Polarizar el mundo

Aquello que no ha sido simbolizado vuelve a aparecer en lo real (Jacques Lacan)

Polarizar es separar hacia los extremos y separar es algo fácil de hacer cuando estamos hablando de “formas de pensar”. Hay una ingeniería social destinada precisamente a eso: a desplazar hacia los extremos las opiniones de las personas en cualquier tema, de forma tal que se enfrenten entre ellas. ¿Pero cómo se hace para polarizar a la población en dos grupos opuestos?

Una manera de entender este proceso es leer a Pinker y otra más fácil es ver este video de “Hombre blanco hetero” que siempre aborda problemas de actualidad en clave de rigor científico y de divulgación divertida.

Pero a mi me gustaría ampliar un poco más la hipótesis de Pinker (que Hombre blanco hetero divulga) en clave psicoanalítica. Más concretamente me gustaría contar cómo hace nuestro cerebro para radicalizarse. Naturalmente el mecanismo individual no explica del todo la polarización de una parte de la población hacia situaciones extremas pero nos puede dar alguna clave.

Hay que hacer previamente una distinción entre represión y negación. Represión es algo que estuvo (o no) en la conciencia y es sepultado en el inconsciente sin que tengamos noticia de ello: sus manifestaciones son indirectas y siempre aparecen desplazadas de su temática original. La negación es una especie de represión más sofisticada. No se olvida lo que sucedió pero no se le da ninguna importancia, se minimiza su impacto y se vive mirando a otro lado, si es confrontada se niega su existencia o se minimiza como un caso anecdótico.

En nuestro mundo actual estamos viviendo casi a diario bajo el yugo de la negación: los medios y los grupos que obedecen a ciertos lobbies niegan, oscurecen u ocultan ciertos hechos (como los que más abajo señalaré) pero no son capaces de borrarlos del todo. Es lógico no vivimos en un mundo totalitario y son muy difícil ocultar hechos como los que ocurrieron en Alicante como esa banda de argelinos que abusaron de una niña de corta edad. No se trata de un hecho aislado sino de un caso que se ha repetido ya demasiadas veces en Europa para cerrar los ojos o mirar hacia otro lado. Cuando simultáneamente comparamos estos casos como los que sucedieron con la denominada “manada”, vemos una disonancia. Un caso se utiliza políticamente y adquiere una dimensión mediática exagerada mientras los otros se ocultan.

La razón por la que se oculta es política: no se quieren promover actitudes racistas, dicen. Es posible afirmar que hoy en Europa se tienen mas miedo a la emergencia de una extrema derecha xenófoba y violenta que a los crímenes que estos inmigrantes o terroristas puedan cometer, tanto  a los de baja como a los de alta intensidad.

Este post pretende explicar las razones por las que esta estrategia es ineficaz, lo más probable es que esta ocultación genere mas contestación y reacción que la que conseguiría una transparencia informativa completa.

La mayor parte de nuestros conciudadanos son personas bien informadas, confusas pero informadas. No es posible en un país democrático silenciar hechos como “las manadas islamistas” que atacan a niñas o jóvenes. Naturalmente lo que un grupo lleva a cabo (como grupo) no puede atribuirse a las personas concretas ni al revés. Dicho de otro modo si tu eres argelino eso no te convierte en sospechoso de ser un violador aunque tu grupo de argelinos haya cometido violaciones en las proximidades. Del mismo modo ser español, blanco y heterosexual no te convierte en violador. El problema procede de mantener esta ultima afirmación como verdadera mientras se trata de ocultar la otra. Dicho de otra manera: es la estrategia de los lobbies la que pone la primera piedra en la polarización de la sociedad. Un mundo dividido en heterosexuales varones y todos los demás como víctimas de ellos es fácil de entender pero es falso. Y no solo es falso sino que divide al mundo en dos clases: los violadores o agresores (todos hombres) y sus víctimas (siempre mujeres), aquí no encajan ni los violadores (no blancos) ni los violadores (no-heterosexuales) por tanto se niega su existencia, también se niegan otro tipo de abusos como los que se llevan a cabo contra los niños o contra los hombres. La negación es la segunda parte de la escisión original.

Pero las secuelas de la negación no acaban aquí, porque la gente informada en un momento determinado y sometida a ciertos falseamientos de la realidad deja de creer en las informaciones, tanto las veraces como las falsas y entonces comienza a polarizar su opinión. Personas inteligentes y sensatas comienzan a pensar en clave de alt-right y los partidos de extrema derecha comienzan a tener más acólitos que nunca. Es lógico, como también es lógico que comencemos a creer en teorías de la conspiración: si todo lo que me cuentan es falso (porque yo sé que un hecho es un hecho) hay que comenzara pensar que existen algunos intereses ocultos que tratan de manipular mi opinión.

Dicho de otra forma: la estrategia de ocultar la realidad consigue los resultados opuestos a los que pretendía.

¿Pero qué sucede si lo que pretendían esos intereses ocultos fuera precisamente eso?

O no han leído a Freud-Lacan o lo han leído demasiado bien cuando Lacan profetizaba -como dicen todas las tradiciones orientales- que el karma siempre vuelve. Que aquello que no existe por no haber sido simbolizado, esto es hablado, debatido, visionado, visibilizado,  conceptualizado vuelve a aparecer en lo real, en forma de maldición.

Bibliografia.-

Sigmund Freud (La negación), 1925

 

 

 

Un comentario en “Polarizar el mundo

  1. Seguramente hay muchas agendas, pero posiblemente las que nos interesan para el caso son las de la modernidad y de la posmodernidad.

    Tras Hegel la Modernidad se refiere a dos narrativas “maestras”: el desarrollo de la promesa de la Ilustración de la liberación a través de la razón, y la unificación de todas las ramas del conocimiento mediante la extensión de los métodos racionales de la ciencia y la tecnología.
    La ciencia, para los teóricos de lo moderno, es una práctica representativa, una reproducción de la naturaleza, cuyas características son el resultado del consenso racional entre los que la practican, quienes, a su vez, establecen verdades científicas independientes de los intereses sociales.

    Con la excusa de las atrocidades del Tercer Reich se introdujo la duda sobre el proyecto moderno de liberación y unificación mediante la razón. La Posmodernidad no solo rechaza las dos narrativas maestras de la Modernidad, sino también la idea de que la representación (tanto en las artes como en las ciencias) pueda ser un espejo preciso de la realidad objetiva.

    Los posmodernos reconceptualizan las ciencias como actividades orientadas hacia la reproducción de las prácticas de investigación más que a la producción de resultados acerca del mundo. El carácter anti-representativo de la ciencia posmoderna significa que las imágenes (y las teorías) no representan la naturaleza, sino que son una proyección de los entornos políticos, sociales y económicos en los que se desarrolla la actividad científica.
    En la Posmodernidad las ciencias son una parte de la economía, pero en un papel muy diferente al que jugaban en la Modernidad. Ahora sus imágenes son sujetos de la ideología política y, por tanto, su verdad es relativa: frente a unos hechos, existen alternativas que pueden ser tomados como hechos verdaderos para evitar momentáneamente los conflictos, aunque esto polarice el mundo y exaspere los conflictos a posteriori.

    De momento, parece que gana lo políticamente correcto según la conveniencia de la posmodernidad y de las multinacionales de energía y armamento para potenciar la despoblación mundial.

    Sin embargo hay pensadores, como Habermas o Bruno Latour, que creen que la Modernidad es un proyecto inacabado que aún merece la pena proseguir con objeto de conseguir una sociedad libre de conflictos en la que la comunicación clara y racional sea posible y en la que la ingeniería social no tenga cabida.

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