Prometeo, el fuego y los pirómanos

bachelard

En la llama misma el tiempo se pone a velar (Bachelard)

Escribo este articulo aun en Agosto, un Agosto donde los incendios provocados han sido especialmente frecuentes y devastadores, destacando sobre todo los de Artana en Castellón y los de Galicia.

Alguien me preguntó si la piromanía es una enfermedad mental y he estado reflexionando sobre esta curiosa y criminal forma de proceder de algunos individuos y he tratado de recordar dónde está clasificada en los manuales operativos esta tendencia. Segun el DSM se trata de una variante de un trastorno de control de los impulsos, algo asi como que el individuo sufre el extraño impulso de quemar un bosque y por alguna razón no es capaz de inhibir tal pulsión y termina llevándola a cabo sin importarle el daño ecológico que causa o el daño incluso personal que puede llegar a causar a los vecinos que viven cerca de las llamas. Un daño que se parece mucho al genocidio y al terrorismo solo que en este caso, la mayor parte de las veces se lleva a cabo contra los árboles, esos que nos sirven a todos para respirar.

Las preguntas que suelen hacerse sobre esta cuestión, son las siguientes ¿Son los pirómanos enfermos mentales?¿Qué buscan los individuos cuando prenden fuego a un bosque?¿Se trata de intereses oscuros cuyos objetivos no son conocidos por la opinión publica?

Para empezar diré que una cosa es ser un pirómano y otra cosa es ser un incendiario. En este segundo caso el autor busca una venganza impersonal o un beneficio personal, otras veces -quizá la mayor parte de ellos- son simples negligencias y en otras ocasiones se trata de enfermos mentales entre los que hay que contar a los débiles mentales que además consumen drogas o que tienen una psicosis crónica comórbida sin tratar. Pero existe un pequeña parte de los incendios donde no es posible encontrar esta relación como por ejemplo sucede con esta mujer. ¿Qué buscaba esta mujer incendiando media Galicia con velas perfumadas?

Esquirol y las monomanías.-

Esquirol fue uno de esos psiquiatras clásicos que vivieron en un momento histórico excepcional, el siglo XIX y ese lugar Paris, el centro del mundo en aquella época en que el Antiguo y el Nuevo régimen se batian no sólo en el terreno de la politica trono/altar contra Republica/ciudadania, sino tambien en el mundo de las ideas: el naturalismo de Condillac peleaba con las ideas teológicas que invocaban causas sobrenaturales para las enfermedades mentales.

Esquirol fue el primer médico que intentó una nosografia natural de las enfermedades mentales y aun sin saber nada de sus causas se atrevió a llevar adelante una clasificación. En ella cabe destacar su idea de monomanía.

Para Esquirol la monomania es un tipo de paranoia en la que el paciente sólo puede pensar en una idea o tipo de ideas. Una idea que toma el mando de la motivación en todo el campo de la conciencia. Asi, describió un grupo de enfermedades mentales -según él-que seguian esta dirección, asi describió la ninfomanía, la cleptomanía, la dipsomanía, la lipemanía (actual depresión) la piromanía y otras. La idea fundamental que preside esta clasificación es la de que estas enfermedades pueden darse de forma independiente, sin comorbilidad con las grandes psicosis. Asi una persona que padeciera manía por robar padecería de cleptomanía que sería en sí misma la enfermedad a tratar con independencia de que el resto de la personalidad estuviera sana.

Lógicamente el naturalismo de Esquirol le hizo perder de vista que muchas de estas «manías» no representaban enfermedades mentales «per se«, sino inclinaciones morales, y más allá de generar un gran desbarajuste entre los jueces sus ideas han sido superadas ya. Hoy no consideramos que el robo o el homicidio sean enfermedades mentales sino condiciones humanas distintas de las que nos ocupamos los psiquiatras.

Sin embargo de sus clasificaciónes nos han quedado algunas prendas, por ejemplo la cleptomania (el robo por motivos no económicos) sigue considerándose una enfermedad mental, la dipsomanía (el alcoholismo episódico) ha pasado a considerarse una adicción y la piromanía ha sido absorbida por las patologías que le son comórbidas (psicosis y retraso mental).

