Profanadores

Homo sacra res homini («el hombre es para el hombre cosa sagrada») Séneca.

Profanar es un infinitivo, por desgracia poco usado en nuestro idioma, se refiere a:

  1. Tratar sin el debido respeto una cosa que se considera sagrada o digna de ser respetada.
  2. «los que profanaren los cadáveres, cementerios o lugares de enterramiento con hechos o actos serán castigados; se alejó como si con su acecho temiese profanar algún misterio; (fig) el musgo frío profanaba la opacidad inerte de las lápidas»
  3. Dañar con palabras o acciones la dignidad, la estima y la respetabilidad de una persona o de una cosa, especialmente la honra y el buen nombre de una persona muerta.
«profanar la memoria de alguien; profanar el recuerdo de su padre»

De manera que no solo las tumbas pueden profanarse sino todo aquello que se considera sagrado, como la memoria de algo algunos lugares especiales y por supuesto la vida humana. ¿Pero qué consideramos sagrado hoy cuando hemos asistido a la secularización del mundo? ¿Existe un espacio para lo sagrado en el mundo de hoy?

Recientemente me llamó la atención una noticia que hablaba de la profanación de una tumba, concretamente la de una niña sueca que había sido asesinada en un acto terrorista y cuya tumba fue profanada en dos ocasiones, algo que me trajo a la memoria un episodio similar acaecido con uno de los geos que murieron en el atentado de Leganés. Profanar tumbas es algo así como condenar a una segunda muerte a alguien (en estos casos un enemigo de la fe), una segunda muerte que es en realidad un atentado contra la consideración de «lo sagrado» que mantenemos los demás. Dicho de otra forma, este tipo de profanaciones están dirigidas simbólicamente hacia la deshumanización del contrincante al que no se le reconocen -en cualquier caso- los honores de una persona humana, de este modo es disminuido a la categoría de un animal o lo que es lo mismo: un infiel. Profanar es la negación del carácter sagrado de toda vida humana y por supuesto de la muerte.

La muerte y los enterramientos son probablemente la actividad humana más conocida de la sacralización de ese tránsito que llamamos muerte. ¿Para qué enterramos a nuestros muertos, si, en definitiva, un muerto es un muerto y al cabo del tiempo no quedan de él más que huesos? ¿Es que el hecho de que los huesos sean tan perdurables asegura algo de eternidad a los cadáveres?

Si enterramos a los muertos es por tres razones, una utilitaria: 1) impedir que las alimañas o la intemperie disgreguen sus partes, otra psicologica 2) para ofrecer a su recuerdo un honor especial: saber donde están enterrados nuestros difuntos es una forma de preservar y asegurarnos del despliegue esencial de los mecanismos destinados a su pervivencia en nuestro recuerdo. No saber donde se encuentran los restos de nuestros difuntos añade una complicación esencial al trabajo de duelo. Y otra 3) espiritual, es decir la preservación del misterio de la vida y la muerte.

Otra forma de entender lo sagrado es por oposición a «lo profano»

Lo sagrado (por oposición a profano) es una autoridad que, aplicada a una creencia, permite a un grupo o una sociedad humana denotar una separación binaria espiritual o moral entre diferentes elementos que la componen, la definen o la representan (objetos, actos, ideas, valores…) La dicotomía sagrado-profano es la característica central de la religión para Émile Durkheim.

El término se utiliza en los grupos basados en la iniciación (rito de paso, sociedad secreta) o la revelación (religiones reveladas) para describir los elementos que los constituyen y fundamentan, así como todo aquello que está ligado a ellos (manifestaciones, organizaciones, etc.) Por ejemplo, en la mayoría de las religiones lo sagrado designa todo lo que atañe a lo más fundamental de su culto.

Esta noción se utiliza hoy en día de manera más general en otros contextos: una nación puede definir como sagrados los principios que la fundan; una sociedad puede definir como sagrados algunos de sus valores, etc. Los antropólogos contemporáneos dicen además que la noción de sagrado es demasiado borrosa para aplicarla al estudio de las religiones –aunque sigan trabajando en ello.

