Los whigs (2)

Aquellos de ustedes que leyeron el post anterior quizá hayan llegado a la misma conclusión que yo: la democracia no es el fin de la historia como dice Fukuyama, no es un dogma y no es una ideología y si bien es verdad que tal y como decía Churchill es el mejor sistema comparado con los otros que hemos inventado, nada nos debe detener en la intención de mejorarla, no tanto considerándola desde un punto de vista fundamentalista sino como un ejercicio instrumental. Hay muchas cosas que podemos mejorar de la democracia aunque nuestro principal obstáculo son aquellos que viven de ella,  o bien la tratan como el Fundamento de toda forma de relación entre ciudadanos o bien forman parte de la Catedral.

Para que podamos hablar de democracia es necesario que exista un Estado, una comunidad política, que existan leyes, jueces independientes, medios de información u opinión y que exista policía. La democracia popular no existe, los juicios sumarios tampoco (salvo en tiempos de guerra), pero el castigo debe subsistir, en este sentido es falsa la idea de que los problemas que se presentan en una democracia se resuelven con más democracia, no es cierto, se resuelven con la autoridad. En realidad los que así piensan son o bien totalitarios disfrazados de demócratas, bien idealistas kantianos o lo que es lo mismo: protestantes o calvinistas. Sobre este tema volveré mas abajo.

El libro que preside este post es uno de esos libros que he leído últimamente y que se sitúa en las antípodas de mi pensamiento, pertenece a un whig, es decir a un liberal y lo recomiendo precisamente para situar al autor entre aquellos que hay que leer críticamente para entender por donde van los tiros y las agendas de los whigs, si bien los whigs tienen sus agendas privatizadas a grupos de presión.

Adelantaré que un whig es hoy lo que en castizo llamamos un “progre”, una de esas personas que no se explican como Trump ganó las elecciones en 2016 y que han recobrado el aliento en cuanto Trump fue derrotado de mala manera. Ninguna critica al fraude electoral ni al sistema electoral americano ni a los jueces que rechazaron las pruebas que se acumulaban en varios estados. Hemos vuelto por fin a la democracia y para Runciman como buen protestante e idealista, al parecer democracia significa mirar hacia el lado contrario de la corrupción, de las trampas y de los pucherazos aunque admite que las democracias están pasando por una crisis de crecimiento (sic). Un buen gobernante no ha de pedir nunca explicaciones a su antecesor, ha de ocultar todas sus corrupciones, todas las mentiras, incluso todos sus crímenes y por supuesto mantener las cloacas anteriores, en nombre de la razón de la democracia. Lo que importa es que esta persista y no tanto esclarecer la verdad o hacer justicia. Rajoy fue otro de esos whigs bien conocido entre nosotros y basta con recordar algunas ocultaciones como las del 11-M o la siniestra amenaza de Pujol. Quizá por eso nunca pisó la cárcel.

Mencius Moldbug.-

Se trata del nombre literario de un informático americano llamado Curtis Yarvin, uno de los representantes más importantes de la Ilustración oscura en USA. Sus ideas son interesantes más en el diagnóstico que hace de la perversión de nuestras democracias liberales que en su propuesta de reforma. Lo que propone Moldbug es algo así como una privatización del estado de tal modo que su gestión se parezca más a una empresa siendo sus ciudadanos una especie de accionistas de la misma. Según él, los accionistas despedirían a sus gobernantes si no estuvieran contentos con su gestión. En realidad este punto de vista ingenuo tiene mucho que ver con lo que estamos viendo hoy: poderes supranacionales con agendas propias gestionan a nuestros gobiernos y ponen y quitan gobernantes a su criterio sin que los ciudadanos podamos hacer nada para censurarles pues ellos no se presentan a las elecciones: manejan el cotarro de las finanzas y con eso les es suficiente para comprar voluntades y dirigir la deriva del pensamiento cada vez más uniforme entre la población, no parece posible ni tan sencillo como cambiar de proveedor. El Estado corporación me parece ridículo.

No obstante su principal aportación a este debate sobre cómo podemos mejorar las democracias se encuentra en su obra “La Catedral” que podéis ver aquí en forma resumida. Para Moldbug, la Catedral es la sinergía entre la universidad, los medios y los políticos. Son sus argumentos intermedios los que nos interesan y no tanto sus conclusiones.

Moldbug no habla de democracia pues está más interesado en hablar de la civilización, carece pues de un sentido trascendente o fundamentalista de la misma. Y divide a las sociedades entres categorías, las de tipo I, las de tipo 2 y las de tipo 3.

Sociedades tipo 3. La sociedad abierta.-

El tipo 3 es lo que Karl Popper llamaba sociedad abierta. En una sociedad de tipo 3, los pensamientos compiten en base a su semejanza con la realidad. Las instituciones que propagan pensamiento compiten en base a la calidad de los pensamientos que propagan.

