El autoengaño

autoengaño

Hoy ha publicado «El Mundo» una entrevista con Jose Bretón, aquel que la justicia condenó por haber asesinado y quemado a sus dos hijos en Sevilla. La entrevista no viene sola sino acompañada por un editorial en la primera página del Mundo atribuible a su director actual – David Jimenez- y una columna complementaria de un psiquiatra forense que reivindica para Bretón algún tipo de enfermedad porque según él, matar a sus dos hijos es por sí misma la expresión de alguna enfermedad, acaso sin filiar, forzando así la conceptualización de «idea delirante» hata el paroxismo.

Lo primero que tengo que decir después de haber leído los argumentos de uno y del otro, es que ambos están equivocados. El primero de ellos por legitimar la entrevista misma en la presunción de que hablar del Mal, no lo justifica sino que simplemente lo explica, es obvio que David Jimenez no sabe qué es la teoría del «frame«. Me gustaría saber qué añade esta entrevista a nuestro conocimiento del Mal.

Después de haber leído la entrevista a mi personalmente no me ha aportado nada nuevo sino la reflexión acerca de «la negación» y de las formas en que los humanos nos las arreglamos para decir «no». ¿Existe algún criminal encarcelado y condenado que reconozca su crimen?

Pues esto es lo único que aporta la citada entrevista, la idea de que aun condenados los criminales no reconocen su crimen. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Cómo es posible que a un criminal al que le espera una larga condena no reconozca, ni se arrepienta del daño que cometió? ¿Para qué sirve seguir negándolo si la condena es firme?

Con respecto a las ideas que vierte mi compañero psiquiatra Jose Carlos Fuertes donde afirma que:

Bretón es un asesino y está en su sano juicio. Esto es lo obvio, la consecuencia inmediata de la lectura de las sentencias que condenaron a este hombre por la muerte de Ruth y José. No han faltado psiquiatras, psicólogos y algún advenedizo que ha llegado a analizar la «maldad» de este personaje como factor explicativo de su conducta. Otros han llegado al insulto, buscando congraciarse con el respetable, tan amigo de buscar respuestas sencillas ante problemas complejos, siento decir.
La pregunta clave sigue en el aire: ¿qué lleva a un hombre a asesinar de forma cruel a sus dos hijos? No hay respuesta única ni fácil. Porque el fuero interno de cada cual es un campo vedado, también para los psiquiatras. En segundo término, porque Bretón no reconoce nada, lo que habla también de su personalidad y de su equilibrio mental. Y en tercer lugar, porque tampoco hay ninguna razón para investigarla, más allá del análisis científico.
Ahora, la pregunta que me hago es si interesa que los psiquiatras investiguemos a Bretón. Ya no a él mismo, sino al propio sistema. En España, no descubro nada nuevo cuando señalo la cantidad de personas en prisión que son autoras de un delito pero afectadas por una severa enfermedad mental. Ahora, si ustedes me quieren decir que un padre normal puede acabar a sangre fría con sus hijos, no puedo compartirlo, y creo que ustedes tampoco.

Y concluye:

Hay en ella una desviación de la razón cuya explicación, que no justificación, estaría en que estamos ante una idea delirante, pero que el sujeto vive como real, que impregna la totalidad de su conducta por el componente emocional que tiene y que altera su libertad volitiva. Con los datos de que dispongo, sólo puedo lanzar la misma pregunta. ¿Estamos seguros de que Bretón no es un enfermo mental, o conviene que no lo sea? ¿Podríamos castigar de la misma manera a quien es inimputable? ¿Nos interesa llegar a comprender este crimen, o nos basta con castigarlo? Yo tengo mis respuestas, y ustedes, seguro, las suyas propias.

Dicho de una manera mas clara: la conducta de Bretón obedece a un trastorno psiquiátrico porque es incomprensible, luego todo lo incomprensible cae dentro de la categoría de la enfermedad mental.

Esta manera de pensar lo psíquico es muy común entre el publico en general y también en aquellos que creen que la enfermedad mental obedece a las mismas reglas que las enfermedades somáticas: la inmutabilidad. Hay muchos psiquiatras que aun creen o están atrapados en el paradigma kraepeliniano y que piensan así: «o estás loco o estás cuerdo».

Estos profesionales no saben aun que una cosa es la psicopatología: una disciplina que trata de escarbar en los mecanismos subyacentes a nuestro psiquísmo y otra cosa muy diferente es la enfermedad mental. Es algo muy fácil de entender, Bretón toca los barrotes de su celda con un kleenex, lo que obviamente es un síntoma obsesivo, tiene, al parecer otros síntomas de esta serie (la obsesiva) pero esto no tiene nada que ver con su crimen. Bretón cometió ese crimen por venganza. Punto.

