Golpe de Estado blando (y II)

En el post anterior hablé de algunos magnicidios y de lo que se pretende con ellos: un cambio en ciertas políticas de Estado. Así sucedió con Canovas y con Carrero Blanco, también con Kennedy. Otras veces el propósito no está tan claro si atendemos a los resultados: hablamos entonces de geopolítica y de estrategias de bloques, mucho más oscuros que los anteriores.

Pero los cambios de gobierno o de ciertas políticas no solo se consiguen con los magnicidios sino que cada vez más se producen a través de ciertas intervenciones a veces cruentas y a veces incruentas. De ello voy a ocuparme en este post.

El atentado del 11-M es un ejemplo de un atentado que logró en cierta manera cambiar las políticas de Estado, en aquel caso del PP con su alianza Bush-Blair-Aznar o “pacto de las Azores”. Es más que obvio que aquel pacto molestaba a ciertos poderes -con la complicidad evidente de las cloacas del Estado- que propiciaron a través de aquel atentado a tres días de las elecciones cambiar el sentido del voto de los españoles dándole a Zapatero y al PSOE el poder necesario para liquidar aquella alianza. Algo parecido sucedió con Calvo Sotelo y nuestra entrada en la OTAN, todo parecía estar relacionado con la extraña “espantada” de Adolfo Suarez, un hombre poco sospechoso de cobardía.

Pero los golpes de Estado ya no precisan excesivos cadáveres en la mesa, las democracias occidentales son demasiado débiles y no soportan una subversión bien organizada como hemos visto en Venezuela, Bolivia, Rusia o Turquía, Argentina es punto y aparte. Uno puede organizar sus propios y falsos golpes de Estado para justificar una política autoritaria o represiva y no pasa nada, ni en Turquía que es territorio de la OTAN. Algo parecido sucedió en Ucrania y Putin ha hecho cambios en la Constitución para asegurarse la Presidencia del gobierno hasta después de muerto. Dicho de otra manera: la democracia y desde dentro de ella se puede cambiar casi todo si uno cuenta con los poderes fácticos del Estado. Algo que ya sabíamos desde que Hugo Chavez nos lo enseñó. Se trata de autogolpes o golpes de Estado blandos, son lentos y de alguna manera imperceptibles, usan la estrategia de la “rana cocida”. La opinión publica apenas se da cuenta de los cambios hasta que ya son irreversibles por medios democráticos.

La operación Resurrección.-

Charles de Gaulle fue durante la segunda guerra mundial el Presidente de la República en el exilio y cuando terminó la guerra se hizo cargo del gobierno en 1944, considerándose aquella época la de mayor esplendor de la República: los treinta gloriosos, desde 1944 hasta 1974.

Sin embargo se retiró de la política en 1950 hastiado por la incompetencia de la 4ª Republica y la ingobernabilidad del país demasiado escindido en pequeños partidos y con un PCF en pleno éxtasis de popularidad. Pero había otro problema más allá de la inestabilidad política, una guerra en ciernes en Argelia, donde el ejercito francés se había hecho fuerte y no estaba dispuesto en lo más mínimo a ceder soberanía a los del Frente de liberación de Argelia. La idea era que después de la humillación de Indochina, los generales franceses no estaban dispuestos a claudicar pues sentían a Argelia como parte del territorio francés con cientos de miles “pieds noirs” es decir franceses que se habían establecido allí y tenían su vida y sus negocios en Argelia. El conflicto estaba pues preparado para estallar, tanto es así que los militares prepararon la “toma de París” con su ejercito africano que concentraron en Córcega con todos sus paracaidistas preparados para la fase final. Dicho de otra forma los militares preparaban un golpe de Estado para detener la previsible política francesa de abandono de la colonia.

Pero a última hora:  el general Jacques Massu hizo una oferta: que De Gaulle regresara al Elíseo.

La quinta República.-

Después de que los políticos franceses facilitasen el retorno de de Gaulle al gobierno, la operación fue cancelada. Tuvo un papel central en la resolución de la crisis de mayo, que conduciría a la instauración de la Quinta República Francesa que se estableció bajo la amenaza de una intervención militar.

De Gaulle regresó y se canceló la operación, desde entonces se dedicó a “marear la perdiz”, pues de Gaulle no es de los que se sometían fácilmente a dicterios militares. Y tampoco estaba inclinado a meter a Francia en una guerra por mantener Argelia, de modo que de Gaulle acabó traicionando a sus compañeros de armas. Es por eso que muchos de ellos pasaron a la clandestinidad en la llamada OAS (organization de l´armée secret) y trataron de atentar contra él en varias ocasiones (vale la pena ver la película “Chacal” sobre esta cuestión). Al final – y no sin trauma en su población civil- Argelia se liberó de Francia y el ejercito quedó con un palmo de narices.

Lo que vale la pena recordar es que la operación Resurrección fue un golpe de Estado y el nombramiento de De Gaulle ilegal, algo que nosotros los españoles tratamos de emular durante el 23-F. En esta ocasión también había en España mucho ruido de sables, mucha inestabilidad -los años de hierro de ETA- con un Adolfo Suarez debilitado por la prensa nacional y por su propio partido. El General Armada podría haber sido de Gaulle si Tejero hubiera estado de su parte pero Tejero no estaba en el complot de Armada sino en otra cosa. El Rey traicionó a todos si es cierto que había promovido aquel plan, pero en cualquier caso ganó y promocionó a la Corona con aquella acción de madrugada deteniendo el golpe. “Resurrección” y “el Elefante blanco” eran pues primos hermanos.

Y una prueba de que a veces la única forma de defender la democracia es la fuerza. El problema es que los que practican la fuerza suelen tener propósitos bien distintos a los democráticos.

Y esa es la paradoja que apresa a las democracias liberales: son demasiado débiles para defenderse de ataques bien organizados sean militares o de cualquier otro ámbito y llevan en su ADN demasiadas gracilidades para resistir a ciertas estrategias bien organizadas. En España tenemos un buen ejemplo de esa debilidad: prensa, poder judicial, instituciones del Estado cautivas del poder político bajo directivas extranacionales. De un poder político inestable y en cierto modo impresentable, una situación muy parecida a la IV Republica Francesa. Afortunadamente no tenemos un Ejercito en colonias, peor que eso, no tenemos ejército.