Locos que no lo parecen

Tal y como vimos en el post anterior, la mejor manera de estudiar criminología y más aun psicología es leer buena literatura, pues la literatura se mueve con mayor libertad que la ciencia a la hora de establecer relaciones entre la mente y sus condicionamientos y el resultado final que no es otro sino la conducta o las ideas operando en la realidad.

Pero para entender mejor la psicología de Raskolnikov es necesario situarnos en la época en que se publicó «Crimen y Castigo» (1866). En aquella época la psiquiatría francesa dominaba el cotarro científico en el mundo pero entonces no había psiquiatras sino alienistas. Esta distinción es crucial para entender que aun no existía el termino «enfermedad mental» y los que se hacían cargo de este tipo de alienados no eran médicos sino filósofos. Hay que recordar ahora que Janet tuvo que estudiar medicina a la fuerza después de haber sido contratado por Charcot para trabajar con él en la Salpetrière. El padre de la liberación de los locos -al quitarle las cadenas- fue Philipe Pinel a partir de sus ideas políticas y sociales herederas de la Ilustración.

Esquirol , su más preciado discípulo, fue el continuador de su obra, si bien aportó a la historia de la psiquiatría algunas novedades. Como Pinel, creía que la alienación procedía de causas pasionales y no tanto de averías del cerebro. Tiene dos contribuciones a la psiquiatría actual: la diferenciación entre ilusiones y alucinaciones y además fue el autor de la primera nosografía psiquiátrica (Rafael Huertas en su articulo explica bien tanto su pensamiento acabalgado entre el mundo clásico y el moderno, junto con la clasificación de las patologías mentales según su nosografía). Pero sin duda el aspecto más controvertido de su clasificación son las manías sin delirio que conocemos con el nombre de monomanías, es decir estados patológicos en los que el paciente no sufre ningún problema de inteligencia o cognitivo, se trata de esos locos que no lo parecen.

Esta idea ya había sido planteada por Pinel y cuenta con un amplia tradición es psiquiatría: las locuras razonantes de Serieux y Capgras, los delirios parciales y más recientemente la idea de psicosis ordinarias de la escuela lacaniana. Es decir, la idea de que se puede estar loco pero no en todos los ámbitos de la vida, solo en ciertos aspectos. Estar loco pero solo en una cosa.

Las monomanías.-

Todo el mundo de estos pacientes gira alrededor de una idea o de ideas relacionadas, solo parece estar loco en una cosa manteniendo la lucidez en todo lo demás. La monomanía es una idea-fija, algo que aparece en la conciencia de forma de ocurrencia y que poco a poco va tomando el mando de toda la personalidad, algo así como una obsesión pero de una obsesión que podriamos llamarle instintiva, no se trata solo de una idea sino de algo que llevar a cabo. Esquirol distinguía este menú de monomanías:

1.- La piromanía o la manía de prender fuego, con o sin intereses economicos de por medio

2.- La cleptomanía, el robo simbólico de algo que se hurta por ese valor con independencia del valor económico de lo robado.

3.- La lipemanía, que hoy llamamos depresión, la tendencia al ánimo triste y las ideas pesimistas.

4.- La manía homicida.

5.- La demonomanía (sic)

6.- La dipsomanía, la tendencia periódica a la embriaguez.

7.- La erotomanía, cuya versión delirante es la erotomanía de Clérambault.

8.- Ludopatía, pasión por el juego de azar.

De todas ellas tan solo quedan la piromanía y la cleptomanía en nuestras clasificaciones actuales y quizá también la ludopatía que es considerada una adicción. El resto ha sido barrido de lo que hoy entendemos como «trastornos del control de impulsos» y ya no consideramos el homicidio o la depresión como monomanías o manías sin delirio. Por otra parte la demonomanía ni siquiera ha llegado a nuestros días con otro nombre, algo así sucedió con la ninfomanía o la satiriasis que hoy se consideran adicciones sexuales (comportamentales). La dipsomanía ha pasado a interpretarse como un «trastorno por adicción al alcohol» y ya no aparece en el DSM.

De todas ellas la manía homicida ha sido la más controvertida y más precozmente. Se han hecho muchas criticas a esta clasificación sobre todo por parte de los jueces de aquella época que se negaron a considerar locos a los asesinos (todo ello está bien expuesto en la monografía de Rafael Huertas) y aun hoy en las tertulias aparecen expertos llamando la atención sobre el hecho -innegable- de que los locos no suelen ser más peligrosos que las personas comunes. Esta cuestión quedaría invertida si consideráramos algunos homicidios como monomanías o admitiéramos que con frecuencia el delirio previene el paso al acto.

Algo se perdió pues en el curso histórico de las ideas psiquiátricas en torno al crimen o a esos impulsos que los pacientes no pueden sino acatar. Hoy no se considera que exista la dipsomanía aunque yo he visto casos clinicos que concuerdan con esta definición. Y en mi opinión ciertos crímenes responden mejor a las ideas de Esquirol (la idea de manía sin delirio) que a motivaciones comprensibles, pongo el caso de algunos crímenes seriales.

En «Crimen y castigo» hay dos personajes muy importantes para comprender la pasión que aqueja a Raskolnikov, uno es Porfirio el juez y otro Azimov el médico. Todos incluyendo a sus amigos están persuadidos de que Raskolnikov está loco y el primero en creerlo es Azimov quien habla de ideas fijas y de monomanías (sin nombrarlas) aunque habla de delirios. Y Raskolnikov se esfuerza para presentarse ante todos ellos como una persona lúcida. Raskolnikov disimula algo que por cierto hacen muchos locos para evitar su ingreso o tratamientos forzados.

