¿Pandemia o plandemia?

El gato le ha dado a Alicia la llave para comprender que su forma de pensar forma parte del problema y de la solución del problema: que no están separados. (L. Carroll)

Hay dos falacias lógicas que vienen a cuento en este dilema acerca de la pandemia por covid19 que estamos sufriendo:

Post hoc ergo propter hoc y

Cum hoc ergo propter hoc.

Ambas se refieren al mismo hecho que divide al mundo de la causalidad en dos aspectos: causa y correlación. Dos hechos A y B pueden darse al mismo tiempo (cum hoc) o uno inmediatamente posterior al otro (post hoc), de tal manera que parecen relacionados y que uno sea la causa del otro. Lo políticamente correcto en causalidad es pensar que las deducciones que se hacen a partir de relacionar ambos eventos son incorrectos y sus conclusiones inválidas.

El problema es que a veces pueden resultar ciertas aunque la deducción sea inválida.

Que es una manera de decir que algo correcto estadísticamente puede ser falso en la realidad.

Así se divide al mundo en negacionistas (los que niegan la evidencia científica) y los ortodoxos que aceptan las explicaciones de los “expertos”.

Y lo cierto es que si algo ha demostrado esta pandemia es que no existen expertos sobre el Covid19 por una razón muy obvia, es algo nuevo, un cisne negro como la victoria de Trump.

Para empezar hay que admitir que el citado virus es una zoonosis, es decir es una enfermedad de algún animal (el murciélago dicen) que ha saltado espontáneamente al género humano en un mercado de carne de Wuhan donde por cierto no vendían murciélagos. Pero que estaba muy cerca de un laboratorio de muy probables armas biológicas del gobierno chino.

Un gobierno que trató de ocultar la supuesta fuga del virus de sus instalaciones y que -hasta donde pudo- retrasó informar a los comunidad internacional de esta amenaza, al tiempo que hacía “desaparecer” a los médicos que opinaban en contra de la versión oficial.

En apenas 1 mes el virus saltó las fronteras de China y se extendió a Irán, Rusia y posteriormente Europa, siendo Italia el primer país donde causó más estragos. Pronto saltó el charco y se plantó en USA y Sudamerica.

La reacción de los gobiernos fue la esperada, primero se banaliza el problema (recordemos el 8-M) y después se sobreactua. Lo cierto es que algunos países sufrieron la pandemia más que otros, USA, España, Italia, y Brasil están entre los destacados tanto en número de fallecidos como de contagios. Todavía no sabemos las razones de esta predilección del virus por algunos países mientras desprecia a otros (como los países bálticos o Africa en general), ese es otro cisne negro dentro del cisne negro y la versión oficial está relacionada con la demografía y la vida social, pero también con la gestión de la pandemia. En eso en España hemos sido campeones: nadie ha gestionado peor la pandemia que nuestro gobierno aunque es cierto que otros gobiernos han sido bastante estúpidos al fiarlo todo a la inmunidad de rebaño, así el Reino Unido optó por esa estrategia hasta que Johnson pilló el Covid y parece que esto le disuadió de seguir mirando hacia otro lado mientras sus ancianos morían tanto como aquí en España a pesar del confinamiento radical que sufrimos.

De lo que se trataba era de salvar la economía y de evitar el colapso de los hospitales en lugar de preservar las vidas de los pacientes de alto riesgo, ancianos y otros enfermos crónicos. Así llegamos a unas 40.000 muertes en España, mal contadas pues nadie sabe a ciencia cierta aun hoy cuantos murieron de verdad con y por el Covid. En número de muertes por millón de habitantes  también llevamos ventaja.

El confinamiento fue la idea que el Presidente de nuestro gobierno entendió que era la mejor opción, mientras se decía que las mascarillas no servían de nada (en realidad no había mascarillas) y que las pruebas PCR tampoco servían de mucho (tampoco había reactivos). Entonces se contaban muertos, ahora se cuentan contagiados llamados eufemísticamente “casos”.

Y lo cierto es que seguimos sin distinguir “casos” de “contagios” y por eso se habla de “asintomáticos”. No sabemos si los asintomáticos contagian pero por si acaso hemos puestos mascarillas a todo el mundo (ahora si hay mascarillas) y distancia de seguridad, mientras seguimos obligando a hacer cuarentena a los “casos” que se detectan por PCR, a pesar de que existen serias dudas de su utilidad.