Sin embargo la piromanía pura (en ausencia de enfermedad mental o como pulsión independiente) existe.

Psicoanálisis del fuego.-

Cuando yo era un niño y aun se vivía -en entornos rurales- en aquellas casa con corral y chimenea y aun no habia televisión ni wifi, las veladas después de cenar transcurrian cerca del fuego y de ahi viene la palabra «velada» aunque ya existiera la luz eléctrica. No vale la pena decir que en el fuego hay algo fascinante y cuya contemplación representaba en aquel entonces un espectáculo como hoy es cualquier espacio televisivo. Era algo en lo que participaba toda la familia, conversar, mirar el fuego y domesticar sus llamas.

A los niños nos prohibían acercarnos demasiado y teníamos prohibido también alimentarlo con ramitas secas. La prohibición venia siempre de los mayores y nos amenazaban con:

«No juegues con el fuego o te harás pipi en la cama».

Años más tarde supe que Sigmund Freud habia escrito en su «Intepretación de los sueños» esa misma frase. ¿Como lo sabía mi abuela si ella nunca leyó a Freud?

Es la primera vez que alguien que no era mi abuela aceptaba la idea de que existía una relación entre «jugar con fuego» y la enuresis. Pues en las mismas palabras de Freud:

«El placer de encender fuego está precisamente en la capacidad de apagarlo»

Al leer esta frase comprendí la dicotomía bombero/pirómano, la dualidad.

Probablemente los homínidos se encontraron con el fuego por casualidad, quizá como resultado de un incendio casual causado por un rayo. Podemos imaginar la sorpresa de aquellos hombres primitivos al encontrarse con ese «objeto» que quema, se extiende pero que no puede capturarse o llevarse en brazos como cualquier otro objeto o animal. Obviamente tardarian mucho tiempo en aprender a domesticarlo, pues el fuego ha de alimentarse para que no se extinga y sobre todo precisa de una cierta tecnología para poderse encender «ex novo». El dominio del fuego supuso un hito en la evolución de nuestra especie pues nos permitió no solo cocinar los alimentos, sino calentarnos en entornos frios y ahuyentar a las fieras. Es posible asegurar que el dominio de las tecnologias ígneas cambió nuestro cerebro para siempre y aceleró la revolución cognitiva. El sapiens no sería sapiens sin la cocina, fue así como abandonamos la carroña y lo crudo y le hicimos de paso un gran favor a nuestro sistema digestivo del que se aprovechó nuestro cerebro.

Pero hay otro aspecto más allá del puramente evolutivo que me gustaria añadir a propósito del fuego: me refiero a la relación entre el fuego y la excitación sexual. Y otra cuestión: agua y fuego son contrarios, antagónicos. No pueden existir conjuntamente, el agua extingue el fuego pero el fuego hace hervir al agua. Vale la pena decir ahora que Nirvana significa «extinguir el fuego» en este caso Siddartha se referia al fuego del deseo, origen -según él- de todos los malestares del hombre. Extinguir el fuego es pues el propósito no solo de bomberos/pirómanos sino tambien un propósito religioso, mistico o espiritual.

Decir agua es lo mismo que decir orina. Es interesante señalar que el pene es un órgano tan curioso que de él sale orina al tiempo que tambien es capaz de engendrar niños. ¿Cómo es posible esta hazaña?

Es capaz de las dos cosas pero no al mismo tiempo, un pene en erección no puede orinar y si lo hace perderá inmediatamente la erección. Lo que es lo mismo que decir que la excitación sexual es incompatible con la emisión de orina (en el hombre). El hombre inhibe involuntariamente su micción durante el coito. Lo que es lo mismo que decir que el hombre dispone de agua para apagar su fuego, algo que hacemos todas las mañanas cuando nos despertamos, si bien las erecciones espontáneas matutinas son la señal que nos lleva a orinar, nótese la ambigüedad.

Fue asi que Freud enunció que  la enuresis está relacionada con la excitación sexual precoz.

La conquista del fuego estaria relacionada con la evitación -la renuncia – a su extinción. No es de extrañar tampoco que en ciertas culturas esté prohibido orinar sobre el fuego (Freud 1932).

