El camino sufí: la tariqa

derviches-danzantes

 

Se dice que el sufismo es la tradición mística común a todas las religiones del Mediterráneo (R. Graves). Aunque su progreso principal se desarrolló bajo el paraguas musulmán, existen autores e incluso santos cristianos o judíos que eran sufíes, verbigracia el mallorquin Ramón Lull o Maimónides. Asimismo existen pruebas de que Sta Teresa de Jesús y S. Juan de la Cruz eran, o al menos conocían el sufismo a fondo, concretándose el siglo XII como el siglo de oro del mismo y a Persia como “El dorado” de la época, donde vivieron y escribieron sus más ilustres representantes muchos de ellos españoles, como Ibn Al Arabi o Avicena. Otros, persas de origen como el conocido Rumi.

No es de extrañar que la disciplina mística tentara a nuestros intelectuales del siglo XVI, en un periodo agitado por la Contrareforma y fueran perseguidos por la Inquisición que siempre vio como sospechosas las actividades esotéricas de los sufies. No me refiero tan sólo a la religión católica: el destino de las ordenes sufíes dentro del Islam ha pasado a ser mero folklore de danzas y ordenes de derviches, devorados por un monstruo que se llama integrismo y que ha pasado a convertirse como la interpretación ortodoxa de la religión islámica. Idéntica suerte corrió entre los judíos, donde el sionismo ha terminado por expurgar cualquier práctica heterodoxa de su liturgia y de su camino espiritual.
Predicción que ya hiciera Freud en “El porvenir de una ilusión”, en que pronosticaba, ya en edad provecta y probablemente decepcionado de la supremacía de las religiones sobre las vías iniciáticas individuales. En este contexto la ciencia actual no sería sino otra religión, donde el individuo ha tenido que converger por la evidencia de sus logros, sustituyendo la certidumbre total que antaño le garantizaba la religión por una incertidumbre relativa que es la que la ciencia le proporciona, aunque permaneciendo en el anhelo de que la propia ciencia vencerá gran parte de sus actuales inseguridades a medida que el conocimiento científico progrese.

Decir esoterismo, es situarse en el polo opuesto de la concepción espiritual que defienden las religiones oficiales. La vía espiritual que representan todas y cada una de las vías místicas, aun ligadas a la religión de turno por amplios lazos geográficos y culturales, representa una vía rabiosamente individual, un camino, una regla, una tariqa que no puede sino realizarse a solas, a veces en parejas, en la convicción hermética de que Dios no comparecería nunca en el tumulto de una multitud.

Esta vía mística, espiritual y solitaria se opone a la vía exóterica de las religiones oficiales, donde el dogma, la persecución de la disidencia o la imposición obligada de preceptos que no pueden sino acatarse, terminan por decepcionar al hombre culto y sensible que se aparta cada vez más de ellas por no contener sino una cadena de órdenes más que discutibles y cuya espiritualidad profunda parece ser negada por sus sacerdotes al entenderla como una vía privada hacia la consecución de un bien espiritual, cuyas desviaciones son sentidas casi siempre como peligrosas para la supervivencia del dogma o de sus castas sacerdotales.

Efectivamente el esoterismo está considerado en la tradición sufí como un regalo, un don que Dios concede a sus amigos y que se opone a la verdad revelada a través de intermediarios. En la vía esotérica que se adquiere por intuición, la verdad alcanzada es una cosa entre el santo y Dios y que a nadie más concierne, pues:

Este conocimiento que Dios concede a sus amigos es desconocido incluso por los ángeles o ninguna de sus criaturas. De este modo todo exterior (o hecho externo) tienen un interior (o representación mental), todo interior tiene un secreto y todo secreto tiene una realidad. Es lo que Dios regala a sus amigos, un secreto a través de un secreto. (Adab al-Muluk, citado por Carl Ernst en Sufismo pag 83)

Este concepto paradójico del secreto al cual se llega a través del secreto es una constante en cualquier tradición de sabiduría y representa en mi opinión el trasvase jerárquico de conocimientos sin desvelar que propician un ascenso de nivel en el conocimiento alcanzado.

En este sentido la paradoja sería una forma de cataclismo psicológico destinado a saltar de nivel, un equivalente a una catástrofe de electrones en la teoría atómica.

En realidad cualquier tradición mística es una manera de contactar con Dios, mediante una regla especifica o espiritual, aunque el concepto de Dios es intercambiable e irrelevante: incluso aquellas religiones sin Dios como el budismo, tratan de contactar con una experiencia inefable que aporte un conocimiento superior. El sufismo que procede del Islam si cree en Dios, se trata de un Dios como principio o Todo que infiltra en su Divina providencia a las criaturas humanas, cuya función no es sino volver a ese Todo en las condiciones idóneas de perfección a alcanzar durante su existencia humana. Un Dios al que no se puede sino someter en su Divina omnisciencia o poder.