Los elementos de lo sagrado suelen considerarse inmutables: su manipulación, incluso con el pensamiento, debe obedecer unos rituales bien definidos. No respetar estas reglas, incluso actuar contra las mismas, se califica de ordinario como un pecado o crimen real o simbólico: es lo que llamamos sacrilegio. El peor de los sacrilegios es la profanación, que se define como la introducción de elementos profanos en un recinto sagrado (real o simbólico).

Nótese que la noción de lo sagrado se encuentra en todas las sociedades, se trata de un universal antropológico.

«Las cosas sagradas son las que las protegen y aíslan de las cosas profanas ,son a las que se aplican estas prohibiciones y que deben permanecer apartadas de aquéllas. La relación (o la oposición, la ambivalencia) entre lo sagrado y lo profano es la esencia del hecho religioso.» (Durkheim)

«Lo sagrado es el respeto a la vida. La espiritualidad es el respeto de lo esencial: amar la vida, amar todas las vidas.» (Bruno San Marco)

El término se emplea a veces por extensión, eventualmente por no creyentes, para calificar valores que aparecen como esenciales para una civilización (ejemplo: El respeto de la propiedad es una cosa sagrada, etc.).

En este sentido aparece en La Marsellesa:

Amor sagrado a la Patria
¡Guía, sostén nuestros brazos …
Libertad, libertad querida
¡Combate junto a tus defensores!

Lo sagrado no está ligado siempre a la represión violenta. Es Dios (o los dioses) el encargado de aplicarla, a través de quienes sean sus voceros. Aunque cualquier individuo puede atribuir cualidades sagradas a algo a lo que se le tenga mucho aprecio. Se evita así la profanación, que funciona como otra forma de violencia que, al no ser dogmática, amenaza a la cultura, ya que no ofrece la sustitución de todos los símbolos que implica. El sacrilegio (profanación o robo de algo sagrado) quita de la trama social los elementos simbólicos que protegen su orden (la paz interna).

Mircea Eliade interpreta la religión no solamente como «creencia en deidades», sino como «la experiencia de lo sagrado«, analizando la dialéctica de lo sagrado.4​ Lo sagrado se presenta en relación a lo profano.​ La relación entre lo sagrado y lo profano no es de oposición, sino de complementariedad, ya que lo profano es visto como hierofanía.

De manera que lo sagrado existe más allá de la religión y se conecta con lo Real lacaniano y con el noumeno kantiano. Lo sagrado es todo aquello que merece nuestro reconocimiento porque está vinculado al misterios de la vida y la muerte y que nunca podremos llegar a conocer en su intimidad más profunda. Sagradas son las mujeres, los niños, las memorias, los cadáveres, los lugares de culto, l​a propiedad privada (el domicilio sobre todo), etc. Es por eso que profanar y saquear no son la misma cosa: el cuerpo de una mujer o un niño se pueden profanar, también una tumba, un recinto sagrado o el propio domicilio. Todo aquel que haya sido «robado» en su propio hogar sabe qué se siente cuando uno descubre el latrocinio, algo así como si se hubiere profanado la intimidad de alguien y con independencia del valor de lo robado. A veces los profanadaores no buscan el saqueo sino solo el embrutecimiento abyecto.

Otra cuestión emparentada con lo sagrado es la pureza o la inocencia. Es por eso que consideramos a los niños como sagrados, también a las mujeres y por supuesto la vida humana:

Lo sagrado existe porque existe descomposición, degradación y corrupción en las cosas y hemos desarrollado profundas defensas de repugnancia frente a las mismas, incluyendo la repugnancia moral. Defensas que son inconscientes y fuera de toda lógica racional, se trata de una repugnancia que procede de las tripas y no de la razón, razones que buscan la recomposición, la integración de los restos y los detritus. Es por eso que a esta fundación se le conoce como ética de la divinidad o de lo sagrado, pues opera con entidades inconmensurables, invisibles, con algo que se sitúa mas allá de la reflexión o del raciocinio.