Cualquier persona común puede ser objeto de investigación psicopatológíca sin ser un enfermo mental, se trata de dos disciplinas con «cierre categorial», lo que una estudia no puede generalizarse en la otra, la psiquiatría, la que agrupa las enfermedades propiamente dichas, aquellas que suelen presentarse con una cierta identidad sintomática, con un curso predecible y un pronóstico parecido.

Aquellos de ustedes que quieran profundizar en estos supuestos pueden visitar este post, aquí descubrirán mis ideas sobre este asunto. Cometer locuras no es lo mismo que estar loco. Las locuras pueden cometerse por muchas razones, las más corrientes de las cuales son las pasiones: el rencor, la venganza o el odio, emociones que pueden estudiarse con la fenomenología psicopatológíca pero que no conforman en sí mismas patología alguna.

Para mi el enigma no procede de la causa del crimen (que está claro) sino del mantenimiento de la negación.  ¿Por qué seguir con la negación de la evidencia?¿Por qué no ocupar el tiempo en el arrepentimiento o en la rehabilitación de estas tendencias antisociales?

Hay muchas razones para seguir con la negación de los hechos pero el lector no llegará a comprender nada si antes no comprende que es el engaño y al autoengaño y como ambas estrategias han llegado a formar parte del repertorio que usamos los humanos para nuestra autopromoción.

Trivers, el engaño y el autoengaño.-

Antropólogo y biólogo Trivers es seguramente uno de los nombres mas importantes de la neurociencia actual y la psicología evolutiva, sus estudios sobre el altruismo recíproco arrojaron luz para la comprensión evolutiva de una de las conductas mas incomprensibles de los organismos vivos a la luz del evolucionismo puro y duro: la ayuda mutua. Menos conocidos son sus estudios sobre el engaño y el autoengaño. Aquí hay un video sobre una entrevista que Punset le hizo a Trivers.

El engaño es una conducta que podemos encontrar en toda la escala animal y que sirve para obtener ventajas en la interacción con otros individuos usualmente de la misma especie pero tambien entre distintas especies y utiliza el amago de las verdaderas intenciones: no hay engaño sin ocultación, a este respecto ya escribí hace un tiempo un post sobre los engaños que ciertas especies efectuaban en relación con sus congéneres u otros a fin de resultar polinizadas o fecundadas, escapar de la rivalidad de los machos dominantes u obtener prebendas en la distribución de cargas.

La idea de Trivers es que el autoengaño evolucionó a partir del engaño: a fin de hacerlo más fiable en su propósito de engañar. Efectivamente los mentirosos con la repetición de sus mentiras corren el riesgo de ser descubiertos con lo que sus engaños resultarían cada vez mas ineficientes. Es por ello que la detección de mentirosos y la sofisticación de los engaños coevolucionaron.

Naturalmente la orquídea no sabe que está engañando al escarabajo pues carece de autoconciencia, ambos no han aprendido -en su escala- a discriminar los engaños de las verdades, simplemente hacen siempre lo mismo eón tras eón sin aportar nada nuevo, no hay conocimiento ni en la orquídea ni en el escarabajo, ambos se limitan generación tras generación a repetir el mismo engaño y la misma conducta engañada.

Pero los humanos gracias a la aparición del lenguaje hemos refinado mucho nuestros métodos de engaño, hasta tal punto que Guidano supone que no hay conciencia humana sin autoengaño, o dicho de otra forma, el autoengaño parece ser la prestación por defecto de nuestro cerebro: de lo que se trata es de construir un mundo que encaje con el modelo original, un modelo coherente o de alta relevancia en relación con el contexto, hacer encajar un mundo cambiante con el modelo previo que el cerebro ya ha construido. Nuestro cerebro no está pues destinado a encontrar la verdad sino a hacer congruente lo que se encuentra ahi afuera con el mapa que tiene de sí mismo adentro: el autoconcepto.

La mejor forma de mentir es que los demás no detecten nuestras mentiras- a través de esas pequeñas señales psicosomáticas que delatan una falsedad- y la mejor forma de hacerlo es llegar a creerse las propias mentiras. Esto es precisamente el autoengaño, una adaptación destinada a incorporar nuestras mentiras y hacerlas inconscientes o poco visibles a fin de aparentar ser fiables pues todo engaño está destinado a la autopromoción.

