La derechofobia

PINCHOCOMUNISTAOMAGNATECAPITALISTA

Esta caricatura es la que mucha gente sostiene aun hoy, sigue funcionando en el imaginario de los ciudadanos.

Aunque Camus dijera que el problema filosófico más importante que tenemos los humanos es el suicidio a mi me parece que el problema filosófico más misterioso que tenemos en Europa es la derechofobia.

Es decir, la fobia que tenemos a los partidos que no son esencialmente de izquierdas, ni feministas, ni animalistas, ni pro-inmigración ni nada de esas cosas que identifican a la izquierda de hoy como el ambientalismo y el ecologismo. Una fobia que incluye a los símbolos nacionales, a la religión católica , a la historia de España, a la Monarquia, incluso a las fiestas y tradiciones hispanas. También Elia Roca Barea autora de «Imperiofobia» ha hablado de este fenómeno.

Pero no siempre fue así.

Hubo un tiempo en que la izquierda era aquella parte del espectro político que defendía a los trabajadores frente a los empresarios (es un esquema burdo pero fácil de entender).  De lo que se trataba era de conseguir mejoras en el puesto de trabajo y mejores salarios, para ello estaban los sindicatos, la cosa fue bien hasta que llegó la globalización. Entonces los ERES terminaron con la fantasía de que se podía mantener eternamente esta dialéctica de confrontación pacifica.

Comunistas y socialistas andaron a la greña durante años para llevarse parte del pastel y en Europa hubo un casi total desmantelamiento de las derechas (liberales y conservadores). Las políticas socialdemócratas tuvieron mucho éxito en Europa sobre todo en los países nórdicos y no tanto en los países mediterráneos pero aun así es posible admitir que mientras duró la hegemonía socialdemócrata la vida de los ciudadanos de estos países mejoró gracias a eso que ha venido en llamarse estado del Bienestar, un invento socialdemócrata que le arrebataron a Bismarck que fue el que inventó la seguridad social. La idea es muy sencilla utilizar los bienes que el capitalismo genera para después distribuirlos de manera equitativa en la población según sus necesidades. En este sentido la socialdemocracia sería una síntesis entre capitalismo y marxismo.

Pero entonces vino Mayo del 68 y sucedió algo extraordinario, ciertos intelectuales franceses tramaron una conspiración para llegar al poder, otra toma de la Bastilla. El asunto es que fracasaron porque los obreros no les siguieron y desde entonces han ido acumulando odio por aquella decepción. Llegó un momento en que estos intelectuales decidieron que los obreros como fuerza de cambio social no era fiable.

Para aquellos que queraís entender ese viraje desde las posiciones de la izquierda antigua a la moderna os recomiendo que veaís este video de Antonio Escohotado grabado en su ultimo viaje a Uruguay donde habla de la génesis del buenismo. Casi al final Escohotado despeja algunas dudas sobre la derechofobia a partir de lo que él llama «el pensamiento del no», instaurado por Sartre-Beauvoir y seguido por Foucault, Derrida y toda la escuela de Frankfurt con Marcuse a la cabeza.

Escohotado no desvela las razones de esa derechofobia pero es necesario visionar el video de más abajo para entender toda la trama.

A mi me sigue pareciendo un dilema no resuelto. Que cuando vivimos mejor que en toda la humanidad pasada existan aun personas que defiendan al comunismo (y sus crímenes) y al socialismo con ese viraje que llevó a cabo desde los obreros hacia los colectivos identitarios, es simplemente inexplicable. Por desgracia aun funciona (y lo vamos a ver en estas elecciones), el miedo a la derecha, a la que se identifica como retrógrada (pretende quitar derechos) egoísta (defiende a los ricos) y más cercana a la viñeta que preside este post que a la modernidad. Pero lo cierto es que la socialdemocracia funcionó cuando hubo mucho que repartir pero no funciona en absoluto cuando -debido precisamente a ese deficit de recursos- volvió su mirada hacia otros colectivos minoritarios presuntamente oprimidos a los que nunca podrá salvar por falta de cash.

Haría falta una tesis para comprenderlo.