El camino sufí: la tariqa

derviches-danzantes

 

Se dice que el sufismo es la tradición mística común a todas las religiones del Mediterráneo (R. Graves). Aunque su progreso principal se desarrolló bajo el paraguas musulmán, existen autores e incluso santos cristianos o judíos que eran sufíes, verbigracia el mallorquin Ramón Lull o Maimónides. Asimismo existen pruebas de que Sta Teresa de Jesús y S. Juan de la Cruz eran, o al menos conocían el sufismo a fondo, concretándose el siglo XII como el siglo de oro del mismo y a Persia como “El dorado” de la época, donde vivieron y escribieron sus más ilustres representantes muchos de ellos españoles, como Ibn Al Arabi o Avicena. Otros, persas de origen como el conocido Rumi.

No es de extrañar que la disciplina mística tentara a nuestros intelectuales del siglo XVI, en un periodo agitado por la Contrareforma y fueran perseguidos por la Inquisición que siempre vio como sospechosas las actividades esotéricas de los sufies. No me refiero tan sólo a la religión católica: el destino de las ordenes sufíes dentro del Islam ha pasado a ser mero folklore de danzas y ordenes de derviches, devorados por un monstruo que se llama integrismo y que ha pasado a convertirse como la interpretación ortodoxa de la religión islámica. Idéntica suerte corrió entre los judíos, donde el sionismo ha terminado por expurgar cualquier práctica heterodoxa de su liturgia y de su camino espiritual.
Predicción que ya hiciera Freud en “El porvenir de una ilusión”, en que pronosticaba, ya en edad provecta y probablemente decepcionado de la supremacía de las religiones sobre las vías iniciáticas individuales. En este contexto la ciencia actual no sería sino otra religión, donde el individuo ha tenido que converger por la evidencia de sus logros, sustituyendo la certidumbre total que antaño le garantizaba la religión por una incertidumbre relativa que es la que la ciencia le proporciona, aunque permaneciendo en el anhelo de que la propia ciencia vencerá gran parte de sus actuales inseguridades a medida que el conocimiento científico progrese.

Decir esoterismo, es situarse en el polo opuesto de la concepción espiritual que defienden las religiones oficiales. La vía espiritual que representan todas y cada una de las vías místicas, aun ligadas a la religión de turno por amplios lazos geográficos y culturales, representa una vía rabiosamente individual, un camino, una regla, una tariqa que no puede sino realizarse a solas, a veces en parejas, en la convicción hermética de que Dios no comparecería nunca en el tumulto de una multitud.

Esta vía mística, espiritual y solitaria se opone a la vía exóterica de las religiones oficiales, donde el dogma, la persecución de la disidencia o la imposición obligada de preceptos que no pueden sino acatarse, terminan por decepcionar al hombre culto y sensible que se aparta cada vez más de ellas por no contener sino una cadena de órdenes más que discutibles y cuya espiritualidad profunda parece ser negada por sus sacerdotes al entenderla como una vía privada hacia la consecución de un bien espiritual, cuyas desviaciones son sentidas casi siempre como peligrosas para la supervivencia del dogma o de sus castas sacerdotales.

Efectivamente el esoterismo está considerado en la tradición sufí como un regalo, un don que Dios concede a sus amigos y que se opone a la verdad revelada a través de intermediarios. En la vía esotérica que se adquiere por intuición, la verdad alcanzada es una cosa entre el santo y Dios y que a nadie más concierne, pues:

Este conocimiento que Dios concede a sus amigos es desconocido incluso por los ángeles o ninguna de sus criaturas. De este modo todo exterior (o hecho externo) tienen un interior (o representación mental), todo interior tiene un secreto y todo secreto tiene una realidad. Es lo que Dios regala a sus amigos, un secreto a través de un secreto. (Adab al-Muluk, citado por Carl Ernst en Sufismo pag 83)

Este concepto paradójico del secreto al cual se llega a través del secreto es una constante en cualquier tradición de sabiduría y representa en mi opinión el trasvase jerárquico de conocimientos sin desvelar que propician un ascenso de nivel en el conocimiento alcanzado.

En este sentido la paradoja sería una forma de cataclismo psicológico destinado a saltar de nivel, un equivalente a una catástrofe de electrones en la teoría atómica.

En realidad cualquier tradición mística es una manera de contactar con Dios, mediante una regla especifica o espiritual, aunque el concepto de Dios es intercambiable e irrelevante: incluso aquellas religiones sin Dios como el budismo, tratan de contactar con una experiencia inefable que aporte un conocimiento superior. El sufismo que procede del Islam si cree en Dios, se trata de un Dios como principio o Todo que infiltra en su Divina providencia a las criaturas humanas, cuya función no es sino volver a ese Todo en las condiciones idóneas de perfección a alcanzar durante su existencia humana. Un Dios al que no se puede sino someter en su Divina omnisciencia o poder.

