Nosotros los incautos (II)

reactancia7

Si la idea es mía es buena, si es tuya la rechazo aunque sea tan buena como la mía

Los que leyeron este post sobre la estupidez ya saben a estas horas que infraestimamos la cantidad o fracción de estúpidos que hay a nuestro alrededor. Lo que probablemente no saben es que la cantidad de incautos es probablemente similar o incluso más elevada.

Es por eso que políticamente hablando lo peor que le puede pasar a un país, es una sinergia, entre estúpidos e incautos dándole el gobierno de una nación a los malvados. Porque -digámoslo claramente- no todos los votantes de Podemos son estúpidos o malvados. Yo podría dar evidencias -ahora que tanto se habla de ellas- de que la mayor parte de votantes de Podemos no son tan malvados como sus líderes y pertenecen a la legión de incautos en su mayoría. Pero hay algo que también conviene saber: la maldad queda muy bien en televisión, alli donde la bondad o la eficiencia es rechazada por pusilánime.

La mayoría de nosotros somos incautos y en realidad lo que nos gustaría es que los partidos políticos se pusieran de acuerdo y formaran un gobierno de coalición para sacar a España de su marasmo. Pero esto es una idea ingenua y lo es por lo siguiente:

¿Si los partidos llegaran a un consenso de investidura para “investir a un presidente”, por ejemplo Sanchez con sus alianzas con todos los partidos de “progreso”, creen ustedes que eso garantizaría un gobierno estable?

Suponemos que los políticos son leales, hasta ahí llega nuestra ingenuidad. Un político no puede ser leal en ningún caso que por eso es político. Salvo si le conviene.

La politica es el campo de juego donde se juegan rivalidades entre Egos mediocres.

Seria como pedirle al Barça y al Real madrid una coalición y que quedarán empatados en todos sus encuentros. ¿Quien iria al campo a ver un empate infinito?

Al dia siguiente emergerían las contradicciones y unos les estarían poniendo zancadillas  a sus compañeros de gobierno o coalición. Pues el político lo que quiere es salir en la tele, a más tele más votos, a más maldades y bravuconerias en la Sexta más votos. El político sabe que a la gente lo que le motiva es el discurso de “la cal viva”, no el “España va bien”. El personal lo que quiere es venganza no estabilidad. La estabilidad solo le importa a una pequeña fracción de ciudadanos ya retirados: los pensionistas.

Un gobierno de coalición tendría perdedores y vencedores, unos (los generosos) perderían votos y otros (los egoístas) los ganarían. ¿Pues qué escenario no le vendría mejor a Podemos sino quedarse solo en la oposición?

El PSOE tendría los días contados si entrara en un gobierno de coalición con el PP donde incluso C´s sobraría. Pero también es posible que el PSOE vaya a la baja con un líder que ha caído en esa trampa sibilina que le ha tendido el malvado Iglesias. Hacer ver que iban a pactar cuando lo único que quiere es arruinar el liderazgo de Sanchez.

La amenaza de nuevas elecciones no será del todo obstáculo porque quizá sea ya la única opción, la menos mala. El problema es qué sucede si vuelve a repetirse la misma correlación de fuerzas u otra muy parecida. ¿Cuantas veces pueden repetirse unas elecciones?

Y nosotros los incautos volveremos a picar el anzuelo y volveremos a las andadas, y a votar lo mismo que votamos en Diciembre, pues nosotros somos incautos en la mayoría. Algunos estúpidos decepcionados es posible que no vayan a votar (los estúpidos se decepcionan con rapidez) pero lo que auguro -si se repiten las elecciones- es un panorama muy parecido al que tenemos ahora. El teatro y la escenificación de nuevo: “yo quería pactar pero no pude por culpa tuya”.

Dicho de otra manera, nosotros los incautos debemos entender que la política no va de pactos sino de liquidación del adversario, pero no sólo la política, sino los medios, y toda la opinión publica se alimenta del hecho de aplaudir la disidencia, incluso la identidad personal está cosida a esa idea de que “lo que yo digo o hago es verdad o justo y lo que hacen los demás es falso o injusto”. No va de cesiones o entendimiento sino de rivalidad promiscua. Nuestro sistema de partidos es la opción ideal para que las ideas políticas no encuentren un guión parecido, a pesar de ser tan parecidas. La cooperación no hay que ir a buscarla en la política, ni en el fútbol ni siquiera en la ciencia. La cooperación es una posibilidad extrema, y “lo que yo gano es porque lo pierdes tú”, es la máxima que gobierna el mundo. Los juegos de suma cero precisan lealtades, conveniencias, complicidades y mucha sensatez y madurez.

