez o profundidad y todo depende de la formación psicológica de cada cual. A mi me gusta mucho Liz Green una psicóloga jungiana que hace descripciones muy interesantes sobre los datos de cada patrón. Dicho de otra manera Liz Green construye relatos coherentes.

El relato sin embargo es el punto débil de cada patrón y todos podemos sentirnos concernidos por un relato cualquiera (efecto Forer), pues es difícil que un relato abarque toda la complejidad de un determinado rasgo y hay que recordar que el peligro más importante de la construcción de relatos es olvidar que son ficciones, es decir interpretaciones que pueden llegar a la confabulación.Y necesariamente cuando relatamos algo podemos confundir la traducción. No olvidemos que el hemisferio izquierdo ha de traducir lo que capta el derecho.

En realidad la carta astral carece de interés más allá de esa descripción de sucesos-rasgos. No importa cuando se nazca ni dónde, lo que sucede es que por algún sitio hay que empezar. Lo que la astrología describe son patrones, adobados necesariamente con el lenguaje, con relatos que vienen a acompañar a la posición de los astros, siempre cambiantes y de forma cíclica, No importa tampoco que acierte o no en sus predicciones sobre nuestra personalidad, lo que importa es el señalamiento que hace de esos patrones que se repiten indefinidamente.

La astrología del futuro tendrá que afinar mejor esos patrones y dejar de hacerlos interpretables por personas sin formación psicológica.

Dicho de otra manera: Lo que importa no es la carta astral de nuestro nacimiento, lo que importa es que cada uno de nosotros es portador de un grupo de genes que se expresan en nuestro cerebro y que determinan nuestra personalidad. Y que estos genes compiten entre sí para manifestarse y muchas veces pelean y derrotan a sus contrincantes. El cerebro es un lugar de conflicto parlamentario donde las mayorías imponen sus leyes.

En mi opinión la astrología contiene definiciones que la psicología podría aprovechar al haber dejado de lado en su práctica los relatos. fiándolo todo a las ciencias experimentales: a cuestionarios y test muy reglamentados pero que no contienen información relevante sobre los sujetos reales.

Bibliografia.-

Ringo JL, Doty RW, Demeter S, Simard PY (1994) Time is of the essence: a conjecture that hemispheric specialization arises from inter- hemispheric conduction delay. Cereb Cortex 4:331–343

Michel Gazzaniga: «El pasado de la mente».1999. Editorial Andres Bello

Julian Jeynes:»El origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral». 1987. Fondo de Cultura economica.

David Linden: «El cerebro accidental: la evolución de la mente y el origen de los sentimientos» 2010.» Madrid. Kairós, transiciones.

Elogio del estereotipo

Santiago Armesilla es un youtuber que declara ser marxista y buenista (de Gustavo Bueno) y que es economista y politólogo. Su canal es interesante y dedicado fundamentalmente a entrevistar a personas relevantes del mundo de las redes. Por poner alguna pega a su trabajo, diré que sus videos son demasiado largos y reiterativos aunque no faltos de rigor intelectual. Hace poco he estado viendo (aunque confieso que no llegué hasta el final) una entrevista que le hizo a una chica trans de nombre Sandra Mercado que este mes de Noviembre publicará un libro sobre un testimonio personal: su periplo hasta convertirse en una chica trans y por supuesto su arrepentimiento posterior. El libro es en este sentido una critica a la ideología queer y por supuesto de las técnicas quirúrgicas que se han puesto en marcha en nuestro país y de forma gratuita para amputar el miembro viril a quienes así lo demandan dando por buena cualquier petición -diagnóstico positivo- sin contraste psiquiátrico ni información veraz sobre los riesgos que conlleva esta cirugía.

De manera que la entrevista tiene varias partes, una donde Sandra habla de sus traumas infantiles, su vivencia de sexualidad homosexual precoz, y posteriormente su búsqueda de «femineidad» hasta llegar a la solución final con vaginoplastia incluida. La segunda parte es algo así como una puesta al día de argumentos y bibliografía anti-queer y su critica al movimiento que precisamente ahora con la tramitación de la ley trans en el Congreso ha tomado cierta relevancia en la vida publica.

Personalmente no me gustan nada los testimonios de las personas concretas, sean de esta cuestión o de cualquier otra, por una razón fundamental: los testimonios personales -aun aquellos que contienen opiniones relevantes- (y no cabe duda de que Sandra tiene opiniones relevantes y muy juiciosas) no son ciencia, sino relatos. Y los relatos hay que guardarlos para los psicólogos o la intimidad de una consulta psiquiátrica y no para la opinión publica, pues inmediatamente podríamos encontrar otros opuestos que defenderán lo contrario. Por la misma razón la «memoria histórica» es una escucha de relatos pero no es Historia, pues podemos encontrar relatos contrapuestos entre nuestros interlocutores que no aclaran nada sobre lo que sucedió en un acontecimiento histórico determinado, por eso la Historia es una ciencia y los testimonios son solo eso, literatura. Y cada uno no puede sino contar el suyo, lo que vivió y lo que recuerda, cómo cada uno recuerda una cosa bien distinta a la que recuerda su vecino, los relatos son siempre contradictorios.

