Los tres juanes de Juan

Sagitario

Sagitario es el arquetipo de la desidentificación, el opuesto a Geminis

En Juan hay tres juanes:

1) El Juan que él cree ser
2) El Juan que los demás creen que es
3) y el Juan que realmente es.

Al primero le llamamos identidad, al segundo reputación y al tercero esencia.
En realidad los tres se presentan juntos en el mismo pack, de manera que es complicado decir a que Juan nos estamos refiriendo cuando nos evaluamos o definimos de una forma u otra. Pero lo cierto es que no siempre aparecen juntos o coordinados. A veces hay disonancias. A estas disonancias:
1) Si uno es mayor que 2, estamos en el terreno del narcisismo
2) Si 2 es mayor que 1 estamos en el terreno de la humildad.

El Juan que realmente eres (la esencia) es el autoafecto, la mismidad, la identificación con uno mismo. El Juan que realmente eres es hombre o mujer sin géneros intermedios, sin “tertium inter pares”. Es un conocimiento próximo, axiomático (no precisa demostración) y siempre es verdad. Es el Juan que está presente en el sueño aunque no sueñe, mientras no hacemos nada, ni enjuiciamos, cuando tenemos el cerebro en reposo o contemplamos un atardecer u oímos una canción.

El Juan que creemos ser es un Juan identitario, un Juan que tiene una historia y por tanto una narrativa, es un Juan memoria, un Juan que se reconoce autor, personaje y lector de su propio relato. Es un Juan que fuma o un Juan que está jubilado como yo.

El Juan que los demás creen que soy es el Juan social, el Juan de la reputación (buena o mala), el Juan de los amigos, de la familia, del trabajo, de la comunidad por así decir, esos que nos legitiman o devaluan con sus juicios, los que nos dejan de lado o nos aplauden, los que nos invisibilizan o nos hacen favores sin pedirselos.

De estos tres juanes solo hay uno que puede enfermar y otro que nos puede enfermar: son los juanes de la identidad y el de la reputación, pues no hay enfermedad sin relato, sin identidad y sin legitimidad del otro por eso pueden enfermarnos las opiniones ajenas, es por eso que es conveniente mantenerse alejado de la murmuración y de los chismes. Pero ningún Juan esencial está enfermo o sufre porque la esencia de cada uno es una gema, una piedra brillante que hay que tratar con mucho decoro y finura una vez descubierta.

Curarse con el método Barrueco o cómo tratar con nuestra identidad.-

La identidad es ilusoria en efecto. En lo que a mi respecta no soy ni psiquiatra ni psicólogo, solo hablo por mi propia experiencia. Cuando sufría de depresión me observaba a mi mismo y me di cuenta de una cosa: mientras dormía no había sufrimiento. Sólo sufría cuando estaba despierto. Entonces comprendí que el sufrimiento no era algo inherente a mi mismo en sentido absoluto, porque sí así hubiera sido, dado que yo soy yo despierto o dormido, tendría que sufrir aún durmiendo.

Entonces me propuse ver cómo era que mi sufrimiento aparecía. Y me di cuenta que aparecía no en el instante mismo de despertarme, tal como suele ocurrir con las dolencias físicas, sino que aparecía cuando “volvía a recordar quien yo era, es decir, cuando recuperaba el recuerdo de mi circunstancia”. Esto fue muy revelador para mí, porque me permitió comprender la diferencia entre lo que soy, y mi identidad. Lo que soy lo soy estando despierto o dormido, más mi identidad es lo que creo ser cuando estoy despierto, porque mi identidad es un producto de mi memoria: es una construcción, una imagen que elaboré de mi mismo utilizando mis recuerdos, y a la que miro todo el tiempo; es como una ropa que me coloco ni bien me despierto. Mi identidad entonces es lo que me digo que soy.

Ahora bien, si mi sufrimiento aparecía sólo recién cuando me acordaba de mi circunstancia, apenas un instante después de despertarme, era un sufrimiento que se disparaba cuando volvía a vestir la ropa de mi identidad, y esa ropa estaba guardada en el closet de mi memoria. Entonces me dije: “Y si pruebo no vestirme ni bien me despierto? Y si soy capaz de eso y pruebo luego a vestirme con otra ropa?” Ahí pude comenzar a ver mi identidad como desde afuera, como la ropa que elijo ponerme cada día al despertar.

Y así, poco a poco, probé cada mañana al despertar no colocarme la ropa habitual de inmediato, sino continuar un rato así, desnudo. Desnudo. Y me fui afianzando en sostener ese momento en que, estando desnudo, era libre de la compulsión de correr al closet a vestirme. La compulsión de ir de inmediato a verificar mi identidad, a mirarme en el espejo de mi memoria.