Aunque la virtud y la meditación son vías comunes a todas las tradiciones místicas, el sufismo supone un atajo especifico con respecto al resto de las vías. Su combinación de elementos sensoriales, sensuales y místicos crea un ambiente poético que podemos rastrear en los mejores poemas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz[1], poetas que echaron mano de las conocidas metáforas sufies relacionadas con el amor carnal, verdadero espejo de la experiencia mística que se pretenden lograr con la fusión con el Todo.

Para un sufí el celibato no es necesario, el monacato sólo una opción más. Existen distintas vías de entrada espiritual, como distintos caminos que llevan al mismo lugar, “el vino” – metáfora de lo sensual- que ni embriaga ni obnubila la conciencia, sino que la abre a un conocimiento superior, la danza con su continuo girar no es sino otra metáfora del continuo movimiento de las estrellas, la belleza de la mujer es la cuerda con que Dios se anuda a lo material.

Anoche Dios puso su mano en mi pecho,
Me sujetó con fuerza y prendió un aro en mi oreja.
Le dije: “ Amado mío, estoy llorando por tu amor”
El apretó sus labios contra los míos y silenció mi voz
(Ayn al Kudat)

Otra vez aparece la conocida cantinela del conocimiento superior, esta vez lograda no a través del aprendizaje paradójico, sino a través del amor carnal. Aunque como se puede observar no se trata tan sólo de una escena de amor conyugal, sino de una escena de amor místico donde el sujeto es intercambiable (¿quien habla, hombre o mujer?), similar a las descripciones teresianas o de S. Juan. El amor que aquí se nombra es en cualquier caso una forma distinta de amor, aunque se utilice una metáfora más que carnal para su explicitación. Se trata de una escena extática, escenas que tan a menudo nos encontraremos en la poesía sufí árabe y que consideran al arte poético como un vehículo de comunicación de experiencias noéticas.

El vinculo entre erotismo y éxtasis, aun mediante el sacrificio ascético del cuerpo no supone una contradicción, antes al contrario es su condición:
Erotismo que es indivisible del sacrificio del cuerpo y de la sumisión aceptada en nombre de una instancia supraindividual, conectada a través de la agonía y del éxtasis con el ser humano individual (F. Traver, Un estudio sobre el masoquismo).

Este catálogo de imágenes sufíes tiene como principal característica la de retirarse de cualquier intento de nombrar la deidad a la que se adora.
Poco importa el tipo de invocación o adoración elegida, tanto importa un ídolo pagano, como un hombre divino que se podía adorar en la intimidad sin necesidad de acudir al templo. Lo que importa para un sufí es la transmisión de la propia experiencia, más allá si está referida a Yahvé, Allah o a Vishnú. Lo que importa no es la precisión en términos religiosos sino demostrar la devoción. (Carl Ernst, Sufismo, pag 175)

Con todo, mi intención en este largo epígrafe no era dar una interpretación exhaustiva de la cosmogénesis o imagenería poética sufíes sino la de hablar de la vía iniciática sufí, porque me parece que tiene elementos comunes con todas las demás y porque a pesar de las religiones oficiales sigue perviviendo en cada uno de nosotros como una forma ciega de búsqueda. Mi propósito es pues arrojar alguna luz. Ya sabemos lo que es la iniciación y lo que la diferencia de la pedagogía convencional, la pregunta que hay que responder es ¿qué hay de común en todas las vías iniciáticas, y qué subsiste en nuestros rituales actuales de ellas? ¿Cómo pueden ayudar al hombre actual estas tecnologías?

Sin disciplina, no hay camino espiritual, ni hay cambio, ni hay propiamente experiencia espiritual. Cualquier tecnología por potente que sea que no se sustente en una convicción holista del hombre es una experiencia vacía y es, además, una experiencia con lastre. Cualquier psicoterapìa actual no tiene otro paradigma sino el cambio: movilizar al sujeto, removerlo desde dentro de sus propias convicciones para “obligarle a cambiar”, una obligación que halla su justificación en el rastro filogenético de la especie y que consiste en “ascender” de nivel jerárquico de organización psíquica y no sólo de adaptarse por defecto a sus condiciones de vida.

No se trata de obligarle a cambiar sus puntos de vista o sus convicciones más profundas, se trata de propiciar un cambio de nivel, de hacerle ascender en busca de su identidad profunda, de hacerle converger hacia la autoconciencia, si utilizamos la terminología de Jung. Pero no existe cambio sin sacrificio, ni dolor.

Cualquier transformación indolora es una falsa vía, se impone pues la vuelta atrás.

