El zar de la polio

Poca gente sabe que Franklin D. Roosevelt padeció en 1921 la poliomielitis, una enfermedad que hacia estragos en aquellos tiempos en los niños de todo el mundo. Del mismo modo poca gente sabe que aunque esta enfermedad ataca más frecuentemente a los niños, los adultos también pueden contraerla. Esta fue la carta que el destino tenia marcada para el futuro presidente de EEUU, que gozaba de una salud y de una voluntad de hierro.

De manera que estaba muy motivado, no solo para seguir las instrucciones de rehabilitación muscular que le propusieron sino para poner en marcha una fundación para la asistencia, divulgación, investigación y tratamiento de la enfermedad. Para lo cual puso al frente de la misma a Basil O´Connor una persona que no era médico pero que tenia fama de buen organizador y honestidad. O´Connor era uno de esos hombres que carecían de ambición, no buscaba la notoriedad ni era sospechoso de tener conflictos de intereses. Roosevelt convirtió a O´Connor en el zar de la polio, un mando único como propone Mencius Moldbug en la pandemia actual.

March of dimes.-

Durante mas de 20 años O´Connor se empeñó en financiar su fundación con el fin de lograr fondos para la investigación y lo hizo de una manera que hoy consideraríamos extravagante: pidió que todo el mundo contribuyera con 10 centavos a la causa que debían mandar en un sobre cerrado a la Casa Blanca. Su idea era que si bien los ricos podían financiar esta investigación no había nadie tan pobre en USA que no dispusiera de esos 10 centavos para aportar a una campaña que para él era una campaña del pueblo y para el pueblo. Lo cierto es que estas campañas necesitaron repetirse varias veces y siempre tuvieron éxito.

La consecuencia de estas campañas es que la primera vacuna – la vacuna de Salk- contra la polio no llegó a patentarse.

La enfermedad.-

La poliomielitis es una enfermedad vírica muy contagiosa debida a un enterovirus que se propaga a través del contacto físico y por vía oral-fecal, es de carácter estacional con una frecuencia bimodal (verano y otoño). Sin embargo las infecciones que provoca son a menudo banales y solo una pequeña proporción de infectados adquieren la enfermedad severa y de ellos, solo unos pocos mueren. Afecta a los músculos, sobre todo a los de las piernas causando parálisis flácida y graves secuelas de por vida con atrofias musculares. Cuando afecta al diafragma los enfermos pueden llegar a morir si no son conectados a lo que entonces se llamaba “pulmón de acero”. La vida en uno de esos pulmones debió ser terrorífica para los niños que la precisaron, pero les salvó la vida hasta que pudieron respirar por sí mismos. Frida Kahlo no precisó de este artilugio pero tuvo que estar en cama durante mas de un año: muchos de sus cuadros relatan el aislamiento y las incomodidades de esta convalecencia y por supuesto la carga de la ortopedia.

La historia pareció cambiar su curso cuando O´Connor conoció a Jonas Salk en un barco en pleno atlántico después de asistir a una conferencia sobre el tema. Salk era el alter ego de O´Connor, su contrario, era un hombre ambicioso, “echado para adelante” y curtido en mil peleas: tenia en mente una idea para fabricar una vacuna. Esta idea era considerada por la ciencia de ese momento como inadecuada: consistía en atenuar con formaldehido a los virus y debilitarlos para lo cual tenia un plan: primero había que conseguir los virus vivos con los que trabajaba su oponente -Sabin- que defendía el uso de virus vivos pues era precisamente él quien había conseguido aislar el virus. La mala noticia era que necesitaba al menos 10 años para desarrollar con éxito su vacuna. El argumento que esgrimía es que los virus muertos no causarían anticuerpos y por tanto no tendrían ningún efecto en los vacunados. De modo que en ese momento había dos hipótesis la de Salk (virus atenuados) y la de Sabin (virus vivos) que efectivamente tardó aun más de 10 años en ponerse a punto.

Pero O´Connor tenia prisa y confió en Jonas Salk que en 1952 tuvo ya a unto su vacuna después de demostrar en chimpancés y en voluntarios que efectivamente la vacuna generaba anticuerpos. Se comenzó a vacunar y fue un verdadero éxito, su uso comenzó en 1955.

El efecto Cutter.-

Pero aun había otro obstáculo que superar: la fabricación.

