Antinatalistas

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Hoy he leído un articulo en el Mundo, acerca de un grupo de personas que se declaran antinatalistas, no se trata de personas que han decidido no tener hijos (por las razones que sea) Se trata de verdaderos “hooligans” de la no-reproducción, de activistas por así decir que incluso tienen su propio “guru”. Un tal David Benatar profesor de filosofía en algún lugar de la República Sudafricana que es quien ha puesto a punto una filosofía nihilista de fácil consumo para los que abracen esta nueva religión, que tiene por supuesto su penitencia: esterilizarse bien joven.

El viejo sueño eugenésico del nazismo, solo que….electivo.

Para resumir la doctrina de estos antinatalistas, decir que lo que pretenden es nada mas y nada menos que terminar con la especie humana a la que identifican con desastres ecológicos y a una presencia presidida por el dolor, el sufrimiento y la enfermedad. ¿Para qué traer niños al mundo si van a sufrir? Una pregunta que resume el argumentario de esta secta. Se trata de un argumento que algunos de los progres de los sesenta también mantenían, solo que no se esterilizaron y no lanzaron campañas mediáticas para difundir sus ideas, muchos de ellos decidieron no tener hijos, otros no pudieron tenerlos y a otros, simplemente se les pasó el arroz. Pero no había una ideología milenarista detrás.

En realidad se trata de una ideología con trampa, puesto que (lo que no dicen) es que quieren acabar con la raza blanca y más en concreto con sus individuos reproductores (heterosexuales). No veo yo que los musulmanes vayan a abrazar con gusto esta ideología fantasmal. Mientras haya musulmanes y chinos la especie humana no corre peligro. Pero los que molestan no son ellos, sino nosotros los blancos heterosexuales que salimos -al parecer- demasiado caros a los planes de uniformización que ciertos lobbyes han puesto en marcha para disminuir los pensionistas del futuro y acabar con la sanidad publica. De lo que se trata es de disminuir la población occidental y dejarla bajo mínimos para así sustiruirla por un proletariado joven, vigoroso y barato que hagan a la vez de reemplazo de una ciudadanía envejecida acostumbrada a tener derechos y pensiones. Un gasto inútil.

Los antinatalistas son la ultima vuelta de tuerca a unos planes bien conocidos por todos.

Pero con todo lo que mas me ha llamado la atención de este articulo es que estos jovenes en realidad viven en parejas, es decir son pares, ¿por qué no vivir en trios o quintetos que sería mucho más ecológico?

Y entonces me acordé de Lorenz y de un post que escribí hace mucho tiempo y que habla de alianzas y coaliciones entre los gansos (la especie más estudiada por Lorenz) a fin de dominar las orillas del río elegidas. Lo que cuenta Lorenz es que:

Lorenz ha descrito en los gansos una conducta de violación que sucede cuando dos gansos forman una coalición de amistad: una coalición que desde el punto de vista territorial es muy potente, superior a la de cualquier pareja heterosexual. Este entramado de amistad llega a parecerse en casi todo a una unión homosexual, hasta que una hembra hace su aparición en escena y uno de los gansos “la viola”, pasando poco después a formar parte de esa extraña coalición à trois. Lorenz interpretó este triángulo como una reorientación sexual de la pareja de “gansos homosexuales” incapaces de copular entre ellos, pero también puede ser interpretado como una forma de poliandria. Seguramente esta coalición a trois es muy potente para la defensa de la ribera del rio, mucho más de lo que seria defenderla con uno o una pareja de gansos.

Dicho de otra manera: una coalición entre tres personas (dos hombres y una mujer o dos mujeres y un hombre) tiene más potencia ecológica que una pareja. Y una vez descontados los sentimientos de celos que van unidos a lo reproductivo, ¿por qué no organizarse en comunas o kibbutzs?, ¿por qué insistir en la parejita tradicional?

Más allá de todo eso, este articulo me ha hecho plantearme algunas cuestiones. ¿Por qué los humanos tenemos esa manía reproductora? No sería más cómodo vivir para uno mismo, enfocándonos en nuestra propia carrera o proyectos individuales y dejar la carga de la natalidad a otros (usualmente más pobres). ¿No es lo más racional? Preguntado de otra manera ¿Por qué tenemos niños?

Precisamente en la pregunta está incluida la respuesta. Porque creemos que tener niños o no tenerlos es algo que podemos elegir.

Y la elegibilidad contiene no pocas paradojas, una de ellas es la posibilidad de ir contra nuestros propios genes, esos replicantes que nos usan como carcasas móviles para conseguir sus planes que no son otros sino pasar a la siguiente generación. Somos más inteligentes que nuestros propios genes y por eso hemos tramado alguna venganza contra ellos: el suicidio, la soltería y ahora la esterilización selectiva.

Confieso que mientras escribía este post ha llegado a mi timeline, otro post de Roberto Colom, donde explica mejor que yo -a través de una fábula- estas mismas ideas. Les dejo pues con él.

Y con una conclusión: si tenemos hijos no es porque lo hayamos decidido, son ellos quienes lo planearon, ese otro lobbye que son nuestros replicantes egoístas y lo hicieron a través de un mandato que más tarde fue usado por algunas religiones: “Creced y multiplicaos”. Afortunadamente el patriarcado inventó los anticonceptivos y con ellos la posibilidad de elegir.

Un comentario en “Antinatalistas

  1. Casualidad: también leí yo ese artículo de prensa. Una minoría que, como toda minoría, será fagocitada por la inmensa, abrumadora, aplastante mayoría. Oí no hace mucho a cierto extranjero, extracomunitario, decirle a uno de éstos -o a alguno de ideas parecidas- algo así: “¿No quieren ustedes tener hijos? ¡Qué bien! Se irán extinguiendo hasta desaparecer. Pronto seremos nosotros los dueños de lo que fue vuestro durante siglos”. Bueno, esto siempre ha sido así: unos se extinguen y otros prevalecen. Sólo hay una cosa en el ‘post’ que no comparto: no, no “somos más inteligentes que nuestros propios genes”; más bien más egoístas. Egoísmo que supone devenir, en este caso, último eslabón de una cadena. Y ‘game over!’. A la especie se la trae floja.

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