El virus y la symploké

La mayor parte de la gente que conozco está persuadida de que «todo está relacionado con el Todo» y se dedican a encontrar el hilo que conecta unas cosas con otras, rebuscando indicios que siempre acaban por encontrarse. Pero está idea es falsa y metafísica, la verdad es que algunas cosas están relacionadas con otras y no están relacionadas en absoluto con otras tantas. Así, una definición de symploké es ésta:

«Como todo iniciado en el materialismo filosófico de Gustavo Bueno sabrá, en este sistema filosófico es de especial importancia el principio de symploké, una idea original de Demócrito de Abdera que luego retomaría Platón, y que hace referencia al entrelazamiento dialéctico de las cosas que constituyen una situación estable o efímera, una totalidad  sistemática (un sistema) en la que se dan momentos de conexión y conflicto y de desconexión e independencia entre sus partes (formales o materiales), sus secuencias o términos, etc., comprendidos en esa symploké».

O dicho de otra manera: «todo no está relacionado con todo»

En este sentido la symploké es el tipo de pensamiento opuesto al pensamiento mágico que teje las relaciones entre cosas alejadas unas de otras o que solo están conectadas por lazos de contigüidad, o de cacofonía o de temporalidad. Por ejemplo, la pandemia está relacionada con la aparición de las vacunas, de las mascarillas y de la coerción de libertades cívicas pero no es necesariamente su causa. La mayor parte de la gente confunden causa con correlación y el error más frecuente es cuando ambos fenómenos acaecen al mismo tiempo. Post hoc ergo propter hoc. Lo que sucede inmediatamente después no siempre es efecto de algo anterior.

Pero no es solo una falacia lógica es además la esencia de lo delirante. Tal y como comenté en este post el delirio puede ser paranoide (autoreferencial) o metanoide (explicativo del mundo). Pero un delirio es siempre un proceso de lógica no formal, en el sentido de que el individuo va de la categoría a la anécdota, de la conclusión hacia las premisas, es decir ya conoce el resultado del proceso, ya tiene una conclusión y opera hacia atrás, es decir desde la conclusión se modela una causa que le precede. Funciona más o menos así:

  1. Hay una ocurrencia sea delirante o no.
  2. Poco a poco esta ocurrencia se refuerza a si misma y termina por ocupar la mayor parte del centro de atención.
  3. Termina convirtiéndose en una creencia.
  4. Esta creencia opera hacia atrás buscando indicios que la justifiquen.
  5. La creencia va fortaleciéndose a medida de que extiende los vínculos entre ideas.
  6. La creencia se comparte y encuentra simpatizantes para su causa.
  7. La creencia termina por explicar cualquier cosa sin relación entre ellas.

El ejemplo de la pandemia.-

No cabe duda de que la pandemia que estamos viviendo ha supuesto un choque en el psiquismo de nuestros conciudadanos alterando no solo su forma de vivir sino estimulando su miedo a la muerte o a lo imprevisible, llevando a muchos de ellos a la ruina, o precarizando sus contactos sociales y familiares. No cabe duda de que estamos hablando de algo traumático y colectivo que ha irrumpido en nuestra vida llevándose por delante nuestro bienestar, nuestro trabajo o nuestra forma de socializar.

Ante esta situación caben dos posiciones existenciales y una intelectual:

  1. Seguir las instrucciones que nos proponen las autoridades sanitarias sin plantearse nada más con alguna escapada de la fila o alguna cana al aire.
  2. Negar la pandemia y creer que se trata de una maquinación de determinados poderes para terminar con nuestros derechos.
  3. La posición intelectual que yo defiendo es que la pandemia realmente existe pero ha sido utilizada para acelerar un proceso de ingeniería social que incluye cambios políticos, ecológicos, y psíquicos de características diversas y que en cualquier caso ya se había iniciado (agenda 2030). En este sentido la pandemia no ha hecho sino venir en ayuda de estos planes que en cualquier caso no son proyectos conspiranoicos o invención de paranoicos sino que están escritos y son en cierta forma públicos si bien están adornados con unos objetivos deseables, pues ¿quién estará en contra de tener un planeta más limpio o habitable? ¿Quién estará en contra de respirar un aire más puro?

¿Entonces porqué hablo de paranoia o metanoia? Si realmente la pandemia ha sido utilizada por estos poderes para doblegar nuestros derechos y nuestras voluntades, ¿por qué hablé de ese tipo de mecanismos?

Pues porque lo que caracteriza el pensamiento delirante no es solo una equivocación -un error cognitivo-, uno puede delirar con que es perseguido y serlo realmente. Lo que le caracteriza es la trama de relaciones que enhebra para justificar el resultado o conclusión previamente establecida. ¿Que la pandemia es falsa, qué puede significar?

Lo que dicen algunos ciudadanos es que en realidad es una especie de gripe, aportan para ello datos de la mortalidad, la desaparición de la epidemia de gripe estacional y que en realidad hay una agenda vacunal diseñada para disminuir la inmunidad humana y hacerla dependiente de más vacunas a largo plazo. Sin ignorar que las vacunas han sido comercializadas en un tiempo record y siend cierto que están provocando estragos inmunitarios o accidentes hematológicos en algunas personas, no creo que exista un plan más allá de eso. Así se publicitan muchos casos (sin que lleguemos a saber si son o no ciertos) pero que señalan hacia la idea de que las vacunas son peligrosas, lo cual es peligroso porque afectará en el futuro al calendario vacunal de los niños. El cuadro se completa con la idea de que en realidad la Big Pharma está detrás de esta conspiración junto con nombres de ricachones que todos conocemos ya.

