El pangolín enmascarado

El síndrome respiratorio agudo grave (SRAS) (en inglés: Severe Acute Respiratory Syndrome, SARS) es una enfermedad respiratoria viral causada por un coronavirus, llamado coronavirus asociado al SRAS (SRAS-CoV). La primera vez que se informó sobre el SRAS fue en Asia en febrero de 2003. A los pocos meses, la enfermedad se propagó en más de dos docenas de país en Norteamérica, Suramérica, Europa y Asia antes de que se pudiera contener el brote global de 2003.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un total de 8,098 personas en todo el mundo se enfermaron del SRAS durante el brote de 2003. De esta cifra, 774 personas murieron. En los Estados Unidos, solo ochos personas resultaron infectadas por el SRAS-CoV según confirmación hecha en laboratorios. Todas estas personas habían viajado a otras partes del mundo donde había la presencia del SRAS. El SRAS no se propagó más ampliamente en los Estados Unidos.

Tan pronto como ocurrió el SARS-1, (claramente un accidente natural), las zoonosis por coronavirus de murciélago cobraron relevancia . Obviamente. Porque habían matado a mucha gente y casi provocan una pandemia. ¿Por qué no saber más sobre este peligroso fenómeno?

Además, ¿qué mejor manera de investigar el problema de que los virus de los murciélagos se adapten a los humanos que simulando el problema de que los virus de los murciélagos se adapten a los humanos? Y podemos hacer algo mejor … adaptando realmente los virus de murciélago a los humanos.

El brote desapareció sin vacuna ni ninguna estrategia de confinamiento especial, prácticamente ni nos enteramos de que estaba sucediendo. El brote de coronavirus SARS-cov1 del 2003 fue un brote natural, saltó desde el murciélago a los humanos como anteriormente había sucedido con la gripe porcina o el MERS, en este caso procedente del dromedario.

El murciélago es la especie que mayor número de coronavirus agrupa en su organismo, es por eso que no es de extrañar que las decisiones sobre investigación de virus respiratorios girarán en torno a este mamífero, recogiendo muestras en las cuevas que se exploraron para la ocasión .Es muy posible que el paciente 0 fuera uno de esos exploradores.

Sabemos que los laboratorios chinos en el área de Wuhan estaban experimentando con coronavirus de murciélago humanizados. Sabemos que los chinos no son comedores de murciélagos; por tanto una de las teorías oficiales es que se trataría de una zoonosis a falta de explicar cual era la especie intermedia: el pangolín fue el sospechoso habitual. De manera que:

La hipótesis de que el SARS-CoV-2 fue un accidente de laboratorio chino es la hipótesis nula. Va en el lugar de tu cerebro donde colocas todas las otras cosas que asumes que son ciertas, aunque todavía estás listo para considerar cualquier evidencia en su contra. Simplemente esta hipótesis no ha sido refutada y probablemente nunca lo será por las consecuencias que tiene de todo tipo, políticas en principio pero también haríamos bien en preguntarnos ¿qué demonios hacían los chinos investigando sobre una especie de virus domesticados por la mano del hombre?

La primera cuestión es que no hay una ciencia china, sino occidental, dicho de otra forma: las investigaciones que se llevaron a cabo en Wuhan lo fueron a través de dinero occidental. Es por eso que, la hipotesis del laboratorio nunca será la versión oficial a pesar de que el pangolín no tuvo -el pobre- nada que ver.

Los especialistas disidentes tienen tan alta preparación como sus colegas oficialistas, su defecto es que son especialistas y si el objetivo de pensar con claridad es seguir la hipótesis y ver qué hay detrás de ella es obvio que a nadie le ha seducido hacerlo. En cambio, estos disidentes simplemente prueban la hipótesis una y otra vez.

Según Mencius Moldbug -un generalista- la pregunta correcta para Covid, al igual que para Chernobyl, es qué errores fundamentales del gobierno humano causaron este accidente. Incluso si asumimos que Covid fue filtrado por un laboratorio chino, ni siquiera podemos decir que la causa última del accidente sea china.

“De hecho, afirmo, que era no chino. Es cierto: el accidente debería hacernos pensar menos en los procedimientos de seguridad de los laboratorios chinos. Por mi parte, no había pensado mucho en ellos. Creo que la dirección del PCCh tampoco había pensado mucho en ellos. Ahora, creo, lo han hecho. Estoy seguro de que Mikhail Gorbachev aún no ha perdido su profundo disgusto por los reactores de núcleo de grafito.

