La teoria del “frame”

encuadre

Podríamos traducir “frame” como “marco” o quizá mejor como “encuadre”. La teoría habla y estudia la percepción que tiene el público de los hechos sociales y sostiene que esta percepción está condicionada por el proceso de reconstrucción subjetiva de la realidad que llevan a cabo los medios de comunicación como intermediarios entre la realidad y la noticia. Desde este punto de vista cada información muestra un “frame”; es decir, un enfoque determinado de la realidad, producto de una manera de seleccionar los hechos, los personajes, las imágenes o las palabras en las que enfatiza la noticia.

O dicho de otra manera, tal y como decía Mc Luhan, “el medio es el mensaje”. Otra manera de entender este fenómeno de una forma empírica es esta verdad, “que hablen de nosotros aunque sea mal”. Que hablen es el “frame” y de lo que hablen es el contenido, poco importa.

Efectivamente, la publicidad se basa precisamente en eso: la repetición de un eslogan hasta la saciedad que socava nuestra capacidad de discriminación y nos impulsa a consumir aquello que se publicita. Pero la teoría del “frame” va más allá que esta verdad e implica no solo el mensaje que se pretende “vender” sino también su “marco”.

Observen esta imagen:

anorexia

En realidad procede de un desfile de moda y en los desfiles de moda lo que se pretende vender es ropa. Pero no cualquier tipo de ropa sino una ropa que encaje bien en este modelo de mujer esquelética que la porta. En este caso el “frame” es la escuálida muchacha que luce el modelito, en este caso ropa interior.

El lector notará enseguida que el marco elude el discurso de los contenidos, no importa la ropa que lleven estos modelos, lo que importa es su delgadez. Lo que el publico interpreta en estos desfiles es que hay que ser muy delgada para aparecer en ellos  y por tanto la belleza, el glamour o la elegancia están vinculadas a las tallas pequeñas.

La talla 36 es el sueño de toda mujer que se precie y lo que es peor: existe un verdadero fetichismo del número de talla, tanto es así que una mujer puede decidir no comprar algo si lleva la talla 38, el número, esa etiqueta se muestra como un “frame” oculto. Lo que importa es la talla, no tanto el vestido en sí.

“Que hablen de nosotros aunque sea mal” tiene consecuencias importantes de cara al marketing personal, pues la repetición de un mensaje lleva consigo un proceso de desensibilización que termina por colar cualquier mentira. Este es el proceso de transformación que cualquier periodista sabe que lleva colgando cualquier noticia. En la manera de contarla está la intención.

En la TV por ejemplo, quedan mejor los malvados que los personajes serios o rigurosos. En un supuesto debate entre Belen Esteban y Gustavo Bueno , ella ganaría a los puntos discutieran de lo que discutieran. La TV es muy mentirosa como todo el mundo que haya pisado un plató sabe por experiencia, pues la TV es en sí misma un “frame“. El mentiroso parece que tenga razón, el malvado o el rencoroso acapararán simpatías para su causa, el asesino en serie -proclamando su inocencia- lograra engatusar a cierto publico, lo que vemos en TV como deseable lo pretendemos para nosotros y lo indeseable a fuerza de repetirse consigue cansar nuestro buen juicio y nos lleva a la indiferencia.

Entrevistar a asesinos o terroristas es muy televisivo, como también lo seria un reality sobre autopsias en directo o presenciar un crimen o suicidios reales. De no ser por el “frame” cualquier periodista podría intentarlo quizá en alguna sociedad offshore mediática. Pero los contenidos no pueden separarse del contexto, no es lo mismo emitir pornografia a las dos de la mañana que en prime time. Por cierto hasta donde yo se, ninguna TV ni privada ni publica emite pornografía al menos en España. Pero los informativos están llenos de muertos, hay días que incluso me entretengo en contarlos.

Fotos de muertos y de niños muertos, reportajes sobre ahogados, gaseados, apaleados, bombardeados, decapitados, detenidos que salen con pena de telediario, manos en el cogote de algún policía.

Aqui nos hemos especializado en otro tipo de pornología. Me refiero a la pornografia política que envuelta en ese celofán que llamamos derecho de información o derecho de opinión recorre todos los rastros de la ignominia. Es por eso que la entrevista a Otegi ha levantado tanta polvareda, incluso antes de que Evole la emitiera. Y es por eso que algunas voces como la de Arcadi Espada se han levantado contra lo que el denomina, la mayor corrupción moral que ha existido en este país.