Prometeo, el mito.-

Según el mito griego,fue Prometeo quien trajo el fuego a los hombres. Prometeo era un titán, es decir estaba a medio camino entre los dioses , con quien tenia linea directa y los hombres y cometió un crimen de lesa majestad: robar el fuego de los dioses para darselo a los hombres.

Las relaciones entre los dioses olímpicos y los hombres eran bastante distintas a las relaciones que mantenemos con el Dios monoteista -en el que creamos o no- ha modelado nuestra relación con lo oculto.

Los dioses griegos, necesitaban continuas ofrendas y muestras de agradecimiento por parte de los hombres para serles favorables. las relaciones entre dioses y hombres eran relaciones mercantiles y la dificultad de los humanos consistia en averiguar a qué Dios del panteón debian de honrar cuando la cosas salían según sus planes o a quién apaciguar cuando las cosas se torcian. Y por alguna razón a los dioses les gustaba mantener a los humanos en la precariedad.

Es por eso que el robo del fuego por parte de Prometeo -el padre de la humanidad- emparentado con la figura de Jesucristo fue considerada un sacrilegio y los dioses tomaron medidas contra él.

El hallazgo y la domesticación del fuego es en el mito la adquisición de un conocimiento sagrado.

La triada homicida.-

Aunque no todos los especialistas están de acuerdo McDonald, un psiquiatra neozelandés acuñó en 1963 lo que llamó la tríada homicida que incluia:

1.- Antecedentes de enuresis infantil

2.- Piromania.

3.-Antecedentes de maltrato a animales.

Según McDonald estos antecedentes se encuentran en muchos asesinos en serie que él mismo estudió y se complementa con la triada oscura: narcisismo, psicopatía y maquiavelismo. Pero es a Mc Donald a quien le corresponde el mérito de haber relacionado -desde fuera del psicoanálisis- a la enuresis y la piromanía.

¿Que es la piromanía?

Muy probablemente la piromanía represente a un cluster de conductas bien ensambladas en nuestro inconsciente y que contenga elementos tanto evolutivos como de psicologia personal. Probablemente se trate de un estado disociativo, una especie de estado de trance durante el cual ciertos individuos llevan a cabo el ataquea e los bosques como una forma de obetener tranquilización cuando se encuentran sometidos a una alta tensión emocional y que el fuego sea una forma de descargar como sucede en los cleptómanos o los dipsómanos: formas de conseguir ese estado de analgesia y anestesia que llamamos disociación.

Es la disociación la que termina con el malestar del mismo modo que el agua apaga el fuego.

Bibliografía.-

Sigmund Freud. Sobre la conquista del fuego.

 

Macdonald, John M. (August 1963). «The threat to kill». Am J Psychiatry. 120 (2): 125–130.

 

 

Muros y paredes

muro

The wall (El muro) es  un álbum doble de Pink Floyd que terminó por convertirse en una película protagonizada por Bob Geldof en el papel de Pink en 1982.

Este disco doble es un álbum conceptual que nos retrata la vida de una estrella ficticia del rock llamada Pink, basado en las vivencias del mismo Roger Waters, convirtiéndolo así en una especie de álter ego antihéroe. Descrito por Roger Waters, Pink se reprime debido a los traumas que la vida le va deparando: la muerte de su padre en la Segunda Guerra Mundial, la sobreprotección materna, la opresión de la educación británica, los fracasos sentimentales, la presión de ser una figura famosa en el mundo de la música o su controvertido uso de drogas sumado al asma, entre otros, son convertidos por él en «ladrillos de un muro metafórico» que lo aísla, construido con el fin de protegerse del mundo y de la vida, pero que le conduce a un mundo de fantasía autodestructiva.

Vale la pena ver este video, una escena donde Pink en un estado comatoso probablemente debido a una sobredosis de drogas es rescatado por un equipo sanitario que irrumpe en su casa para salvarle la vida y llevarle a un Hospital. La canción que acompaña esta escena es «Confortably numb» que significa «atontado pero confortablemente» y es probablemente una de las mejores canciones dee la historia de rock progresivo que practicaba Pink Floyd.