Ahora los informativos ya no cuentan los fallecimientos, ni las camas libres de UVI, ahora cuentan los “casos” que cada vez son más porque las CCAA cobran de la UE una comisión por cada PCR que realizan. A Más PCR más subvención y es por eso que parece que haya muchísimos casos a pesar de que el número de fallecidos cae.

Lo cierto es que la estrategia de comunicación del gobierno ha sido un desastre, tanto como su falta de prevención en acaparar material de primera necesidad. Recordemos que ni siquiera los sanitarios dispusieron de este material al principio de la pandemia.

 

Así entre declaraciones, errores de comunicación, contradicciones, propaganda de la verdad oficial que cambiaba cada semana y el cansancio de la población ha ido apareciendo un fenómeno nuevo llamado “negacionismo”, ampliamente divulgado por los medios de comunicación e identificándolo con la locura colectiva. Son negacionistas los que niegan la pandemia y piensan que es una estrategia de los poderes ocultos bajo las siglas del NOM para dominar el mundo atacando a sus economías, sus servicios esenciales, imponer políticas restrictivas con las libertades públicas, decretos leyes con el Parlamento cerrado y liquidar a los abuelos.

Yo no soy negacionista sino afirmacionista y creo que la pandemia es verdadera pero la plandemia también y creo además otras cosas que paso a continuación a listar:

  1. El virus no se ha secuenciado y si se ha secuenciado no se ha publicado, tampoco sabemos quién tiene la patente. La mayor parte de la gente no sabe que los virus tienen patentes que pertenecen usualmente a una persona o institución
  2. Tampoco sabemos si las vacunas que se están poniendo a prueba parten de esa secuenciación o del algún modelo matemático a juzgar por la celeridad con que unos laboratorios y países compiten con los demás. Lo que las hace muy dudosas en cuanto a su seguridad.
  3. El hecho de que no se hayan hecho autopsias nos impide saber la fisiopatología de la infección y saber a ciencia cierta de qué murieron esos fallecidos mal contados por el gobierno.
  4. Es muy probable que el Covid sea un virus de diseño y que en ese laboratorio de Wuhan estaban haciendo cosas feas e ilegales. Si el escape del virus es un accidente es secundario al hecho de que se trabajara con ese material letal.
  5. Nuestro gobierno lo ha hecho tan mal que parece que lo haya hecho adrede y esa es la sospecha que tienen en la cabeza esos negacionistas que salen por la tele sin mascarilla y desafiando a la policía.
  6. Lo que he aprendido en esta pandemia es que en España no funciona casi nada, ni sabemos contar los muertos, ni hay coordinación entre Autonomías y cada una va a su bola, que los políticos a pesar de tener tantos asesores no han sabido -por su conocida soberbia- rodearse de personas capaces (verdaderos expertos) en epidemias.
  7. Ahora tenemos un país arruinado, con la gente medio confinada, sabiendo que nuestro gobierno lo ha hecho muy mal y sabiendo que el mal ya está hecho y que no se vislumbra ninguna esperanza en cuanto a un cambio de estrategia. Lo cierto es que la mayor parte de los Ertes aún no se han cobrado, los negocios privados están arruinados y hay una seria amenaza a las nóminas de funcionarios y pensiones.
  8. La peor decisión que puede tomar un gobierno en la situación actual es demonizar a los jóvenes, acusar a la población de irresponsable y ejercer la censura en los medios. Esto no es China y aquí no funciona, no funcionó nunca.

En suma, no hemos dado la talla como país y si no había un plan (plandemia) lo parece, de forma que los informadores deberían ser un poco más sutiles a la hora de liquidar con ese detestable epíteto, “negacionista” a todos los que discrepen de la verdad oficial. Dudar de lo que nos cuentan no es hoy síntoma de negacionismo sino una actitud razonable y crítica, a veces desproporcionada pero comprensible.

Las consecuencias de esta situación son aún hoy inconmensurables pero ya se detecta una desafección a todo lo público y lo que es peor: a la ciencia.

Aunque quizá sea para bien pues la teorías causales en la ciencia han de ser revisadas, ya es hora de que la ciencia se encuentre de bruces contra sus propios métodos y protocolos. Ya es hora de que la ciencias de la complejidad asomen el hocico para hacer entender que aun con “cum” y con “post” pandemia y plandemia es decir lo espontáneo y la conspiración pueden coexistir.

Lo que es lo mismo que decir que ficción y realidad forman parte de un mismo paquete de información como el gato de Chersire le enseñó a Alicia.

 

 

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