Pero los científicos chinos que realizaban este trabajo no seguían (ni siquiera mientras trabajaban en instituciones chinas) un programa de investigación chino, sino un programa de investigación occidental . El Instituto de Wuhan incluso fue financiado con dólares de impuestos estadounidenses . ¿Es este Chernobyl de China? ¿O es nuestro?”

Es en este sentido donde hay que poner los ojos y ver ¿por qué esos trabajos de investigación se hacían en uno de los países menos seguros de la tierra? No es seguro, en sus infraestructuras hidrológicas, ni en sus exigencias de seguridad en los edificios, o en las garantías de calidad de sus productos. China solo fabrica “pichiguilis” y es verdad que los fabrica casi todos.

La ganancia de función.-

El término “ganancia de función” consiste en construir un virus a partir del genoma de otro, a fin de hacerlo más virulento, peligroso o letal para los humanos u otra especie, se eligió un virus ya conocido el SARS cov1. La pregunta que muchos de ustedes se harán ahora es para qué queremos esos virus tan peligrosos. Es poco probable que se llevaran a cabo por razones de bioterrorismo. Lo más probable es que lo fueran para probar vacunas o tratamientos por si acaso. Pero lo cierto es que a veces los simulacros se transforman en realidades. Más que eso: el simulacro de algo aumenta la probabilidad de ocurrencia de ese algo. Y esto es lo que finalmente ha sucedido.

Marc Lipsitch de Harvard, quien antes había denunciado tan fuerte como pudo en la investigación de ganancia de función (por ejemplo, humanizando los coronavirus de murciélagos), era no solo peligrosa sino que no era necesaria en absoluto. Así en una entrevista declara que:

“Los experimentos de ganancia de función hasta la fecha nos han proporcionado solo un conocimiento científico modesto y no han hecho casi nada para mejorar nuestra preparación para las pandemias, sin embargo, se han arriesgado a crear una pandemia accidental. Por tanto, creo que una revisión como la propuesta por el gobierno debería desautorizar la mayoría de estos experimentos arriesgados”.

Se refiere a una moratoria a través de la cual este tipo de experimentos se declararon prohibidos en USA. Una moratoria que encontró poderosos antagonistas a sus ideas. como nuestro conciudadano burgalés, el famoso virólogo de Mount Zinai, Adolfo Garcia Sastre, fervientes defensor de “la ganancia de función”.

El problema general de la ciencia moderna en la actualidad es la relevancia. Sin embargo, la relevancia casi nunca se puede juzgar científicamente. Dado que debe ser juzgado, se juzga doctrinalmente, dicho de otra manera las toma del dinero o si se quiere del poder que dirige la circulación del dinero . Las decisiones científicas siguen siendo científicas per las decisiones metacientíficas, las decisiones sobre qué hacer con la ciencia , se han vuelto completamente dogmáticas y burocráticas.

Lo que hizo el profesor Lipsitch fue realmente muy valiente, si lo piensas bien. ¡Intentó que le quitaran la financiación a sus compañeros! y cuando se retira un proyecto de la lista de relevancia, estás arruinando las carreras de toda una cohorte de científicos : ¿Quién tiene el poder para hacer esto?. Prácticamente nadie. Quizá por eso el profesor Lipsitch no ha vuelto a abrir la boca.

La idea de que la financiación científica debe ser dirigida por científicos parece una idea sensata, ¿pero lo es?. Quizá lo fue en una época donde la motivación que empujaba al científico era la curiosidad, pero esto parece que ha dejado de ser cierto: la gente investiga sobre todo aquello que es relevante para el dinero y no investiga aquello que no proporciona ninguna ventaja económica o política. Quizá por eso hay tanta investigación feminista bien financiada y ninguna sobre el suicidio de los hombres. No sólo es el dinero sino también lo políticamente correcto, de manera que el dinero pueda fluir en la dirección de la corrección.

