Independencia

Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la novela citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si planea leerla.

La continuación de Terra Alta de Javier Cercás

Melchor Marin es el protagonista de ambas novelas de Javier Cercás, la primera de ellas nos presenta a un policía de los Mossos que tiene un oscuro pasado, un pasado de «hijo de puta», una puta -su madre asesinada en extrañas circunstancias y cuya muerte nunca fue aclarada- y una estancia por la prisión después de haberse metido en oscuros negocios del menudeo de drogas. Es en la cárcel donde Melchor se redime, gracias a un recluso, el Francés que ejerce de bibliotecario de la prisión. Es allí donde Melchor descubre «los Miserables» que desde ese momento se convertirá en su libro de cabecera y no sólo eso: comenzará a interesarse por la literatura precisamente a raíz de esa lectura.

La lectura le redime.

Melchor sale de la cárcel con una decisión firme: encontrar a los asesinos de su madre y es por eso que se convierte en policía al mismo tiempo que en un héroe del cuerpo al abatir a unos terroristas en Cambrils (este es un hecho real que Cercás utiliza para mezclar realidad y ficción). Es por eso que sus jefes deciden quitarlo de la exposición publica y mandarle a la Terra Alta, una comarca catalana con sede en Gandesa, escenario en la guerra civil de grandes matanzas. Es allí donde Melchor inicia una nueva vida y conoce a Olga -la bibliotecaria- con la que se casa y vive con ella los mejores años de su vida. Tienen una hija que se llama Cosette igual que la heroína de Victor Hugo a quien Jean Valjean rescata de la miseria.

Pero el que nace poli siempre es poli y Melchor interviene en un asunto de asesinato de una familia muy conocida y ayuda a resolverlo sin demasiadas ganas de atribuirse el mérito, sobre todo porque también su mujer es asesinada por los malotes que tratan de alejarlo del caso. Al final Melchor encuentra a los asesinos y logra meterlos en la cárcel. El ambiente de Terra Alta es bastante opresivo y teñido aún de la tragedia de la guerra civil, que Cercás nos recuerda quizá porque este escenario forma parte de sus recuerdos de infancia, pero lo cierto es que «Terra alta» no me gustó demasiado. Se trata de una novela policiaca donde el suspense gira en torno a dos búsquedas simultáneas: la de los asesinos de su madre y la de los asesinos actuales que son los mismos que asesinan a su esposa. La historia siempre se repite a veces como tragedia y a veces como farsa, pero los personajes como Melchor son de una pieza y con pocos matices, es por eso que su destino de poli bueno, no se disipa con el tiempo y Cercás ha escrito una segunda parte con ese personaje ta cercano al Clint Eastwood de «Harry el sucio».

Porque Melchor es un justiciero, de esos policías que precisamente por serlo saben que los malos casi siempre salen de rositas y es precisamente esa la razón por la que en ocasiones se extralimita en el cumplimiento de la ley. La ley de los miserables. Los policías siempre saben quien es el culpable de un delito pero esto ha de demostrarse en los tribunales lo que redunda en beneficio del culpable, por otra parte el sistema judicial no busca la verdad sino solo aquella parte de la verdad que es jurídicamente estable y que nunca coincide con la verdad histórica ni con las narraciones (confesiones) pero siempre coincide con la novela escrita por un narrador omnisciente.

En Independencia Melchor es requerido en comisión de servicios para ayudar al que fue su jefe en la Terra alta y recién ascendido gracias a sus pesquisas. Se trata de averiguar quién está chantajeando a la alcaldesa de Barcelona asegurando que poseen un video sexual sobre ella.

Y este es el mejor hallazgo de Cercás pues aprovecha para escudriñar dentro de la política catalana sin miramientos. «Independencia» es una novela que puede leerse sola, sin haber pasado por la anterior y en ella Cercás brilla a una altura bastante más luminosa que en «Terra», quizá porque ha conseguido llegar a un pacto con sus propios fantasmas, me refiero a sus fantasmas políticos, pues «Independencia» es una trituradora política de eso que ha venido en llamarse «la burguesía catalana» que terminó por someter a toda Cataluña a una sacudida gratuita e incierta a través del «Procés» y que ha llevado a Cataluña a una espiral de ignominia y de ruina. No deja de ser curioso que el sentido común catalán (el seny) haya pactado con anarquistas y populistas para llevar a cabo una tarea imposible por más que el anhelo de independencia haya calado en la mitad de la población. Lo cierto – y eso es lo que la novela denuncia- es que los políticos catalanes han utilizado este anhelo para dirigir a las masas hacia su infortunio mientras ellos mismos descreen del procés.

