Los fracasos de la ingeniería social

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¿Por qué fracasan casi todos los intentos de cambiar el mundo que han inventado los hombres? ¿Por qué aun suponiendo que muchas de estas intentonas hayan sido honestas no han logrado penetrar en el imaginario humano? ¿Por qué existe tanta distancia entre las ideas, incluyendo las buenas ideas y la práctica social y política de las mismas?

En estas cosas andaba yo pensando esta mañana después de leer este articulo donde el autor nos alecciona sobre “la ventana Overton” que es una secuencia concreta de acciones para obtener un resultado deseado. La ventana Overton es la que usan  los ingenieros sociales, es decir aquellos que planifican las políticas que nos impondrán aun sin tener la legitimidad para hacerlo. Así Overton, lo que describió fueron los pasos que deberían sucederse desde la consideración de algo inaceptable o inmoral hasta conseguir que se convierta en algo sensato, popular e incluso moral y deseable.

El columnista Evgueni Gorzhaltsán nos cuenta las distintas etapas que han de sortearse para que algo profundamente insensato, inmoral o impensable pase a convertirse incluso en leyes o prácticas indiferentes para la mayoría, la clave parece estar en el marketing de las ideas, algo que en nuestro tiempo y gracias a la tecnología de la que disponemos es mucho más fácil y barato que antaño. Lo impensable ha de hacerse en un primer paso algo radical y cuando la masa critica haya superado cierto número lo radical termina convirtiéndose en algo aceptable. Más tarde lo aceptable se convierte en sensato y más tarde en popular. De ahí a que algunos políticos -defensores de minorías- lo hagan suyo va solo un paso. Entonces nos encontramos con que los que era inaceptable acaba convirtiéndose en una ley.

Un ejemplo es el matrimonio homosexual o el aborto electivo, hoy son tan frecuentes  y aceptables que la mayor parte de nosotros estaríamos dispuestos a admitir aquello de que “cada uno haga lo que quiera con su vida”, que es la manera en que nos referimos a lo aceptable, otra manera de nombrar lo que nos resulta indiferente. Sencillamente nos da igual porque ya estamos contaminados por esos memes de tal manera que hemos llegado a amoralizar ambas conductas.

El lector puede leer el articulo completo en este sitio, su titulo es ¿Cómo legalizar cualquier fenómeno desde la eutanasia hasta el cannibalismo?

Y la verdad es que existen muchos ejemplos que algunos considerarán son efectos del progreso moral de la humanidad mientras otros los consideramos una prueba de su declive. Pondré varios ejemplos que mis abuelos considerarían en su tiempo verdaderas atrocidades: 1) Que un niño pueda elegir su sexo a la carta, 2) Que una mujer aborte por causas electivas, 3) Que dos hombres o dos mujeres contrajeran matrimonio 4) Que una persona decida sobre su propia muerte y así.

Y otras que están por llegar 1) La legalización de la pederastia, 2) El matrimonio interespecies (casarse con una mascota), 3) Mantener relaciones sexuales con animales 4) El canibalismo siempre que sea consentido 4) La legalización de las drogas, 5) El matrimonio incestuoso (entre hermanos o padres/hijos).

Naturalmente las ingenierías destinadas a conseguir estas legitimaciones tienen algún plan, y ese plan solo puede ser conseguir reducir la población occidental a la mitad. Cuando digo occidental me refiero a Europa, America del Norte y Australia/Nueva Zelanda, es decir acabar con el llamado “supremacismo blanco”.

Algunas personas bien sensatas aun no han caído en la cuenta y se preguntan qué razones podrían impulsar a estos ingenieros a buscar algo así. Es muy fácil contestar a esta pregunta: lo hacen para uniformizar el mundo y crear castas de personas uniformes, pacíficas y conformistas, trabajadores que ganen algún dinero para consumirlo en drogas y su propio sustento pero que carezcan de derechos y sobre todo de ese carísimo Estado del Bienestar que disfrutamos -aunque en declive- en toda Europa. Sanidad y educación gratuitas no están en las agendas de estos ingenieros salvo pensándolas como instrumentos de adoctrinamiento político y religioso. Porque claro está, en el tema de la religión también existe un plan: hay demasiadas religiones y lo ideal para esos planes uniformizadores sería que existiera tan solo una. Una que suponga una sumisión total a Dios y no estas religiones donde los hombres nacen a imagen y semejanza de Ël. El cristianismo es peligroso y poco útil para el dominio global.

