El temple y el grial

temple

“Temple” es una palabra con varias acepciones, una de ellas, la más común apela a cierta propiedad de los metales y -metafóricamente- también a ciertas particularidades de la forja de un carácter. Pero aquí voy a hablar de otro temple, me refiero a una orden clerical-militar que tuvo mucha importancia en nuestra España medieval y cuya historia me parece interesante para todos aquellos que nos interesamos en el inicio y la decadencia de una idea.

Las ideas surgen casi siempre puras, todas las ideas son buenas -decía mi abuelo- pero con el tiempo sufren un proceso de degradación y de colapso que las llevan incluso a desaparecer. A veces mueren de éxito, ese parece ser el destino de “los caballeros templarios” una existencia que se prolongó durante tres siglos, hasta que fueron perseguidos y aniquilados por un papa, llamado Clemente V. Y que dieron lugar en nuestro país a un linaje de templarios que comenzaría con Jaime I.

Paisajes de la alta edad media.-

En torno al siglo XI había en Europa una gran igualdad: todos sus habitantes eran pobres, exceptuando al clero (que no podía tener descendencia y por tanto todos los bienes que un clérigo pudiera alcanzar en vida no podían legarse) y los nobles que eran los únicos que podían testar en favor sus hijos. Los vasallos que eran todos los demás no podían dejar a sus hijos ningún bien en herencia. Los esclavos habían dejado de existir en el momento en que los señores feudales cayeron en la cuenta de que adquirir y mantener esclavos les resultaba muy caro. La razón era que aunque trabajaran gratis, había que alimentarlos, guarecerlos y eventualmente enseñarles algún oficio. Era mejor y mas eficaz la servidumbre, al fin y al cabo del trabajo de estos siervos podía el señor cobrar impuestos y diezmos.

Es interesante saber que estos señores feudales vivían en castillos fortificados mientras que sus vasallos ocupaban las tierras mas bajas y fecunda o bien en pequeños poblados. El trato era que en tiempos de guerra el señor debía de protegerlos de sus enemigos. A cada vasallo se le daba un trozo de tierras para que lo administrara y una choza donde vivir. A cambio el señor cobraba una parte de la cosecha, al tiempo que extraía de este estrato social sus soldados en forma de levas o sus propios criados y criadas.

El problema era que estos señores feudales estaban casi perpetuamente en guerra con sus vecinos y si a esto unimos, las pestes y las malas cosechas extraeremos una buena consecuencia: que durante esa época no se rebasara nunca el dilema malthusiano. Se trata del conocido -desde Malthus- la disonancia que existe entre la población y los recursos. Dicho de otra forma: la guerras, el hambre y las pestes eran un regulador poblacional. Cuando las cosas iban demasiado bien o se dejaba de guerrear volvían las penurias impuestas por la maldición malthusiana.

Ora et labora.-

Una buena opción de medrar socialmente o quizá una de las pocas opciones que se abrían a los hijos de los vasallos e incluso a ciertos nobles venidos a menos era ingresar a sus vástagos en ciertas abadías o conventos desde niños. Entre ellos destacó la orden Cisterciense regida por la regla de San Benito y probablemente la más rica de la antigüedad, hay que recordar que las abadías también podían cobrar diezmos en connivencia con el señor feudal.

Allí entre aquellos muros donde se vivía bastante bien en comparación con la vida de un vasallo corriente se gestó la idea de Bernardo de Claraval: la idea de gestar un ejército “profesional”. Hay que recordar que en aquel entonces las milicias se nutrían de mesnadas ( es decir de soldados sin ninguna preparación militar) y de mercenarios cuyo objetivo era la rapiña en sí misma.

Fue Bernardo de Claraval el que escribió las reglas de los caballeros templarios, concebidos como una especie de monjes (con votos de pobreza, castidad y obediencia) y al mismo tiempo soldados. Llama la atención que un monje pudiera a su vez ser soldado saltando por encima del mandamiento divino del “No matarás”, pero los teólogos de la época resolvieron esa contradicción privilegiando la defensa de la fe por encima de cualquier otra consideración. Un poco lo mismo que hoy vemos con los yihadistas.

Hay que comprender que en el siglo XI y siguientes la gente estaba aterrorizada con la idea de morir en pecado y pasarse toda la eternidad ardiendo en el infierno. No se trataba de un temor metafórico, la Iglesia trabajaba mucho este temor que se convertía para aquellos campesinos rudimentarios en algo literal. Si a esta idea unimos la escasa probabilidad de pasar de los 40 años y la amenaza real de pestes (atribuidas siempre a los pecados colectivos) y las guerras y hambrunas, el resultado es que la vida no tenía entonces el mismo valor que tiene para el ciudadano de hoy.

