Seres corpóreos e incorpóreos

Pienso luego existo

René Descartes

Se trata de una sentencia muy conocida y tambien su autor pero sin embargo son pocos los lectores que habrán sospechado que tras esta frase existe una avería del autoreconocimiento.

Efectivamente no hace falta pensar para saber que existimos. En realidad la existencia propia es un conocimiento inmediato, algo que es precognitivo, preconceptual y preverbal. Se trata de algo que se tiene o no se tiene, una especie de axioma con el que venimos equipados de serie y que no necesita demostración porque todos nosotros sabemos que existimos, que somos, estamos y que nuestra experiencia nos pertenece, aqui y ahora y que se escribe en primera persona.

Es por eso que la sentencia cartesiana a mi me huele un poco a obsesividad, una especie de mania hipereflexiva que procede sin duda de una averia primaria del autoreconocimiento. Probablemente Descartes era un obsesivo pero no es este el objeto de este post averiguar su personalidad sino más bien escudriñar como funciona este mecanismo del autoreconocimiento y qué tiene que ver con la conciencia humana.

Por eso escribí recientemente este post sobre la esquizofrenia, alli hablaba precisamente de la hipótesis de Stangellini un psiquiatra italiano que desde un punto de vista fenomenológico puso el dedo en la llaga al identificar esa averia del autoreconocimiento como fenómeno nuclear de la esquizofrenia.

Y no es de extrañar puesto que la primera emergencia de la conciencia humana fue seguramente esa conciencia de mismidad, esa especie de autoafecto esencial con la que nos relacionamos con nuestro cuerpo.

Una experiencia nuclear que inaugurará la experiencia humana tal y como la conocemos, una experiencia  fundacional, antes de ella no hay conciencia propiamente dicha sino sólo precursores, las mas conocidos de estas averías son los trastornos del espectro autista: niños que no han logrado “encarnarse” es decir romper la dualidad esencial con la que venimos al mundo. En cierto modo la esquizofrenia es tambien un trastorno autista que permite -sin embargo- al individuo ir más allá en su desarrollo. La esquizofrenia seria como un autismo diferido.


El abrazo de Salmacia y Hermafrodito

Estoy hablando de la interfase entre cuerpo y mente, es decir la manera en que la mente se relaciona con el cuerpo, en cómo la mente se abraza al cuerpo y se funde con él en ese momento determinado en que el niño siente que él es él y que sus experiencias externas o internas le pertenecen, no son algo que alguien puso allí sino que proceden de sí mismo, un gran hallazgo evolutivo -la emergencia de la conciencia- relacionado con la hominización y que se expandirá a partir de entonces, embrionaria aun, y que hará que se desplace y estire siguiendo el rastro de la especie.

Pero esta “fundición” entre cuerpo y mente merece un poco más de atención. ¿Se trata realmente de una fusión? ¿Qué sucede entre dos cuerpos cuando colisionan?

Thomas Reid fue un filósofo de la ilustración poco conocido si lo comparamos con Descartes o con su maestro David Hume y que sin embargo destaca por su modernidad: las propuestas que realizó desde su escuela “La escuela del sentido comun” tienen un enorme interés para la neurociencia actual.

Y en un post anterior me referí precisamente a esta prestación de nuestra conciencia que llamamos “sentido común” y a la que atribuí precisamente la capacidad de jerarquizar cogniciones y respuestas adaptativas.

A él debemos precisamente nuestra actual conceptualización sobre la senso-percepción. En sus propias palabras y siguiendo el ejemplo de la rosa:

Cuando huelo una rosa hay en esta operacion tanto sensación como percepción. El agradable olor que percibo considerado en sí mismo, sin relación con objeto externo alguno es la sensación.La percepción, en contraste siempre tiene un objeto externo y el objeto de mi percepción, en este caso es aquella cualidad de la rosa quu discierno con el sentido del olfato.

La sensación, en este sentido es aquello que experimentamos con nuestro cuerpo como un cambio o una transformación en él. Nos afecta directamente a nosotros y nos concierne de tal manera que no nos puede dejar indiferentes. En contraste, la percepción nos informa de lo que sucede ahi afuera y para conseguir distinguirla no sólo utilizamos información del momento sino tambien de nuestra memoria (Vicente Simón, 2005).

Se trata pues de dos sendas, dos canales de procesamiento distintos y que responden a estas dos preguntas:

¿Que me está sucediendo ahora y a mi?

¿Qué está sucediendo ahi afuera?

De la colisión de estas dos fuerzas emerge la conciencia, su primer estadio o núcleo sobre el que se desarrollará posteriormente todo niño.

Se trata de un hecho catastrófico porque las dos corrientes o canales de señalización deben sumarse para que de ellos aparezca algo nuevo: la conciencia de sí. Algo parecido a lo que sucede en el encuentro de distintos mares como sucede en el cabo de Hornos o en los estrechos bálticos del Kategat y Scategat, una colisión que puede ser elástica o plástica pero siempre caótica.

