Gobernar desde la cama

Santiago Posteguillo es un profesor de literatura de la UJI (Universidad Jaime I) de Castellón y es especialista en literatura inglesa y no tanto en literatura clásica, pero lo cierto es que es un erudito en temas relacionados con Roma y el Imperio romano.

De él ya hablé en otros lugares sobre todo a partir de su obra seminal, una trilogía sobre la vida de Escipión el Africano.

Recientemente ha sido premiado con el premio planeta 2018 por su ultima obra acerca del perfil de Julia Domna, esposa de Septimio Severo, un emperador que como ya había sucedido otras veces en Roma en época imperial cuando el Senado ya era solo un recuerdo del pasado de la Republica, se encontró con la tesistura de optar al titulo de emperador cuando la sucesión de Cómodo se volvió complicada debido a las múltiples facciones en liza.

Los poderes fácticos de entonces eran las legiones y Septimio Severo estaba al mando de las legiones de Panonia al sur del Danubio. El problema es que habían otros dos contrincantes en liza: en Siria estaba un tal Pescenio Nigro con una fuerza similar y en Britania Clodio Albino que también contaba con un ejercito de proporciones colosales. De manera que cuando Juliano compró el puesto de emperador tras la debacle que siguió al asesinato de Cómodo y posteriormente también del sucesor que el Senado impuso -Pertinax-, lo cierto era que el que mas cerca de Roma estaba era Severo y sus legiones.

Y era necesario intervenir, por la afrenta que significaba al honor romano, aquella compra.

Atravesar Italia con un ejercito armado era en la antigua Roma un delito, más que eso un sacrilegio, pero ya había el antecedente de Julio Cesar de forma que Severo no tuvo la necesidad de decir aquello de “Alea jacta est” cuando cruzó el Rubicón. Su problema, una vez resuelto el gobierno de Roma era ver que pasaría con sus compañeros de armas en Siria y en Britania.

No quiero contar el intríngulis de estas guerras porque en parte son el argumento de la novela de Posteguillo, la otra mitad de la novela está dedicada a la propia Julia Domna segunda esposa siria de Severo a quien Posteguillo atribuye un papel singular en la ambición y planes de su esposo a la hora de conseguir el poder omnímodo del Imperio.

No cabe duda de que para ganar un premio literario hoy es necesario que se den simultáneamente tres cuestiones: una que la obra esté bien escrita y acapare el interés del lector, otra que esté escrita por una mujer (y este no es el caso) pero el éxito está garantizado si la protagonista es una desconocida a quien el autor atribuye una serie de méritos, inteligencia y oscurantismo histórico.

Lo cierto es que nadie salvo los eruditos habrán oído hablar de Julia Domna antes de leer la novela de Posteguillo, algo que suele atribuirse hoy a la opacidad de las figuras femeninas de la historia a las que siempre se las exagera en sus méritos a pesar de no saberse gran cosa de ella. Posteguillo parece tan fascinado como Severo con esta mujer, pero lo cierto es que a mi personalmente no me ha logrado caer simpática. Me parece una mujer manipuladora tal vez del mismo estilo que Livia (esposa de Augusto) y madre de Tiberio y Germánico que logro “colocar” a su hijo Tiberio en el puesto de emperador a pesar de no ser hijo de Augusto.

Algo así perseguía Julia Domna, no se conformaba con un Imperio sino que perseguía un linaje de emperadores. Algo que no solía suceder con las leyes de la herencia bien por la mortalidad infantil o bien por las acciones de guerra o por la acción de los venenos.

Dicho de otra forma Julia Domna tenia un plan y gobernó desde el lecho tratando de involucrar a su marido en una guerra que de otra forma hubiera podido evitarse y que dejó a Roma sin legiones apenas.

Severo y Julia tuvieron dos hijos: Caracalla y Geta, el primero fue proclamado emperador y el segundo augusto. Pero como casi siempre sucedía en aquel entorno Caracalla comenzó a dar muestras de ese tipo de locura que solía atacar a los emperadores, mezcla de perversiones, paranoia y excesos y acabó siendo asesinado después de que se asegurara de que Geta también lo fuera.

De modo que Julia Domna se quedó sin linaje en la primera generación, dando lugar a una serie de tragedias sucesorias que terminaron con Heliogábalo que también estaba emparentado con los Severos.

Suele decirse que con él comienza la decadencia de Roma pero yo creo que la decadencia comenzó con anterioridad cuando la ley dejó de respetarse y el más fuerte se aseguraba todo el poder frente a los poderes senatoriales que eran en definitiva los guardianes de la República.

En suma un libro interesante debido a la gran erudición de Posteguillo que nos traslada a Roma y a la vida doméstica de aquellos tiempos de la misma forma que al centro de las batallas. Sin embargo no ha superado su primera obra: Africanus, un héroe más que moderno que fue traicionado pro Roma y condenado al ostracismo. Esta novela me parece un guiño feminista, una manera de quedar bien con las mujeres y poco más.

Nota liminar.-

Dion Casio, historiador y contemporáneo de la pareja es la fuente más importante en la que se ha apoyado Posteguillo para trazar los perfiles de la historia junto con los chismes de la época. Lo que es probablemente cierto es que Julia Domna era una hetaira, así al menos la llamaban sus contrincantes en Roma para desacreditarla y si no lo era hay que reconocerle o suponerle grandes dotes eróticas en el lecho a juzgar por la facilidad que tuvo en llevarle la contraria a su marido casi permanentemente y salirse con la suya. Y no era Severo precisamente un hombre débil o caprichoso.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s