En realidad existe una historia paralela de locura, drogas y éxito indigerible en la persona de Syd Barret que tuvo que retirarse del mundo del espectáculo por los problemas mentales que padeció. A él le dedicaron sus compañeros el tema «Shine on you crazy diamonds». La historia de «The wall» en realidad recorre todos estos tópicos, de traumatización que la generación británica de postguerra tuvo que sufrir. Casi todos los grandes genios del pop británicos nacieron entre 1947 y 1952, una explosión de talento.

Hay muros literales como el de Berlin y simbólicos como esos que vamos construyendo en nuestro interior con el objetivo de aislarnos del mundo exterior y librarnos de las consecuencias de una vida penosa o irrelevante. El muro de Pink Floyd habla de ese tipo de muros que no tenemos más remedio que ir derribando si queremos integrarnos en una vida plena que necesariamente es social.

Pero si  escribo este post no es para celebrar el aniversario de la caída del muro de Berlin, sino para enlazar esta historia de los muros interiores con las paredes arquitectnicas reales y contestar a este pregunta: ¿existe alguna relación entre entre las construcciones actuales -que preservan nuestra intimidad-y la emergencia de una subjetividad concreta? ¿Es el Yo un efecto secundario de las paredes?

Esta es una idea que tomé prestada de un post de Pablo Malo que puedes leer aqui y que contiene algunas claves para entender qué demonios es eso que llamamos intimidad. ¿Son las enfermedades mentales una secuela de una hipertrofia de nuestra subjetividad? ¿Son las enfermedades mentales el peaje que hemos de pagar por nuestro individualismo?

En realidad la intimidad es algo bastante reciente, aun recuerdo como eran las casas de mi infancia al menos en el medio rural, apenas habían áreas individuales, cocina y comedor eran lugares comunes para toda la familia y los dormitorios usualmente se compartian. La idea de tener una habitación para cada miembro de la familia, con puerta cerrada y toda clase de distracciones en su interior es algo que hemos ya olvidado que es un invento de la modernidad. No deja de ser curioso que actualmente haya corrientes de educación infantil que propugnen el «colecho» como una forma de mantener contacto físico entre padres e hijos, quizá hemos olvidado que el «colecho» fue la norma en nuestra infancia, al menos en los que vivimos en entornos rurales. Hoy pareciera como si el colecho se hubiera moralizado y sus defensores se cuentan por decenas entre las clases más ilustradas de nuestra sociedad.

Frente a ellos hay quien sostiene otra idea bien diferente: que el colecho es malo para los niños debido a la excitación sexual extra que procura, y los defensores del psicoanálisis no se ponen de acuerdo sobre si recomendar o no el dichoso colecho entre padres e hijos.

Y lo cierto de todo esto es que sin paredes no habría fisgoneo, ni espionaje de los desnudos familiares ni existiria eso que Freud llamó la escena primaria. Sencillamente seria algo tan común que ni nos fijariamos en ello. Aunque la verdad sobre todo esto es que desde siempre hemos sabido que la contemplación de la escena primaria tiene efectos bien distintos según la clase social. Y parece tener más efectos secundarios en el imaginario de los niños que tienen paredes que en aquellos que tienen menos obstáculos para convivir.

A propósito de las paredes dice Pablo Malo:

«Las paredes era una nueva tecnología que paradójicamente amenazaba la seguridad de los grupos humanos, porque quitaba de la vista y de los oídos material que era esencial para mantener la paz y la moralidad del grupo. Pero con la agricultura y la ganadería empezó a tener sentido para los pueblos hacerse sedentarios y construir casas con paredes. Pero la gente se resistió en muchos sitios de Asia, Australia o Sudamérica a construir casas, lo que lleva a Amos Rapoport a concluir que construir casas no es un acto natural y que no es universal. En algunos sitios se construyeron casas, pero la gente no vivía en ellas. Lo que se resistía era el final de la transparencia de la vida social, la vida privada originaba curiosidad y sospecha. Entre los Sakalava de Madagascar estar solo en casa se consideraba un signo seguro de maldad, de estar tramando algo. El secreto y la separación se veían como falta de generosidad y como una conducta antisocial o de superioridad o de distinción, y generaba rechazo».