La transformación además puede ser explicada y aprendida, a través de cualquier tecnología y de cualquier vehículo a condición de que no se resuelva el misterio, Los sufíes utilizaban el cuento con este fin, un cuento como este:

Un hombre se encuentra a su amigo en la calle, parece haber perdido algo.
– ¿Que has perdido amigo?
– Las llaves de mi casa.
– Reconstruye la secuencia de tus actos, ¿qué camino has tomado para llegar aquí?
– Bajé de mi casa por la escalera, y heme aquí buscando las llaves
– Entonces es seguro que las perdiste en la escalera.
– Si, es casi seguro
– ¿Y por qué las buscas aquí en la calle?
– Porque aquí hay más luz.

El cuento es la forma preferida por la pedagogía sufí para obtener un conocimiento no lineal y no acumulativo, sino aquel que opera por descarte. Si observamos atentamente la idea que trata de transmitir Nasrudin nos encontraremos con el sello de la modernidad del pensamiento actual, donde de lo que se trata es que las personas aprendan a pensar la realidad de un modo no convencional, con una especie de lógica borrosa. Buscar las llaves aquí porque hay más luz, a pesar de saber que las llaves se perdieron en otro lugar no es una simple extravagancia para hacernos reír, sino que nos induce a pensar:

1) Que muchas veces la verdad no puede ser encontrada sino con el apoyo de la luz y que poco importa saber donde se encuentra si esta verdad permanece a oscuras.
2) La posibilidad de que la llave se mueva es tan remota como la posibilidad de encontrarla a oscuras, de modo que siempre será mejor solución la búsqueda con luz, que la búsqueda a ciegas.
3) Hay una tercera opción que Nasrudin no recoge y es esperar a que amanezca, no hacer nada, sino esperar, una opción que cualquier taoista hubiera elegido.

En mi opinión, no existe mejor parábola para expresar tanto la vía exotérica del precepto y la vía esotérica inicíatica que este cuento de Nasrudin: efectivamente las llaves no son sino la herramienta que abre y cierra la casa, de modo que su búsqueda es absolutamente necesaria para poder volver, pero buscarla a ciegas no es un buen método, sin embargo buscarlas en la luz de la calle, aunque igualmente ineficaz puede dar lugar a otros hallazgos que compensen la perdida de la misma. A veces una cosa lleva a otra y siempre en la dirección del destino.
Pero el discípulo, mientras tanto, habrá aprendido la lección fundamental: la verdad es invisible.

Obsérvese, pues, que el cuento es multidimensional, presenta tantas facetas y lecturas como los eventos más complejos de la conciencia humana, es por así decir rabiosamente sutil y complejo al mismo tiempo sencillo, práctico e impactante, quizá por su tendencia a ubicar al lector en un plano de conciencia superior al de la vida común o diaria, donde se plantean dilemas distintos, prácticos y conmensurables que a diferencia del enigma no enseñan nada.

En cualquier psicoterapia el terapeuta se encuentra a menudo con este tipo de dilemas, que o bien se encuentran en el encuadre de la terapia o bien los plantea el propio paciente en forma de paradojas comunicacionales o pragmáticas que de no conocerse echan por tierra la labor psicoterapéutica anterior.

Una terapia no pretende, no debe pretender nunca resolverlo todo. No se trata de darle al paciente demasiado masticada cualquier solución a cualquier problema que pueda plantear o inventar. En realidad la terapia que tiene éxito a largo plazo es aquella que consigue dejar una cierta atmósfera de resto irresuelto (Watzlawick). No sólo por la convicción de que no hemos de resultar demasiado protectores con nuestros pacientes, sino que efectivamente muchos problemas no tienen solución.

Muchos problemas no tienen solución desde dentro de la configuración que encuadra en problema. Epistemológicamente hablando, a veces es necesario “salir” de un determinado encuadre para encontrar la solución que se busca desde dentro. Esta prueba de la falseabilidad o veracidad de un determinado enredo, se cuenta entre las mas hermosas estrategias para encontrar soluciones y también para discriminar si una proposición lógica es veraz o falsa. Ejemplo practico de este tipo de enredos son los que acaecen en los divorcios: para divorciarse hay que estar casado, pero para divorciarse hay que ponerse de acuerdo, al menos en el propio divorcio. Sin embargo ponerse de acuerdo en una atmósfera de desacuerdo ea lógicamente imposible, por lo que los divorcios terminan siempre en pleitos judiciales que no logran acabar ni mediante la disolución del vinculo con el enredo que dio lugar al divorcio y que puede mantenerse activo de por vida. Por otra parte nadie puede divorciarse desde fuera del sistema del matrimonio, por lo que se impone una separación fáctica que haga de dique a la falta de opciones desde dentro del propio sistema. Así y todo frecuentemente se hace necesaria la comparecencia de una autoridad superior que acaba dejando a todos decepcionados.

