Estragos parentales

Hay en psiquiatría una larga tradición que habla -sin que nadie lo haya aceptado en público- del daño que las madres hacen a sus hijos. Se trata de daños graduales que están inscritos en la crianza o vienen de serie con ella a través de ciertos estilos interrelacionales. Asi se ha hablado de la “madre esquizofrenógena (Fromm Reichman)” de las “madres nevera” (Kanner), de las madres infantiles, de las perversiones del instinto maternal (Rosen) o de los inespecificos “estragos maternos”(Lacan).

Pero la verdad de estos daños es que han puesto el énfasis en las madres, quizá porque a la maternidad se le supone un origen arcangélico y/o se cree que la crianza materna es mucho más importante que la paterna. En realidad la maternidad no tiene nada de arcangélico y si mucho de rivalidad -de conflictos de intereses- con la progenie como el lector puede evidenciar leyendo este post. Pero la evidencia y los hechos señalan en la dirección de que los padres, ambos, pueden causar estragos en los hijos y no solamente las madres.

Y lo pueden hacer por lo siguiente:

1.- La relación de un padre con sus hijos es continua, intensa, nepotista y permanente.

2.- La relación de los padres con los hijos es asimétrica: la dependencia de los niños con los adultos les hace vulnerables a su influencia.

3.- Las ventanas plásticas de los aprendizajes se encuentran abiertas durante la niñez, de tal modo que las influencias recibidas son más intensas y sobre todo novedosas que aquellas que se reciben durante la edad adulta.

Si bien existe una mayor influencia materna en los hijos sobre todo en las crianzas tradicionales donde el padre delega los temas de crianza en la madre, la influencia parental puede llegar tanto del padre como de la madre.

Y lo pueden hacer de muchas formas, unas sutiles y otras groseras. No cabe duda de que el maltrato, la violencia doméstica o el abuso sexual son entornos indeseables para cualquier niño, o que la deprivación afectiva por sí misma (la falta de amor) es letal para nosotros los humanos, seres eminentemente sociales, pero existen toxicidades que no son exactamente deprivaciones sino a veces excesos. De entre estas toxicidades voy a referirme a una en concreto:

La toxicidad parental narcisista.-

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Como puede verse en este gráfico las necesidades de apego y las necesidades de autoafirmación son opuestas entre si. Los seres humanos estamos escindidos entre dos tipos de necesidades opuestas, de un lado nuestra necesidad de pertenencia, de filiación, de apego y de dependencia de donde surgen los vínculos que establecemos con nuestras firguras de referencia y de otro lado nuestra necesidad de ser únicos, diferentes, distintos al magma de lo mismo, de estas necesidades surge la identidad. La identidad es como el sistema inmunitario mental, un artefacto que nos permite distinguir los que es Yo de no-Yo. Los vinculos por el contrario nos permiten saber que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos, un mundo social.

No importa si la patología del carácter narcisista afecta al padre o a la madre. En realidad basta con un Narciso en la familia porque el otro está obligado a pivotar alrededor de él. Las parejas con ambos miembros narcisistas simplemente no funcionan y terminan en divorcio, del mismo modo es necesario recordar que un miembro de la pareja narcisista puede resultar tolerable para el otro miembro pero puede ser letal para los hijos. La crianza y la pareja son entornos bien distintos, y el daño va siempre de arriba-abajo. Del más fuerte al más débil, del más autónomo al más dependiente.

Imagínese a usted mismo a una edad de 5 0 6 años. Usted vuelve de la escuela y se dirije al progenitor narcisista, le habla de sus problemas en la escuela, le habla de sus sentimientos, usted se encuentra nervioso o excitado o triste por cualquier evento acecido allí. E imagine que su padre o madre, le da un Valium.

Naturalmente es un caso extremo pero si pongo este ejemplo es para ilustrar un tipo de interacción que ni contiene, ni valida.

No contiene el malestar, pues el malestar se extingue por sí solo con la escucha empática, algo al alcance de cualquier persona sana, pero muy alejado de un progenitor narcisista. Al padre o madre narcisista lo que le interesa es que sus hijos sean perfectos -pues les ve como una prolongación de sí mismo- y no como una persona autonóma e independiente que tienen sus propios sentimientos y problemas.

Validar un sentimiento es no sólo escucharlo empáticamente sino comprender y devolver al que lo expresa, algo positivo que sea compatible con el sentimiento de coherencia interna del niño. “Es normal que te sientas asi”, podria ser la devolución correcta de cualquier sufrimiento manifestado. Algo que está al alcance de cualquier padre comprensivo-validador. Naturalmente los narcisistas no validan a los demás sino que les desligitiman, como si el sentimiento expresado fuera una especie de tontería, algo sin valor ni importancia producto de algun tipo de defecto psicológico o pequeñez moral.

La identidad se construye a través de identificaciones diversas, los padres con el tiempo ceden su lugar a los amigos, conocidos y compañeros que pasan a ser las figuras más importantes de nuestra vida en la adolescencia. Los padres pierden interés y autoridad moral, los niños se emancipan, lo cual no significa que los padres pierdan capacidad de dañar o influir, pues las semillas del mal en cualquier caso ya están sembradas.

El padre narcisista puede sentir celos de los nuevos vínculos que los hijos establecen y montar escenas más o menos demostrativas de tales celos. Otras veces es la envidia la que puede emerger entre padre-hijo o madre-hija, algo que puede atravesar la infancia e instalarse como pauta rigida durante la adolescencia. El progenitor narcisista puede sentir envidia de la belleza de su hija, del talento de cualquiera de sus hijos o incluso del mundo en el que viven los jóvenes que no coincide con el mundo en el que los padres crecieron.