«Independencia» es una de esas novelas que una vez comenzadas mantienen el interés del lector y su ritmo es trepidante, a veces tienes la impresión de que estás viendo una película, o mejor un juego de ordenador donde unas escenas y unos personajes te llevan indisimuladamente a otros dejando rastros de pruebas falsas que solo la pericia de Melchor termina por esclarecer.

La alcaldesa de Barcelona es Virginia y se trata de una mujer ambiciosa y hecha a si misma con la ayuda de su marido ricachón y cínico que es quien la promueve y ejerce su mentoría para terminar divorciándose de él como suele suceder en este tipo de matrimonios: cuando Virginia supone que puede valerse por sí misma.

Pero se equivoca pues Virginia como todo el mundo tiene también un pasado y no hay peor amenaza para un político que su pasado. Y todo marido o esposa es quien más sabe de su pasado.

La primera sospecha es que su ex marido y Vidal -su teniente de alcalde- tienen algo que ver en ese chantaje. es algo demasiado obvio: ambos tienen razones para ello pero la historia ha de dar aún algún vuelco para que todo encaje y es Melchor quien lo hace encajar sacando lo mejor de su instinto justiciero.

Y lo hace como siempre saltándose la ley y ejerciéndola a su manera, ocultando datos y moviendo ficha intentando siempre que en todo caso paguen los verdaderos criminales y no solo los hombres de paja que estos usan para su servicio o para endosarles los muertos. Melchor es más un protector de desdichados -como Jean Valjean- que un funcionario al servicio de la Ley.

Y Melchor Marin lo descubre y termina su misión y vuelve a la Terra Alta donde espera dejar el cuerpo y hacer oposiciones para bibliotecario.

Pero un poli es siempre un poli.

La revolución molecular disipada

El concepto de revolución molecular procede de Felix Guattari y es algo así como un tratado de la insurrección.

Muy inspirado en la corriente francesa del 68 y la escuela de Frankfurt, Guattari era lo que hoy conocemos como un «progre». Un psicoanalista «progre» discípulo de Lacan y compañero de armas de Deleuze, uno de aquellos intelectuales a los que hay que leer varias veces apara atrapar sus ideas, muy enquistadas en el marxismo y que buscaban una nueva teoría para guiar a las masas oprimidas hacia su liberación.

Marx se equivocó varias veces al enunciar su teoría -que se demostró como la teoria psicoanalítica que no era nada predictiva- (aunque pudiera ser explicativa) y no lo era porque Marx se equivocó al pensar que la revolución socialista se produciría en una sociedad industrializada. Lo que sucedió es que se llevó a cabo en una sociedad agrícola y profundamente atrasada y tradicional como en Rusia. La clase trabajadora que era el fundamento de la teoría marxista fue diluyéndose poco a poco a medida de que en Europa los trabajadores mejoraban su nivel de vida, gracias a los salarios altos y a las leyes socialdemócratas que -mientras pudieron- conservaron el nivel de vida a varias generaciones de trabajadores que poco a poco fueron alimentando lo que hoy entendemos como clase media.

De manera que no es posible fiarlo todo a los trabajadores, fue por eso que ciertos intelectuales desengañados por la traición de la clase trabajadora comenzaron a pensar en un plan B. Ya no bastaba con apelar a la conciencia de clase, los trabajadores querian mejorar sus condiciones de vida, piso propio, coche propio y segunda vivienda aunque fuera en el pueblo. China esta hoy en esa fase del desarrollo. Pero en Europa las cosas han tocado fondo: los salarios son cada vez más bajos, los empleos van a ir descendiendo a medida de que progrese la tecnificación de los procesos y el futuro de los hijos va a ser peor que el de sus padres y quizá peor que el de sus abuelos.

Es por eso que era necesaria una nueva vuelta de tuerca y ahí apareció la palabra «molecular». Ya no se trata de encontrar una clase revolucionaria sino en todo caso una serie de identidades fugitivas (al decir de Foucault) que se sientan oprimidas o que puedan ser fácilmente convencidas de que lo son. Así nació el nuevo paradigma identitario: mujeres, gays, razas diversas, inmigrantes, trans, indigenas, etc. Cada uno con su propio problema y su propia subjetividad. La idea era que todos unidos podrían formar parte de esa nueva fuerza revolucionaria para terminar con la opresión.

Los trabajadores ya no interesan como fuerza de cambio, bienvenidas las identidades.

Alexis López Tapia es en realidad un entomólogo chileno que ha profundizado sobre la estrategia molecular de Guattari, es decir sobre ese tratado de insurrección que proponía afinando todavía más en su definición y añadiéndole el epítome de «disipada» a esa revolución molecular. Más abajo veremos porqué disipada.

En todos los modelos revolucionarios anteriores, el comunismo, el marxismo y todo lo que mencioné, siempre trabajaron con grupos o con clases sociales. Así los proletarios, los trabajadores, los campesinos con Mao, etc.