Los dos canales informativos y computacionales de la sensopercepción (que anotamos ahora como conjunto) son los que dan lugar a ese valioso fenomeno que es en realidad el origen de nuestro autoreconocimiento. Sabemos lo que es Yo y lo que no es Yo, lo saben nuestras células inmunes y lo sabe nuestra mente, de abajo arriba y de arriba abajo.

En la patología psiquiátrica -pero no sólo en ella- podemos encontrar defectos de esta colisión, de este big bang primordial: mente y cuerpo apareceren demasiado separados y los individuos o bien tienen dificutades para autoreconocer-se o bien presentan dificultades a la hora de codificar las intenciones del otro, conocer-le. Pero recordemos de momento que toda la patologia mental – en una concepción integral de jerarquias anidadas- posee un corazón, un centro descosido y fragmentado.

La importancia de esta diferenciación de dos canales de información y procesamiento es que en determinado momento de nuestra historia evolutiva emergió en la confluencia entre ambas corrientes algo que llamamos conciencia.

La modernidad de Reid aparece en todo su esplendor si tenemos en cuenta estos items que están perfectamente alineados con lo que hoy pensamos de la mente:

  • Que los pensamientos de los que soy consciente son pensamientos de mi mismo, mi mente, mi persona;
  • Que sucedieron esas cosas realmente y que las recuerdo indistintamente;
  • Que tenemos un cierto grado de protagonismo sobre nuestras acciones, y la determinación de nuestra voluntad;
  • Que hay una vida e inteligencia en los hombres con quienes conversamos;
  • Que hay un cierto debido respeto al testimonio humano sobre las materias , e incluso a la autoridad humana en materia de opinión;
  • Que, en los fenómenos de la naturaleza, lo que es, probablemente será como ha sido en circunstancias similares.

Como puede observarse el sentido comun del lector y del propio Reid nos lleva a una integración de las funciones que el propio Descartes ponia en duda: el sentido de ser autores de nuestra propia mente y que sus contenidos nos pertenecen, tanto si soñamos, pensamos, decidimos, sentimos, actuamos, planeamos, imaginamos o deliramos.

Reid integra en su “modelo de sentido comun” pasado y presente, la determinación (en cierto modo) y libre albedrío, la teoria de la mente y la suposición axiomática de que los otros tienen, a su vez, mentes como la mia, que existen autoridades humanas sobre las opiniones y que por tanto no todas las opiniones tienen el mismo valor y que lo fenoménico se repite inexorablemente dando lugar a una experiencia comun que llamamos consenso.

Hay pues una experiencia primaria que organiza y jerarquiza la experiencia, la primera muñeca rusa, el corazón de la cebolla que sirve de guía al crecimiento, la maduración o la expansión de la conciencia.

Magritte nos dibujó en este cuadro la experiencia de falta de cierre de la mismidad, una puerta sin marco o donde el mismo marco es la realidad, asi debe ser la conciencia esquizofrénica: una casa sin paredes o una puerta sin pared que franquear. Un espiritu sin encarnar, una dualidad radical.

Bibliografía citada:

Vicente. M. Simón

“Origenes y evolución de la conciencia” en:

La profecia de Darwin: del origen de la mente a la psicopatologia. Julio Sanjuan y Camilo Cela Conde (eds)

Ars medica. Barcelona 2005.

9 comentarios en “Seres corpóreos e incorpóreos

  1. «Aquella cualidad de la Rosa quo discerno» es una cualidad del objeto, UNA cualidad que éste posee ENTRE OTRAS POSIBLES . Para Lacan (hasta donde entiendo) asumir que ESA CUALIDAD ES LA ROSA sería algo que se registra, que sólo tiene sentido, a nivel de Lo Imaginario. ¿Estarías de acuerdo en que Lo Imaginario consiste en eso?

  2. Ciertamente parece que la gnosis existencial es previa a cualquier cosa, pero eso no tiene necesariamente qué implicar que el sentido de ser autores de nuestra propia mente y de que sus contenidos nos pertenezcan, al menos totalmente.

    Tanto si soñamos, pensamos, decidimos, sentimos, actuamos, planeamos, imaginamos o deliramos; no parece estar tan claro que sean totalmente nuestros.

    En primer lugar nunca podremos saber si estamos hablando de lo mismo pues no todos tenemos la misma percepción, como el cuadro de Magritte que no todos conseguimos ver en el post como seria deseable.

    En segundo, el hecho de que existen autoridades humanas (o arcónticas) sobre las opiniones y que por tanto no todas las opiniones tienen el mismo valor y que lo fenoménico se repite inexorablemente dando lugar a una experiencia común que llamamos consenso, debería hacernos dudar sobre si este consenso es realmente una experiencia común que nos pertenece a nosotros o es el consenso de obediencia debida a intereses que no tienen nada que ver con los que serian los nuestros, y al final terminamos por ver el cuadro aunque no lo veamos. Nos incomoda ser disidentes, como en el experimento del ascensor, actuamos en rebaño.