Aunque la virtud y la meditación son vías comunes a todas las tradiciones místicas, el sufismo supone un atajo especifico con respecto al resto de las vías. Su combinación de elementos sensoriales, sensuales y místicos crea un ambiente poético que podemos rastrear en los mejores poemas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz[1], poetas que echaron mano de las conocidas metáforas sufies relacionadas con el amor carnal, verdadero espejo de la experiencia mística que se pretenden lograr con la fusión con el Todo.

Para un sufí el celibato no es necesario, el monacato sólo una opción más. Existen distintas vías de entrada espiritual, como distintos caminos que llevan al mismo lugar, “el vino” – metáfora de lo sensual- que ni embriaga ni obnubila la conciencia, sino que la abre a un conocimiento superior, la danza con su continuo girar no es sino otra metáfora del continuo movimiento de las estrellas, la belleza de la mujer es la cuerda con que Dios se anuda a lo material.

Anoche Dios puso su mano en mi pecho,
Me sujetó con fuerza y prendió un aro en mi oreja.
Le dije: “ Amado mío, estoy llorando por tu amor”
El apretó sus labios contra los míos y silenció mi voz
(Ayn al Kudat)

Otra vez aparece la conocida cantinela del conocimiento superior, esta vez lograda no a través del aprendizaje paradójico, sino a través del amor carnal. Aunque como se puede observar no se trata tan sólo de una escena de amor conyugal, sino de una escena de amor místico donde el sujeto es intercambiable (¿quien habla, hombre o mujer?), similar a las descripciones teresianas o de S. Juan. El amor que aquí se nombra es en cualquier caso una forma distinta de amor, aunque se utilice una metáfora más que carnal para su explicitación. Se trata de una escena extática, escenas que tan a menudo nos encontraremos en la poesía sufí árabe y que consideran al arte poético como un vehículo de comunicación de experiencias noéticas.

El vinculo entre erotismo y éxtasis, aun mediante el sacrificio ascético del cuerpo no supone una contradicción, antes al contrario es su condición:
Erotismo que es indivisible del sacrificio del cuerpo y de la sumisión aceptada en nombre de una instancia supraindividual, conectada a través de la agonía y del éxtasis con el ser humano individual (F. Traver, Un estudio sobre el masoquismo).

Este catálogo de imágenes sufíes tiene como principal característica la de retirarse de cualquier intento de nombrar la deidad a la que se adora.
Poco importa el tipo de invocación o adoración elegida, tanto importa un ídolo pagano, como un hombre divino que se podía adorar en la intimidad sin necesidad de acudir al templo. Lo que importa para un sufí es la transmisión de la propia experiencia, más allá si está referida a Yahvé, Allah o a Vishnú. Lo que importa no es la precisión en términos religiosos sino demostrar la devoción. (Carl Ernst, Sufismo, pag 175)

Con todo, mi intención en este largo epígrafe no era dar una interpretación exhaustiva de la cosmogénesis o imagenería poética sufíes sino la de hablar de la vía iniciática sufí, porque me parece que tiene elementos comunes con todas las demás y porque a pesar de las religiones oficiales sigue perviviendo en cada uno de nosotros como una forma ciega de búsqueda. Mi propósito es pues arrojar alguna luz. Ya sabemos lo que es la iniciación y lo que la diferencia de la pedagogía convencional, la pregunta que hay que responder es ¿qué hay de común en todas las vías iniciáticas, y qué subsiste en nuestros rituales actuales de ellas? ¿Cómo pueden ayudar al hombre actual estas tecnologías?

Sin disciplina, no hay camino espiritual, ni hay cambio, ni hay propiamente experiencia espiritual. Cualquier tecnología por potente que sea que no se sustente en una convicción holista del hombre es una experiencia vacía y es, además, una experiencia con lastre. Cualquier psicoterapìa actual no tiene otro paradigma sino el cambio: movilizar al sujeto, removerlo desde dentro de sus propias convicciones para “obligarle a cambiar”, una obligación que halla su justificación en el rastro filogenético de la especie y que consiste en “ascender” de nivel jerárquico de organización psíquica y no sólo de adaptarse por defecto a sus condiciones de vida.

No se trata de obligarle a cambiar sus puntos de vista o sus convicciones más profundas, se trata de propiciar un cambio de nivel, de hacerle ascender en busca de su identidad profunda, de hacerle converger hacia la autoconciencia, si utilizamos la terminología de Jung. Pero no existe cambio sin sacrificio, ni dolor.