Siempre la noción, la idea de clase estaba allí, en los modelos revolucionarios. Pero los deconstruccionistas se dieron cuenta que eso tenía un problema. Un problema efectivamente hasta el día de hoy. Cuando una persona, por ejemplo el trabajador, no tiene lo que ellos llaman consciencia de clase, es decir, está, -en lenguaje marxista- “alienado”, hay que desalienarlo, adoctrinarlo para que tome conciencia de clase y, entonces, se puede transformar en sujeto revolucionario. Hay un trabajo sistemático que hacer, para que una persona pase de ser una persona socialmente integrada, en el “nivel de clase” que esté, a transformarse en un revolucionario.

Los deconstruccionistas sacaron del juego esta noción de clase. Eso es lo primero que hicieron, lo más importante. Ellos van a empezar a hablar de que el nuevo sujeto revolucionario es todo aquel que se encuentre en los márgenes o en la anormalidad. Estos son los dos conceptos, los dos criterios. “En los márgenes” se refiere a que en una curva normal de distribución de la población, todo aquel que está en el margen va a ser transformado en nuevo sujeto revolucionario, pero para esto, y aquí está lo más importante, ellos dicen que basta que una persona se sienta marginada o marginal para que pueda ser transformado en sujeto revolucionario.

 Las clases sociales siempre han sido una teoría falsa de división social. La ocupó Marx precisamente para generar el sujeto revolucionario. Los deconstruccionistas dejaron eso de lado y trabajan con una nueva categoría. Esta categoría de margen o de anormalidad. Digamos de paso, y esto es muy importante para entender por qué lo hicieron, que estos cuatro autores son todos franceses, pero tres de ellos, al igual que Marx, son franceses de padres judíos religiosos y, lo primero que van a hacer, es atacar a la propia religión de sus padres, porque obviamente estamos hablando de comunismo y en el comunismo no hay ninguna idea a trascender. Podían atacar a la religión por ende, pero de una forma mucho más profunda que la que el propio Marx, o cualquiera de los demás, pudo haber hecho. 

Lo segundo es que tres de ellos fueron homosexuales y van a transformar su homosexualidad, que es normal, porque en la sociedad y en la humanidad siempre ha habido homosexualidad, pero es marginal, porque están los márgenes de la distribución de la normalidad, en un elemento de lucha, es decir, en un elemento revolucionario.

De ahí viene todo el movimiento LGTB, al que se le suma el feminismo radical, el indigenismo, el racismo y así lo que ellos llaman fracturas o pliegues sociales, que son áreas donde la sociedad tiene estos márgenes. Como basta que una persona se sienta marginado o marginal, no es un problema objetivo. La persona que por algún motivo llegó a pensar que se la está marginando, puede ser transformado el sujeto revolucionario radicalizándolo ¿pues quién estará contento en su marginalidad?. Ahí está la primera aproximación a este nuevo modelo de deconstrucción y de revolución molecular.

Ya sabemos porque es molecular. Porque es revolución, como todas las revoluciones anteriores, pero ahora, como no hay grupos o clases que vayan a entrar en el proceso revolucionario, sino personas individuales, es decir, moléculas en el lenguaje de la deconstrucción, cualquiera puede ser un sujeto revolucionario o, lo que los deconstruccionistas llaman nuevas máquinas de guerra. Ahí está la explicación más sencilla que puedo dar del nombre de revolución molecular, al que se le agrega, más importante ahora, disipada, porque una vez que los grupos se coordinan, actúan, hacen los actos de protesta, vandalismo, violencia, etc. se desarticulan, desaparecen, se disipan.

Esa es la noción de disipada del modelo.

Significa que estos grupos que tenemos identificados como la guerrilla urbana en Cataluña (tsunami democratic), los BLM en USA, los movimientos antifascistas en Madrid carecen de una estructura orgánica sino que se alimentan de si mismos y de sus vandalismos convocando a una amplia guerrilla de diversas procedencias que gracias a las redes sociales y a la benevolencia de policía campan a sus anchas e incluso tienen sus propios libros de cabecera de guerrilla. El plan es como hemos visto en Chile, aprovecharse de la debilidad de los gobiernos para ir implementando cambios que no se buscan en sí mismos (en realidad las reivindicaciones son pretextos, deconstrucciones) sino para forzar a los gobiernos a sentarse a negociar jactándose precisamente de este hecho sin que lleve adosada una rendición o apaciguamiento en la violencia, que seguirá -no obstante- sea cual sea la respuesta del gobierno, que cada vez estará más débil e irá cediendo hasta que se convierta en una institución vacía.

Dicho de otro modo, el modelo revolucionario actual se parece más al go que al ajedrez. ya no se trata de derrocar al rey sino de ganar territorio.