Para nosotros psiquiatras y psicólogos entender mejor estas formas sutiles o burdas de autoengaños son profundamente importantes en nuestro quehacer: prácticamente todas las patologías psiquiátricas o psicológicas están construidas con los materiales del autoengaño, la mentira, la falsificación o el disimulo. De entre ellas destaca una conocida desde la antiguedad aqunque poco frecuente: la pseudologia fantástica o mitomania a medio camino entre la histeria, la psicopatia y el delirio megalómano y que hoy ocupa un lugar destacado entre los trastornos facticios, es decir entre aquellos donde la intención de engañar o autoengañarse son tan evidentes que merecen por si mismos un capitulo aparte.

Si el autoengaño tuvo éxito como estrategia evolutiva fue por la razón de que ahorraba muchos esfuerzos al mentiroso: si alguien cree en sus propias mentiras no tiene que estar todo el tiempo vigilando las cosas que dice o hace a fin de no revelar sus falsedades. Sin embargo el autoengaño tiene un coste muy alto desde el punto de vista de la prueba de la realidad: el autoengañado ha de fragmentar el mundo en aquellas parcelas en las que se autoengaña y aquellas otras donde aplica el principio de realidad a rajatabla. Esta fragmentación del mundo tiene consecuencias mentales (la perdida del sentido de la realidad o la creación de irrealidades tal y como solemos ver en ciertos trastornos de personalidad) y somáticas, consecuencias psicosomáticas importantes aparecen al mantener constantemente esta división de múltiples estados o niveles de conciencia, es como si el individuo fuera un funambulista a gran altura: caerse es fácil y la enfermedad es su coste.

En realidad tanto las personas consideradas normales como los pacientes psiquiátricos nos autoengañamos pues el autoengaño forma parte del peaje evolutivo que pagamos por ser tan inteligentes y a fin de cuentas lo que un organismo vivo pretende es medrar y autopromoverse, lo que sucede es que unos lo hacen más que otros, todo el tiempo, de forma más intensa o abarcando campos cognitivos más amplios. La diferencia que existe entre un delirio (convicción máxima), la pseudología o la histeria de conversión (simulación máxima), la simple falsedad (inconsistencia, falsificación y superficialidad) y aquel que finge a sabiendas como puede ser el caso de un actor es a veces dificil de objetivar.

Ciertos investigadores están persuadidos de que el delirio es la forma más perturbada de autoengaño, pero aun no sabemos cual es la linea que la conciencia humana cruza para transformar un simple y a veces banal autoengaño en una enfermedad que perturba psicóticamente la prueba de la realidad.

En realidad la negación de Bretón también perturba el principio de realidad como cualquier negación y no se debe olvidar que la negación no es una estrategia cognitiva destinada a engañar sino a sacudirse de encima en la angustia y la culpa: se trata pues de un mecanismo de defensa, un autoengaño, no de una elaboración positiva y adaptada de lo que sucedió sino de la conversión de una memoria disociada y por tanto incompleta o falaz. La negación de un crimen es comprensible, no solo para obtener ventajas en una situación de privación de libertad sino también una manera de defenderse de la culpa y la ansiedad.

Es muy probable que Bretón ni recuerde cómo mató a sus hijos. Es lo más probable: matar a tus propios hijos -y aquí si le doy la razón a mi compañero- debe ser una experiencia atroz y mucho más después de haberse realizado. Mientras se lleva a cabo debe haber algun mecanismo protector (disociativo) anestésico que nos hace perpetrar el crimen de una forma más o menos planeada, pero cometer un crimen tan execrable debe ser una experiencia traumática para quien la lleva a cabo.

Existen al menos tres niveles explicativos: 1) el por qué, la causa del crimen, y es la venganza, 2) la perpetración del crimen en sí: el bajo nivel de mecanismos inhibitorios de la agresión y la nula empatía  y 3) la causa de la negación posterior: la culpa y su evidencia: la negación.

Pero ninguna de estas variables solas ni todas juntas componen una enfermedad (o trastorno mental) aunque si una psicopatología.

La teoria del «frame»

encuadre

Podríamos traducir «frame» como «marco» o quizá mejor como «encuadre». La teoría habla y estudia la percepción que tiene el público de los hechos sociales y sostiene que esta percepción está condicionada por el proceso de reconstrucción subjetiva de la realidad que llevan a cabo los medios de comunicación como intermediarios entre la realidad y la noticia. Desde este punto de vista cada información muestra un «frame»; es decir, un enfoque determinado de la realidad, producto de una manera de seleccionar los hechos, los personajes, las imágenes o las palabras en las que enfatiza la noticia.

O dicho de otra manera, tal y como decía Mc Luhan, «el medio es el mensaje». Otra manera de entender este fenómeno de una forma empírica es esta verdad, «que hablen de nosotros aunque sea mal». Que hablen es el «frame» y de lo que hablen es el contenido, poco importa.