El caso es que Azimov aunque no es un médico con experiencia es un representante de esa psiquiatría llamada realista que al igual que la novela de Dovstoyeski precedió a la psicología naturalista y a la novela social. Azimov es un esquiroliano sin saberlo y en la misma dirección opera Porfirio que parece encajar en las ideas esquirolianas en el sentido de que cree que cuando se comete un crimen el criminal está loco, algo que encaja con la idea de que los delirios tienen un efecto protector frente a los actings (el paso al acto). En este sentido cobra importancia la idea de que las manías sin delirio son mucho más peligrosas que las que contienen delirios.

El castigo.-

Ya Freud en 1915 publicó una monografía sobre la cuestión de la culpa en relación con la delincuencia y aunque no todos los criminales parecen responder a esta causa, lo cierto es que en el caso de Raskolnikov es evidente que su salud mental empeora después del crimen. Es entonces cuando comienza a cometer actos irreflexivos y a mostrarse como si estuviera loco, apareciendo muerto de frío al amanecer al lado de un matorral después de vagar toda la noche sin destino fijo. Hoy diríamos que bajo una patología disociativa y Azimov habla de un delirio.

Porfirio que sospecha de Raskolnikov, pone a su disposición la solución: que confiese para aliviar su conciencia y a cambio será benevolente con la condena. Al final es condenado a trabajos forzados en Siberia, del mismo modo que lo fue el autor, Dostoyevski por una condena -en este caso. política. Fuere como fuere parece que el tiempo que pasaron ambos en esa condena tuvo resultados expiatorios para ambos, algo así como un cambio de personalidad, una enantiodromia pues la culpabilidad es siempre anterior a la falta y tiene un marcado carácter teológico siendo la responsabilidad su equivalente cívico. Raskolnikov necesitaba ese castigo para resolver su culpabilidad y muchos criminales lo han comentado en sus entrevistas con psiquiatras. A veces el castigo solamente no es suficiente: no se trata solo de castigar o rehabilitar sino de expiar, y hay crímenes que carecen de expiación o de redención, incluso con la propia vida.

Raskolnikov resuelve su culpabilidad tanto por el castigo pero tambié por el amor de Sonia que le sigue a Siberia y le acepta a pesar de que él ya le confesó su crimen. Lo mismo sucedió con Dostoyevski que abandonó su militancia política -nihilista- después de su cautividad y se convirtió decididamente en escritor: el escritor psicológico más importante de la literatura.

Bibliografía.-

Rafael Huertas: «Entre la doctrina y la clinica: la nosografía de J:E:D Esquirol (1772-1840)

Sara Lopez Van Dam Merino: «Analisis criminologico del personaje de Raskolnikov en la novela Crimen y Castigo»

S. Freud: «El criminal por sentido de culpa»

6 comentarios en “Locos que no lo parecen

  1. En el post anterior se mencionaba que los crímenes tienen casi siempre tres móviles 1) la venganza, 2) el sexo y 3) el dinero. Esto es válido para los crímenes de individuos, pero los crímenes sociales, los de grandes masas de personas, ya sean producto de genocidios, guerras o sistemas políticos, suelen cometerse bajo las coberturas morales de turno, e iniciarse como una misión, similar una monomanía, supuestamente benefactora, iniciada por algún líder carismático, o psicopático, ya sea seguidor o iniciador de alguna ideología.
    Tal como se menciona en el post anterior, también podría decirse de los crímenes sociales que: ‘Su locura no es cognitiva como en las enfermedades mentales comunes sino moral, y lo moral de momento no está clasificado en ningún manual de psiquiatría, tampoco los DSMs parecen estar interesados en ello’. Sin embargo los efectos de los crímenes sociales sobre la humanidad y su biodiversidad es mucho más letal que el de los crímenes individuales.
    Parece que existe poca literatura acerca de la criminología social sobre las masas, que podríamos calificar como ponerologia, o el «estudio del mal», del griego poneros (el mal); pero el mal es un concepto moral relativo, pues como bien menciona el refrán: ‘No hay mal que por bien no venga’.
    Al parecer nos encontramos frente a las psicosis ordinarias de la escuela lacaniana. Estamos todos locos sin embargo no en todos los ámbitos de la vida, solo en ciertos aspectos. Se diría que muchos estamos locos en diversos aspectos pero no en todos. Quizás nos encontremos sumergidos en múltiples ‘loops’ o bucles de culpabilidad que nos obligan a cometer faltas siguiendo los sesgos cognitivos de nuestra cultura occidental judeo-cristiana. Por ello, a veces, como los nazarenos, también nos autocastigamos.

  2. Quizás muchos crímenes estén relacionados con la cosificación del otro, o los otros, como un efecto colateral del dualismo entre creyentes y paganos, producto de los monoteísmos. Algo similar a lo que ocurre con la delirante justicia social del wokismo.
    Seguramente cualquier ideología que suponga una intolerancia extrema, ya sea personal o social, unida a la cosificación de los otros; puede considerar a las demás personas como un insumo a disposición de los elegidos. En este caso el crimen es tan solo un posible uso del insumo, ya sea por molestia o por placer.

  3. Según el diccionario de la RAE, un insumo es el conjunto de elementos que toman parte en la producción de otros bienes.
    Se diría que en el origen de todo crimen, está la ausencia de otorgar un valor intrínseco a lo que se ataca, o bien valorarlo como insumo.

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