De tener éxito se trataria del fin del modelo republicano.

Basta observar lo que esta pasando en nuestro país para entender como el Estado y sus instituciones se van vaciando de contenido: policía, parlamento, sistema judicial, autonomías, oposición, orden publico, partidos políticos y lo hace además con la complicidad de casi todo el arco parlamentario, es como si Felix Guattari hubiera renacido de sus cenizas a lomos del neoliberalismo disfrazado de movimiento revolucionario para imponer su dictadura.

El gran despertar

Alexander Dugin es un politólogo, escritor, filósofo e historiador de las religiones de origen ruso que ha estado empeñado en describir lo que a su juicio seria una cuarta teoría política, más allá del fascismo, comunismo o liberalismo. Su propuesta es algo así como un neo-eurosianismo, es decir una superación del bloque soviético y su inclusión en una Europa de base cristiana.

Dejaré abajo el articulo que he usado para confeccionar este post en la bibliografía. Pero pretendo ampliar sus conceptos con otros de mi cosecha. Y para empezar diré que el concepto de «gran despertar» es el nombre informal mediante el cual se ha organizado la resistencia frente al globalismo y el «gran reseteo».

Pero a mi personalmente este nombre no me gusta nada por sus resonancias místicas y esotéricas, en realidad el gran despertar es el nombre con el que se conoció a un movimiento de revitalización cristiana que se extendió por la Europa protestante y América británica, y en especial las colonias norteamericanas en la década de 1730 y 1740, dejando un impacto permanente en la religión norteamericana. Fue el resultado de la predicación de gran alcance que le dio a los oyentes una sensación de revelación personal de su necesidad de salvación por Jesucristo. Apartándose de los rituales y ceremonias, el Gran Despertar comprende un cristianismo intensamente personal para la persona común mediante el fomento de un profundo sentido de convicción espiritual y de la redención, y mediante el fomento de la introspección y el compromiso de una nueva norma de moralidad personal.

Personalmente creo que efectivamente esa resistencia al globalismo aun no tiene nombre ni mucho menos una ideologia que oponer a la de su adversario, pero ha de ser algo nuevo, nunca volver atrás se ha considerado -ante situaciones nuevas- una buena estrategia. Lo cierto es que la resistencia al globalismo es un movimiento patriótico y en cierta forma soberanista pero no puede quedarse en eso si realmente queremos vencer en esa guerra que ya se está llevando a cabo en distintos escenarios globales.

Pero es una guerra nueva, que se lleva a cabo sin tanques ni armas de fuego, ni soldados sino a través de ciberataques, pandemias, desastres naturales, incendios y asonadas y sobre todo una enorme movilización de los medios a fin de proyectar escenarios apocalípticos y sobre todo una imagen de gobiernos incapaces de gestionar las crisis con un mínimo de coherencia a fin de crear un vacío institucional. En esta guerra se mezclan pues elementos bien diversos: noticias falsas, decisiones estúpidas (que podemos contemplar en un continuo vaivén de contradicciones), guerra de guerrillas en las principales ciudades al estilo de la revolución molecular disipativa descrita por Lopez Tapias. mientras la agenda de Davos y el gran reseteo avanza hacia ese objetivo del 2030.

La llegada de Biden a la Casa Blanca marca la señal de que los globalistas están avanzando hacia los siguientes pasos que no son otros sino la instauración de políticas totalitarias (censura, cancelación, persecución de los disidentes, etc) a cara descubierta y mediante la complicidad de las grandes agencias.

Esto afectará a todas las áreas de la vida: los globalistas están regresando al punto en que Trump y otros polos de la creciente multipolaridad lo impidieron. Y ahí es donde el control mental (a través de la censura y manipulación de las redes sociales,  la vigilancia total y la recopilación de datos para todos ) y la introducción de nuevas tecnologías juegan un papel clave.

Es interesante saber que aunque el globalismo ostenta un enorme poder, pues son los propietarios del dinero que pueden ir multiplicando hasta el paroxismo, tienen una fuerte oposición: en EEUU existe unos 70 millones de personas que se oponen a los planes de Biden, lógicamente esto es un hándicap, personalmente encuentro muy complicado gobernar con esa masa de personas opuestas a la globalización. Rusia y China son países antiglobalistas como lo son también los países árabes incluyendo a Irán o Turquia. Dicho de otra manera, allí donde la democracia liberal fracasó volverán a fracasar los planes globalistas. Paradójicamente los planes globalistas de momento van ganando la guerra en Europa, siendo España el país donde más avanza su agenda.