Efectivamente, la publicidad se basa precisamente en eso: la repetición de un eslogan hasta la saciedad que socava nuestra capacidad de discriminación y nos impulsa a consumir aquello que se publicita. Pero la teoría del «frame» va más allá que esta verdad e implica no solo el mensaje que se pretende «vender» sino también su «marco».

Observen esta imagen:

anorexia

En realidad procede de un desfile de moda y en los desfiles de moda lo que se pretende vender es ropa. Pero no cualquier tipo de ropa sino una ropa que encaje bien en este modelo de mujer esquelética que la porta. En este caso el «frame» es la escuálida muchacha que luce el modelito, en este caso ropa interior.

El lector notará enseguida que el marco elude el discurso de los contenidos, no importa la ropa que lleven estos modelos, lo que importa es su delgadez. Lo que el publico interpreta en estos desfiles es que hay que ser muy delgada para aparecer en ellos  y por tanto la belleza, el glamour o la elegancia están vinculadas a las tallas pequeñas.

La talla 36 es el sueño de toda mujer que se precie y lo que es peor: existe un verdadero fetichismo del número de talla, tanto es así que una mujer puede decidir no comprar algo si lleva la talla 38, el número, esa etiqueta se muestra como un «frame» oculto. Lo que importa es la talla, no tanto el vestido en sí.

«Que hablen de nosotros aunque sea mal» tiene consecuencias importantes de cara al marketing personal, pues la repetición de un mensaje lleva consigo un proceso de desensibilización que termina por colar cualquier mentira. Este es el proceso de transformación que cualquier periodista sabe que lleva colgando cualquier noticia. En la manera de contarla está la intención.

En la TV por ejemplo, quedan mejor los malvados que los personajes serios o rigurosos. En un supuesto debate entre Belen Esteban y Gustavo Bueno , ella ganaría a los puntos discutieran de lo que discutieran. La TV es muy mentirosa como todo el mundo que haya pisado un plató sabe por experiencia, pues la TV es en sí misma un «frame«. El mentiroso parece que tenga razón, el malvado o el rencoroso acapararán simpatías para su causa, el asesino en serie -proclamando su inocencia- lograra engatusar a cierto publico, lo que vemos en TV como deseable lo pretendemos para nosotros y lo indeseable a fuerza de repetirse consigue cansar nuestro buen juicio y nos lleva a la indiferencia.

Entrevistar a asesinos o terroristas es muy televisivo, como también lo seria un reality sobre autopsias en directo o presenciar un crimen o suicidios reales. De no ser por el «frame» cualquier periodista podría intentarlo quizá en alguna sociedad offshore mediática. Pero los contenidos no pueden separarse del contexto, no es lo mismo emitir pornografia a las dos de la mañana que en prime time. Por cierto hasta donde yo se, ninguna TV ni privada ni publica emite pornografía al menos en España. Pero los informativos están llenos de muertos, hay días que incluso me entretengo en contarlos.

Fotos de muertos y de niños muertos, reportajes sobre ahogados, gaseados, apaleados, bombardeados, decapitados, detenidos que salen con pena de telediario, manos en el cogote de algún policía.

Aqui nos hemos especializado en otro tipo de pornología. Me refiero a la pornografia política que envuelta en ese celofán que llamamos derecho de información o derecho de opinión recorre todos los rastros de la ignominia. Es por eso que la entrevista a Otegi ha levantado tanta polvareda, incluso antes de que Evole la emitiera. Y es por eso que algunas voces como la de Arcadi Espada se han levantado contra lo que el denomina, la mayor corrupción moral que ha existido en este país.

Aqui en este pais, España donde nos llevamos las manos a la cabeza cuando un alcalde de pueblo recalifica un terreno para llevarse una comisión, aquí digo le ofrecemos espacios largos en televisión a los peores enemigos de la democracia española. Aquí digo, está pasando. Nos preocupan más los papeles de Panamá que un terrorista llegue a lendakari.

Otros dos temas que están relacionados con la teoria del «frame» son el suicidio y los crímenes llamados machistas. ¿Están relacionados con la teoria del encuadre?

Es obvio que tanto el suicidio como los crímenes domésticos se plagian. Cualquier periodista medianamente sensato lo sabe. Sabe que los suicidios se contaminan y por eso hablamos de epidemias de suicidios y sabe que la excesiva publicitación de ciertos crímenes en TV y a la hora de comer dan ideas a aquellos de cómo resolver sus problemas emocionales. La noticia de un crimen es inseparable de su publicidad. Hablar de crímenes es invitar a consumirlos, como cualquier producto desechable, peor si el crimen lo comete una figura mediática.