Y es por eso que existen profanadores: aquellos que atentan contra esa consideración por razones morales (de su propia moral). En este momento conviene discriminar que «lo moral» son una serie de normas que regulan la convivencia social, de la ética que trata de la preservación de los individuos. Aquí hay un conflicto entre lo grupal y lo individual. Lo que puede ser moral para un grupo puede ser letal para el individuo concreto u viceversa. Esto explica que hayan profanadores dedicados a desacralizar cualquier creencia sobre sobre todo si proceden de otra religión u otra ideología, en suma a otra creencia.

España tiene una larga tradición de cadáveres profanados y hace poco anduve indagando sobre la profanación de uno de nuestros prebostes: el papa Luna.

Benedicto XIII.-

Benedicto XIII fue sin duda el personaje eclesiástico y político más importante de este quatrocento valenciano, de esa entidad supranacional que ha sido siempre la Iglesia Católica. Lo que interesa destacar es su convicción legitimista, la idea de que era el papa legal de la Iglesia católica, hasta ser declarado antipapa por su misma Iglesia y su resistencia en el exilio de Peñiscola hasta edad muy avanzada.

Interesante es sin duda los manejos de San Vicente Ferrer para acabar con el Cisma que dividía Occidente en dos y hasta comprensible que al final optará por una solución que diera satisfacción al SacroImperio y al emperador Segismundo que se negaba a aceptar un papa francés o un papa aragonés. Así fue como en el concilio de Constanza se aceptó al  papa Martin V.

El caso es que San Vicente Ferrer se olía que el cadáver de Benedicto XIII podía ser profanado y fue por eso que sembró el camino de pistas falsas y aunque se admite que fue enterrado en su pueblo Illueca existen otras teorías como la que sostiene Juan Barea Espin que piensa que debido a que San Vicente tenia un hermano (Bonifacio Ferrer) que era el abad de un convento cercano a Castellon es muy posible que el entierro en Illueca fuera una pista falsa. De ser cierta esta teoría el craneo hallado y en poder de la Junta de Aragón seria falso.

Me gusta esta teoría aunque sea solo por darles a los profanadores un buen susto. Pero no me pidan el nombre de ese convento castellonense no sea que llegue a oídos de Pedo Sanchez y se le ocurra montar otra kermesse.

Polarizar el mundo

Aquello que no ha sido simbolizado vuelve a aparecer en lo real (Jacques Lacan)

Polarizar es separar hacia los extremos y separar es algo fácil de hacer cuando estamos hablando de «formas de pensar». Hay una ingeniería social destinada precisamente a eso: a desplazar hacia los extremos las opiniones de las personas en cualquier tema, de forma tal que se enfrenten entre ellas. ¿Pero cómo se hace para polarizar a la población en dos grupos opuestos?

Una manera de entender este proceso es leer a Pinker y otra más fácil es ver este video de «Hombre blanco hetero» que siempre aborda problemas de actualidad en clave de rigor científico y de divulgación divertida.

Pero a mi me gustaría ampliar un poco más la hipótesis de Pinker (que Hombre blanco hetero divulga) en clave psicoanalítica. Más concretamente me gustaría contar cómo hace nuestro cerebro para radicalizarse. Naturalmente el mecanismo individual no explica del todo la polarización de una parte de la población hacia situaciones extremas pero nos puede dar alguna clave.

Hay que hacer previamente una distinción entre represión y negación. Represión es algo que estuvo (o no) en la conciencia y es sepultado en el inconsciente sin que tengamos noticia de ello: sus manifestaciones son indirectas y siempre aparecen desplazadas de su temática original. La negación es una especie de represión más sofisticada. No se olvida lo que sucedió pero no se le da ninguna importancia, se minimiza su impacto y se vive mirando a otro lado, si es confrontada se niega su existencia o se minimiza como un caso anecdótico.