Sin embargo, no fue Bernardo de Claraval el que inventó a los caballeros templarios sino que fue más bien algo que surgió de los caballeros europeos que acudieron a la llamada del papa para llevar a cabo la primera cruzada. Fue allí en Jerusalén cuando Hugo de Payns y otros caballeros fueron adoptados por un rey llamado Balduino como los verdaderos defensores de tierra santa a los que entregó la custodia del templo de Jerusalén.

Es importante señalar que el templo de Jerusalén estaba en ruinas y ya había sido triturado por anteriores sitios bélicos. De modo que si algún día albergó un tesoro es poco probable que Hugo de Payns y sus 8 caballeros volvieran a Europa con algo más que restos de pergaminos o alguna reliquia sin valor. Pasaron allí 9 años y luego volvieron a su casa habiéndose ganado una buena promoción a base de propaganda y leyendas propagadas por la idea de ser los guardianes de los caminos a tierra santa.

Poco más que leyendas puesto que el camino que conducía a tierra santa estaba lleno de peligros y todas las cruzadas (nueve en total) acabaron en un fracaso real y un éxito propagandístico para los templarios que como iconos del papa acaparaban cada vez más y más riquezas y notoriedad. Y en el pecado está la penitencia.

Porque los templarios acabaron estando más pendientes de acaparar territorios, honores y riquezas en Europa (comenzando por Portugal) que por defender a los peregrinos que viajaban a tierra santa, hasta el punto de que esta tarea con frecuencia la llevaban a cabo “empresas subsidiarias” como la secta de los asesinos que era paradójicamente sarracena.

El fracaso de las sucesivas cruzadas y quizá también la envidia que los templarios despertaron en reyes europeos, más concretamente en el rey de Francia, Felipe IV fueron el principio de su fin. Probablemente también ciertos cultos heterodoxos como el que profesaban a Maria Magdalena, una especie de prostituta para la Iglesia oficial. En mi opinión gran parte de su poder procedía del hecho de que se suponía que los caballeros templarios guardaban reliquias extraordinarias como el Santo grial, la copa de la que bebió Jesucristo en su ultima cena. De manera que esta publicidad, pues en aquella época poseer tamaña reliquia imponía un santo respeto y un enorme poder a quien la poseyera. Es por eso que la leyenda sobre el santo grial continua, pues todo aquello que no puede saberse con seguridad histórica llega a constituirse como leyenda o como diríamos hoy como un fake.

No deja de ser curioso que antes de Internet las noticias ya pudieran viralizarse durante siglos, al menos ha de admitirse que se trata de un meme muy penetrante y que ha levantado montones de teorías, libros y ficciones cinematográficas y novelescas. También me resulta curioso que ejércitos de la Europa medieval asolada por la miseria, el hambre y el frío acometieran la enorme tarea de cruzar toda Europa para atacar Jerusalén, un lugar sagrado que ha sido devastado más veces que Roma. Y luego nos parece raro que Bush invadiera Irak, al menos allí había petróleo pero en Palestina no había mas que arena. Nada que ganar. Quizá por eso los templarios cambiaron su estrategia y utilizaron la propaganda para hacerse tan grandes (y tan amenazantes) como cualquier reino.

De manera que es poco probable que el grial que hay en Valencia sea verdadero.

Juan Pablo II en el 2000 pidió perdón por todos los pecados que se cometieron durante las cruzadas.

