¿Se puede rechazar la maternidad y amar a los hijos?

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Recientemente ha aparecido un libro de Orna Donath que se llama “Madres arrepentidas” que aborda un tema mucho más complejo de lo que aparentemente parece. A través de un serie de entrevistas la autora propone la idea -a través de ciertos testimonios personales- de que algunas mujeres están arrepentidas de haber sido madres a pesar de que siguen queriendo a sus hijos, eso es lo que dicen.

Naturalmente el libro ha generado una polémica muy intensa en ciertos entornos. El lector que quiera saber la letra de este libro sin tener que leérselo puede acudir a este articulo.

La tesis que defiende Donath en este libro puede resumirse en esta frase clave:

“No por el hecho de sentirnos mujeres disfrutamos de ser mamás”

Lo cierto es que en esta frase está contenida la contradicción que vive esta mujer y que probablemente alcanza a una mayoría de mujeres de nuestro tiempo. ¿Pues se puede ser una buena madre y rechazar la maternidad?

Esta es una pregunta interesante de este dilema, la siguiente es esta otra ¿Se puede amar a los hijos y rechazar la maternidad? ¿Cuando se dice rechazar la maternidad de qué estamos hablando?

Lo primero que haré es referirme a la frase de Donath, efectivamente la maternidad no es algo que esté puesto ahí para disfrutar. A la evolución no le interesa el disfrute de los individuos sino la persistencia de la especie y la diversidad de los genes, por tanto es una ingenuidad suponer que la maternidad es algo para poder disfrutar, algo puesto ahí como si fuera una distracción, un pasatiempo o un entretenimiento. La maternidad es una fatalidad como el sexo, y en nosotros los vivíparos contiene peajes, el más conocido es lo que llamamos “la cruel atadura”.

“La cruel atadura” es el precio que los vivíparos pagamos por mantener el embarazo dentro del cuerpo de la madre, es obvio que los ovíparos tienen otro tipo de relación con sus descendientes a los que abandonan a su suerte en la arena de alguna playa. Las hembras vivíparas llevan consigo a sus hijos en largos embarazos y luego, han de sostenerlos, alimentarlos y protegerlos hasta que se destetan. En nuestra especie y debido a la precocidad de los partos, lo bebés nacen completamente indefensos y han de someterse a cuidados al menos hasta que alcanzan una edad avanzada y son capaces de alimentarse por sí mismos. Depende de las culturas, pero en Occidente un niño no ha madurado al menos hasta los 18 años. De manera que cuando hablamos de maternidad no estamos hablando de gestación, parto y amamantamiento sino de un largo periodo de dependencia emocional entre madres e hijos.

El asunto es que sexo, reproducción, maternaje e hijos van en un mismo paquete: los programas genéticos destinados al maternaje son los mismos que los destinados a la reproducción.

¿Entonces cómo contestar a esa pregunta que encabeza este post? Recientemente he llevado a cabo una encuesta en twitter y el 70% de los que la han contestado dicen que si, que es posible amar a los hijos al mismo tiempo que se mantiene el rechazo a la maternidad. Están equivocados, lo que no es posible es amar a todos los hijos por igual.

Mi opinión es que no es posible, aunque haré una pequeña matización, es posible en tanto que podemos disociar la maternidad de los hijos. Podemos pensarlo pues nuestro cerebro no sólo percibe la realidad tal y como es sino que la inventa y a veces la transforma.

Lo que ocurre es que hay fuertes indicios de que la maternidad puede llevarse a cabo por poderes, no hay distinción entre el amor y atenciones que una mujer dedica a sus hijos biológicos comparándoles con las atenciones que dedica a sus hijos adoptados. Si existen diferencias estas caerían dentro del campo de la psicopatología y esta no es la intención de este post. Los niños adoptados tienen muchos riesgos pero lo cierto es que también podría escribirse un libro entero de como las madres adoptivas (y los padres) experimentan a sus hijos adoptados como si fueran suyos e incluso encuentran parecidos más o menos sobrevalorados. Son madres con independencia de que no les hayan parido, basta con el contacto afectivo repetido y la crianza. Lo mismo sucede con las madres que han sido inseminadas artificialmente o las madres que han llegado a serlo a través de una madre de alquiler: los mecanismos que se ponen en juego son los mismos que en el parto común. Un baño de hormonas y neurotransmisores vinculados a la oxitocina, la hormona del parto, del amamantamiento y de la afiliación.