Cualquier transformación indolora es una falsa vía, se impone pues la vuelta atrás.

La transformación además puede ser explicada y aprendida, a través de cualquier tecnología y de cualquier vehículo a condición de que no se resuelva el misterio, Los sufíes utilizaban el cuento con este fin, un cuento como este:

Un hombre se encuentra a su amigo en la calle, parece haber perdido algo.
– ¿Que has perdido amigo?
– Las llaves de mi casa.
– Reconstruye la secuencia de tus actos, ¿qué camino has tomado para llegar aquí?
– Bajé de mi casa por la escalera, y heme aquí buscando las llaves
– Entonces es seguro que las perdiste en la escalera.
– Si, es casi seguro
– ¿Y por qué las buscas aquí en la calle?
– Porque aquí hay más luz.

El cuento es la forma preferida por la pedagogía sufí para obtener un conocimiento no lineal y no acumulativo, sino aquel que opera por descarte. Si observamos atentamente la idea que trata de transmitir Nasrudin nos encontraremos con el sello de la modernidad del pensamiento actual, donde de lo que se trata es que las personas aprendan a pensar la realidad de un modo no convencional, con una especie de lógica borrosa. Buscar las llaves aquí porque hay más luz, a pesar de saber que las llaves se perdieron en otro lugar no es una simple extravagancia para hacernos reír, sino que nos induce a pensar:

1) Que muchas veces la verdad no puede ser encontrada sino con el apoyo de la luz y que poco importa saber donde se encuentra si esta verdad permanece a oscuras.
2) La posibilidad de que la llave se mueva es tan remota como la posibilidad de encontrarla a oscuras, de modo que siempre será mejor solución la búsqueda con luz, que la búsqueda a ciegas.
3) Hay una tercera opción que Nasrudin no recoge y es esperar a que amanezca, no hacer nada, sino esperar, una opción que cualquier taoista hubiera elegido.

En mi opinión, no existe mejor parábola para expresar tanto la vía exotérica del precepto y la vía esotérica inicíatica que este cuento de Nasrudin: efectivamente las llaves no son sino la herramienta que abre y cierra la casa, de modo que su búsqueda es absolutamente necesaria para poder volver, pero buscarla a ciegas no es un buen método, sin embargo buscarlas en la luz de la calle, aunque igualmente ineficaz puede dar lugar a otros hallazgos que compensen la perdida de la misma. A veces una cosa lleva a otra y siempre en la dirección del destino.
Pero el discípulo, mientras tanto, habrá aprendido la lección fundamental: la verdad es invisible.

Obsérvese, pues, que el cuento es multidimensional, presenta tantas facetas y lecturas como los eventos más complejos de la conciencia humana, es por así decir rabiosamente sutil y complejo al mismo tiempo sencillo, práctico e impactante, quizá por su tendencia a ubicar al lector en un plano de conciencia superior al de la vida común o diaria, donde se plantean dilemas distintos, prácticos y conmensurables que a diferencia del enigma no enseñan nada.

En cualquier psicoterapia el terapeuta se encuentra a menudo con este tipo de dilemas, que o bien se encuentran en el encuadre de la terapia o bien los plantea el propio paciente en forma de paradojas comunicacionales o pragmáticas que de no conocerse echan por tierra la labor psicoterapéutica anterior.

Una terapia no pretende, no debe pretender nunca resolverlo todo. No se trata de darle al paciente demasiado masticada cualquier solución a cualquier problema que pueda plantear o inventar. En realidad la terapia que tiene éxito a largo plazo es aquella que consigue dejar una cierta atmósfera de resto irresuelto (Watzlawick). No sólo por la convicción de que no hemos de resultar demasiado protectores con nuestros pacientes, sino que efectivamente muchos problemas no tienen solución.

Muchos problemas no tienen solución desde dentro de la configuración que encuadra en problema. Epistemológicamente hablando, a veces es necesario “salir” de un determinado encuadre para encontrar la solución que se busca desde dentro. Esta prueba de la falseabilidad o veracidad de un determinado enredo, se cuenta entre las mas hermosas estrategias para encontrar soluciones y también para discriminar si una proposición lógica es veraz o falsa. Ejemplo practico de este tipo de enredos son los que acaecen en los divorcios: para divorciarse hay que estar casado, pero para divorciarse hay que ponerse de acuerdo, al menos en el propio divorcio. Sin embargo ponerse de acuerdo en una atmósfera de desacuerdo ea lógicamente imposible, por lo que los divorcios terminan siempre en pleitos judiciales que no logran acabar ni mediante la disolución del vinculo con el enredo que dio lugar al divorcio y que puede mantenerse activo de por vida. Por otra parte nadie puede divorciarse desde fuera del sistema del matrimonio, por lo que se impone una separación fáctica que haga de dique a la falta de opciones desde dentro del propio sistema. Así y todo frecuentemente se hace necesaria la comparecencia de una autoridad superior que acaba dejando a todos decepcionados.