Somos incautos porque no somos capaces de ver la trampa en la que nuestros prohombres nos han metido. Algo que viene muy bien explicado en la teoría de la reactancia.

Los humanos aprendemos bien pronto (durante el segundo año de vida) a  oponernos cuando sentimos que nuestra “libertad” está amenazada por alguien, usualmente por los padres.

Los psicólogos infantiles han rastreado esta tendencia oposicionista hasta la edad de los dos años, una edad que muchos padres llaman “los terribles dos”. Los niños de dos años parecen ser unos maestros en el arte de la resistencia a la presión externa, especialmente la de los padres. Diles una cosa, y harán la contraria. Dales un juguete y quieren otro, cógeles en brazos en contra de su voluntad y se retuercen hasta que les vuelves a dejar en el suelo, ponles en el suelo en contra de su voluntad y lucharán para que les lleves.

¿Por qué emerge la reactancia psicológica a los dos años? Quizás la respuesta tenga que ver con un cambio crucial que la mayoría de los niños sufren en este periodo. Es entonces cuando se reconocen a sí mismos como individuos, como seres separados. Este concepto de autonomía, en desarrollo, trae de forma natural el de libertad. Un ser independiente es un ser que realiza elecciones. Un niño con esta nueva comprensión de que es un ser independiente quiere explorar el alcance de sus opciones. La tendencia a luchar por sus libertades y en contra de las restricciones podría entenderse como una búsqueda de información. Buscando los límites de sus libertades los niños descubren en qué parte del mundo van a ser controlados y en qué parte de él ellos son los que pueden controlar. (Pablo Malo)

Los políticos saben bien cómo controlar a los demás y lo hacen a través de ideas estúpidas, consignas repetitivas planas y fáciles de creer y a través de la seducción: diciendo lo que saben que la gente quiere oír y necesariamente: identificando un enemigo externo que es por definición al culpable de que sus razones no sean atendidas. Este es el juego.

Va a tener razón el otro gran adalid de la estupidez, me refiero a Robert Musil para el que -a diferencia de Cipolla- la estupidez nos viene de serie, es algo fundacional en los seres humanos y no tenemos más remedio sino recorrer un ancho territorio vital para escapar de la ignominia ambiental, algo asi le sucedió al joven Torless, una de las novelas de juventud de Musil.

Una de aquellas peliculas de arte y ensayo que vimos en nuestra juventud, cuando aun creiamos que podriamos cambiar el mundo a través de lo que entonces llamabámos “concienciación”.

Hasta que caimos en la cuenta de que no eramos sino parte del problema y andamos engrosando el pabellón de los incautos.

Y no hay que olvidar que, estupidez y progreso son ideas asociadas:

«Si la estupidez no se asemejase perfectamente al progreso, al talento, a la esperanza, o al mejoramiento, nadie querría ser estúpido». (Musil).

2 comentarios en “Nosotros los incautos (II)

  1. No tengo claro que la cantidad de incautos -en lo que sería imposible estadística- sea superior a la de estúpidos. Pero sí que para saber y tratar sobre la incautela hay que haber sido antes (o incluso ahora) incauto; igual que para captar la genialidad hay que tener alguna dote de genio. ‘Incauto’ significa, en esencia, “imprudente” (viene de un in- privativo y del participio del verbo ‘caueo’, que significa ‘precaverse’, ‘prevenirse’, ‘tener cuidado con’. En las villas romanas se colgaba la inscripción ‘caue canem’, que no sólo quería decir que se tuviese cuidado con el perro sino que se previera lo que podría ocurrirle al intruso, si no fuese cauto, por parte de perro y dueños de la casa. Así que los que somos o hemos sido incautos, somos o hemos sido imprudentes (= no precavidos). Pero “estúpidos” e “incautos” -en una sociedad enferma- pertenecen al mismo saco, pues, como dice Musil, «si la estupidez no se asemejase perfectamente al progreso, al talento, a la esperanza, o al mejoramiento, nadie querría ser estúpido».

  2. He leído con mucho placer e interés el ensayo ‘Sobre la estupidez’ de Robert Musil. Muchas gracias por la generosidad de ofrecerlo. Si para Musil, con muy sabio humor, la estupidez nos viene seriada (tanto en su acepción más general como en la particular), para Erasmo -y no con menos humor, aunque creo que con más enjundia- todos estamos locos, lo que no es sino motivo de elogio. ¿Cómo sería un mundo sin estúpidos o sin locos? De hecho, no es concebible el ensayito de Musil sin haber leído antes el formidable, divertidísimo y sapientísimo ‘Moriae Encomion’.

    http://www.dim.uchile.cl/~lsaavedr/Elogio.pdf

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