La paradoja del determinista puro

Somos_nuestro_cerebro_frontal

 

Acabo de terminar el libro de Dick Swaab titulado grandilocuentemente “Somos nuestro cerebro” y de él me han llamado la atención varias cosas que quiero compartir con mis lectores. La primera es el éxito de ventas que ha tenido un libro sobre divulgación en neurociencia, al menos en Holanda (ignoro si en España ha seguido un camino similar). La segunda cuestión que me ha llamado la atención es que Swaab haya llegado a un éxito editorial de tal calibre después de su jubilación. ¿Por qué esperar a jubilarse para escribir este libro? Y por último me ha llamado mucho la atención el materialismo reduccionista que impregna toda la obra y que puede resumirse en una frase: estamos tan determinados por nuestros genes que la única elección posible de los humanos es que los niños puedan elegir padres.

Es naturalmente una broma, pero es interesante recordar que el libro es un ataque  a la idea del libre albedrío.

Para Swaab el hombre no es libre sino que está determinado por sus genes, el medio ambiente importa muy poco y menos aun otras consideraciones sobre crianza, enfermedades infantiles, hambre, maltrato o ignorancia. Y se apoya además en ideas que todo el mundo da por descontadas: me refiero a las ideas sobre la evidencia de que cuando tomamos una decisión antes nuestro cerebro ya la ha tomado por nosotros. No voy a insistir en esta idea que el propio Libet ya había refutado y que podemos recordar en este post, que titulé Libet y la libertad.

Todas estas ideas encajan bien con la mentalidad calvinista. Es necesario recordar que la predestinación es el antecedente filosófico del reduccionismo materialista: ese que dice que somos nuestro cerebro.  Y que puede explicar el éxito de ventas en Holanda.

Algo que me gustaría preguntarle al Dr Swaab si me fuera posible es esto: ¿La creencia en el determinismo está también determinada por los genes, o cómo funciona la cosa? Si contestara que si, entonces él estaría determinado a creer en lo que cree con independencia de ser calvinista y holandés, lo cual quitaría valor a su creencia. Si contestara que no entonces debería explicarnos cómo ha logrado inmunizarse contra la tendencia universal a ser lo que dicta nuestro cerebro. Se trata de la conocida paradoja del determinista puro. El determinista sólo puede serlo si decide no serlo y viceversa. Es decir  uno puede decidir ser determinista para los demás pero no para sí mismo. Eso suelen hacer los científicos en general: construyen un mundo inorgánico y luego se niegan a habitarlo (Merleau-Ponty) pero lo alquilan a los turistas despistados que pasan por allí.

Y se niegan a habitarlo precisamente porque es imposible vivir en un mundo descarnado incluso para un calvinista.

Una de las supersticiones materialistas que más me han llamado la atención de las que he leído en el libro es la afirmación de Swaab de que la anorexia mental es una enfermedad del cerebro. Lo que significa en términos comprensibles que debe existir en el cerebro de las anoréxicas algo que las condena a serlo con independencia de si hacen o no dietas hipocalóricas y que ese algo es realmente la variable critica.

Adelanta Swaab incluso una hipótesis: la anorexia mental es una enfermedad -probablemente, dice- autoinmune. Uno siempre agradece el “probablemente” aunque es seguro que para Swaab las enfermedades autoinmunes también están determinadas genéticamente de manera que la etiología autoinmune no aporta nada a su argumento principal. Uno nace con un gen (o grupo de genes) que le determinan para ser anoréxico/a, no importa si nació usted en Africa, en un país musulmán o en occidente. No importa si vive usted en una sociedad con libertades sexuales explícitas, si las tasas de divorcio son altas o si la natalidad es baja. No importa si existen excedentes alimentarios o hambrunas a su alrededor, no importa si usted cree que tiene derecho a poseer el cuerpo que quisiera tener o si se conforma con lo que Dios le dió. No importa si usted inició una dieta porque sus compañeros del colegio hacían bromas sobre su sobrepeso o si usted quería parecerse a su amiga Fulanita que llevaba a todos los chicos de calle y era la más popular entre sus amigas.

Todo esto no tiene ninguna importancia lo que importa son los genes. Y uno tampoco acaba de entender qué clase de juegos juegan esos genes que sólo atacan a las chicas (en una proporción de 10 a 1) o por qué esos genes se manifiestan mucho mas en los países desarrollados que en Asia. Y casi nada en los países musulmanes donde las mujeres llevan tapado hasta el cogote.