En nuestro mundo actual estamos viviendo casi a diario bajo el yugo de la negación: los medios y los grupos que obedecen a ciertos lobbies niegan, oscurecen u ocultan ciertos hechos (como los que más abajo señalaré) pero no son capaces de borrarlos del todo. Es lógico no vivimos en un mundo totalitario y son muy difícil ocultar hechos como los que ocurrieron en Alicante como esa banda de argelinos que abusaron de una niña de corta edad. No se trata de un hecho aislado sino de un caso que se ha repetido ya demasiadas veces en Europa para cerrar los ojos o mirar hacia otro lado. Cuando simultáneamente comparamos estos casos como los que sucedieron con la denominada «manada», vemos una disonancia. Un caso se utiliza políticamente y adquiere una dimensión mediática exagerada mientras los otros se ocultan.

La razón por la que se oculta es política: no se quieren promover actitudes racistas, dicen. Es posible afirmar que hoy en Europa se tienen mas miedo a la emergencia de una extrema derecha xenófoba y violenta que a los crímenes que estos inmigrantes o terroristas puedan cometer, tanto  a los de baja como a los de alta intensidad.

Este post pretende explicar las razones por las que esta estrategia es ineficaz, lo más probable es que esta ocultación genere mas contestación y reacción que la que conseguiría una transparencia informativa completa.

La mayor parte de nuestros conciudadanos son personas bien informadas, confusas pero informadas. No es posible en un país democrático silenciar hechos como «las manadas islamistas» que atacan a niñas o jóvenes. Naturalmente lo que un grupo lleva a cabo (como grupo) no puede atribuirse a las personas concretas ni al revés. Dicho de otro modo si tu eres argelino eso no te convierte en sospechoso de ser un violador aunque tu grupo de argelinos haya cometido violaciones en las proximidades. Del mismo modo ser español, blanco y heterosexual no te convierte en violador. El problema procede de mantener esta ultima afirmación como verdadera mientras se trata de ocultar la otra. Dicho de otra manera: es la estrategia de los lobbies la que pone la primera piedra en la polarización de la sociedad. Un mundo dividido en heterosexuales varones y todos los demás como víctimas de ellos es fácil de entender pero es falso. Y no solo es falso sino que divide al mundo en dos clases: los violadores o agresores (todos hombres) y sus víctimas (siempre mujeres), aquí no encajan ni los violadores (no blancos) ni los violadores (no-heterosexuales) por tanto se niega su existencia, también se niegan otro tipo de abusos como los que se llevan a cabo contra los niños o contra los hombres. La negación es la segunda parte de la escisión original.

Pero las secuelas de la negación no acaban aquí, porque la gente informada en un momento determinado y sometida a ciertos falseamientos de la realidad deja de creer en las informaciones, tanto las veraces como las falsas y entonces comienza a polarizar su opinión. Personas inteligentes y sensatas comienzan a pensar en clave de alt-right y los partidos de extrema derecha comienzan a tener más acólitos que nunca. Es lógico, como también es lógico que comencemos a creer en teorías de la conspiración: si todo lo que me cuentan es falso (porque yo sé que un hecho es un hecho) hay que comenzara pensar que existen algunos intereses ocultos que tratan de manipular mi opinión.

Dicho de otra forma: la estrategia de ocultar la realidad consigue los resultados opuestos a los que pretendía.

¿Pero qué sucede si lo que pretendían esos intereses ocultos fuera precisamente eso?

O no han leído a Freud-Lacan o lo han leído demasiado bien cuando Lacan profetizaba -como dicen todas las tradiciones orientales- que el karma siempre vuelve. Que aquello que no existe por no haber sido simbolizado, esto es hablado, debatido, visionado, visibilizado,  conceptualizado vuelve a aparecer en lo real, en forma de maldición.

Bibliografia.-

Sigmund Freud (La negación), 1925