Aqui en este pais, España donde nos llevamos las manos a la cabeza cuando un alcalde de pueblo recalifica un terreno para llevarse una comisión, aquí digo le ofrecemos espacios largos en televisión a los peores enemigos de la democracia española. Aquí digo, está pasando. Nos preocupan más los papeles de Panamá que un terrorista llegue a lendakari.

Otros dos temas que están relacionados con la teoria del “frame” son el suicidio y los crímenes llamados machistas. ¿Están relacionados con la teoria del encuadre?

Es obvio que tanto el suicidio como los crímenes domésticos se plagian. Cualquier periodista medianamente sensato lo sabe. Sabe que los suicidios se contaminan y por eso hablamos de epidemias de suicidios y sabe que la excesiva publicitación de ciertos crímenes en TV y a la hora de comer dan ideas a aquellos de cómo resolver sus problemas emocionales. La noticia de un crimen es inseparable de su publicidad. Hablar de crímenes es invitar a consumirlos, como cualquier producto desechable, peor si el crimen lo comete una figura mediática.

Y es por eso que los periodistas no suelen hablar de suicidios. Ni los nombran. Se llama efecto Werther y hay quien está muy interesado en que el suicidio deje de ser un tabú, como si dejar de serlo fuera a disminuir los casos.

Luego salen los expertos especulando sobre las razones de la radicalización de los yihadistas en nuestras sociedades mediáticas.

Desconocen el efecto “frame”.

Y desconocen el efecto de la hiperrealidad que es un poco la misma idea:

Los diarios y los informativos televisivos son una fuente inagotable de hiperrealidad. Pero a veces la hiperrealidad no está en una noticia suelta sino en la agrupación de varias noticias simultáneas que aparentemente no tienen relación unas con otras. Pongo como ejemplo las siguientes y dejo al intrépido y sagaz lector que haga su composición de lugar y que encuentre entre ellas -si hubiere lugar- la conexión.

 

La hiperrealidad es pues el mismo concepto de la teoria del “frame”.

Una definición.-

Tal y como ha sido definida por la wikipedia la hiperrealidad es una “realidad que viene definida por intermediarios”, es decir no se trata de una experiencia perceptiva directa sino mediada por alguien, usualmente los medios de comunicación, las drogas o el arte. En este sentido postmoderno ya no hay simuladores porque ya no hay realidad sino un constructo pactado y decodificado por los operadores mediáticos. Significa que la realidad-real ha sido penetrada por la función simbólica, diluyendo la realidad fenoménica y convirtiéndola en un remedio de nuestra imaginación, una imaginación que ha sido hurtada a la mente individual y depositada en casa de aquellos que trafican con la realidad, por eso Baudrillard dice que la guerra del golfo nunca existió.

La entrevista a Otegi si existió pero no voy a colgarla aqui, pues eso seria inevitablemente publicidad.

 

2 comentarios en “La teoria del “frame”

  1. “por eso Baudrillard dice que la guerra del golfo nunca existió”.

    Pues sí. Para las masas (compuestas de individuo-masa) sólo existe lo que se publicita -lo que publicitan los ‘mass media’-, quienes a su vez obedecen a sus patrones. Así que: o dominamos o nos dominan; o la tercera vía: la escapista. Todo es, al fin, cosa de dinero, incluso la tercera vía. Lo dicho por Baudrillard me recuerda cierta anécdota kafkiana que viví en un país centroeuropeo, de los conquistados por el Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial, dos o tres años después de la caída del régimen comunista. Una década antes había visitado el museo de historia de la capital de aquel país y me había detenido en dos enormes salas en las que se exhibía la “historia” de la conquista de Centroeuropa por el “glorioso Ejército Rojo” (sic) con todo lujo de detalles y de material bélico de vencedores y vencidos (cuatro quintas partes, material de los primeros). Regresado al mismo museo diez años después, no encontré ni rastro de dichas salas. Pregunté a la directora por el paradero de todo aquello; sin inmutarse, y con una sonrisa en los labios, respondió: “En este museo nunca han existido esas salas de que me habla”. Hiperrealidad en su salsa.

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