¿Soberanía o derechos humanos?

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Hace unos dias se celebraban -en mi ciudad- fiestas patronales, esas conmemoraciones anuales donde todo está permitido y la gente puede beber, trasnochar, comer, bailar en una especie de orgía dionisíaca que termina supuestamente con las coerciones de la vida cotidiana. Esos dias hasta la guardia civil deja de hacer controles de alcoholemia y se hacen oidos sordos a la prohibición de beber, orinar o drogarse en la calle.

Los niños cada vez más jóvenes tienen su oportunidad de hacer sus primeros escarceos con el alcohol, los porros, las salidas de noche y ensayar y medir (comparar) su capacidad de seducción que es la forma en que la competencia industrial ha montado franquicia en el imaginario de nuestros ciudadanos. Esos, que no saben aun que no podrán tenerlo todo a pesar de las promesas de placer que le llegan desde las peliculas, la moda o las canciones rock.

Estaba yo bebiéndome una cerveza en este contexto en una de esas “collas” que se montan para celebrar de forma semiprivada las fiestas cuando un negro de esos que venden pichigüilis para los niños entró en el recinto de una de ellas. El camarero inmediatamente invitó al negro de los pichigüilis a una cerveza y a picar altramuces y cacahuetes y entabló conversación con él. Dado que era inevitable no advertir que se trataba de un subsahariano, le preguntó:

– ¿Tu has entrado por Ceuta o por Melilla?¿Por dónde saltaste?

Es necesario recordar ahora que esta escena se desarrollaba durante las peleas políticas que siguieron al incidente habido creo que en Ceuta donde murieron algunos subsaharianos, esos que hacen cola en la frontera para entrar en territorio español.

Y contestó:

– No, no, yo vine en avión.

Entonces llega alguien que al parecer ostenta mando sobre la citada cerveceria y le dice al camarero que ¿por qué razón está invitando al negro?. El camarero apela al sentido de la fiesta, a la compasión humana y al mandamiento cristiano de “dar de comer al hambriento”.

A lo que el mandamás replica: “esta es una “colla” privada”, aqui no puede estar, ¡ala! mandalo para afuera. Naturalmente no todo el mundo en la barra estuvo de acuerdo con esta decisión, hasta tal punto que pronto la muchachada se dividió en dos: los que estaban de acuerdo con invitar al subsahariano y los que estaban de acuerdo en defender la privacidad del local.

Unos estaban por la soberanía y otros por los derechos humanos.

Y caí en la cuenta de que ese era precisamente el problema.

Puesto que soberanía y derechos humanos empastan mal. Se trata de conceptos contradictorios entre sí.

Lo interesante de mi observación fue que los individuos -una parte importante de ellos- son dados a la compasión, eso que antes se llamaba caridad. Una persona normal se siente conmovida ante ciertas privaciones de la miseria y esta dispuesta a ayudar al menesteroso. Siempre que se den dos condiciónes: 1) ha de verle, es decir el menesteroso no puede ser una abstracción sino un ser de carne y hueso y 2) el acto caritativo tiene un principio y un final, una cerveza, unos cacahuetes, y a otra cosa.

Naturalmente la caridad no resuelve la pobreza en el mundo pero la ONU tampoco. Lo que es necesario señalar es que la caridad es la forma en que los sujetos individuales entendemos la cooperación, un poco a base de pequeños gestos como ofrecer unos altramuces.

Los derechos humanos si son abstractos, nadie sabe que derecho tenemos los humanos para inferir que existen derechos para nuestra especie y que además son universales, tanto como para exigir que un juez español abra diligencias contra un ciudadano de otro país, tal y como acostumbraba Garzón, un debate que ha vuelto recientemente a las páginas de los periódicos.

El principio de soberanía se opone al principio “derechos humanos”. Pasa en las vallas de Melilla y pasa en las invitaciones del camarero. Y vuelve al debate político a través de eso que ha venido en llamarse Justicia Universal.

Personalmente no creo en esa entelequia que llamamos “Justicia universal”, pues la Justicia en realidad emana del Estado que se asienta sobre la base de su soberanía nacional.

Del mismo modo estoy impulsado a creer más en la compasión individual que en ese sentido de Justicia que dicen muchos que es innato en el ser humano como dicen aqui. en este articulo que pretende demostrar un sentido de justicia innato en el ser humano confundiendo justicia con codicia comparativa. Lo cierto es que todos podemos ser justos a la hora de detectar las injusticias que nos perjudican pero bastante torpes y ciegos para no ver las injusticias que nos favorecen.

La compasión es la forma biológica en que la soberania se manifiesta en un organismo.

Los derechos humanos ni siquiera se hubieran inventado sin el Estado que es el depositario de la soberanía nacional

Es por eso que existen vallas.

Y subsaharianos que quieren cruzar.

5 comentarios en “¿Soberanía o derechos humanos?

  1. Ciertamente “no desear para los demás lo que no deseamos para nosotros y obrar en consecuencia”.es el imperativo categórico. Pido disculpas por el “es” que en todo caso debería ser “a mi modo de ver”.
    La cuestión, pienso, es que la justicia es más bien una entelequia, de modo que el imperativo categórico se convierte en algo que puede aproximarnos a su concepto mental.

    Por otro lado, pienso que el estado no debería autoproclamarse jamás como depositario de ninguna soberanía, pues esta reside en los ciudadanos y no en una estructura. Además, dado que el estado es quien tiene delegado el poder de ejercer la violencia social, esta debería poder ser controlada de una manera mucho más efectiva por la población como multitud de hechos nos demuestran.

    La caridad, la compasión, la benevolencia etc, se engloban dentro del imperativo categórico inicial que también implica la cooperación. Bajo esta moral, que considero natural, y nacida más bien de un sentimiento holístico que de la razón, los derechos humanos se encuentran tan enraizados que cualquier legislación deja de tener sentido.

    Soñar es gratis, aprovechémoslo. Quizás lleguemos a una masa crítica en la que el imperativo categórico se convierta en consenso social. Hasta que no lo logremos, las cuchillas de las vallas seguirán masacrando la humanidad.

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