También hay mujeres que no han sido madres y que sin embargo mantienen una buena relación con los niños y saben cuidar a los de otros, las tías solteras son un buen ejemplo de ello. Una habilidad que no se pierde en la menopausia sino que se conserva de por vida. Ser madre es algo que va más allá de haber parido y que contiene aspectos psicológicos que parecen ser autónomos a la maternidad propiamente dicha.

Para entender como algunas personas pueden disociar la maternidad, la sexualidad y los hijos baste con recordar un hecho trascendental: desde que se inventaron los anticonceptivos, sexo y reproducción se separaron definitivamente no solo de la fisiología humana sino también de su imaginario: se puede disfrutar del sexo sin el inconveniente de quedar embarazada. Este hecho tiene muchas ventajas pero también alguna desventaja. ¿Para qué voy a quedar embarazada si puedo disfrutar del sexo sin tapujos?¿Para qué soportar el engorro y los gastos de criar hijos si puedo evitar los costes del sexo?

Parece razonable, ¿pero entonces porque las mujeres occidentales siguen teniendo hijos (cada vez menos por cierto)? Algunos dicen que hay una especie de instinto maternal que pugna por abrirse paso y es así que las mujeres acaban quedando embarazadas cuando eligen, al menos uno por pareja, tener la experiencia y cosas así.

Pero tal instinto no existe si se lo piensa como algo que pugna por emerger independientemente del sexo, lo que existe es la pulsión sexual indisociable de la reproducción al menos para nuestro cerebro. Dicho de otra manera: desde que el embarazo es electivo nuestro imaginario se ha modificado y también nuestra potencialidad genésica. No es sólo que queramos tener menos hijos es que cuando queremos ya no podemos.

Amor, nepotismo y apego.-

Somos mamíferos y por tanto tenemos un botón en nuestro cerebro profundo que pone en marcha un sistema, conocido como apego que vincula fuertemente a madres e hijos sobre todo, pero también a otras parejas: hermanos, padres y mamás, padres e hijos, etc. El apego es el antecesor filogenético del amor. Eso que nosotros llamamos amor no puede ser definido en ausencia del apego que como mamíferos nos viene de serie. La diferencia entre una cebra y una serpiente es precisamente ese sistema de apego mucho más desarrollado en los vivíparos de aquellos que ponen huevos. Pero no somos unos mamíferos cualesquiera sino unos mamíferos podríamos llamar extendidos, por la capacidad de extender esos vínculos de apego a otras personas y situaciones abstractas a veces hasta el paroxismo de la dependencia extrema.

Pero hay más, se trata del nepotismo genético, del egoísmo genético del que hablaba Dawkins. Yo quiero a mis hijos más que a los hijos de mi vecino, ¿no le sucede a usted lo mismo? Las madres quieren a sus hijos porque son suyos y ese posesivo “suyos” es inclusivo, es decir puede incluir a aquellos que siente como suyos aunque no lo sean.

Tener hijos es fruto de las relaciones sexuales conviene no olvidarlo y es por eso que amar a los hijos es indisociable de quererse a una misma, querer tu cuerpo, aceptar que eres una mujer, estar contenta con tu género y aceptar las limitaciones de la naturaleza que nos hizo como somos, algo a lo que no podemos renunciar sin renunciar a nuestra propia naturaleza.

Pero aun hay más: ¿Por qué las madres han de querer a sus hijos? ¿Dónde se encuentra esa orden, ese mandato? La verdad sobre este asunto es que las madres no quieren a todos sus hijos igual, incluso pueden aborrecerles por razones personales, algunas veces muy comprensibles. Amar a los hijos no es obligatorio aunque venga en el mismo paquete del cuarto mandamiento. Amar obligatoriamente es inhumano y es por eso que no sucede en la realidad sino solo en nuestros criterios morales. Una prescripción social tan incumplible como amar a unos padres que nos han maltratado, abandonado o escarnecido.

Y ahi reside precisamente la trampa inconsciente que atrapa a esta mujeres, se arrepienten de ser madres a pesar de declarar su amor por sus hijos. ¿Se atreverían a decir la verdad y a poner el foco en esa prescripción moral que nos obliga a amar a todos los hijos por igual?

Es falso, no quieren a sus hijos y simplemente no lo aceptan y están bien protegidas por el tabú que sigue considerando a la maternidad de un orden arcangélico.