Y es por eso que los periodistas no suelen hablar de suicidios. Ni los nombran. Se llama efecto Werther y hay quien está muy interesado en que el suicidio deje de ser un tabú, como si dejar de serlo fuera a disminuir los casos.

Luego salen los expertos especulando sobre las razones de la radicalización de los yihadistas en nuestras sociedades mediáticas.

Desconocen el efecto «frame».

Y desconocen el efecto de la hiperrealidad que es un poco la misma idea:

Los diarios y los informativos televisivos son una fuente inagotable de hiperrealidad. Pero a veces la hiperrealidad no está en una noticia suelta sino en la agrupación de varias noticias simultáneas que aparentemente no tienen relación unas con otras. Pongo como ejemplo las siguientes y dejo al intrépido y sagaz lector que haga su composición de lugar y que encuentre entre ellas -si hubiere lugar- la conexión.

 

La hiperrealidad es pues el mismo concepto de la teoria del «frame».

Una definición.-

Tal y como ha sido definida por la wikipedia la hiperrealidad es una “realidad que viene definida por intermediarios”, es decir no se trata de una experiencia perceptiva directa sino mediada por alguien, usualmente los medios de comunicación, las drogas o el arte. En este sentido postmoderno ya no hay simuladores porque ya no hay realidad sino un constructo pactado y decodificado por los operadores mediáticos. Significa que la realidad-real ha sido penetrada por la función simbólica, diluyendo la realidad fenoménica y convirtiéndola en un remedio de nuestra imaginación, una imaginación que ha sido hurtada a la mente individual y depositada en casa de aquellos que trafican con la realidad, por eso Baudrillard dice que la guerra del golfo nunca existió.

La entrevista a Otegi si existió pero no voy a colgarla aqui, pues eso seria inevitablemente publicidad.

 

Nosotros los incautos (II)

reactancia7

Si la idea es mía es buena, si es tuya la rechazo aunque sea tan buena como la mía

Los que leyeron este post sobre la estupidez ya saben a estas horas que infraestimamos la cantidad o fracción de estúpidos que hay a nuestro alrededor. Lo que probablemente no saben es que la cantidad de incautos es probablemente similar o incluso más elevada.

Es por eso que políticamente hablando lo peor que le puede pasar a un país, es una sinergia, entre estúpidos e incautos dándole el gobierno de una nación a los malvados. Porque -digámoslo claramente- no todos los votantes de Podemos son estúpidos o malvados. Yo podría dar evidencias -ahora que tanto se habla de ellas- de que la mayor parte de votantes de Podemos no son tan malvados como sus líderes y pertenecen a la legión de incautos en su mayoría. Pero hay algo que también conviene saber: la maldad queda muy bien en televisión, alli donde la bondad o la eficiencia es rechazada por pusilánime.

La mayoría de nosotros somos incautos y en realidad lo que nos gustaría es que los partidos políticos se pusieran de acuerdo y formaran un gobierno de coalición para sacar a España de su marasmo. Pero esto es una idea ingenua y lo es por lo siguiente:

¿Si los partidos llegaran a un consenso de investidura para «investir a un presidente», por ejemplo Sanchez con sus alianzas con todos los partidos de «progreso», creen ustedes que eso garantizaría un gobierno estable?

Suponemos que los políticos son leales, hasta ahí llega nuestra ingenuidad. Un político no puede ser leal en ningún caso que por eso es político. Salvo si le conviene.

La politica es el campo de juego donde se juegan rivalidades entre Egos mediocres.

Seria como pedirle al Barça y al Real madrid una coalición y que quedarán empatados en todos sus encuentros. ¿Quien iria al campo a ver un empate infinito?

Al dia siguiente emergerían las contradicciones y unos les estarían poniendo zancadillas  a sus compañeros de gobierno o coalición. Pues el político lo que quiere es salir en la tele, a más tele más votos, a más maldades y bravuconerias en la Sexta más votos. El político sabe que a la gente lo que le motiva es el discurso de «la cal viva», no el «España va bien». El personal lo que quiere es venganza no estabilidad. La estabilidad solo le importa a una pequeña fracción de ciudadanos ya retirados: los pensionistas.

Un gobierno de coalición tendría perdedores y vencedores, unos (los generosos) perderían votos y otros (los egoístas) los ganarían. ¿Pues qué escenario no le vendría mejor a Podemos sino quedarse solo en la oposición?