Fracasos de la ingeniería social.-

Los intentos teledirigidos de arreglar el mundo desde el Estado son un rosario de fracasos a pesar de lo que dicen los optimistas racionales, baste recordar ahora el argumento de que la esclavitud ha sido abolida en todo el mundo. Lo cierto es que si bien la esclavitud fue abolida en un primer momento, no sucedió lo mismo con la servidumbre vigente aun hoy en media Eurasia y estamos viendo un repunte de la esclavitud sobre todo en esos estados fallidos como Libia y otros. Las cosas pueden ir a peor puesto que el “progreso” no es unidireccional o irreversible, el progreso no es teleológico.

La revolución bolchevique triunfó en la URSS, en Cuba y en media Europa pero el comunismo fue un fracaso allí donde se instaló y aun podemos ver sus terribles secuelas en Venezuela y en Corea del Norte.

China también tuvo su revolución maoísta pero su estrepitoso fracaso solo pudo soslayarse con la irrupción de un capitalismo salvaje que hace de ella la nación más contaminada del mundo, al tiempo que se restringen libertades. La política del hijo único fue un genocidio encubierto que ha dejado al menos a una generación desparejada con los conflictos que de ello cabe suponer. Un exceso de hombres solteros es una medida de caos social.

Para entender estos sucesivos fracasos de los ingenieros sociales es necesario entender como funciona las sociedades por dentro, y de paso entender como funcionan los cerebros individuales. Es la Neurociencia la que nos dará la clave del por qué todos los intentos diseñados por el hombre para cambiar el mundo fracasarán.

La sociedad profunda.-

La idea de “estado profundo” (deep state) está en boca de todos y es un hecho intuitivo: ¿Quién nos sube el recibo de la luz? . Se trata de una ocurrencia reciente estrechamente vinculada con el debate político en los EE.UU. Mike Logfren, un asesor republicano en el Congreso, definió el “estado profundo” en 2014 como “una asociación híbrida de elementos del gobierno y partes de las altas finanzas y la industria que es capaz de gobernar los Estados Unidos sin hacer referencia al consentimiento de los gobernados expresado a través del proceso político formal.

¿No es cierto que siempre decimos que nuestros políticos no mandan? ¿Que en realidad los que mandan son otros, esos que no se presentan a las elecciones? ¿No es verdad que estamos convencidos que los que gobiernan el mundo son esas élites escondidas en algún siniestro lugar de Manhattan desde donde planean el reparto del mundo para sus intereses?

Pues lo mismo sucede con la “sociedad profunda”, algo muy parecido al Internet profundo y por qué no decirlo, algo parecido al inconsciente individual. Se trata de lugares donde no rigen las mismas reglas que las que gobiernan nuestra vida consciente y vigil, ni eso que llamamos sociedad civil. Se trata de una corriente subterránea de creencias, lealtades, emociones, preferencias y obediencias que siempre están ocultas y lo están porque son incompatibles con nuestra idea de democracia.

¿No es cierto que usted se sacrificaría por sus hijos antes de por los míos? ¿No es cierto que en el caso de morir usted quisiera que sus hijos se quedaran con su herencia? ¿A quien salvaría primero en un incendio?

El nepotismo y el etnocentrismo (el conatum étnico) tiene tanta potencia que es indomesticable, al menos a través de las tecnologías que los occidentales hemos propuesto para llevar la paz y la felicidad a algunos pueblos de medio mundo. Sencillamente la idea de democracia no empasta bien en según qué razas humanas. Más concretamente la idea de democracia liberal tal y como la entendemos hoy solo encaja con los pueblos de tradición cristiana.

Y es precisamente esa maleabilidad la que nos hace más vulnerables, reaccionamos con indiferencia ante los intentos de doblegar nuestra civilización pero jugamos con una ventaja: nuestros ingenieros no saben una palabra de neurociencia y no saben que cualquier cambio que no vaya acompañado del apoyo del inconsciente profundo -es decir de todo aquello que no ha sido diseñado conscientemente sino por la evolución natural- fracasará.

Son obras de ingeniería pensadas para robots, androides  o para otra especie pero no para el Sapiens.