Una cuestión que me interesó del discurso de Sandra, es cuando habla de los estereotipos y confieso que me hizo pensar mucho sobre esta cuestión. Declara que se sintió homosexual desde pequeño, le gustaban los chicos de su propio sexo y habla de que para gustarles intentó feminizarse poco a poco aunque declara que ya era bastante afeminado lo que le llevó a ser maltratado en la infancia. Lo que plantea no es baladí, ¿qué es feminizarse? o ¿En qué consiste la femineidad?

Si nos hacemos esta pregunta cualquiera de nosotros caeremos en la cuenta de que a la hora de representarnos una mujer o un hombre lo que estamos haciendo es recurrir al estereotipo: Esto es una mujer y esto es un hombre:

No cabe ninguna duda de que cuando pensamos en un hombre o una mujer nos vienen a la mente cientos de imágenes, actitudes, ropas, voces, formas de caminar, tacones, fajas, medias, cosméticos, sombreros, pistolas, coches, deportes, luchas, desafíos, lealtades, etc y toda clase de recuerdos de todo aquello que hemos vivido y experimentado a lo largo de nuestra vida que nos impulsa hacia ese estereotipo, muchas veces observado en películas, pues ni siquiera el cine ha sido capaz de huir de los estereotipos. Más que eso los ha fomentado.

Los estereotipos pueden definirse como los extremos de rasgos que identificamos como masculinos o femeninos pero lo cierto es que estos rasgos no vienen siempre juntos y en realidad no existen mujeres como Laura Antonelli u hombres como John Wayne que son en realidad, eso, relatos, constructos inventados por el cine para el entretenimiento. Lo que quiero decir es que en los sujetos reales -más allá de los extremos- todos tenemos rasgos femeninos y rasgos masculinos tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente. Dicho de otra forma casi todos nosotros tenemos cerebros balanceados.

Cuando fuimos embriones recibimos una dosis relevante de testosterona (como sucede en los varones) o no la recibimos más que en pequeñas dosis como sucede en las niñas. Pero no es todo una cuestión de dosis, también hay que contar con los receptores disponibles para la testosterona. De nada serviría tener mucha testosterona si no hay receptores para que se exprese en el cerebro y más tarde en el cuerpo. Dicho de una forma más clara: la masculinización-feminización de un cerebro no depende solo de la presencia-ausencia de testosterona en periodo fetal, no es una cuestión digital de todo o nada, sino que el baño de testosterona recorre una amplia gama de inundaciones o sequías a o largo del embarazo.

Recorre pues una escalera analógica, unos tienen más y otros menos exposición que se manifiesta en la digit-ratio.

Pero la cosa se complica porque la «digit ratio» no predice la orientación sexual, solo algunos rasgos de la sexuación cerebral.

El lenguaje sin embargo es categorial y construye opuestos y por eso existen los estereotipos (en los extremos) y luego nosotros, en nuestra mente, creemos que los opuestos son contrarios y los tratamos como tales en nuestras operaciones lógicas. La realidad es que lo contrarios no lo son tanto como creemos, pensemos en una escala analógica donde masculino y femenino sean opuestos, uno sería 0 y otro sería 1. Lo usual es pensar -como sucede en política- que cada uno de nosotros estaríamos un poco en el centro, equidistantes tanto de la masculinidad radical como de la feminidad radical.

Pero el centro no existe en genética, lo que existen son polimorfismos que se silencian unos a otros, que vencen en una competición o que cooperan entre sí.

Pero ahora vamos a pensarlo de otra manera, supongamos que masculino y femenino no son contrarios, vamos a pensarlos  (tampoco como suele decirse como complementarios), vamos a pensarlos como despliegues distintos de potencialidades que ocupan un mismo lugar, vamos a pensarlos como un cluster de potencialidades o habilidades que están juntas, ocupando un mismo espacio de ejecución cerebral. Una misma utilidad neurobiológica.

Pensarlo de este modo nos permitiría poder agrupar utilidades en un mismo cerebro con independencia de si se es hombre o mujer. Y también nos permitiría abandonar esa estúpida convicción de que «todos somos iguales».

No lo somos, pero lo importante como más abajo trataré de explicar no son las diferencias que existen entre unos hombres y otros, sino la brecha que se abre entre hombres y mujeres sobre todo en lo que respecta a la personalidad

Y es por eso que algunos autores como Michael Kimmel ha puesto a punto un master sobre la masculinidad. Dice Kimmel:

«Cuando planteo el tema de las masculinidades en plural procuro poner el acento en el hecho de que no existe un modelo único y hegemónico de ser hombre y en que las diferencias y alteridades de la masculinidad no deben entenderse como versiones menores de ese modelo o como fragmentos de una estatua que se ha roto». En lenguaje coloquial: los hombres hoy son, o pueden ser, ‘hipsters’ y ‘canis’, ‘fofisanos’ y ‘lumbersexuales’, ‘andróginos’, ‘normcore’ y ‘muppets’. O no ser nada de esto».