Al principio, los científicos todavía tomaban buenas decisiones erróneas, porque habían sido entrenados en una cultura anterior a la corrupción de la ciencia por el poder. ¿Cuantos científicos o investigadores hoy pasarían el filtro de no tener conflictos de intereses por lo que están investigando?. Al final, los argumentos para cada proyecto se volvieron estériles y abstractos como este de la ganancia de función en estirpes de murcielagos domesticados.

Lo mejor sería que estas decisiones las tomara un generalista inteligente, con conocimientos y sabiduría y no alguien que deba ser “revisado por pares”. Una especie de zar del COVID en palabras de Mencius Moldbug.

Ningún tomador de decisiones sabio, sabiendo lo que sabemos ahora o lo que sabíamos hace diez años, optaría por financiar esta investigación. Por desgracia, la sabiduría no está en ninguna parte del proceso de financiación de la ciencia; y las decisiones están descentralizadas del mismo modo que lo está la industria textil en nuestro país.

El articulo original de Mencius Moldbug

2 comentarios en “El pangolín enmascarado

  1. Que China solo fabrica “pichiguilis” puede ser discutido.

    Que el simulacro de algo aumenta la probabilidad de ocurrencia de ese algo. Y esto es lo que finalmente ha sucedido, nos conduce a los campos mórficos y a la resonancia mórfica de Rupert Sheldrake.

    Pero vayamos a que ‘es poco probable que se llevaran a cabo por razones de bioterrorismo’.

    Las armas biológicas letales son relativamente sencillas de conseguir mediante la ganancia de función montada con la tecnología de tijera molecular CRISPR. Son muy baratas de fabricar, con eficacia mortífera notable y fácilmente disimulables. Si hasta ahora no se han utilizado con frecuencia es porque nadie puede estar seguro de que una mortal infección no acabe afectando al propio atacante.

    Para producir armas biológicas recombinadas mediante la ingeniería genética sólo se necesitaría una instalación frigorífica con capacidad para unas 200 probetas para almacenar el material a partir de los cultivos originales, y las infraestructuras de cualquier laboratorio farmacéutico.

    En 1999, científicos británicos de la British Medical Association (BMA) advertian ya de la posibilidad de que antes de que acabase la década del 2010, fuese factible fabricar armas biológicas especialmente diseñadas para provocar enfermedades infecciosas mortales en poblaciones genéticamente determinadas, como ciertos grupos étnicos, mediante técnicas de ingeniería genética. Uno de los mayores peligros de la creación de estas armas biológicas de ganancia de función es la posibilidad de que caigan en manos de grupos terroristas, advertían los científicos. Los microorganismos seleccionados pueden cultivarse en grandes cantidades y dispersarse con facilidad utilizando, por ejemplo, aerosoles.

    Desde que entró en vigor la Convención de Armas Biológicas, en 1972, casi todos los países la han firmado y/o ratificado, con la excepción de Israel. Pese a ello la mayoría siguen investigándolas, pues la búsqueda de la protección frente un ataque con armas biológicas es la excusa ideal para el desarrollo de armas cada vez más efectivas.

    El manual de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) menciona 31 organismos con una potencialidad real de ser usados como armas biológicas. La lista incluye la viruela, el ántrax, la peste, el botulismo, el tifus, la fiebre Q, la encefalitis equina venezolana, el ébola y la gripe, entre otros.

    Puede que en 2020 la capacidad de obtener armas biológicas genéticamente diseñadas para afectar a grupos étnicos concretos, raciales o de género podría haber cambiado la situación, pero que su selectividad no fuese la esperada.

    Siguiendo con los cuentos del pangolín y sus efectos colaterales, podemos mencionar que en medio de la incipiente pandemia, la muerte de Philip Haney el 21 de febrero del 2020 pasó desapercibida. Haney fue fundador del Departamento de Seguridad Nacional de EEUU, autor del libro “Ves algo, no digas nada” y “whistleblower” que denunció la sumisión de la administración Obama al Yihad. Apareció muerto con una herida de bala en la cabeza en una autopista de California.

    Haney denunció al Congreso y a los medios de los EE.UU. que la administración Obama lo obligó a borrar años de investigación e inteligencia en torno al terrorismo islámico en EEUU y el resto del mundo antes de la presidencia de Trump. Denunció también que de haber tenido esta información a mano, tiroteos como el de Orlando pudieron haber sido prevenidos.