La actitud del psicoanálisis que se conoce con el nombre de “escucha sin tiempo ni deseo” (Bion) me parece uno de los más bellos paradigmas que reproducen aquella actitud inicíatica de que la verdad es invisible y que sólo se consigue alcanzar, quizá, cuando la búsqueda ha cesado. En este sentido, aquellas personas cuya búsqueda esta demasiado apegada a lo material o a lo práctico siempre serán malos candidatos a una psicoterapia. Por el contrario, aquellas otras que buscan una ubicación en el mundo vinculada a valores éticos o estéticos o que realizan una búsqueda de una verdad supraindividual aunque no sea trascendente, siempre serán los mejores candidatos a una psicoterapia de inspiración psicoanalítica o de cualquier otra clase.

Por otra parte una de las características que constituyen la idoneidad para un proceso de cambio en una persona es que exista un predominio de la “narrativa” sobre lo psicosomático. Lo psicosomático (el lenguaje del cuerpo) siempre es algo que está más allá de la narrativa y por ser inefable se constituye en un misterio insondable e imposible de comunicar. Emparentado con la alexitimia (la incapacidad de leer emociones), lo psicosomático responde a un código secreto del cuerpo que alude de una forma enigmática a emociones muy primitivas y profundas que se establecieron, cuando aun el lenguaje no estaba lo suficientemente desarrollado como para que el individuo pudiera dar cuenta a través de él de sus estados internos. En este orden de argumentos lo psicosomático no expresa ni comunica nada, lo psicosomático se expresa a si mismo, con el orden de la poesía, la indistinción, la atemporalidad y la incongruencia. Aun utilizando el lenguaje del cuerpo, su mensaje es agramatical y no puede ser leído, más allá de un signo de alarma que las más de las veces terminará en una intervención medica, pero no conversacional.

Aunque cualquier psicoterapia se constituye en una forma de ayuda basada en la narrativa, no hay que suponer que es en la propia narrativa desde donde se articulan los procesos más intensos de ayuda, sino en otro nivel de eventos que se construyen a través de las expectativas de ayuda que proceden del universo infantil del paciente, de su demanda de amor y de sus necesidades de apoyo y guía. Aquí se establece uno de los conflictos más importantes que operan como malentendido cultural en cualquier forma de psicoterapia, aunque más patente en las de orientación psicodinámica.

El paciente no cambia a través de la comprensión, la empatía o la simpatía de su terapeuta. No cambia a través del consejo o del insight alcanzado, cambia a través del dolor y de su contención, a través de alguien que lo transforma y sobre todo a través de su incapacidad para construir una respuesta lineal a sus dificultades reales. Cambia al ser obligado a través del silencio y la frustración a permutar su expectativa omnipotente de ayuda por un ascenso en el nivel de complejidad desde donde tejer nuevas preguntas.

Cuando se dispone de una herramienta de cambio, es absurdo buscar otra tecnología en otro lugar para iniciar ese cambio, es inútil y redundante. Por eso se impone la modificación de la perspectiva. Curarse no es perdonar o hacerse perdonar, ni huir, o quedarse. Curarse es obtener un estado mental que permita ir más allá en la obtención de gratificaciones mentales, más allá de la vanidad o el lujo, la búsqueda de bienes materiales o la tranquilidad de conciencia.

Esa forma de cura, tan limitada a la virtud religiosa y que forma parte de nuestra tradición cristiana, fue en gran medida difundida y defendida por el psicoanálisis como un objetivo a alcanzar. En este sentido, al menos religión y psicoanálisis compartieron una meta normativa que hasta sólo hace muy poco tiempo ha sido entrevista no sólo por los propios terapeutas, sino también por el propio publico.

El camino sufi, me parece tan bueno como cualquier técnica psicoterapeutica y prodriamos resumirlo así:
· Práctica de la virtud
· Búsqueda de un maestro
· Obediencia a las reglas del maestro aún no comprendiendo
· Respeto por las tradiciones exotéricas y practica de la religión oficial
· Sometimiento a Dios
· Superación del pensamiento dual, a través de conversaciones guiadas
· Practica del arte, la filosofía o la medicina
· Orientación altruista.

En definitiva el camino sufí, la tariqa, es un método más de persecución del si-mismo en el sentido más jungiano de esta palabra, el único camino para la superación de los estados internos vinculados con el malestar, en la convicción mítica de que regresar es también una forma de llegar.