Al descubrir que no era mi ropa: mi identidad, y que podía elegir qué ponerme, comencé a ser el dueño de mi sufrimiento y no su esclavo. Indagando más profundamente en porqué tenía esa compulsión de despertarme y lanzarme inmediatamente sobre mi memoria activando el sufrimiento, me di cuenta que de alguna manera era adicto a mi identidad, como si fuera adicto a usar siempre las mismas ropas. De algún modo sentía que si no hacía así estaba traicionando mis recuerdos, mi memoria, la memoria de quienes vivían en mi memoria, lo que me habían hecho, lo que yo había hecho, lo que me había sucedido, etc. Y sentía que no podía traicionar aquello sin sentir que me traicionaba a mí mismo. Desentenderme de mi sufrimiento era sentido por mí entonces como un acto de crueldad, de abandono, hacia un sufriente que era yo. Era como una claudicación moral, como un acto de desamor, que me avergonzaba profundamente, al tiempo que parecía algo muy peligroso de hacer.

Pero al afirmarme en el pensamiento de que yo no era mis ropas, que yo no era ese aspecto de mi identidad, dejé de sentir que me traicionaba a mi mismo si elegía usar otras ropas. Mis queridas y tan usadas ropas de dolor continuaban allí guardadas en el clóset, así que no estaba traicionando nada ni siendo cruel con nadie y simplemente yo elegía ese día no vestir esas ropas, no ponérmelas, sabiendo que si quería volver a usarlas estaban allí al alcance de mi mano en el clóset de mi memoria. Y así poco a poco fui desidentificándome con aquel sufrimiento, con aquellas ropas, y fui dejando de usarlas. Y con ello poco a poco fui dejando atrás el sufrimiento. No hubo violencia, hubo paciencia, mucha paciencia y amor a mi mismo, hubo confianza y un esfuerzo, si, por persistir en pensar de un modo diferente.

 

 

 

3 comentarios en “Los tres juanes de Juan

  1. Es de agradecer que aun estando el autor del blog en contra de los libros de autoayuda nos regale con este subjetivo post de autoayuda. Gracias.

    El Juan que realmente es, no es en realidad un individuo sino un holobionte, esto es todo el rebaño de seres vivos que lo acompaña y conforma como individuo aparente, aunque en realidad sea un autentico ecosistema compuesto por una diminuta zoología y otras formas de vida, denominadas microbiota, y microbioma al conjunto de sus genes, sin el cual dejaría de ser Juan.

    Para que un holobionte se considere tal necesita ser un conjunto de organismos diversos que se transmiten de una generación a otra. Además, la relación entre los microorganismos y el animal más grande modifica la relación del propio animal hospedador con el medio. Por último, el estado del hospedador es capaz de afectar al resto del holobionte, cambiando el hologenoma. En definitiva, es una especie de “súper-organismo” o “meta-organismo” que funciona como un todo. Desde luego, el holobionte es mucho más que la suma de sus partes.

    Producidos por bacterias, hongos, plantas, levaduras y animales, los microARN son una parte del microbioma que es capaz de sobrevivir a los procesos digestivos y de asimilación intactos, ingresar a los tejidos de todos los organismos y afectar la expresión de aproximadamente un tercio de nuestro genoma completo. Debido a esto, el microbioma juega un papel fundamental en la evolución. Ningún animal evoluciona “solo”. Evoluciona todo el holobionte; además, lo hace a la par, lo que abre nuevas cuestiones. Si los microRNAs funcionan, de hecho, como reguladores maestros de los diversos miembros de la biosfera, todo ser vivo está por lo tanto conectado inseparablemente a través de redes interpenetrantes de relaciones genéticas y epigenéticas.

    Según este nuevo modelo de “acceso abierto” se permitiría a las especies alterar y afectar el fenotipo de otro individuo en tiempo real, además de alterar potencialmente su trayectoria evolutiva a largo plazo al afectar los patrones de herencia epigenética. Como resultado, toda entidad biológica se integra en una interdependencia similar a una red y una colaboración co-evolutiva que hasta ahora se consideraba, desde la perspectiva de la biología molecular, la genética y la biología evolutiva ortodoxa, imposible

    ¿Hasta qué punto nos influye el microbioma con el que convivimos en lo que somos hoy día? ¿Y hasta qué punto les hemos influido nosotros? Es más, ¿qué significa nosotros y ellos? Tal vez es un buen momento para plantearse de nuevo algunos conceptos.

    Mas info en: La materia oscura genética…y el regreso de la diosa.
    https://www.bibliotecapleyades.net/ciencia3/ciencia_genoma172.htm

    Evidentemente todo lo dicho no le quita ni pizca de validez al post, pero da que pensar sobre el impacto de la hiperrealidad en el psiquismo humano.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s