En Europa,  comenzó a surgir una  ola de populismo a medida que estallaba el descontento de los europeos con la inmigración masiva y las políticas de género. Las élites políticas europeas permanecieron completamente subordinadas a la estrategia globalista, como se vio en el Foro de Davos en los informes de sus teóricos Schwab y el Príncipe Carlos, pero las propias sociedades comenzaron a moverse y, a veces, se levantaron en rebelión directa contra las autoridades, como en el caso de las “ protestas de los chalecos amarillos» en Francia. En algunos lugares, como Italia, Alemania o Grecia, los partidos populistas incluso han entrado en el parlamento.

Pero mientras tanto estos planes siguen adelante con sus revoluciones pop (anarquistas) y sus planes de debilitación de los Estados modernos tal y como los conocemos. Y sobre todo mediante el simulacro y la escenificación de grandes desgracias.

No es Trump es el trumpismo.-

No tanto es el propio Trump, sino en su línea de oposición a los globalistas, la que se ha convertido en el núcleo del trumpismo. En su papel de presidente, Trump no siempre estuvo a la altura de su propia tarea articulada. Y no pudo hacer nada al menos cercano a “drenar el pantano” y derrotar al globalismo. Pero a pesar de esto, se ha convertido en un centro de atracción para todos aquellos que conocían o simplemente sentían el peligro que emanaba de las élites globalistas y los representantes de Big Finance y Big Tech inseparables de ellos.

Así, el núcleo del trumpismo comenzó a tomar forma.

La fuerza impulsora detrás de la movilización masiva de los “trumpistas” llegó a ser la organización en red QAnon, que portaba sus críticas al liberalismo, los demócratas y los globalistas en forma de teorías de conspiración. Difundieron un torrente de acusaciones y denuncias por parte de los globalistas, por estar involucrados en escándalos sexuales, pedofilia, corrupción y satanismo.

Dado que las redes sociales son monitoreadas regularmente por partidarios de la élite liberal, recopilar información sobre casi todos los ciudadanos estadounidenses y sus preferencias políticas no fue un problema. Por lo tanto, la llegada de Biden a la Casa Blanca significa que el liberalismo ha adquirido características francamente totalitarias.

A partir de ahora, el trumpismo, el populismo, la defensa de los valores familiares y cualquier atisbo de conservadurismo o desacuerdo con los principios del liberalismo globalista en Estados Unidos  será casi equivalente a un crimen  : discurso de odio y “fascismo”.

Pero el trumpismo no acabará con la victoria de Biden ni se terminará con la retirada de Trump.

El  Gran Despertar  no se trata de élites e intelectuales, sino de personas, de masas, de personas reales.

Y el Despertar en cuestión no se trata de análisis ideológico. Es una reacción espontánea de las masas, poco competentes en filosofía, que de repente se dieron cuenta, como ganado frente al matadero, que su destino ya lo decidieron sus gobernantes y que no hay más espacio para la gente en el futuro, pues la ultima fase del reseteo es acabar con todo lo humano que hay en el hombre.

El Gran Despertar es espontáneo, en gran parte inconsciente, intuitivo y ciego. De ninguna manera es un escape de la conciencia, de la conclusión, del análisis histórico profundo. Como vimos en las imágenes del Capitolio, los activistas de Trump y los participantes de Qanon parecen personajes de cómics o superhéroes de Marvel. La conspiración es un sarampión infantil antiglobalización. Pero, por otro lado, este es el comienzo de un proceso histórico fundamental. Es así como surge el polo de oposición al curso de la historia en su sentido literal.

Es por eso que la tesis del Gran Despertar no debe cargarse apresuradamente con detalles ideológicos, ya sea conservadurismo fundamental (incluido el conservadurismo religioso), tradicionalismo, crítica marxista del capital o protesta por la protesta anarquista. El Gran Despertar es algo más orgánico, más espontáneo y al mismo tiempo tectónico. Así es como la humanidad se está iluminando repentinamente por la conciencia de la proximidad de su inminente fin.

Y es por eso que el Gran Despertar es tan serio. Y por eso viene de dentro de Estados Unidos, esa civilización donde el ocaso del liberalismo es más espeso. Es un grito desde el centro mismo del infierno, desde esa zona donde el futuro negro ha llegado parcialmente.

El articulo original de Alexander Dugin

El dilema del tranvía y las trombosis

Joshua Greene es un neurofilósofo, en realidad uno de esos psicólogos de Harvard que se ha especializado en una rama de la psicología destinada a investigar sobre la decisión, más concretamente sobre las decisiones con sentido moral. Es muy conocido su experimento conocido como el dilema del tranvía (troley problem).

Se trata de dos supuestos, en el primer supuesto (tal y como puede verse en la viñeta de arriba) el individuo tiene que decidir sobre qué hacer: el tranvía amenaza con matar en una via a cinco personas y en la otra a solo una. El individuo puede desviar al tranvia con apretar solo un botón. La alternativa es que muera un individuo para salvar la vida a otros cinco.