4 comentarios en “El camino sufí: la tariqa

  1. Paco, me gustaría hacer una matización a la frase de R. Graves que principia el post, la del sufismo como tradición mística.

    Esta matización me parece importante y necesaria porque dicha frase contiene un equívoco, un confusión de ámbitos, pues el decir que el sufismo es una tradición mística promueve que siga perpetuándose la vieja confusión entre el esoterismo y el exoterismo, pues el sufismo, como el hinduísmo, el taoísmo y el judaísmo con su Khabaláh, y aunque lo veamos repetidamente escrito por ahí, no son vías que estén emparentadas con la mística, al contrario, son vías iniciáticas, vías de conocimiento, de gnose, y como tal pertenecen al esoterismo, mientras que la vía mística que es propiamente occidental y cristiana no pertenece más que al dominio exotérico de esta tradición religiosa, que también tiene su gnose, sus misterios.

    Un sufí o un yogui nunca será un místico en el sentido occidental que tiene tal término pues tales doctrinas son en su esencia ontología, metafísica y cosmogonía … pero nunca místicismo. Y aunque la palabra mística tiene relación con los “misterios”, el estoterismo apunta más al centro, a los llamados “misterios mayores” que a las “nebulosas misteriosas”, los llamados “misterios menores” que transita el misticismo; el nivel transcendente se desarrolla siempre a un nivel ontológico, metáfisico y cosmogónico … Por ejemplo, nuestra Santa Teresa de Ávila, ¿accedió a estos misterios del Ser …?. De la lectura de su “Libro de la vida”, me pareció que ella andaba inmersa y arrobada en lo que en la India se conoce como bhakti yoga o unión por la devoción.

    Esta confusión del misticismo con el esoterismo arranca ya con los primeros orientalistas que obviamente al ser occidentales en su labor de traducción e interpretación, en su intento de trasladar puntos de vista tan desconocidos y ajenos como eran las doctrinas orientales, tomaron mano de los conceptos y figuras de “su mundo”y aplicaron estos puntos de vista, estrictamente occidentales, a las figuras y elementos contenidos en las doctrinas orientales.

    Lo que resultó fue un mejunje y superposición de elementos y de vías bastante equívoca, conceptuando como místicos todos los tejidos doctrinales que caían bajo su lupa cuando en realidad son verdaderos cuerpos iniciáticos, de iniciación al conocimiento.

    Por otra parte, era fácil caer en tal confusión debido a que en Occidente apenas hemos tenido una difusión del esoterismo cristiano como tal, pues el imperio de la razón comenzó precisamente aquí, en Occidente, y para cuando lo oriental comenzó a interesarnos los vestigios que podían quedar en Occidente de una doctrina iniciática ya se habían replegado al “estado durmiente”. Cuando la razón y el materialismo se priorizan, lo espiritual duerme …

    En Occidente desde el Renacimiento, lo espiritual se tomó como lo religioso, y los pocos rastros del esotérico cristiano fueron borrados y/o devorados por lo exotérico, por la forma externa de la doctrina, y así la pompa ceremonial se comió el jabón, y hasta aquí hemos llegado … a un punto en que la Iglesia Apostólica y Romana ni comprende, ni intuye y muchos menos alcanza a saber lo que predica.

    Es así como en el Occidente hemos quedado bastante pobres y desnudos de referencias metafísicas, con liturgias mecánicas llenas de palabras huecas y vacías resonando a lo largo de la nave del templo, y por ello no es de extrañar ese mirar del hombre de Occidente hacia Oriente ya en el s. XIX buscando su andamiaje, su metafísica, pues es cierto que no sólo de pan vive el hombre … pues el hombre es realmente un ser multidimensional.

    En Oriente nunca hubo una iglesia tal y como la concebimos en occidente, toda su doctrina y sus ritos son puro esoterismo. Lo que nosotros vemos como ceremonias con sus brahmames, sus cánticos, sus ofrendas, sus bailes, su recua de dioses y diosas (no son politeistas sino que adoran las distintas y múltiples cualidades y atributos del Único) … Pues .. decía que todo esto no son ceremonias, son ritos, pues toda cultura tradicional como la hindú era una cultura esencialmente ritual, pero nosotros confundimos el rito con la ceremonia y no son lo mismo, el rito contiene lo esotérico, la fijación de un conocimiento metafísico y la ceremonia es el ceremoniar, externalizar … Ahora no quiero extenderme en esto pero hay una distinción fundamental entre rito y ceremonia, sólo apuntar a modo de ejemplo que los bramhanes aparte de oficiantes de ritos eran también arquitectos y médicos, pues estas artes estaban comprendidas dentro del llamado “arte real” y como tal asignado a los brahmanes y no constituían oficios como los entendemos hoy, el arte real era el sacro oficio, el hacer sagrado … Y tampoco eran sacerdotes en el sentido cristiano, como iniciados a la gnose, despejaban los símbolos de sus cortezas, y en esta línea de “arte real” es como puede verse (y entenderse) aquello de “no entre aquí quien no sepa geometría” … 🙂