El PSOE tendría los días contados si entrara en un gobierno de coalición con el PP donde incluso C´s sobraría. Pero también es posible que el PSOE vaya a la baja con un líder que ha caído en esa trampa sibilina que le ha tendido el malvado Iglesias. Hacer ver que iban a pactar cuando lo único que quiere es arruinar el liderazgo de Sanchez.

La amenaza de nuevas elecciones no será del todo obstáculo porque quizá sea ya la única opción, la menos mala. El problema es qué sucede si vuelve a repetirse la misma correlación de fuerzas u otra muy parecida. ¿Cuantas veces pueden repetirse unas elecciones?

Y nosotros los incautos volveremos a picar el anzuelo y volveremos a las andadas, y a votar lo mismo que votamos en Diciembre, pues nosotros somos incautos en la mayoría. Algunos estúpidos decepcionados es posible que no vayan a votar (los estúpidos se decepcionan con rapidez) pero lo que auguro -si se repiten las elecciones- es un panorama muy parecido al que tenemos ahora. El teatro y la escenificación de nuevo: «yo quería pactar pero no pude por culpa tuya».

Dicho de otra manera, nosotros los incautos debemos entender que la política no va de pactos sino de liquidación del adversario, pero no sólo la política, sino los medios, y toda la opinión publica se alimenta del hecho de aplaudir la disidencia, incluso la identidad personal está cosida a esa idea de que «lo que yo digo o hago es verdad o justo y lo que hacen los demás es falso o injusto». No va de cesiones o entendimiento sino de rivalidad promiscua. Nuestro sistema de partidos es la opción ideal para que las ideas políticas no encuentren un guión parecido, a pesar de ser tan parecidas. La cooperación no hay que ir a buscarla en la política, ni en el fútbol ni siquiera en la ciencia. La cooperación es una posibilidad extrema, y «lo que yo gano es porque lo pierdes tú», es la máxima que gobierna el mundo. Los juegos de suma cero precisan lealtades, conveniencias, complicidades y mucha sensatez y madurez.

Somos incautos porque no somos capaces de ver la trampa en la que nuestros prohombres nos han metido. Algo que viene muy bien explicado en la teoría de la reactancia.

Los humanos aprendemos bien pronto (durante el segundo año de vida) a  oponernos cuando sentimos que nuestra «libertad» está amenazada por alguien, usualmente por los padres.

Los psicólogos infantiles han rastreado esta tendencia oposicionista hasta la edad de los dos años, una edad que muchos padres llaman “los terribles dos”. Los niños de dos años parecen ser unos maestros en el arte de la resistencia a la presión externa, especialmente la de los padres. Diles una cosa, y harán la contraria. Dales un juguete y quieren otro, cógeles en brazos en contra de su voluntad y se retuercen hasta que les vuelves a dejar en el suelo, ponles en el suelo en contra de su voluntad y lucharán para que les lleves.

¿Por qué emerge la reactancia psicológica a los dos años? Quizás la respuesta tenga que ver con un cambio crucial que la mayoría de los niños sufren en este periodo. Es entonces cuando se reconocen a sí mismos como individuos, como seres separados. Este concepto de autonomía, en desarrollo, trae de forma natural el de libertad. Un ser independiente es un ser que realiza elecciones. Un niño con esta nueva comprensión de que es un ser independiente quiere explorar el alcance de sus opciones. La tendencia a luchar por sus libertades y en contra de las restricciones podría entenderse como una búsqueda de información. Buscando los límites de sus libertades los niños descubren en qué parte del mundo van a ser controlados y en qué parte de él ellos son los que pueden controlar. (Pablo Malo)

Los políticos saben bien cómo controlar a los demás y lo hacen a través de ideas estúpidas, consignas repetitivas planas y fáciles de creer y a través de la seducción: diciendo lo que saben que la gente quiere oír y necesariamente: identificando un enemigo externo que es por definición al culpable de que sus razones no sean atendidas. Este es el juego.

Va a tener razón el otro gran adalid de la estupidez, me refiero a Robert Musil para el que -a diferencia de Cipolla- la estupidez nos viene de serie, es algo fundacional en los seres humanos y no tenemos más remedio sino recorrer un ancho territorio vital para escapar de la ignominia ambiental, algo asi le sucedió al joven Torless, una de las novelas de juventud de Musil.

Una de aquellas peliculas de arte y ensayo que vimos en nuestra juventud, cuando aun creiamos que podriamos cambiar el mundo a través de lo que entonces llamabámos «concienciación».

Hasta que caimos en la cuenta de que no eramos sino parte del problema y andamos engrosando el pabellón de los incautos.

Y no hay que olvidar que, estupidez y progreso son ideas asociadas:

«Si la estupidez no se asemejase perfectamente al progreso, al talento, a la esperanza, o al mejoramiento, nadie querría ser estúpido». (Musil).