El progenitor narcisista a su vez irá construyendo cada vez más irrealidades a través de decepciones imaginarias en relación con sus hijos y verá peligrar su estatus con cada ganancia de independencia de los mismos. Emanciparse de un padre o madre así tienen sus riesgos puesto que toda identidad ha de construirse en armonia con los vinculos afectivos y los vinculos con los padres son permanentes y no pueden romperse del todo. El amor es el campo de sinergias donde confluyen (ver el grafico) todas esas necesidades humanas fundamentales y si el amor es imposible de ganar o preservar  entonces solo queda una solución:

La distancia.

Y naturalmente la distancia deja secuelas.

9 comentarios en “Estragos parentales

  1. El desamor genera “distancias”, que a la vez dejan secuelas; pero no sólo en el caso de los padres narcisistas, entendidos como tales en los argumentos expresados en el ‘post’. Genera distancias en muchos otros casos. Traer hijos al mundo es una responsabilidad, de la que no siempre se es consciente (por múltiples motivos: inmadurez por razones de edad, discapacidades, etc., etc.). La realidad tampoco se “ve” del mismo modo -entendiendo por ‘realidad’ la representación que cada cual se hace del mundo-, pongamos, a los veinticinco que a los sesenta años. ¡Qué decir de las circunstancias, azares y vicisitudes que inciden en toda familia (en lo padres), las cuales ‘condicionan’ de formas tan diversas el trato con y la educación de los hijos! Educar a los hijos nunca ha sido tarea fácil; pero educar en un ‘continuum’ tóxico -donde la familia es una circunferencia comprendida en anillos tóxicos concéntricos- es un imposible, por estar absolutamente imbricados la parte y el todo. La ley de la causa y el efecto no explica, por su simplicidad, el desamor entre padres e hijos. Dice el refrán que la esperanza es lo último que se pierde.., ¡mientras haya vida!. Pero no vale a quienes no tienen esperanza. Quienes niegan el valor de la esperanza, luchan por “su” vida, antesala de la no-vida, o sea, de la muerte. Nada hay de narcisismo en esa creencia; mucho, en cambio, de pulsión supervivencial. Luego está el “sacrificio” de los padres por sus hijos, etc.; la vida por ellos, etc. Pero ¿tiene algún sentido cuidar más la vida de un hijo que la propia vida?

  2. ¿Qué ocurre con Telémaco si Ulises regresa del “país de los misterios” y se encuentra a Penélope, que ha dejado de destejer la tela y ha sucumbido en brazos de uno de los pretendientes? Si pasado un tiempo la Penélope que ha traicionado a Ulises muere ¿cómo se llevarán Telémaco y Ulises? ¿En qué estado queda entonces el reino de Ítaca? ¿Lo explica Kohut en sus estudios?

  3. Si muerta Penélope y huido el pretendiente, Ulises entra de nuevo en lo que fue su reino y encuentra que se le ha levantado una estatua al pretendiente, ¿cuál es el sentimiento de Telémaco? ¿Cómo se ha sentido Telémaco, “tutelado” a la fuerza durante los largos años en que su madre ha vivido unida al pretendiente? ¿Cuánta ira contenida, si la padece, albega el pecho de Telémaco y cómo puede desfogarla? Aunque Homero y Kohut no lo declaran, otras fuentes menos autorizadas aseguran que Telémaco tenía una hermana -aunque no dan su nombre-, que vivió toda la historia, desde que Ulises partió al “país de los misterios” hasta su posterior regreso, muerte de Penélope, huida posterior del pretendiente y entrada de Ulises en su antiguo reino, donde ya no existe Penélope y tampoco hay ya pretendiente. ¿Qué siente Telémaco respecto a su hermana y ella respecto a éste? ¿Recibe la hija a Ulises con los brazos abiertos o lo rechaza abiertamente?

  4. No, claro que no, el solo usa la metáfora de Ulises como retorno al lugar de origen y donde todos estan en su sitio. Supongo que si Penelope hubiera aceptado a su pretendiente la vuelta a Itaca tendria otra lectura con gran cabreo de Telemaco y tambien de Ulises que volveria con Nausicaa. Al menos eso haría yo, y quizá me llevaria conmigo al niño.

  5. Cuando Ulises regresó al reino de Ítaca, Telémaco —”el que combate de lejos'”—tendría veintitantos años; hasta aquí en la ‘Odisea’. Pero si damos fe a continuaciones del mito, tal vez espúreas,Telémaco tendría unos treinta y tantos al morir su madre, huir el pretendiente y penetrar su padre Ulises en su antiguo reino. Posiblemente el cabreo de Telémaco fuese, a esas alturas, inconmensurable, acaso insondable.

  6. ¿Los “padres” delegan o son las “madres” las que cortan el bacalao en las familias “aparentemente” machistas? En occidente al menos, la mujer decide sobre la educación de sus hijos, su ideología y sus creencias más que el padre. A mí, el cuento de la madre víctima (la pobre idishe mame) no me lo cuenten. Ya estoy grandecito. y ya he visto dos matrimonios actuar por igual y a mis hijas repetir el mandato con sus maridos y novios. ¡Vamos!

  7. Pues no he hablado de mujeres victimizadas en ningún momento, creo que deberia usted volver a leer el post. Hablo de narcisismo parental y no importa quien sea el Narciso.

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