    Volviendo de nuevo al tema de la confusión entre dominios es importante recalcar que el misticismo es una vía pasiva, de “arrobamiento”, de embeleso, de fervor interior que conduce al extásis, Y con esto no se está en ningún modo quitando valor al misticismo, sino unicamente de indicar el lugar o domino al que pertenece. Por otra parte, se dice que ambas vías son incompatibles, de una incompatibilidad de hecho más bien que de principio, en el sentido de que es imposible que alguien siga a la vez la una y la otra, si bien llegado un punto la vía iniciática puede conllevar elementos místicos, tal es el caso de Ramakhrisna que después de haber estudiado todas las escrituras tradicionales incluso la cristiana, llegó el momento de soltar lastre y lo teórico dejó de ser una iniciación virtual para pasar a ser una realización plenamente efectiva, operativa, produciéndose en él ciertos estados extáticos pero teniendo siempre presente que no eran estados buscados, pues el yogui no busca “los fenómenos” ni complacerse en ellos…

    Es cierto que entre estas dos vías y a primera vista parece existir un elemento común y que bien pudiera ser el que ha dado lugar a la confusión: la vía mística comparte con la iniciática un aspecto que parece en principio asemejarlas, que es lo que se viene designando como “ascetismo”, y si bien es cierto que hay ascetismo en el misticismo y que este ascetismo implica un cierto método áctivo, hay que decir que son meras apariencias, pues la vía mística se caracteriza por la total ausencia de método, por su «pasividad», “por su dejarse llevar”, por un “no saber exactamente dónde se va” … y de ir acompañada de una serie de prácticas dirigidas meramente a rebasar ciertos límites corporales, cuando esto lo que provoca es paradojicamente la infatuación del yo, es decir, se recarga aquello que se quiere despojar …

    Por cosas como ésta es que se dice que el misticismo es «pasivo» porque el individuo se limita a recibir lo que se presenta ante él, tal … y como se presenta, sin que él mismo cuente en eso para nada, sin ser agente activo de nada; y es aquí en donde se señala que reside el peligro principal de esta vía, por el hecho de que en su pasividad está «abierta» así a todas las influencias, de cualquier orden que sean … al no contar con la espada que otorga el conocimiento y que ayuda al discernimiento, esa espada que otorga la gnose y muy necesaria para recorrer la maya de dios. los distintos bardos que tan bien relata el Bardo Thodol… En general y salvo raras excepciones (que las hay en la llamada mística cristiana) … el místico no tiene preparación doctrinal.

    En el caso de la vía iniciática, es todo al contrario, es al individuo a quien pertenece la iniciativa de entrar a la vía de la «realización» primero virtual y teórica (teórica significa literalmente contemplar) y finalmente efectiva, operativa … Y es ésta una vía de búsqueda activa, que se perseguirá metódicamente, bajo un control riguroso e incesante a la luz del conocimiento, un conocimiento que conlleva o que trae devoción, amor, ya que sólo se puede amar aquello que se conoce … y que como vía comprende los misterios menores y mayores que llevarán al individuo a rebasar las posibilidades mismas del ser individual, pues la realización efectiva de todas las posibilidades individuales y supraindividuales, las que van más allá de la forma, conduce a la Liberación … En este sentido es como se afirma que el conocimiento otorga libertad, libertad sobre el influjo de Maya, pues como también dijo Aquel “la verdad os hará libres “… mientras que la mística al estar circunscrita al ámbito de los misterios menores sólo conduce a la salvación, que es toda una piedra, un tesoro, pero no el Tesoro de los tesoros, la piedra filosofal, dado que la mística sólo afecta a un ámbito de manifestación … La piedra rechazada por los constructores se revelará como la piedra angular (primarii lapidis). 🙂

    Cada vía, cada sendero existe porque lo diferenciado es múltiple. Ramakhrisna ya decía a finales del S.XIX que el mejor camino dentro del kali-yuga en el que nos encontramos ya desde lo que se denomina etapa atlante …era el camino de la devoción, pues los textos doctrinales se encontraban ya muy contaminados y distorsionados, de ahí que la religión con su operar devoto se presentara como la mejor vía y opción de “re-ligare” para todos aquellos que no sentían la llamada de la búsqueda, del conocimiento y podían así estar en conexión con lo transcendente.

