Culturas de la vergüenza, culturas de la culpa

MUJERES EN EL ISLAM FUNDAMENTALISTA

Recientemente ha estallado un escándalo en Roterham (Inglaterra) que ha conmocionado tanto a la pulcra sociedad inglesa como a todos los europeos. Al parecer una especie de mafia de ciudadanos de origen pakistaní y afganos se dedicaban a captar a niñas blancas y a prostituirlas a través de chicos-amantes que las introducian en el mundo de la prostitución con las armas ya conocidas de los regalos, las drogas y el dominio.

Al parecer más de doscientas niñas habian sido reclutadas por esta mafia pero lo más escandaloso de esta cuestión fue que se habian presentado numerosas denuncias a la policia de aquella ciudad sin que nadie tomara cartas en el asunto.

El tema es peliagudo porque lleva aparejadas muchas contradicciones que proceden del choque de culturas y otras como que la policia se inhibió precisamente para no ser acusados de racistas.

De manera que he ido a documentarme al blog de Peter Frost que es un antropólogo británico con mentalidad evolucionista que escribió hace poco un post sobre esta cuestión, analizando factores religiosos, étnicos, evolutivos y raciales.

La idea de Peter Frost es muy clara y si escribo este post es para difundir el grueso de estas ideas que no pueden liquidarse mediante el recurso de la exclusión social o la suposición de racismo en todos los miembros blancos de la comunidad británica, si bien el recurso al racismo o al Islam es esperable que emerja cuando se dan noticias de este tipo. Sin embargo, para Frost el racismo no explica la conducta de los agresores, si bien explica la inhibición de las autoridades inglesas.

Cuando un individuo inmigra de un pais a otro, no sólo cambia de lugar fisico para vivir sino que lleva un cultura detrás que tarde o temprano colisionará con la del hospedador. Y cuando hablo de “cultura” no me estoy refiriendo solo al registro etnográfico, a la religión o a las costumbres más o menos ancestrales como las culturas árabes y su concepto de los derechos de la mujer que es estrictamente opuesta a la europea sino también y sobre todo al manejo de las emociones y sobre todo a las inhibiciones.

En todas las culturas existen inhibiciones intrapsíquicas sobre las conductas desviadas. En nuestra cultura occidental existen dos mecanismos que operan en paralelo para evitar estas conductas, uno es la empatía (el temor a hacer daño) y otro es la culpa. Mediante estos mecanismos los individuos comunes permanecemos alejados de la “desviación” y por asi decir no hacemos daño a los otros. Sin embargo esta internalización de emociones no es algo universal. En otras culturas la emoción inhibidora mas frecuente es la vergüenza (mundo antiguo clásico y mundo ärabe), el honor (mundo medieval y nipón) o el control social de la comunidad o los chismes.

Según Frost los depredadores de Rotherham, árabes en su mayoría no consideran que las mujeres blancas sean respetables en sí mismas, no las ven como portadoras de derechos, sin embargo si consideran a sus mujeres como portadoras de tales derechos. Para aquellos depredadores, las chicas blancas eran como animales y pueden ser tratadas de este modo. Dicho de otra forma: las inhibiciones morales de estos depredadores solo les obligan entre los miembros de su propia comunidad.

Ellos podrian sentirse avergonzados e inhibidos en presencia de una mujer árabe, con velo, que no salen por la noche y no toman alcohol, sólo en presencia de este tipo de mujeres piadosas podrian sentirse inhibidos.

Lo interesante de estas ideas es que los miembros de ciertas comunidades no pueden cambiar ese “locus de control interno” desde la vergüenza hasta la culpa, pues se trata de un registro que no está contemplado entre los recursos emocionales de sus culturas. Pero si pueden llegar a prescindir del todo de sus propios recursos inhibitorios en una sociedad abierta y de sexo fácil (desvergonzada).

Curiosamente tambien pueden inducir culpa entre las niñas prostituidas y tambien culpa entre la policía y la opinión publica. De hecho este episodio que saltó a la prensa hacia finales de verano no ha tenido el eco que merecería entre los bienpensantes europeos. No he oido, ni leido ninguna critica de las feministas, ni de los partidos de izquierda ni de derechas, ni de ninguna institución progresista de esas que se llenan la boca defendiendo la igualdad o los derechos de los animales. Lo cierto es que el silencio alrededor de esta noticia, que es estremecedora, me ha sorprendido aunque la incluyo entre ese tipo de silencios que hablan por sí mismos: nosotros nos sentimos culpables cuando nos culpan porque nos sentimos poco solidarios con los emigrantes mientras que ellos los inmigrantes no son capaces de sentir culpa.

Nos tienen pues maniatados. Y nuestra cultura ha sido inmunosuprimida.

Carecemos de defensas. Una especie de SIDA social.

Pues la vergúenza tiene algunas limitaciones:

-No  puede controlar el comportamiento que no está atestiguada por nadie más que los propios delincuentes.

– No se puede controlar el comportamiento que está dirigido a una comunidad ajena.

– Debido a que la vergüenza está mediada socialmente, es menos eficaz en las sociedades occidentales modernas, donde por lo general interactúan individuos anónimos.