Las buenas ideas superan y desplazan a las malas en una sociedad de tipo 3, porque la mayoría preferiríamos estar en lo cierto que ser unos ilusos. Si bien muchas personas tienen sesgos cognitivos – como una preferencia natural por predicciones optimistas sobre predicciones pesimistas, o al revés – están lejos del promedio y son empequeñecidos en comparación con la ambición general de los intelectuales por ver la realidad tal como es. Los intelectuales son brutalmente competitivos por naturaleza, y se deleitan en hacer escarnio de los autoengaños y sesgos de los demás. Lo absurdo, no debe durar mucho tiempo alrededor de ellos.

De este modo, en una sociedad de tipo 3, no podemos decir que todo el mundo estará de acuerdo y que todo estará bien. Pero podemos estar bastante seguros de que los mejores pensamientos estarán fácilmente disponibles para aquellos que se preocupan de pensar por ellos. En una sociedad de tipo 3, siempre habrá supersticiones, porque siempre habrá gente supersticiosa, que pueden como todos los demás, pensar y hablar como les plazca. Siempre habrá diferencias de opinión, ya que muchas preguntas no pueden ser respondidas por métodos precisos y objetivos. Pero puesto que la realidad es una, y la gente es como es, la gente que es inteligente y quiere entender la realidad, generalmente se agruparán en torno a la verdad.

Así que cuando se vive en una sociedad de tipo 3, si bien puedes pensar por ti mismo, por lo general, no necesitas pensar por ti mismo. ¿Por qué comprar una vaca, cuando la leche es tan barata? La sociedad de tipo 3 tiene una percepción exacta de la realidad fácilmente disponible para cualquier persona que lo desee. Si deseas una comprensión precisa de la historia, simplemente compras un libro de historia. Si quieres una rara y espeluznante comprensión de la historia, es probable que puedas encontrar eso también, pero primero tendrás que encontrar un grupo de historiadores que comparten tus raros y espeluznantes sesgos. Es casi seguro que los cuerdos serán mayoría.

Creo que podemos estar de acuerdo en que una sociedad de tipo 3 es donde querríamos vivir. La pregunta es: ¿Vivimos en una? Dejemos la respuesta para más tarde.

Sociedades tipo I. Sociedades de la lealtad.-

El tipo 1 es básicamente lo contrario del tipo 3. La llamaremos sociedad leal. En una sociedad de tipo 1, tus pensamientos son coordinados por el gobierno. La opinión pública es un asunto de seguridad del Estado.

¿Por qué la opinión pública es un asunto de la seguridad del Estado? Porque la gente que piensa por sí misma es peligrosa y tiende a contagiar a otros.

En una sociedad de tipo 1, el Estado establece dos categorías de pensamiento: los buenos pensamientos y los malos pensamientos. Penaliza a las personas por expresar malos pensamientos, o los recompensa por expresar buenos pensamientos, o, idealmente, por supuesto, ambas cosas.

Un mal pensamiento es un pensamiento que, si un número suficiente de personas llegaran a pensarlo, podría suponer una amenaza para la seguridad del Estado. Un buen pensamiento es cualquier pensamiento que sea útil para el Estado, aunque sólo sea porque encaja en el hueco donde de otro modo podría ir uno malo.

Para instalar sus buenos pensamientos en tu cerebro, el Estado dará apoyo a un conjunto de órganos oficiales de información, instituciones que emitirán buen pensamiento sobre un sistema de la cuna a la tumba. Los órganos instalan buenos pensamientos en los jóvenes, y los mantienen en los adultos. Los homínidos son máquinas de aprender. Aprenden lo que se pone delante de ellos. En realidad no es tan difícil.

Para evitar que los malos pensamientos se propaguen, el Estado utiliza sus poderes para desalentar, prohibir o destruir órganos de información no oficiales o de otro modo no coordinados. Construye un entorno legal en el que la transmisión directa, de persona a persona, de malos pensamientos, es social y profesionalmente imprudente en el mejor de los casos, o conllevará acciones de algún tipo en el peor. Se podrá eximir a los disidentes de la protección de la ley, o imponer incapacidades legales sobre ellos, o sobre los que los toleran. O, por supuesto, se les puede encarcelar, desterrar o ejecutar.

En una sociedad exitosa de tipo 1 – ha habido muchas – la gama de buenos pensamientos puede ser rica y amplia. Muchos, si no todos ellos, pueden ser bastante sensatos. Debería ser posible para un miembro inteligente de las clases gobernantes el vivir una vida normal y exitosa sin sentir ni una vez la tentación de aventurarse fuera de la reserva.