    De esta diversidad de formas de ser, de estar en el mundo, de cualidades y de carácteres, los maestros Zen ya eran conscientes y así hablaban de la inutilidad de la meditación para los neuróticos. Para ellos, tendentes a estar demasiado en la azotea, como también para los seres expansivos (pasionales, enérgicos) tendentes a sumergirse de más en lo terrenal y tornase “el hacer”, la acción demasiado excesiva, se les aplicaban disciplinas que implicaban tanto una “toma de tierra”, para bajarlos y encauzarlos …como un “aquietamiento” para concentrarlos …

    Se trataba en ambos casos de una re-conexión a través del cuerpo, como el hatha yoga y sus asanas, toda una serie de operaciones físicas, cuya intención está perfectamente resumida en ese “ora et labora”. Cultivar el huerto, hacer vinos y aguardientes (destilar no sólo eran labores de “avituallamiento” … El hacer carretar cubos y cubos de agua de la fuente a la cocina, se aprovechaba no sólo para esto, para tomar tierra, sino también para domar pasiones como el orgullo y la cólera … Saber obedecer, era considerado una virtud a la que aspirar, entendida la obediencia como una preparación para la entrega última y final, la verdadera … aquella que dice “no yo, sino Tú en mí …”.

    La milicia de la que hablé en otro comentario tenía aspectos en común con el rigor y la obediencia de muchas disciplinas de los monasterios lamaístas, pues en ese “ordenar” a civiles y monjes radicaba una enseñanza muy profunda … La columna del Rigor talmúdica puede verse en este sentido …

    Como también puede verse el adiestramiento en artes marciales de ciertas órdenes orientales, de los llamados “monjes guerreros” que practicaban estas disciplinas (de disciplinare) que ayudaban a “habitar el cuerpo” y ejercer cierto control sobre él y por otra parte y dentro de la paradoja a producir escapes de la “cárcel del yo” e imbuírse del “no-tiempo” en la “marcialidad” de los ejercicios colectivos … búsqueda y escape que la meditación individual por otra vía busca…

    En aquellas prácticas, no se trataban cuestiones de defensa, salud y ejercicio tal y como lo entendemos hoy en día, sino de “ordenar lo grosero”, de alejar el des-orden del cuerpo y de dotar de espíritu a la materia, es decir, de espiritualizar la materia materializando el espíritu …

    Los maestros del Talmud por ejemplo, ante la vía del rigor y ante visiones que la mística atrae y que no sabe deshechar … pues ya establecieron una serie de precauciones para “entrar y salir en paz” de la vía y no terminar muerto, loco o fundando una nueva religión. 🙂

    Por ejemplo, la Kabalah era enseñada a personas que tuvieran más de cuarenta años, estuvieran casados y tuvieran un conocimiento previo de Torah, Talmud y Halajá. Lejos de constituir un ejercicio de censura y secretismo la medida resultaba ser bastante sensata.

    El hecho de exigir de un hombre que estuviera casado, garantizaba de alguna manera el que tuviera una vida sexual sana y, sobre todo, que tuviera una serie de responsabilidades y obligaciones con respecto a su familia con todo lo que ello implicaba de salir del centro de la escena. Y en cuanto a la exigencia de conocimientos previos en Torah, Talmud y Halajá, servía para articular un contexto para la Kabalah como herramienta de pensamiento, pues así como en la música existen las notaciones musicales y en matemáticas los números, la Kabalah tiene su propia nomenclatura, lo que los clásicos llaman El Lenguaje de las Ramificaciones…

    Hoy en día esas precauciones han desaparecido casi por completo, sólo hay que mirar en qué se ha convertido hoy la masonería, y es que el resultado de toda esta relajación es una popularización (vulgarización) de las doctrinas esotéricas como un cajón de sastre de ideas e ideologías que poco o nada tienen nada que ver con lo que eran. Los americanos por ejemplo, no paran de inventar nuevos yogas y nuevas nomenclaturas,como esa modalidad que no recuerdo ahora su nombre que consiste en practicar las clásicas asanas en una sala caldeada y la última, todavía más absurda que la anterior y más difícil todavía, hacer yoga sostenido por unas cuerdas en una pared y ahí en vertical hacer las asanas… ¿No es esto una desviación, una caricatura del mundo profano hacia lo solemne? …

    El desconocimiento y la ignorancia también llega a la feria de vanidades, y así se plantea el absurdo de que cualquier profesor de yoga de cualquier gimnasio de Nueva York o California se autodenomina “yoguini”, cuando este término estaba reservado en su origen a los que habían alcanzado el yoga (unión), la liberación …