Dicho de otra manera: la vergüenza es etnocéntrica, necesita testigos y está diseñada para comunidades aisladas que no conviven con otras comunidades que se regulan de otro modo. La culpa y la empatía son individuales, subjetivas, egocéntricas y resultan más eficaces como medio de autocontrol que la vergüenza.

La vergüenza es desvergüenza cuando se pierden los controles sociales que la contextualizan.

Asi en el sur de Asia, ya sea hindú o musulmán India, Pakistán y Bangladesh, la vergüenza del agresor -ofrece a la mujer sin protección- seguridad de los avances sexuales no deseados una vez se aventura más allá de su propio barrio:

El peligro principal procede de hombres desconocidos. Estos extraños, como una categoría, se presume que son sexualmente abusivos y siempre listos para saltar. Algunos hombres jóvenes (y algunos no tan jóvenes) refuerzan esa idea en calles de la ciudad y en los autobuses a través de la práctica común conocida en la India Inglés como “eve-burlas.” En el anonimato de las calles, algunos hombres que surgirían con fiereza a la defensa de las mujeres de su familia propia, se dedican a importunar a las mujeres con, pellizcos u observaciones sexuales que nosotros describiaríamos como acoso. El criterio de “selección” es que no las conocen y que ellas no les conocen a ellos. Sin embargo, rara vez actúan de esa manera en su propio mohalla, barrio.

valla melilla

Demasiados hombres solos. ¿Dónde están las mujeres?

Para Frost, todos estos comportamientos tienen que ver con un fenómeno concreto: la falta de mujeres y la enorme cantidad de hombres solteros y deprivados sexualmente. Es muy posible que la precariedad en el mercado sexual esté relacionada con la poliginia y el hecho de que pocos hombres acaparen más de una pareja. Y es muy posible que los velos y el ocultamiento sexual de las mujeres islámicas tenga que ver con la suposición más o menos realistica de que los hombres son depredadores sexuales.

Al menos alli donde no les conocen.

4 comentarios en “Culturas de la vergüenza, culturas de la culpa

  1. “Para aquellos depredadores, las chicas blancas eran como animales y pueden ser tratadas de este modo”.

    Exactamente como animales. La palabra con la que designaban los Otomanos a los no musulmanes de los territorios balcánicos conquistados era ‘rayah’ (en turco moderno, ‘râya’), que puede traducirse por ‘ganado’, o si se quiere por ‘animales formando hato, rebaño, recua’, etc. Nada nuevo pues.

  2. Bueno, la tendencia a animalizar al enemigo no creo que proceda de esas culturas, sino que está en todas. Es mas facil matar a alguien si no le consideras humano. Para matar a alguien es mejor creer que es un inhumano.

  3. Aquí se las considera como animales, como algo inferior a ellos, de lo que se dispone a pleno antojo porque hay leyes que así lo sancionan. Comentaba que se usaba el término ‘rayah’, lo que es bastante significativo y concuerda con el entrecomillado que copié.

  4. El ‘rayah’ de los otomanos es similar al “goym” de los judíos, y comparable a “los que no están conmigo están contra mi” que propugnan las élites del excepcionalismo americano. Todo ello se basa en la creencia de ser una especie, tribu, o cultura elegida que es por ello superior a las otras.
    Es exactamente la misma creencia de superioridad que los humanos tenemos sobre el resto de las distintas entidades, esto es el antropocentrismo, solo que entre los distintos humanos.

    Si nosotros no sentimos culpa alguna por maltratar un animal, deberíamos considerar normal que otros, no sientan reparo alguno por maltratar humanos a los que consideran como animales.

    Tan solo la equiparación del valor intrínseco de cualquier cosa, sea viva o no; nos conduce a su sacralización y con ello a su respeto. Esto es lo que propone la ecología profunda, algunas filosofías orientales, y muchas cosmovisiones paganas.

    Ciertamente la vergüenza es etnocéntrica y por ende exocéntrica, como las religiones abrahámicas de las que proviene, mediante un celoso dios controlador que culpa, castiga, o perdona, desde un poder centralizado exterior.
    Por el contrario, la empatia extendida es egocéntrica, es decir endocéntrica como las filosofías o creencias gnósticas, místicas o paganas, donde la culpa y el perdón se busca en el poder interior intrínseco de cada uno como parte holística del todo.

    De este modo, cabe decir que la culpa de la depredación incontrolada, sea sexual, ecológica, económica, o de cualquier tipo; procede más bien de los orígenes de las creencias religioso-cosmológicas de cada cultura.

    En el caso del mundo occidental, hemos cedido nuestro poder holístico interior, a un controlador exterior, primero a la iglesia, como intermediaria del dios abrahamico, y posteriormente al estado, pese a no saber muy bien en virtud de que extraños intereses. Somos también una cultura de la vergüenza.

    Se diría que nuestro proceso de inmunosupresión tiene mucho que ver con la legislación vigente, y solo tendría remedio con una anarquía mundial utópica, en el buen sentido de la palabra anarquía, basado en la ancestral sacralización del poder de todo.

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