Más allá de lo humano.

 

 

4 comentarios en “¿Se puede rechazar la maternidad y amar a los hijos?

  1. Muy interesante, como suelen ser tus artículos ,Paco. Pero como también suele suceder, tengo mis reservas por nuestra diferente formación, no por estar “yo en lo correcto y tú equivocado”, ese es un juego que evito siempre.
    Es interesante porque la psicología evolucionista nos ofrece más criterios para analizar la inmensa variabilidad del comportamiento humano, sin embargo, analizar al ser humano como mamífero, así sin más, es dejar un hueco que la misma evolución no podrá llenar porque nuestra esencia social misma influye en esa evolución que parece que ves como algo autónomo.
    Es verdad que no todas las madres aman por igual a sus hijos (imposible negarlo) pero habría que ver aspectos emocionales sobre el significado que tienen para ella, lógicamente una madre violada “naturalmente” no querrá amar al producto de esa violencia pero tampoco el rechazo es la única salida , aunque lo podrías considerar así si sólo vemos el asunto exclusivamente desde la biología , porque podría ser que cambie de percepción y vea al niño como un ser autónomo sin culpas, con un trabajo psicoterapéutico…digo, podría ser….
    Es verdad que por “criterio moral” se impone el amor a una mujer en relación a sus hijos, y creo que no debería ser asi, y no obstante, no necesariamente tiene que vivirse ese proceso, de vínculo con ellos de esa manera, una socialización adecuada induce valores morales estratégicamente, en las escuelas no se le dice al niño que ame a su patria para evitar que sea un “maldito traidor” sino que eso, genera honor cívico, no está demás decir que nuestro ser social no es un agregado más, es nuestra definición como seres humanos.
    Por último, hay algo que me da curiosidad sobre la perspectiva evolutiva : no creo que sea un mecanismo autónomo como señalaba, se dice que se pueden perder algunas ventajas biológicas porque la mujer ya no quiere tener hijos (incluso que puede ser que el sexo deje de ser placentero), pero ese deseo que impacta el aspecto filogenético a largo plazo, tiene un origen social, es la sociedad occidental neoliberal la que promueve esos valores tan peculiares a ella en la que el “infierno” son las responsabilidades y el “paraíso” la libertad placentera.
    Felizmente la historia aún no termina, la posmodernidad no pudo matar todas las utopías .

  2. Interesante cuestión de moralidad ligada al aumento de la psicopatía en la sociedad actual.
    La moralidad siempre es un tema recurrente en las relaciones humanas.
    En una reciente investigación llevada a cabo en la Universidad de Plymouth usando el casco de realidad virtual (VR) Oculus Rift, habitualmente asociado con videojuegos, se comprobó que la gente se miente a sí misma en cuestiones de moralidad.
    En una situación aproximada a la realidad, la gente suele actuar de manera diferente a las declaraciones previas sobre su comportamiento teórico previsto.
    El estudio mostro y esclareció una diferencia entre la naturaleza de la ‘acción moral’ en comparación con el ‘juicio moral’. La disparidad revelada supone que son procesos cognitivos diferentes los que rigen a ambos.
    Utilizando el dilema de moralidad clásico del tren siniestrado con dos variantes: sacrificar a una persona para bloquear el ferrocarril y salvar a otras cinco, o no hacer nada y verlas perecer, pero sin cometer el sacrificio deliberado; resultó que al encontrarse en la realidad virtual, más gente elegía la variante de sacrificio, aunque en los test por escrito afirmaban lo contrario.
    Además, la correlación entre el comportamiento antisocial y la disposición de cometer el sacrificio se manifestó mucho más evidente en el ambiente visualizado que en la versión textual.

    http://medicalxpress.com/news/2016-10-people-morality-moment.html

    El estudio mostro que con el uso de la VR (realidad virtual) se pueden obtener más datos sobre cómo la gente toma decisiones difíciles frente a situaciones emocionalmente controvertidas, abriendo un nuevo marco de posibilidades en el estudio del comportamiento humano mediante tecnologías fácilmente accesibles.

  3. Yo de madres ya voy cubierto y como ya he tenido con ello bastante he leído con interés el artículo pero yo creo que no se ha abierto un hilo porque vamos ya quemados con el asunto en lo personal y resulta complicado teorizar y debatir con la razón algo que nos ha puesto las vísceras del revés…

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