    Esta administración sin ton ni son de una doctrina muy anciana como es la hindú por una cultura rabiosa y osadamente juvenil como es la americana, no hace más que contribuír a confusiones más peligrosas, como esa que repite como un mantra “todos somos uno”…

    Esto es verdad a cierto nivel, pues todas las doctrinas tradicionales se basan en la Unidad del Principio, pero para llegar a eso hay unos pasos intermedios, muchos escalones, aquí no se pueden coger atajos so pena de quedar perdido y confundido … y de confundir y extravíar a los demás …

    Antes de ir al centro hay que recorrer su periferia, sus capas, sus envolturas, sus cortezas (escorias) porque aquí, en la jungla, el tigre aunque sea en última instancia un reflejo de lo divino, en el plano relativo, contingente y formal en el que nos encontramos, resulta ser un animal depredador, y esta categoría del tigre como tal también es una verdad, relativa y parcial pues estamos en lo contingente, pero verdadera … y como tal … bastante útil para transitar esta esfera …

    “En la manifestación hay dos polos de la verdad y no puedes ignorar ninguno de ellos”

    *Y sí, Ontología y sexualidad se parecen … El camino del Tao es un camino de amantes, de sensualidad gozosa y latido erótico… 😉

    “Respiración oscura de la vulva.

    En su latír latía el pez del légamo
    y yo latía en ti.
    Me respiraste
    en tu vacío lleno
    y yo latía en ti y en ti latían
    la vulva, el verbo, el vértigo y el centro”

    https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero21/mandorla.html

  2. Gracias por hacerme ver esa distinción entre misticismo y esoterismo que para mi y hasta este momento eran en cierta forma similares. ¿No eran gnosticos tambien aquellos cristianos que fueron aniquilados por no se qué papa? ¿No era Blake un gnostico?

  3. ¿Los Cátaros? … Aquí también estamos en un tema parecido, de cómo la terminología mal empleada conduce al error y a la confusión. Me resulta cuando menos dudoso que ellos se autoproclamaran gnósticos, ésta es una etiqueta bastante reciente, de parecida “añada” a la de encajar lo esotérico con lo místico. Y también es cierto que desde los círculos conspiranoicos contemporáneos se hace un abuso y mal uso de un término muy antiguo como es “gnose” pero que no implica para nada la pertenencia a una secta como así afirman.

    Los Cátaros, seguramente con algún místico a la cabeza, creyéndose “iluminado” realizó una libre interpretación de la gnose (conocimiento revelado), y estableció o intentó una nueva religión, y por los datos que nos han llegado, seguramente en parte falseados y contaminados, parece más bien una comuna de desviación dionisiaca, de ahí la proclamación de herejía …

    Entre una de las ideas que se les atribuyen estaría por ejemplo el error de confundir el amor, que es una fuerza cósmica y atributo del Principio con dejar libres las fuerzas del amor, y aquí, ya surge la primera malinterpretación derivándolo a un concepto dionisiaco de amor terrenal que linda con la promiscuidad. Este es sólo un ejemplo de desviación, que es el significado de herejía…

    Esta comuna fue un intento, un ensayo, de algo que cristalizaría más tarde, y que constituyó el protestantismo, una ruptura con la fe y doctrina cristiana que convenía y mucho a los distintos feudos y reinos que en la Europa continental querían sacudirse el yugo de la auctoritas romana, pues recordemos que el poder real en aquella época como en toda cultura tradicional estaba subordinado al poder espiritual, y no es de extrañar que este movimiento estuviera auspiciado por muchos señores queriendo “enseñorearse” del vicario de Pedro … 🙂

    Algo parecido en cuanto a mal interpretación pero no lo mismo, le pasó al zoroatrismo, que fue mal interpretado y reducido por los maniqueos, que redujeron su doctrina primigenia establecida en la unidad a una dualidad indisoluble entre Ahura Mazda y Ahriman. Esta dualidad entre el mundo de la luz y de las tinieblas era la misma en la que se movía el catarismo,

    W. Blake, pues lo mismo, se dice ahora que era un gnóstico, pues a ver, esto hay que cogerlo con pinzas … Era claramente un iniciado a la gnose, sí, alguien que bebía de la doctrina esotérica cristiana, sólo hay que contemplar sus grabados y su obra poética llena de referencias en este sentido. … Ahora, lo que es su filiación a una orden concreta no está del todo clara ….como sí parece estar en Dante porque algo se sabe y algo ha transcendido de una orden esotérica de esa época llamada los “Fieles de amor” … Dante seguramente se definiría como un “fidel de amore” y no como un gnóstico, y Blake otro tanto de lo mismo …

    Espero haber contestado a sus preguntas. 🙂

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