Dos teorias sobre la estupidez (I)

allegro ma non troppo

Carlo Maria Cipolla es un historiador economista que publicó un libro, o más bien un tratado que ha pasado ya a ser un clásico sobre la estupidez.

Se trata en cualquier caso de un libro escrito con sentido del humor y de carácter descriptivo. Aquí están las leyes de hierro de la estupidez humana según Cipolla.

Aunque la estupidez es un adjetivo cuya substantivación es «lo estúpido» por más que se trate de algo muy intuitivo se trata de una condición difícil de definir. Usualmente la estupidez solo puede observarse a través de otros estados mentales y de una forma indirecta, nadie lleva en su cara tatuada la leyenda «Soy un estúpido», por eso sólo podemos acceder a la estupidez de dos formas: a través de conductas estúpidas o bien a través de creencias estúpidas, no sólo falsas sino estúpidas.

Cipolla divide a las personas en cuatro clases, los estúpidos (3), los malvados (4), los inteligentes (1) y los incautos (2).

Y los define según dos direcciones y dos ejes, según qué busquen cada uno de ellos, su propio beneficio o los beneficios ajenos. Aquí en este gráfico podemos verlo mejor:

cipolla

Como vemos cada uno de ellos ocupa un cuadrante, así los estúpidos (3) son aquellos que buscan el perjuicio ajeno aun a costa de obtener un perjuicio propio, mientras que los malvados (4) buscan el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno. Ambos ocupan los cuadrantes inferiores. Los inteligentes (1) son aquellos que obtienen beneficios propios sin olvidar el beneficio ajeno y los incautos (2) los que se perjudican  a si mismos mientras benefician a los demás.

El lector podrá observar que «los malvados» son fáciles de detectar, se trata de los egoístas de toda la vida, los que intentan parasitar a los demás y no cooperan jamás salvo si pueden obtener algo a cambio. En las teorías de juegos sobre el «grooming» serían los egoístas o tramposos. Los incautos serian los «bonachones» descritos por Maynard Smith, es decir aquellos que despiojan a todo el mundo sin esperar que a cambio les despiojen. Y los inteligentes serian los «toma y daca» o «tit for tat«.

Sin embargo trazar equivalencias entre lo que sucede en los «juegos», es decir en las interacciones repetidas que se dan entre individuos vecinos donde el juego se juega más de una vez y la clasificación de Cipolla hay un abismo, puesto que para él, no hay interacciones entre los individuos, Cipolla está hablando de compartimentos estancos. Así el estúpido no es estúpido por la forma en que interactua con los demás, sino que es estúpido porque lo es. Como si existiera un gen de la estupidez que determina la conducta y las creencias de los estúpidos.

Lo cierto es que los estúpidos no son fáciles de clasificar siguiendo a las estrategias de interacción descritas en la teoría de juegos, todo pareciera indicar que el estúpido lo es la mayor parte del tiempo, lo mismo sucede con los malvados o los inteligentes. Todo pareciera ir en la dirección de que el calificativo «estúpido» es definitorio de la personalidad (la conducta) del mismo.

Y nada de eso parece funcionar así: una persona puede ser inteligente o al menos tener una inteligencia cercana a la media o aun superior y mantener convicciones estúpidas. Un ejemplo podría ser el estar en contra de las vacunas por considerarlas ineficaces, peligrosas o un negocio de Big Pharma. Una persona que mantenga esta idea estúpida puede ser inteligente, o aun más inteligente que la media de sus conciudadanos. Un estúpido solo es estúpido en algunas cuestiones pero no en otras. Un estúpido no es un ignorante y vale la pena recordarlo aunque puede ser un persona plana (sin luces ni sombras)

Todo parece indicar que infravaloramos la cantidad de estúpidos o la capacidad de llegar a inventar ideas estúpidas. Se trata de algo difícil de comprender sobre todo para los inteligentes (1). Es la razón por la que resulta más fácil detectar a un malvado que un estúpido, pues las razones del malvado -el beneficio propio- son fáciles de descubrir pero las razones del estúpido son difíciles de entender. ¿Para qué o por qué ir a favor del perjuicio ajeno si el resultado va a ser ir contra los intereses propios?

La psicología o el psicoanálisis podrían responder teóricamente a esta pregunta sobre todo desde que sabemos que la envidia puede excitarse de dos formas opuestas: superar a nuestro rival o vencerle o bien procurar su derrota o desgracia. Parece ser que nuestro sistema de recompensa puede activarse de las dos formas. Y la envidia podría ser la explicación motivacional del estúpido, pero se trata solo de una opinión que no compartiría Cipolla que cree que: la estimación de un valor numérico a esa fracción de estúpidos quedaría siempre en una subestimación.