¿Qué haria usted?

El 95% de las personas apretarían el botón para sacrificar a un individuo y salvar la vida a los otros cinco.

En el siguiente supuesto la cosa cambia. Ahora ya no se trata de apretar un botón sino de detener al tranvía arrojando sobre los railes de la vía a un individuo concreto. El asunto parece el mismo: sacrificar a uno para salvarles la vida a cinco, pero hay una variable critica, no hay botón y el individuo tiene que sacrificar él mismo a un individuo arrojándolo sobre la vía.

¿Qué creen ustedes que pasaría?

El 95% de las personas ahora invierten su opinión y dicen que no seria moralmente aceptable salvar la vida a esos cinco individuos arrojando a uno a la vía del tranvía.

Greene concluye que nuestra valoración moral de las cosas depende del grado de cogniciones morales involucradas en una conducta determinada: apretar un botón es algo impersonal que se hace sin que nuestro cerebro tenga demasiadas noticias acerca de sus resultados prácticos, es una acción sin nombres, caras ni apellidos, mientras que arrojar a un tipo a la vía del tren es algo personal e involucra cogniciones morales acerca de la persona en cuestión que va a sacrificarse.

Como puede verse y aunque desde el punto de vista utilitarista las dos decisiones llevan al mismo resultado, en la primera vemos -operando como conductor del tranvía- como su descenso hace inevitable el daño a unos u a otros mientras que nuestras posibilidades -en ausencia de frenos- se reducen a dos. Mientras que en el ejemplo del observador del puente es necesaria una decisión voluntaria que implica la muerte de un individuo de la que nos convertimos en agentes.

La falacia coste beneficio en las vacunas.-

El dilema del tranvía ha sido utilizado en muchas ocasiones para investigar sobre determinados supuestos o en estudios experimentales sobre los efectos de la oxitocina tal y como conté en este post. Se trata de un experimento mental en el que se concentran consensos sobre la cuestión que nos ocupa: la cuantitativa (siempre será mejor que muera una persona que cinco) o la modalidad del empujón que tiene muchas variantes pues esa persona puede ser un gordo, un árabe, un ultraderechista, un terrorista, etc, dando lugar a variadas combinaciones según lo que estemos investigando.

Y este es el dilema que nos plantea la actual campaña de vacunación que estamos viviendo. Al principio nos llegaron noticias -siempre tachadas como fakes- de hipersensibilidad, parálisis del facial, accidentes neurológicos varios (Guillain-Barré) y otros catalogados como banales. Pero de ahí hemos pasado a muertes debidas a trombosis cerebrales sobre todo desde que en Europa hemos llegado a la vacuna de Astra-Zeneca que es la que parece que tiene más efectos adversos de la serie hematológica, aunque esto no quiere decir que el resto no las tenga. Lo cierto es que los efectos adversos reales que tienen estas vacunas son aun mal conocidos porque:

  1. No se comunican todos los efectos adversos
  2. Se han intentado minimizar u ocultar, hay que saber que las vacunas ya se han pagado y existe un buen stock de estas vacunas en la UE.
  3. Aunque por fin estos efectos adversos graves han sido admitidos por las autoridades sanitarias (algunas semanas después de conocerlos) se sigue insistiendo en que el coste beneficio obtenido por las vacunas no aconseja dejar de ponerlas.

Lo cierto es que el argumento que utilizan los poderes públicos se asemeja y mucho al dilema del tranvía, me refiero al segundo caso. Alguien ha de morir para que otros sobrevivan. Este argumento me parece inmoral, aunque solo fuera 1/100.000 habitantes ese único caso es suficiente para suprimir la vacunación y me lo parece por lo siguiente:

Parece que la vacuna de Astra-Zeneca tiene un efecto secundario llamado trombocitopenia que ya se había descrito con la administración de heparina. La heparina es un medicamento que usamos para prevenir las trombosis sobre todo en pacientes encamados largo tiempo o de edad avanzada. Paradójicamente a veces presenta un fenómeno de apelotonamiento de las plaquetas que forman trombos en un lugar y hemorragias -por su déficit- en otro. Parece ser que este raro efecto secundario de la heparina es el mismo que se produce con la vacuna.