    En tercer lugar, tanto nuestra conciencia como nuestra intención viven siempre en el pasado, es decir primero existe el fenómeno, tanto si soñamos, pensamos, decidimos, sentimos, actuamos, planeamos, imaginamos o deliramos; primero ocurre y posteriormente tomamos conciencia de ello, tal como demostró Libet.

    En fin, quizás sea por esto que, a veces, nos preguntamos porqué nos aparecen pensamientos no pensados, porque nos descubrimos haciendo cosas no intencionadas y porque, la mayoría, hemos contemplado (o alucinado), en alguna ocasión, a nuestro cuerpo placidamente dormido sobre la cama. Parecería que nuestra interfase entre cuerpo y mente tiene extraños y misteriosos lapsus mas o menos preocupantes, se diría que todos somos esquizofrénicos en algún grado.

    Quizás sea el ambiente que influye en nuestros procesos electromagnéticos cerebrales como quedó demostrado con la estimulación electromagnética mediante “el casco de dios” y las curiosas correlaciones de los estudios sobre la influencia de los rayos cósmicos sobre los periodos convulsos de la humanidad, o quizás nuestra mente sea algo compuesto, como postulaba el místico Gurdjieff, y no totalmente nuestra según indican las experiencias hipnóticas del profesor Corrado Malanga.

    Quizás cada uno de nosotros no seamos duales sino polimentales y polimórficos, como las intermitentes partículas elementales dentro de la sopa cómica espacial.

    Quizás nuestro cuerpo no sea mas que un mero vehiculo de autoescuela con doble mando cuya conducción puede verse alterada por el instructor, quizás cada uno de nosotros no seamos mas que un aprendiz de conductor. Y quizás el vehiculo de autoescuela, nuestro cuerpo de doble mando, este dotado además, como los aviones, de piloto automático que puede ser hakeado desde el exterior de modo que un pirata puede tomar el mando mientras nosotros volamos encerrados en su interior.

    Evidentemente existimos y pensamos, ¿pero que somos y quien nos manda?

  3. Pues yo creo que tienes razón en algunas cosas que dices, vivimos en una especie de sindrome Solomon colectivo, o lo que e slo mismo vivimos de acuerdo a justes que vamos realizando para caber en el lecho de Procusto. Ahora bien ese deseo de encajar y de no distinguirse de la mayoria no siempre es como resultado de “alguien que nos manda” o de que existan autoridades humanas (o arcónticas) sobre las opiniones, sino que somos nosotros mismos los que sentimos esa disonancia entre lo que somos y lo que nos gustaria que los otros vieran en nosotros. En realidad sentimos pánico por distinguirnos de la mediocridad.
    http://elpais.com/elpais/2013/05/17/eps/1368793042_628150.html

  4. Pues creo que eso se aproxima más al concepto de qualia que al concepto de “imaginario” en Lacan. El eje de lo imaginario en Lacan se lleva a cabo entre el yo (sujeto a) y el otro (sujeto a´), un vinculo necesario para acceder al sujeto $ o Ello. Puedes verlo mejor en el esquema lambda.
    Lo imaginario necesita un otro.

  5. Quizás nuestro lecho de Procusto no sea otro que el sistema educativo, el mismo que nos inculca el pánico (los programas mentales) por distinguirnos de la mediocridad. Quizás no deseamos pasar nuevamente por otro lecho de Procusto, como son los otros sistemas coercitivos del estado frente a los transgresores (sean hombres libres o enfermos mentales), quizás sea por eso que tenemos el síndrome de Salomón.

    Ciertamente la disonancia puede ser entre lo que somos, o como nos vemos, y lo que nos gustaría que los otros vieran en nosotros (hedonista), dentro de las anteojeras del sistema; pero también podría ser debida a una toma de conciencia de la impotencia psicológica entre lo que ha quedado de nosotros después de pasar por el lecho de Procusto educativo, y lo que hubiésemos podido llegar a ser, si no nos hubiesen cortado las alas mentales (eudemonísta), mediante una especie de castración de la interfase entre cuerpo y mente.

    Quizás sea por eso que los niños menores de siete años, que aún no tienen plenamente condicionada o limitada la interfase entre el cuerpo y la mente, viven en un mundo distinto al nuestro. Eso difícilmente lo sabremos, aunque algo intuimos, algo nos falta.

  6. Sí, cuanto tiempo, Paco!! Sin embargo, tú sigues en el candelero… Y bien, pasaron unos días y tampoco ahora veo el cuadro de Magritte. Que tú lo veas no significa que el resto lo vea; tú eres el administrador y por ahí tienes ese privilegio.. En fin, aún sabiendo a que pintura te refieres, me queda la duda maldita..
    Un abrazote!

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