Es verdad que ningún medicamento de los que están en el mercado hubiera sido comercializado con la mitad de efectos adversos que estamos observando y aunque todos los días salga algún experto para decir que estadísticamente estos efectos no son significativos, lo cierto es que no importa si lo son. Uno no enferma por estadística sino por algo que le han introducido con la intención de protegerle. ¿A qué viene esa negación de los efectos adversos? ¿No será que no quieren quedarse con las vacunas ya compradas sin usar?

Personalmente creo que a la Big Pharma no le interesa en absoluto en terminar con la humanidad pues su objetivo es vender y si no hay humanidad ¿qué otra cosa podrían vender? Esta idea es una derivada del pensamiento paranoide: hay una conspiración para enfermar a la humanidad. Bueno, hay una explicación más sencilla: hay una guerra comercial a ver qué laboratorio se lleva el gato al agua y con las prisas los Estados han permitido liberar a las farmacéuticas de sus correspondientes responsabilidades civiles en caso de accidentes, muertes o efectos adversos.

Otro creen que no existe en absoluto la pandemia y que los muertos que nos cuentan en TV, son atribuibles a otras causas y que se engordan las estadísticas para atemorizar a los ciudadanos incautos, a esos que «aun no han despertado» y no son capaces de ver la complejidad en toda su extensión. La prueba que aportan es que no se han hecho autopsias y por tanto no sabemos de qué murieron los que murieron. Lo cierto es que si lo sabemos: por una tormenta de citoquinas que entre otras cosas provocó trombosis diseminadas  y pulmonares. Es verdad que nadie encontró virus en los tejidos de los cadáveres pero los que así piensan creen que los virus pueden verse al microscopio con solo teñirlos con eosina. Nada de eso, aislar un virus es muy complejo y lo que hacemos para detectarlo es a través de métodos indirectos. Es más fácil genotipar un virus que aislarle y además es lo único patentable.

Es cierto que el PCR no parece ser el método más idóneo para detectar a los infectados, pero ¿alguien tiene otra opción? Lo cierto es que carecemos de un método de diagnóstico, en realidad es cierto que el PCR no es un método de diagnóstico, el mejor método es la clínica, es decir los síntomas aunque también es cierto que pueden confundirse con otras viriasis respiratorias e incluso con el resfriado común.

De manera que tenemos un panorama incierto: ignoramos muchas cosas sobre la pandemia, sobre el virus y sobre su origen, pero sabemos que es muy contagioso por vía aérea y poco letal, y que afecta sobre todo a la población envejecida o con patologías previas. No disponemos de un método de diagnóstico certero y parece que las vacunas no vayan a resolver de raíz el problema pues un vacunado puede ser a su vez contagioso. ¿Durante cuanto tiempo? No lo sabemos.

Las ideas paranoides parecen desarrollarse mejor en entornos de incertidumbre donde las opiniones están polarizadas o son muy diversas. A diario recibimos información sobre científicos que dicen una cosa o su contraria a la velocidad del rayo. Unos parecen defender la hipótesis oficial y otros son disidentes radicales y apelan a otras causas bien distintas al virus. Recientemente ha emergido el tema de los 5G o de las radiaciones no ionizantes como causa de esta pandemia. Bueno, la verdad es que el 5G no está implantado en toda España y en mi provincia -Castellón- ha habido casos, los esperados según su población sin 5G. De manera que las guerras comerciales no son solo cosa de la Big Pharma sino también de la telefonía. ¿Chinos o europeos? Por ahí va la cuestión.

Ahora bien, mas allá de la incertidumbre hay otras razones para el delirio colectivo y ambas son culpa de la administración.

Vivimos en un mundo hiperconectado, de manera que las prohibiciones y las censuras ya no son posibles como en la Dictadura donde un periódico podía ser cerrado, un libro secuestrado o el concierto de un cantante suspendido a última hora. Este mundo alternativo que llamamos redes sociales ha venido para quedarse y sustituirá más pronto que tarde a los grandes medios que todos sospechamos que se han vendido al mejor postor. Es lógico, todos están en la ruina y solo el estado puede rescatarles de su miseria económica. A un precio, claro: sostener al peor gobierno que ha tenido nuestro país en muchos años. De manera que los medios se dedican sobre todo a la propaganda y muy poco a informar, es por eso que los ciudadanos desconfiamos de ellos.

No son sólo errores lo que este gobierno ha cometido sino negligencias muy graves todo y teniendo en cuenta de que se trataba de una pandemia que nunca antes habíamos sufrido y con la ignorancia que aun arrastramos sobre este asunto y sobre todo las mentiras, mentiras sobre las mascarillas, sobre los PCR, sobre las medidas de protección, siempre oscilando entre la sobreactuación y la desidia. Las mentiras generan desconfianza y de la desconfianza hasta la sospecha hay un paso.

Con negligencias y mentiras a nuestro gobierno o quien sabe a quién se le ocurrió censurar las redes más importantes. Sencillamente, no se puede sostener ninguna opinión que contradiga la versión oficial, incluso han proliferado los fact chequers para asegurar una información veraz. El problema es que no sabemos quién controla y paga a estos fact chequers, de manera que están abiertas todas las posibilidades de la sospecha.

Así se genera la paranoia.

O dicho de otra manera somos delirantes inducidos.

Por eso hay que volver a pensar la symploké y a tejer relaciones compatibles con la realidad. Es la mejor manera de no enloquecer.