Pero lo más dramático de esta historia, es la cantidad de «machitos» que no daban la talla para adaptarse a este modelo estereotipado, donde los disidentes eran siempre calificados como «niñas», «mariquitas» o «débiles», un modelo excluyente como los nacionalismos.

Y la verdad es que este modelo no se corresponde con la realidad genética de nuestra especie. Hay mucha «masculinidad» en algunas mujeres y mucha «femineidad» en muchos hombres. Pero el problema sigue siendo de etiquetas: no disponemos de ninguna otra palabra para designar estos conceptos. ¿Qué significa que un hombre es femenino? ¿Qué significa que una mujer es masculina?

La verdad es que estos conceptos son muy escurridizos y no están señalando la verdad neurobiológica que ocultan. Lo sabemos por los homosexuales.

Suele decirse que un hombre homosexual es un hombre que quiere ser una mujer. No es cierto en la mayor parte de los casos. Un hombre homosexual es un hombre, que sabe que es un hombre pero que se siente atraído sexualmente por otros hombres y que no desea transformarse en mujer, y que puede conservar entre sus rasgos, preferencias y gustos, muchas utilidades que se atribuyen a la masculinidad, por ejemplo la promiscuidad y otras bien femeninas como la tendencia al embellecimiento, el histrionismo o la locuacidad.

Dicho de otra manera se puede ser muy macho y al mismo tiempo ser homosexual. ¿Entonces qué es la masculinidad?

Podemos adelantar una cuestión: la orientación sexual es independiente de la identidad sexual. No es necesario hacerse trans si eres homosexual buscando ser femenina, pues en realidad lo trans puede interpretarse como una homofobia y desde luego deja a las mujeres y al feminismo en general al pie de los caballos.

Aun no hemos descubierto qué realidades neurobiológicas se ocultan tras eso que llamamos «masculinidad» y «femineidad». Lo que sabemos son «big data», es decir datos que proceden de la estadística que componen correlaciones y otros procedentes de la neurobiología, por ejemplo hoy sabemos que la sexuación cerebral se compone en época fetal y es hormonodependiente, es decir nos desarrollamos con cerebros de hombre o de mujer a través de la testosterona circulante mientras estamos en el seno de nuestra madre. La sexuación cerebral se completa antes de los 3 meses de vida. Sin embargo no está demasiado claro qué es un cerebro masculino o un cerebro femenino. Lo más seguro es que no existan diferencias gruesas -pero sí funcionales- entre ambas anatomías cerebrales, pero que la sexuación se constituya como un mosaico.

Y es también probable tal y como predice la «teoría de la sabana» que cuanto más nos alejamos del entorno ancestral (de cazadores-recolectores) más se bloqueen las diferencias innatas entre hombres y mujeres, lo cual nos permite predecir que las brechas de género al menos en cuanto personalidad se agrandarán en el futuro próximo.

¿Qué hay de común en todos los hombres?

La verdad es que las masculinidades de las que habla Kimmel son axiomáticas y fácilmente reconocibles. Es obvio que la masculinidad tradicional (una masculinidad que procede de entornos agrícola-pastorales) está en crisis y sufriendo un declive quizá como reacción a la liberación de la mujer. Pero si a mí me preguntaran que hay de común en todos los hombres y qué nos diferencia de todas las mujeres diría que a los hombres nos siguen gustando los deportes y las películas de guerra y las mujeres no parecen demasiado interesadas en ello. Por el contrario a las mujeres les sigue gustando ir de compras y adquirir ropa, algo que a ningún hombre que yo conozca le agrada. (Aqui hay un listado de lo que nos gusta a los hombres) Y se trata de algo innato, no de algo adquirido o impuesto por la cultura (esto está también demostrado y no voy a insistir en convencer a los ideólogos del género). Del mismo modo a las mujeres les encantan las profesiones altruistas como la psicología, la enfermería, el profesorado o la medicina mientras los hombre se encuentran más motivados por las ingenierías, la física, las matemáticas o la informática. Y por supuesto la carrera militar. Se trata de la conocida paradoja noruega.

Y este fenómeno es algo biológico, mal que les pese a los ideólogos de la igualdad, se trata de la llamada brecha de género. Hay diferencias entre hombres y mujeres y muchas, – sobre todo cuando podemos elegir profesión-si bien es cierto que al imaginarlas como un continuo hemos desperdiciado otras alternativas.

Dicho de otro modo y como conclusión:

Huir del estereotipo es una forma de caer en el estereotipo, pues el estereotipo es el guardián de los significados y no podemos huir o renunciar a él, solo relativizarlo. Hay una verdad en el estereotipo que no cabe menospreciar.

Esto aprendi oyendo a Sandra Mercado.

Y otra cosa: no tomes decisiones irreversibles antes de haber madurado lo suficiente para saber dónde te lleva esa decisión.