Y:

«Pero hay más que esto. Cuando el ser humano se mete dentro de las paredes ya no es el mismo que el que estaba a la intemperie. La pared, como cualquier otra tecnología, nos cambia. Es en algunos sentidos como cuando vestimos una máscara, que también nuestra psicología cambia. Aparece la vida privada, diferente de la pública, este producto de la domesticación que es la pared, y detrás de la pared el hombre empieza a hacer cosas que no podría hacer a la vista de los demás, cosas que antes no podía permitirse. De hecho, privado viene del latín «privatus y privare» (privar). Hanna Arendt escribe en The Human condition: “Llevar una vida completamente privada significa sobre todo estar privado de cosas esenciales para una vida humana: estar privado de la realidad que viene de ser visto y oído por los demás, ser privado de la relación objetiva con ellos que viene de estar a la vez relacionado y separado de ellos por el intermediario que es un mundo común de cosas, estar privado de la posibilidad de conseguir algo más permanente que la vida misma. La privación de la privacidad consiste en la ausencia de los otros”.

Y probablemente este es el origen de las perversiones  sexuales, algo que se vió o se oyó, o algo que debería estar a la vista y estaba escondido u oculto. Algo que se fisgoneó, algo que era tabú. Pues no hay privacidad sin tabú.

De manera que ya tenemos una clave para la armonía y la felicidad: Menos paredes aseguran la otredad aunque la renuncia a ese bien tan grácil que hemos venido en llamar «intimidad personal» no es fácil. De manera que al menos con nuestra pareja tendremos que empezar por recordar aquella frase de John Wayne a Maureen O´Hara en «El hombre tranquilo»:

«Entre nosotros no habrá puertas ni cerrojos»

Sexual personae

sexual personae

Camilla Plaglia es una socióloga norteamericana de origen italiano – y lesbiana para más señas- que pertenece a eso que hemos convenido en llamar «feminismo de la diferencia».

Un tipo de feminismo que se opone al feminismo hostil, ese que en España conocemos con el nombre informal de «feminazis» y que consiste más o menos en en proponer directamente la eliminación de la masculinidad por la vía directa de la castración -química o ideológica- y al feminismo ingenuo, un tipo de feminismo más sutil pero que comparte con el anterior la negación de lo biológico en la diferencia de los sexos y la idea de simplificar groseramente el problema del sexo al reducirlo a un problema de convención social. Creen estas ingenuas que reformando a los hombres, eliminado las diferencias entre los sexos, purificando los roles sexuales, reinará la armonía y la felicidad. y desaparecerán todas las lacras de la sexualidad: el abuso, la violencia de genero, la pederastia y otras lacras.

La ingenuidad es la misma que la de Rousseau, quien idealizaba la naturaleza, como si la sociedad no fuera una construcción artificial de los seres humanos para defenderse del poder de la misma. Poder expresado por fuerzas externas, tales como animales salvajes, virus mortales, accidentes geológicos, inclemencias del tiempo, o por fuerzas internas, como las descritas por Sade.

En la naturaleza la fuerza bruta es la ley, la supervivencia es la del más apto. En la sociedad, en cambio, hay protección para los débiles. La sociedad es una barrera, frágil pero barrera al fin, para detener la naturaleza.

Pero el hombre civilizado, demasiado acostumbrado a la protección, dice Camille Paglia, niega su dependencia de la naturaleza, al igual que las feministas que excedieron su objetivo, el de lograr una igualdad política de hombres y mujeres, para pasar a rechazar la contingencia, es decir, las limitaciones humanas por naturaleza o destino, suponiendo que no hay diferencias entre los sexos.