La frecuencia de estos efectos secundarios graves son más frecuentes en mujeres fértiles como sucede con todas las enfermedades autoinmunes, de ahí que se considere que esta reacción pueda ser una reacción exagerada del sistema inmune a la vacuna y es cierto que es una reacción rara, que si deja de ser rara es debido al número de personas tan elevado que está vacunándose. Piénsese que no hay ningún medicamento que tome la mayor parte de la población, una N tan alta puede justificar cualquier efecto secundario, solo que la muerte es un efecto inasumible desde el punto de vista moral, del mismo modo que precipitar a un sujeto puente abajo es inasumible moralmente para el 95% de nosotros aunque se trate de salvar la vida a 5. Y lo es porque las personas que se vacunan y mueren están sanas y de no haberse vacunado seguirían estando vivas y sanas. El coste beneficio a nivel individual en este caso es 0. Y lo es porque no sabemos si esta persona se hubiera contagiado de COVID y de haberlo hecho no sabemos su gravedad o si hubiera sido asintomática. No todos nos contagiamos.

¿Cual es el beneficio de seguir vacunando a sabiendas de que 1 de cada 100.000 vacunados morirá?

¿Qué beneficios obtienen los vacunados?

  1. Los vacunados siguen siendo portadores transmisibles del virus
  2. Los vacunados pueden seguir enfermando de COVID-19
  3. La movilidad, la distancia y las mascarillas deben seguir usándose aun entre los vacunados.
  4. El único beneficio parece ser que en caso de contagio la enfermedad seria más leve

La pregunta en este caso es la siguiente. ¿Entonces qué beneficios obtenemos de vacunarnos?

Individualmente muy pocos, colectivamente muchos. Hasta el punto de que si llegáramos a un 70 % de vacunados la epidemia remitiría. Y es probable que sin vacunas también Es la diferencia entre el relato individual y el relato de salud pública. Lo que es bueno para el colectivo puede ser letal para el individuo.

Se trata pues de un dilema moral tal y como plantea Joshua Greene en sus tranvías, pero no es solo un dilema que afecte a los individuos, sino también a los poderes públicos y como no a los fabricantes de vacunas.

Pero si usted muere, usted muere individualmente y no con sentido colectivo ni con perspectiva de género.

Qué es hacer lo correcto por Michael Sandel

El rencor a las marcas

Aquellos que leyeran mi anterior post ya saben que tengo un especial rencor por las teleoperadoras, pues todas -como a casi todo el mundo- me han decepcionado, engañado, cobrado de más y no han respetado en ningún caso mis intereses y casi siempre he sido obligado a comprar un pack donde la TV (que no uso) viene integrada.

Pero hablé con Sylvia Diaz Montenegro especialista en procesos complejos y coautora de este libro que preside este post y del que yo mismo fui coautor con un articulo que llamé «El retorno de Eros». El articulo de Sylvia lleva por titulo «Un nuevo contrato social» y en él nos cuenta las dificultades que tienen ciertas empresas grandes en dar satisfacción a sus clientes. He de decir que casi me convenció pues al menos dejé de pensar en una determinada marca de teleoperadoras como una entidad sociopática.

Y es verdad que una marca no puede ser un psicópata, eso queda para la complejidad de las personas y no para las firmas o las empresas. Lo cierto es que nosotros los clientes nos relacionamos con las marcas o con determinadas empresas como si fueran personas de carne y hueso y esa es la clave del sin sentido al atribuirle a una entidad valores morales como hacemos con las personas. Pasa con las teleoperadoras y pasa también con la administración y por supuesto con la administración sanitaria y pasa más con aquellas entidades que nos resultan más necesarias. Yo nunca he tenido ningún problema con las aseguradoras de mi coche o de mi casa, sencillamente no tengo intimidad con ellas, pero eso no sucede con las teleoperadoras o con el sistema sanitario. El rencor crece a medida de que nos acercamos más a ciertas instituciones que nos resultan necesarias.

Gran parte del malentendido procede del hecho de que «la revolución digital no ha hecho más que complicar las cosas haciéndonos a todos, incluso a los operarios de estas empresas mucho más dependientes de la tecnología y de la ingeniería de procesos. Pensemos en como funciona un Hospital, uno acude a urgencias donde después de un triaje, el medico llega a una conclusión: una derivación a Cirugía, Medicina Interna o Trauma según la patología. Supongamos que nuestro proceso precisa de una intervención quirúrgica urgente: se lleva a cabo y después de unos días nos dan el alta pero no nos sentimos bien. Llegamos a nuestro medico de cabecera para que nos siga controlando por su cuenta pero él tampoco puede darnos una explicación. Nótese que en este único proceso han intervenido una decena de especialistas, médicos de urgencia, enfermeras, conductores de SAMU, cirujanos, etc y el resultado final es que nadie tiene la llave completa del proceso, lo que significa que nadie sabe qué me pasa, nadie tiene un botón para poder entender mi queja y hasta el medico de cabecera puede quedar incólume ante la ignorancia del proceso y lo peor: nadie entiende mi queja. O dicho de otra manera: los Hospitales funcionan como una cadena de montaje, no importa cuanta digitalización exista pues la revolución digital sigue operando según un modelo fabril. Y un modelo fabril está protocolizado para funcionar en compartimentos estancos donde cada operario solo conoce el segmento de fabricación que le pertenece pero desconoce la globalidad del montaje.