Y que afecta a todas las razas y culturas, Cipolla advierte que el no cree en la estúpida idea de la igualdad sino más bien en dos clases de personas, las normales y los estúpidos y que estos últimos están bien representados en todas las capas de la sociedad, en todas las razas, sexos y en todos los continentes. Y además que: la estupidez es independiente de cualquier otra característica de la personalidad, es pues una condición autónoma.

Y además es independiente de la educación o la instrucción y está tan presente en la Universidad como en el mundo agrícola o industrial, en el trabajo y la familia, en las aulas y en los ministerios y sobre todo: en la política. 

La politica contiene el mayor numero de estúpidos por varias razones:

  • La politica se fundamenta en la ideologia y no cabe duda de que todas las ideologías políticas son estúpidas pues se basan en ideas falsas, sesgadas, exageradas e intolerantes con las ajenas, las ideologías no se viven como simples opiniones o preferencias sino como dogmas. Las ideas políticas no son ciencia y nunca se ha demostrado que una idea sea mejor que otra.
  • No existe un mejor lugar para trepar sin mérito alguno que un partido político. Los partidos políticos sienten horror ante los inteligentes, sus enemigos naturales y son a veces un buen refugio para los malvados (Rubalcaba, Iglesias) e incluso para los incautos como Zapatero o Sanchez pero es difícil encontrar entre ellos a personas inteligentes, esos que prosperan al tiempo que hacen prosperar a sus entornos.
  • Por tanto un partido político contendrá en en su cúspide a lo mejor de lo mejor en cuanto estupidez con ciertas gotas de maldad y de ingenuidad, se trata de un dilema darwiniano simple. Por otra parte los malvados como esos famosillos desvergonzados quedan mejor en televisión, el personal no los quiere demasiado en el gobierno y sus acólitos tampoco. Habrá que preguntar a Errejón a ver qué opina de su jefe.

Y es precisamente en la política donde podemos observar mejor a los cuatro cuadrantes en acción, siendo la sinergia más peligrosa, la conjunción o coalición entre estúpidos, incautos y malvados tal y como estamos observando en España. Una conjunción peligrosa porque pone al frente del gobierno al más estúpido de todos en el mejor de los casos, puesto que esta extraña alianza deja fuera cualquier conato de inteligencia y es por eso que la estupidez perdura. A través de políticas estúpidas.

Un ejemplo de políticas estúpidas es esa cantinela que oímos cada día en TV de líderes llamando a un gobierno de progreso. ¿Hay una idea más estúpida que «un gobierno de progreso»? En realidad un gobierno de progreso no puede existir pues no son los gobiernos sino las personas concretas las que hacen progresar a un país, son los inteligentes y en menor medida los incautos los que impulsan el progreso y siempre con ciertos limites puesto que el progreso es muy poco probable que exista en términos morales, otra cosa es la prosperidad económica que paradójicamente no puede venir de la mano de los que pretenden «gobiernos de progreso» que en cualquier caso lo que quieren decir es que para progresar hay que dejar al PP (que ha ganado las elecciones) fuera. ¿Hay una idea más estúpida que ésta?

Y por fin una definición o ley de oro según Cipolla:

Un estúpido es una persona que causa daños a una persona o grupo de personas sin obtener a cambio ningún beneficio para ella.

Naturalmente esta definición deja fuera a ciertas conductas estúpidas como apalear alcaldes (Bódalo), enseñar las tetas en una capilla (Maestre) , proclamar la Republica catalana (Forcadell), preparar la desconexión de España (Puigdemont), y otras tantas estupideces que podemos seguir a diario en los informativos y que son en cierta forma transversales: atañen no solo a la cosa publica sino también al crimen. ¿No han notado que los crímenes de hoy son mucho más estúpidos que esos que cuentan en la serie del Caso?

La razón por la que estas conductas estúpidas a veces parece que llevan rentas para quien las practica es precisamente porque ciertos incautos a veces se convierten en estúpidos y ciertos inteligentes a veces aparecen como malvados. En resumen que la categorización de Cipolla contiene intervalos técnicos, pues tanto unos como otros han de lidiar con el eterno problema de la socialización y hemos de vérnoslas con los otros. Es por eso que a veces la mejor estrategia es la de aparecer como estúpido para conseguir lo que uno busca, que no es otra cosa que lo mismo que los demás: prosperar, mandar, trabajar poco y hacerles pagar impuestos a los demás, claro.