Cuenta Camille Plaglia que cuando hay una violación, efectivamente se la debe denunciar, (otra cosa es la visibilización mediática que es una estrategia estúpida y que consigue lo contrario de lo que busca) pero que en primer lugar no se debe jugar con fuego y hay que enseñar a las mujeres no solo a protegerse de una manera sensata (como hacen todas las mujeres sensatas) sino que es necesaria una mejor educación sentimental para que las mujeres conozcan mejor sus emociones y sepan como gestionarlas. »

«En mi época de estudiante (1963), declara, las estudiantes universitarias debían estar en sus dormitorios antes de las 11.00 P.M. Luchamos para combatir ese reglamento, queríamos que se nos deje decidir lo que haríamos con nuestras vidas, lo que incluía nuestra vida sexual. Luchamos para que las autoridades universitarias no se metieran en nuestras vidas, en nuestras relaciones personales. Queríamos correr con el riesgo de la decisión».

Hoy dice ocurre lo contrario. Con la bandera del feminismo reclaman que sus derechos no son respetados, que sufren acoso sexual, y solicitan la intervención de las autoridades cuando no saben cómo manejar sus relaciones. Y no se están refiriendo al acoso sexual de profesores, caso para el cual, de ser real, las autoridades universitarias deberían tomar medidas, sino del acoso en las citas entre los jóvenes, lo que demuestra bien las dificultades de las jóvenes universitarias para manejar su propia sexualidad. Agrega que estas jóvenes creen que pueden participar en una reunión de fraternidad, típicas de las universidades norteamericanas y antiguamente solo para hombres, emborracharse, ¿por qué no?, si lo hacen los hombres, y aceptar ser conducida por uno o más de uno de sus compañeros a las piezas de arriba, para luego denunciar que fue violada».

Las mujeres de clase media baja, gente que conoce la calle, sabrán bien de que hablo, están acostumbradas a pasear por entornos peligrosos y saben como defenderse, concretamente las mujeres de la limpieza de esos campus americanos tienen más recursos para defenderse que las propias estudiantes. El problema lo tienen en general mujeres blancas de clase media alta, acomodada, que tienen una imagen muy desvirtuada de la masculinidad. Cuando se topan con el mundo real, se quejan porque las cosas no son como esperaban.Sencillamente no han sido educadas para saber defenderse o detectar el peligro,  creen que son invulnerables, viven ajenas al mal, porque viven en un mundo democrático lleno de derechos y pocas obligaciones. Lo mismo les sucede a los ciclistas o los peatones de una ciudad con demasiados pasos cebra: creen que tienen todos los derechos y bajan la guardia. Y así, los atropellos de peatones en la ciudad correlacionan con los pasos cebra que existan.

En suma se sienten demasiado protegidas. Y la hiperprotección genera más vulnerabilidad. Y hay que recordar ahora que las acusaciones falsas de violación pueden matar.

Hay muchas opiniones sobre qué podemos hacer para disminuir las agresiones sexuales pero tengo la impresión de que se trata de una «wicked problem» es decir de un problema complejo que no admite soluciones simples y que como buen problema endemoniado parece empeorar con cada solución propuesta. La solución más sensata aparentemente es la pedagógica: enseñar desde la escuela a no abusar de nadie y mucho menos de los más débiles. Esta solución que curiosamente es la que funcionó durante décadas se encuentra hoy en franco retroceso por varias razones. la principal es la idea de la igualdad, los chicos en la escuela y movidos por esa idea de igualdad tienden a maltratar o acosar igual a las chicas que a los chicos más débiles y como al parecer esos abusadores de patio de colegio no desaparecen por más que lo deseemos, lo cierto es que cada vez los acosos son más frecuentes y más graves, sobre todo desde que han aparecido nuevas formas de acoso como las redes sociales.

Otra de las ideas interesantes puede verse en este video de Ted:

Lo que propone Jackson Katz para resolver las agresiones o abusos sexuales es superar el énfasis en la díada víctima/perpetrador y pasar a un enfoque donde los hombres tomen a cargo este problema que según él solo afecta a los hombres. Se trata de un asunto de hombres, dice.

Esta idea es calcada del programa Kiva que recientemente se ha implantado en las escuelas finlandesas con un -dicen- gran éxito. Se trata de convertir a los «espectadores inocentes» en agentes del cambio. Los niños que presencian abusos en la escuela no deben mirar hacia otro lado, sino que han de participar en desactivar estas agresiones. Pero el entorno de un aula no es el mismo de la vida real: siempre habrá agresiones sexuales (de hombre a mujer u a otro hombre) del mismo modo que siempre habrá mujeres que tratan de eludir su responsabilidad con denuncias falsas o que tratarán de beneficiarse de su posición de ventaja sea sexual o sea en el ámbito familiar.