    El congresista republicano Steve King del Partido Republicano, declaró: “Phil Haney era un amigo y un patriota… Era un blanco por todo lo que sabía de encubrimientos terroristas islámicos … Aseguró su vida archivando datos que incriminaban a los niveles más altos de la administración de Obama … Phil Haney no se suicidó”.

    La extraña muerte de Philip Haney fue seguida por el asesinato del fiscal estadounidense Timothy Delgado, junto con su esposa Tamara Delgado, que estaba investigando el supuesto asesinato de Haney.

    El 14 de febrero de 2020, la ciudadana rusa Olesya Krasilova, experta traductora multilingüe en temas biomédicos, viajó con un equipo científico ruso a Tenerife junto a expertos internacionales para examinar un turista alemán que contrajo el coronavirus en la isla de La Gomera.
    El 15 de febrero, el estadounidense Philip Haney y Olesya Krasilova hablaron telefónicamente sobre el misterioso brote mortal de coronavirus en Irán, cuya tasa de mortalidad porcentual era mayor que la de China.
    El 16 de febrero cuando Olesya Krasilova estaba preparándose para abordar su vuelo de regreso a Rusia, fue detenida por la policía española e inmediatamente encarcelada por funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores “probablemente por algún tipo de solicitud del lado estadounidense”. Días después, tras la muerte de Haney, fue liberada sin cargos.

    Olesya Krasilova habia sido contactado por Phil Haney a principios de mayo de 2019, diciéndole a Krasilova que ya no trabajaba para el gobierno de los EE.UU., y solicitándole su ayuda para traducirle documentos de lengua rusa de origen público compilados en la década de 1980 por el antiguo ejército soviético en relación con la actividad del Islam Deobandi en Afganistán (Los Deobandi son islamistas íntimamente relacionados con la Universidad de Deoband, en la India (Dar al-‘Ulum, “Casa del Conocimiento”).

    El resultado de la colaboración de Olesya Krasilova en las traducciones, llevó a Phil Haney , el 11 de junio de 2019, a publicar su documento de investigación titulado “Ataques de desobediencia en San Bernardino, Sri Lanka”, que vinculaba a los grupos de Jihad Deoband Islam Uyghur que operan en el oeste de China con otras de estas secretas organizaciones terroristas dispersas en todo el Medio Este.

    Poco después de que Haney estableciera estos vínculos de Deoband Islam, apareció el misterioso coronavirus en una China que realiza una persecución de sus islamistas uigures, enfermedad que poco después golpeó al otro gran enemigo de Deoband Islam, Irán, pero también al resto del mundo.

    Otros cuentos del pangolín relatan que Pierre Nkurunziza, presidente de Burundi, un país disidente frente al relato oficial sobre el coronavirus que llegó a expulsar a la OMS de su país, murió en Junio del 2020 de un sospechoso ataque cardiaco. Rápidamente su sucesor se acogió a la OMS y su relato.

    Algo parecido ocurrió con John Magufuli, presidente de Tanzania, famoso por haber hecho presentar muestras sin etiquetar para su análisis PCR, de cabra, aceite de motor, papaya, codorniz y jaca. Cuatro de ellas resultaron positivas y una “no concluyente”, Magufuli prohibió los kits de análisis PCR y pidió que se investigara su origen y fabricación. Pese a estar en perfecto estado de salud, murió también recientemente de una dolencia cardiaca y su sucesor se acogió rápidamente a la narrativa global.

    Puede que los disidentes presidentes de Turkmenistán o Bielorrusia no deberían hacer ningún plan a largo plazo, a no ser que se acojan al relato globalista de la pandemia mortal y la necesidad de vacunación de toda la población, pues de lo contrario se arriesgan a sufrir alguna grave dolencia cardiaca.

    Mientras tanto la Covid-19 sigue con su symploké entre murciélagos, pangolines y vacunas.

  2. Bueno, la idea del bioterrorismo no se puede descartar del todo teniendo en cuneta 1) Ya se ha hecho con otras cepas, 2) No representa muchas dificultades, pues los genomas están publicados y 3) se pueden hacer ataques de falsa bandera con esas cepas que supongo se podrán conseguir en el mercado negro. Pero si aplicamos la navaja de Occam me reafirmo en la hipótesis que he manejado en el post: accidente humano por mala gobernanza como en Chernobyl.

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