Debe tratarse de un juego caprichoso de algunos genes que muestran sus patitas de una manera muy poco genética y se acumulan en entornos muy concretos y nada azarosos.

Dice Swaab que la anorexia mental debe ser una enfermedad del hipotálamo y trae a colación algunos síndromes metabólicos parecidos a la anorexia mental que tienen una causa orgánica. Efectivamente estos síndromes existen pero son la excepción y no la regla fundamental.

En nuestro entorno la causa de la anorexia mental es el rechazo del peso que debería alcanzarse por talla y edad en una paciente joven que restringió su aporte calórico (inició una dieta) y se instaló en un bajo peso que le proporcionó algún tipo de compensación y inició efectivamente una serie de disfunciones metabólicas secundarias a la anorexia propiamente dicha, la principal de las cuales es la amenorrea (la falta de la regla). La verdad sobre este asunto es que tal y como he contado innumerables veces en mi otro blog, la anorexia mental es una enfermedad étnica y supone la demostración de que en la enfermedad no sólo intervienen factores biológicos y/o naturales sino también factores psicológicos, sociales e incluso étnicos.

La anorexia mental no es una enfermedad de occidente por su posición geográfica o por pertenecer al hemisferio norte sino por la manera de vivir que tenemos en occidente, por los valores en que educamos a nuestros hijos y por razones que he enumerado en múltiples post de mis blogs. Ahora bien, entonces en ¿donde queda lo biológico en la anorexia mental? ¿es que lo biológico carece entonces de importancia?

Claro que si, lo biológico tiene mucha importancia y de hecho pone en riesgo la vida de este tipo de pacientes con una mortalidad digna de mención entre las enfermedades mentales, pero lo biológico se forma por arrastre, es secundario a la inanición que sigue a las dietas voluntariamente establecidas y llevadas a cabo de una forma obsesiva y persistente.

Lo biológico opera como un limite sobre lo posible, es por eso que al no poder ser invisibles no hay genes para la invisibilidad, del mismo modo es muy posible que existan genes relacionados con algún aspecto del síndrome de anorexia mental, pues adelgazar y sobre todo ahorrar recursos es una adaptación biológica a las hambrunas pero no hay una correspondencia causal entre los hallazgos biológicos y el cuadro completo de la anorexia mental tal y como lo encontramos en la clínica. No es una enfermedad por falta de alimento sino una enfermedad por la falta de voluntad de alimentarse por un miedo elemental: el miedo a engordar que tiene que ver con el miedo a la exclusión social al que las anoréxicas son especialmente vulnerables.

Una especie de vudú sexual.

Ahí hay que ir a buscar el gen o genes implicados, aunque no hay que hacerse demasiadas ilusiones que tras el hallazgo del gen hallemos la píldora mágica capaz de curar esta enfermedad.

La anorexia mental es el espejo de la sociedad en que vivimos, un mundo basado en la apariencia donde cada persona siente que tiene derecho a tener el cuerpo que desea ob-tener.

Un comentario en “La paradoja del determinista puro

  1. Podríamos decir que, como en la astrología, los genes inclinan pero no obligan. Como descubrió Antoine Béchamp y posteriormente ratificó Claude Bernard, lo más importante es el terreno o ambiente, la cultura en el caso de la anorexia. Es por eso que la epigenética esta cada vez más valorizada.
    Por otro lado Dick Swaab, como la gran mayoría de neurocientíficos, olvida que también tenemos otros “cerebros”. Más de 100 millones de neuronas en el estómago, y otras 40.000 en el corazón. Ambos “cerebros” con estructuras neuronales interconectadas al encéfalo y que poseen la capacidad de producir y liberar los mismos neurotransmisores, hormonas y moléculas químicas que produce el cerebro de la cabeza.
    Además los 2,5 vatios de potencia de cada pulsación del corazón, generan un campo magnético (de información) 5.000 veces más grande que el campo generado por el cerebro, de modo que es perceptible por nuestros instrumentos actuales hasta varios metros de distancia.
    Este campo electromagnético sutil, probablemente actúa sobre la coherencia psicofisiológica de todas las células del individuo, a la vez que, posiblemente, este relacionado con los distintos campos mórficos grupales.
    La genética inclina, pero a mi modo de ver, lo que realmente determina es la interpretación que hacemos de nuestras percepciones sobre el terreno o ambiente según nuestras creencias, cultura o mitología personal.

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