Al parecer ciertos lotes de la vacuna que se fabricaba en los laboratorios Cutter de California tuvieron algunos accidentes: los niños que recibían esta vacuna (aun inyectable) comenzaron a adquirir la enfermedad que la vacuna pretendía prevenir. Al parecer este accidente se debió a que esos lotes no tenían el virus perfectamente desactivado pues no habían seguido el protocolo de Salk de desactivación de formaldehido de una manera rigurosa. Después de acusarse mutuamente las autoridades federales intervinieron por motivos de salud publica (que hasta el éxito de la vacuna de Salk se habían mantenido al margen) y se dictaron nuevos protocolos de calidad para hacer las vacunas más seguras.

10 años más tarde ya en la década de los 60 Sabin puso a punto su vacuna oral que es la que se usa hoy. Pero esa si tiene patente.

La poliomielitis se considera hoy erradicada en casi todo el mundo salvo en Pakistan o Afganistan donde suelen haber casos puntuales. En nuestro país ninguna vacuna es obligatoria pero se recomienda la vacuna de Sabin en todos los calendarios vacunales de los niños que varían según la comunidad autónoma.

¿Toda esta historia te suena de algo?

Cuando vi este documental emitido ayer 20 de Marzo de 2020 en “La noche temática” tuve un dejà vu.

 

2 comentarios en “El zar de la polio

  1. Hola Unai, te mando este documental, no digo que esté pasando ahora lo mismo, pero no te resuena? Besos

    El dom., 21 mar. 2021 19:18, La nodriza de las hadas y el rey carmesí escribió:

    > pacotraver posted: ” Poca gente sabe que Franklin D. Roosevelt padeció en > 1921 la poliomielitis, una enfermedad que hacia estragos en aquellos > tiempos en los niños de todo el mundo. Del mismo modo poca gente sabe que > aunque esta enfermedad ataca más frecuentemente a los n” >

  2. La ciencia avanza gracias a los errores de sus ensayos, y con los coronavirus estamos en pleno experimento. El gran problema que tenemos delante pueden ser las variaciones mutantes favorecidas por las intervenciones preventivas.

    Sabemos que los antibióticos salvan muchas vidas, pero si se usan de manera irresponsable podrían acabar con nuestra especie. Si administrásemos antibióticos a todos los miembros de la sociedad preventivamente para prevenir posibles infecciones, probablemente conseguiríamos una fuerte reducción de la mortalidad relacionada con bacterias, como la neumonía bacteriana, pero solo a corto plazo.
    Las bacterias infecciosas se convertirían rápidamente en superbacterias resistentes a los antibióticos, haciendo que nuestras intervenciones preventivas fuesen redundantes y amenazando la seguridad de todos en la tierra.

    Algo equivalente es lo que estamos haciendo con el coronavirus.

    Sobre las intervenciones preventivas farmacéuticas, las vacunas y las terapias génicas (denominadas vacunas de ARNm), comenzamos a tener algunos datos pero aún insuficientes sobre sus efectos a largo plazo debido al corto espacio temporal de su aplicación.

    Respecto a las Intervenciones No Farmacéuticas, cuyas siglas en inglés son NPI (que bien pudieran significar Ni Puñetera Idea), disponemos ya de un año de datos para valorar los efectos de los confinamientos, la distancia social y las mascarillas.

    La premisa del experimento, aunque nunca definida formalmente, fue probar la eficacia de las intervenciones no farmacéuticas (NPI) con respecto a la tasa de infección y el número de muertes subsiguientes de un virus respiratorio transmitido por el aire. Un año después del gran experimento, los datos globales para formar conclusiones contradicen en gran medida la confiada hipótesis con la que emprendimos el experimento, es más, con los datos existentes se podría argumentar que más bien estamos inclinando la balanza a favor de las variantes más transmisibles y virulentas.

    A pesar de que hay muchas variables en juego, los datos existentes deberían ser suficientes para cuestionar la eficacia de las NPI, especialmente dado los altos costos sociales de tales medidas.
    Estas intervenciones de NPI están destruyendo los medios de vida, demoliendo nuestra cultura, amenazando nuestra democracia y, según admiten los gobiernos, poniendo en peligro la salud física y psicológica de muchas vidas.

    Aún quedan muchos misterios sin resolver en virología. El experimento global empieza aclarar algunos de esos misterios y tenemos la responsabilidad colectiva de prestar atención a la evidencia. No deberíamos asumir, sin cuestionarlas, que las NPI se conviertan en la “nueva normalidad”.

    Más en:

    Haz clic para acceder a Mutant-variations-and-the-danger-of-lockdowns-By-Jemma-Moran-March-2-2021.pdf

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