Por supuesto, no todo el mundo en una sociedad de tipo 1 tiene que ser un creyente. Cuantos más, mejor, sin embargo, sobre todo entre las clases gobernantes. Una estructura ideal es aquella en la cual los creyentes se concentran entre los círculos sociales más de moda y exitosos, y los disidentes (si los hay) tienden a estar poco educados, ser menos inteligentes, y estar lejos de ser igual de ricos. Si esto se puede lograr, los creyentes sentirán un desprecio natural y saludable por los disidentes, quienes estarán así dispuestos a abandonar los malos pensamientos que pueden haber criado si tienen deseo de tener éxito en la vida.

La condición sine qua non de una sociedad de tipo 1 es la coordinación centralizada de la información. Debido a que los órganos son los instrumentos que hacen de la seguridad del Estado una realidad, no se puede permitir que se contradigan entre sí. En un estado que está asegurado exclusivamente por la fuerza militar, ¿Pueden varias unidades del ejército y la armada entrar en pequeñas peleas recurrentes entre sí? Um, no. Del mismo modo, en un estado garantizado por el control del pensamiento (así como probablemente cierta fuerza militar), cualquier conflicto intelectual es una amenaza de primer orden. Incluso en los detalles triviales, el desacuerdo significa inestabilidad.

En otras palabras, los órganos de información de una sociedad de tipo 1 son sinópticos. Ven el mundo a través de un ojo, un conjunto de doctrinas, una historia oficial. Llamémosle la sinopsis.

¿Cómo puede un Estado de tipo 1 mantener la coherencia de su sinopsis? Una forma fácil es tener un solo líder, quien ejerce una unificada supervisión ejecutiva . Lo ideal sería que el mismo líder gestionara tanto la seguridad física como la intelectual. Si el estado del tipo 1 no tiene un solo líder, debe por lo menos tener una única institución autorizada (el partido único). Dado que la seguridad depende de la coherencia sinóptica, cualquier divergencia puede llevar literalmente a la guerra civil.

No hay ningún misterio en torno a la identidad histórica de las sociedades del tipo 1. Este es un patrón inequívocamente de derecha. Es también la estructura por defecto del gobierno humano: el Dios-Rey. Los griegos la llamaron “despotismo oriental”. En la historia cristiana se conoce como cesaropapismo. En la historia anglo-americana, es el “trono y altar”, representado en la tradición de la alta iglesia anglicana o la católica. Cuando los estadounidenses expresan su afecto por la separación de Iglesia y Estado, están expresando una antipatía hacia el diseño del tipo 1.

También vemos el patrón de tipo 1, aunque no tan claramente, en los estados comunistas. Tiende a ser más institucional y menos personal. Es fácil identificar Hitlers comunistas en la URSS, China o Corea del norte. Los estados comunistas experimentaron a través del tiempo un declive de la autoridad personal, que pasó en cambio a las instituciones. Pero el partido en un estado moderno de un solo partido es más o menos equivalente a la Iglesia en la antigua dispensación cristiana y una iglesia establecida es una iglesia establecida ya sean gobernadas por papa o camaradas.

El estado de tipo 1 es sin duda la forma más común en la historia. No es el fin del mundo. La China de hoy es una sociedad de tipo 1. También cuenta con la economía más exitosa del mundo, y no es un mal lugar para vivir en absoluto si la comparamos con Venezuela o Irán. La Inglaterra isabelina, que experimentó tal vez la mayor explosión artística en la historia humana, era una sociedad de tipo 1, con abundancia de policía secreta similar a la Stasi. Por otra parte, Corea del Norte es una sociedad de tipo 1, y es horrible en casi todas las formas posibles. Puedo decir que, en general, preferiría vivir en una sociedad de tipo 3 que en una sociedad de tipo 1, pero los detalles importan.

Sociedades tipo 2. Sociedades de seducción.-

Para Moldbug la esencia de las sociedades tipo 2 es que carecen de coordinación central, dicho de otro modo están deslocalizadas en la toma de decisiones. Representan cambios espontáneos de una mayor complejidad que las sociedades tipo 1 pero tienen el mismo efecto en cierta parte de la ciudadania: la sensación de ser gobernados por tiranos.

No existe un Goebbels que le diga a los escritores qué escribir, a los realizadores de cine que filmar, a los periodistas que imprimir, o a los profesores que enseñar. No hay Papa, no hay Iglesia, no hay partido, no hay una ideología clara. Y como hemos visto, el diseño de tipo 1 no tiene sentido sin coordinación. Pero las sociedades tipo 2 no precisan coordinación pues a cambio tienen el “pensamiento correcto”, una especie de doctrina inclusiva y sostenible según los whigs. Un simulacro que pretende en cualquier caso no ser identificado con el autoritarismo de las sociedades tipo 1.

Este tipo de sociedades son las que más nos interesan en estos momentos puesto que vivimos en ellas, de manera que esperaré a la próxima entrada para abordarla. Y aquí es donde la Catedral tiene mayor espacio para subsistir.

Mencius Moldbug: “Carta a los progresistas de mente abierta” (en inglés)

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