9 comentarios en “El temple y el grial

  1. Cuando interesa profundizar en mentalidades de siglos pasados hay que echar mano de instrumentos precisos: por ejemplo, el conocimiento de las fuentes y de la lengua en que están escritas; conocimiento lo más preciso (que nunca se logra). ¿De qué nos serviría acceder a documentos si desconocemos (o sólo chapurreamos mentalmente) la lengua en que están escritos? Algunos de mis excolegas —por no decir, por respeto, que no “algunos” sino la actual, generosa y muy democrática mayoría—, creen que entendiéndose en español del siglo XXI con la portera del inmueble no necesitan conocer el léxico y la semántica del castellano del siglo XIII (y menos la mentalidad del autor) a la hora de explicar a los estudiantes qué quiere decir en tal o cual otra tal o cual autor… Como hay libertad de cátedra (= derecho inalienable a expresarse ante un auditorio libremente), cada uno tan pancho como el general Villa. Así van las cosas en lo que llaman “universidad democrática” (?), al menos en el ramo —tan generoso como improductivo— que llaman ahora de “humanidades”. Tan lo segundo que la mayoría de las universidades privadas, que están para ganar dinero, principalmente (como respetadas corporations) no quieren saber nada de esas cosas. A mí esto de las “humanidades” me da mucha risa. La palabra en sí me da que pensar. Pero al grano. Y sí, que estos señores feudales se la pasaban entre guerra y guerra y otra guerra. Y era así porque no tenían otra cosa que hacer sino su oficio: el de bellatores, o sea, el menester de los guerreros. En aquellos tiempos no existía la terapia ocupacional; tampoco el Estado-Ubre-Reservaindia (con su simpáticas ludopatía y alcoholismo, efecto del aburrimiento). En el caso de los templarios, y a su forma, también rezaban; eran una especie de revoltijo de oratores (monjes contemplativos, además de todo un ordo social en la Edad Media) y bellatores; y al cabo se hundió el Temple, porque así tuvo que ser y fue. Y porque todo, tarde o temprano, sucumbe: desde las imponentes estrellas hasta insignificantes amebas. La erudición no consiste en amontonar, a trompa y talego, datos, nombres, curiosidades, fechas y tiliches multicolores. La erudición, ¡ay, es nada!, es el sustrato de la sabiduría. Pero, como decía Chamfort: “Poca filosofía induce a despreciar la erudición; mucha filosofía, a estimarla”.* Quiere decir el pensador francés que sin la luz que proporciona el pensamiento, toda práctica erudita es despreciable. ¡Y tanto que lo es! Y es así porque sin pensamiento, sin reflexión, toda erudición para-que-nos-tenga-por-sabios-la-portera (o para perfumar con volutas de incienso nuestro propio ego; o para que nos ponga medalla y haga emérito el rector-actor de turno) no es más que tramoya barroquista. “Colorín y pingajos” que diría, si viviera, Valle Inclán. El Gran Teatro del Mundo de ayer, de hoy y de mañana. Se valen, a veces, de esa tramoya, con suma habilidad, impostores y parásitos que nadan y pescan siluros, a sus anchas, en aguas turbias porque no encuentran resistencia: los bellatores que defendían a aquellos descomunales peces, algunos como empecinados quijotes, están en vías de extinción hace ya tiempo (recluidos, los pocos que aún quedan, en zoológicos; o escondidos, tras haber huido “en tiempo y forma”, a la espesura (la poca que queda) de la selva amazónica; o defendidos por sus numerosos lectores cuando se atreven a escribir en algún medio de comunicación). Gracias por permitirme expresar lo que siento, aunque, en caso de que no lo estimases hacer público, no me molestaría en lo absoluto. Es una forma de corresponder, por mi parte, al beneficio que recibo de tu blog; que espero seguir frecuentando mucho, si antes de tiempo —como no le sucede a todo viviente— no me encamino al más allá “ligero de equipaje”, traspasada la “otra ribera” tras pagarle el óbolo al barquero. ¡Que hasta en ese trance te niegan si no tienes con qué!

  2. No se refiere, ni directa ni indirectamente, al artículo tuyo en sí. Hoy no me siento optimista, y escribir ayuda a expresar pensamientos en palabras. Si los leen personas apreciadas, ya es espiritual ganancia.

  3. Las cruzadas permitieron el desarrollo del comercio en torno al mediterráneo, fue también un proceso de intercambio cultural con los árabes; además ayudo a la reunificación del sentimiento cristiano en toda Europa. Sin embargo mas allá de sus pro y contras, me da que el Grial también es un símbolo metafísico “Corazón” que conecta el cielo con la tierra. Esto entronca con la unilateralidad que se ha instalado en las sociedades modernas donde solo persiste la óptica de la ciencia, obviando los asuntos del espíritu y su aportación a un vida trascendente. Desconectarse del Grial tiene un precio evolutivo. en calidad de vida.
    Resumiendo un día hace ya mucho tiempo el Grial se extravió en la nuevas sociedades que han ido surgiendo con el paso del tiempo, a semejanza de como han desaparecido las Hadas del imaginario.

    ! Quien sabe?, igual todo empezó por alguna calle de Valencia. “Risas”.

  4. Cuando niño oí a unos albañiles, que discutían, distinguir entre “locos del aire” y “locos del sol”. En el caso de nuestro Felipe, es posible que delirara por efectos genéticos del Sol; pues su abuelo, que era el Sol por antonomasia, era rey muy caliente. Y los delirios sexuales, consumados, no pueden llevarse a efecto si no se está antes muy caliente.

  5. Llego a la conclusión de que la perdida del Grial, es la perdida de la posibilidad de cooperar desde el corazón con lo inevitable de la vida. Esta fuera de toda duda que esta propiedad de cooperar de corazón apoyado por un lenguaje simbólico y trascendente permitirá un mejor funcionamiento, una mejor armonía en el vivir de cada día y su inevitable sino.

    En esta nuestra sociedad del engaño el mensaje es de diseño. La historia un punto de vista, un delirio imposible y, el conocimiento no es sabiduría, por tanto el Hado o destino de confusión por tamaña perdida también es inevitable. Al fin y al cabo no se trata de perder un ojo, si no de ganar y aportar la otra mirada, la de las Hadas que conservan los templarios en la edad actual.

    Cooperar con la vida es lo que marca la diferencia.

  6. La del individuo que asume que el voluntarismo y el sentimentalismo es la escala que le es propia a todas las cuestiones?.

    !Ah pues si, ese corazón espinado se perdió en una adolescente malva rosa. “risas”.

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