La ventaja de este programa es que elude centrarse y enfocar el problema tanto en los abusones como en sus víctimas, traspasando el relevo a esa masa critica de personas que «miran y saben pero no ven». Es desde luego una buena idea pero en el caso -y ahora vuelvo al video de Katz- fiarlo todo al concurso o a la pedagogía de los hombres no me parece una buena idea. ¿Por qué los hombres?.

Y ahora recuerdo lo que son los microcréditos, esos pequeños prestamos que se les dan a las mujeres para que inicien algún tipo de pequeño negocio que les permita salir de la miseria. darles prestamos a los hombres no resolvería el problema de la miseria en ciertas zonas del mundo.

Por eso creo que la mejor estrategia para minimizar los abusos de los hombres sobre las mujeres es enseñar a las mujeres algunas cosas sobre el amor y sobre las diferentes expectativas que tienen los hombres y ellas mismas sobre el asunto y ahora vuelvo al libro de la Plaglia:

El amor no es libre ni low cost.-

«Así como la sociedad es una barrera contra la naturaleza, la cultura occidental desarrolló el concepto del amor como medio para enfrentar las fuerzas sexuales, un mecanismo de defensa que racionaliza las fuerzas irracionales e ingobernables. El amor dice, es como las religiones primitivas, un instrumento que permite controlar el miedo primario, tanto para el hombre como para la mujer. Pero no por ello lo desmerece. Felices son las épocas en las que el matrimonio y la religión son fuertes. Sistemas y orden nos protegen del sexo y la naturaleza dice Camille, pero desgraciadamente vivimos una época en que las fuerzas del sexo se han desatado sin control.

Aún diciendo que gran parte de la cultura occidental es una distorsión de la realidad, Camille opina que la realidad debe distorsionarse, es decir, debe ser mejorada imaginativamente. La actitud budista de consentimiento frente a la naturaleza, no es justa con el potencial del ser humano. La cultura machista occidental ha sido más beneficiosa para la mujer que la equivalencia entre los sexos en la simbología de la cultura oriental. La medicina y la industria occidentales -machistas ellas- han liberado a las mujeres. Las máquinas hacen el trabajo doméstico, el parto ya no es riesgo de vida, la píldora disipó el miedo al embarazo. Como consecuencia permitió el desarrollo de la mujer agresiva moderna, capaz de pensar como los hombres, enfrentarlos en su terreno y liberarse. Mujer agresiva dice Camille con humor, ìncapaz de escribir libros odiosos, aludiendo a los suyos.

El riesgo para las mujeres de apoderarse del espacio social creado por los hombres (según su opinión la filosofía, la ciencia, el arte, la política, el atletismo, etc., fueron creados por los hombres), es la limitación del erotismo, de la vida imaginada en el terreno sexual, el que puede superponerse con el terreno social pero que no son uno mismo,» (Extraido de este post).

Dicho de otro modo: el progreso de las mujeres se ha debido a los valores patrifocales avanzados y los fenómenos de agresión que estamos viendo hoy paradójicamente no se deben al patriarcado sino a su colapso.

la reserva espiritual del mundo está en manos de esas mujeres que han aprendido a no caer victimas de los hombres ni de otras mujeres, mujeres independientes que trabajando fuera del hogar o permaneciendo en él mientras crian a sus hijos son invulnerables como aquellas diosas griegas preolimpicas, Atenea (la hija del padre), Artemisa (la hermana gemela de Apolo) o Afrodita la deidad que escapó al orden olímpico y se mantienen como decían los griegos, vírgenes, ajenas a la manipulación de los hombres y de sus propias madres.

Son las mujeres del futuro, a ellas hemos de recurrir para proteger a las nuevas Heras, Persefones y Demeteres fascinadas por la igualdad, esas que creen que alguien las protegerá de su propia irresponsabilidad.

Las que viven de espaldas al mal.