Obviamente, la protocolización del proceso tiene sus ventajas en la calidad final del producto pero el individuo pierde el control del proceso completo, algo que Rousseau definió como alienación.

La alienación es un sentimiento que tiene mucho que ver con el «síndrome del quemado o burnout» y también con el malestar en el trabajo, las depresiones, las bajas médicas e incluso con los suicidios, no es de extrañar que los médicos, junto con los policías sean los trabajadores más representados (en función de su profesión) en las estadisticas de suicidios consumados. Alienación es de alguna manera sinónimo de enfermedad mental, hay que recordar ahora que hasta la Ilustración a los locos se les llamaba alienados. hasta que Séglas se inventó el titulo de «enfermedad mental», los alienados eran locos y a los médicos que les trataban se les llamaba alienistas. Pero también existe una alienación laboral sobre todo en esos trabajos repetitivos, cansinos y manuales donde el operario no puede llevar a cabo ningún gesto de innovación, improvisación o creatividad, es decir la alienación tiene que ver con el trabajo fuertemente protocolizado: con la ingeniería de procesos. Algo que no afecta los relojeros o los artesanos que no están sometidos a la tiranía del proceso.

Y no solo perjudica al operario o trabajador sea del sector que sea sino también al cliente. Como en la mili, las protestas al cabo furriel. Lo que viene a decir que las protestas, las quejas o la sensación subjetiva de desatención aun habiendo un departamento de quejas y reclamaciones, no se resuelven nunca y no por la psicopatía de los empleados sino porque efectivamente el sistema es sociopático o mejor demente: carece de corteza frontal, está desaferentizado.

Los Golem y los Supra.-

Sylvia Diaz Montenegro llama golem a la tecnología sin alma. Bien es verdad que no carece de alma por maldad sino porque no la tiene aunque la puede recuperar según la versión clásica del mito. O bien el que teniéndola no la utiliza como si fuera el alma desencarnada de una marioneta. Vista desde el punto de vista del cliente una entidad-golem es siniestra pues no hay posibilidad alguna de dialogo. Y se parece mucho a la maldad, por eso desatan el rencor de los usuarios.

Un Supra son esos agentes sociales que no se ven (Vodafone, Telefónica, el sistema sanitario, el BBVA, etc) que antes se concretaban en una señor con cara y conocido (había intimidad) pero ahora son una colección de sistemas automatizados y procesuales que escapan incluso a sus propios trabajadores.

Sylvia propone y predice que si los supras tuvieran la tecnología adecuada podrian gestionar su comportamiento sabiendo que son responsables de mi rencor hacia ellos. Y lo que propone es rescatar el pensamiento femenino (dialogo) en lugar del pensamiento masculino (proceso)

Muchas veces la perdida del alma no tiene que ver con el funcionamiento fabril o la golemización sino con el tamaño del sistema y la perdida de intimidad y dialogo.

El caso del bar Carlos.-

Carlos era el nombre del propietario de un bar de mala muerte en un barrio siniestro que paradójicamente funcionaba muy bien, con apenas seis mesas y una barra atendida por él mismo y sus dos hijos adolescentes que servían unas tapas exquisitas sobre todo del mar, gambas, cigalas, cañaillas, percebes, etc. Era uno de esos lugares donde el suelo estaba lleno de pieles y cabezas de gambas y donde la limpieza no era su principal atributo. Hacían arroces cada día y siempre sus mesas estaban llenas. la gente hacia cola en la destartalada calle esperando su turno. El truco era una buena atención, buen material y un servicio rápido, y sobre todo muy barato. Su mujer en la cocina le echaba muchas ganas y aunque las condiciones del local impedían dar más servicios, lo cierto es que Carlos se hizo rico en poco tiempo.

Y entonces comenzó a pensar en mudarse de local, a uno más grande, mas vistoso, mejor decorado y con una cocina mejor equipada para dar servicio a aquella clientela. Y ese fue su error:

Al principio los clientes fidelizados acudíamos a su nuevo local que estaba decorado de una forma barroca y no era en absoluto un lugar «con encanto» sino un comedor convencional decorado con mal gusto. Los precios comenzaron a subir y los clientes poco a poco desertamos de aquel lugar. Los hijos se fueron a sus estudios y trabajos y Carlos precisó contratar camareros nuevos pero al haber aumentado el numero de sus mesas el servicio se resintió. Todo parecía indicar que el tamaño idóneo de su negocio eran aquellas seis mesas y la barra llena de cascaras. Y gestionado por toda su familia.

El bar Carlos perdió su alma y se convirtió en un golem.

Y encima se divorció.