La actitud del psicoanálisis que se conoce con el nombre de “escucha sin tiempo ni deseo” (Bion) me parece uno de los más bellos paradigmas que reproducen aquella actitud inicíatica de que la verdad es invisible y que sólo se consigue alcanzar, quizá, cuando la búsqueda ha cesado. En este sentido, aquellas personas cuya búsqueda esta demasiado apegada a lo material o a lo práctico siempre serán malos candidatos a una psicoterapia. Por el contrario, aquellas otras que buscan una ubicación en el mundo vinculada a valores éticos o estéticos o que realizan una búsqueda de una verdad supraindividual aunque no sea trascendente, siempre serán los mejores candidatos a una psicoterapia de inspiración psicoanalítica o de cualquier otra clase.

Por otra parte una de las características que constituyen la idoneidad para un proceso de cambio en una persona es que exista un predominio de la “narrativa” sobre lo psicosomático. Lo psicosomático (el lenguaje del cuerpo) siempre es algo que está más allá de la narrativa y por ser inefable se constituye en un misterio insondable e imposible de comunicar. Emparentado con la alexitimia (la incapacidad de leer emociones), lo psicosomático responde a un código secreto del cuerpo que alude de una forma enigmática a emociones muy primitivas y profundas que se establecieron, cuando aun el lenguaje no estaba lo suficientemente desarrollado como para que el individuo pudiera dar cuenta a través de él de sus estados internos. En este orden de argumentos lo psicosomático no expresa ni comunica nada, lo psicosomático se expresa a si mismo, con el orden de la poesía, la indistinción, la atemporalidad y la incongruencia. Aun utilizando el lenguaje del cuerpo, su mensaje es agramatical y no puede ser leído, más allá de un signo de alarma que las más de las veces terminará en una intervención medica, pero no conversacional.

Aunque cualquier psicoterapia se constituye en una forma de ayuda basada en la narrativa, no hay que suponer que es en la propia narrativa desde donde se articulan los procesos más intensos de ayuda, sino en otro nivel de eventos que se construyen a través de las expectativas de ayuda que proceden del universo infantil del paciente, de su demanda de amor y de sus necesidades de apoyo y guía. Aquí se establece uno de los conflictos más importantes que operan como malentendido cultural en cualquier forma de psicoterapia, aunque más patente en las de orientación psicodinámica.

El paciente no cambia a través de la comprensión, la empatía o la simpatía de su terapeuta. No cambia a través del consejo o del insight alcanzado, cambia a través del dolor y de su contención, a través de alguien que lo transforma y sobre todo a través de su incapacidad para construir una respuesta lineal a sus dificultades reales. Cambia al ser obligado a través del silencio y la frustración a permutar su expectativa omnipotente de ayuda por un ascenso en el nivel de complejidad desde donde tejer nuevas preguntas.

Cuando se dispone de una herramienta de cambio, es absurdo buscar otra tecnología en otro lugar para iniciar ese cambio, es inútil y redundante. Por eso se impone la modificación de la perspectiva. Curarse no es perdonar o hacerse perdonar, ni huir, o quedarse. Curarse es obtener un estado mental que permita ir más allá en la obtención de gratificaciones mentales, más allá de la vanidad o el lujo, la búsqueda de bienes materiales o la tranquilidad de conciencia.

Esa forma de cura, tan limitada a la virtud religiosa y que forma parte de nuestra tradición cristiana, fue en gran medida difundida y defendida por el psicoanálisis como un objetivo a alcanzar. En este sentido, al menos religión y psicoanálisis compartieron una meta normativa que hasta sólo hace muy poco tiempo ha sido entrevista no sólo por los propios terapeutas, sino también por el propio publico.

El camino sufi, me parece tan bueno como cualquier técnica psicoterapeutica y prodriamos resumirlo así:
· Práctica de la virtud
· Búsqueda de un maestro
· Obediencia a las reglas del maestro aún no comprendiendo
· Respeto por las tradiciones exotéricas y practica de la religión oficial
· Sometimiento a Dios
· Superación del pensamiento dual, a través de conversaciones guiadas
· Practica del arte, la filosofía o la medicina
· Orientación altruista.

En definitiva el camino sufí, la tariqa, es un método más de persecución del si-mismo en el sentido más jungiano de esta palabra, el único camino para la superación de los estados internos vinculados con el malestar, en la convicción mítica de que regresar es también una forma de llegar.

Del fluir y de cómo fluir

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Mi intervención en conferencia magistral dictada en la UJI (Universidad Jaime I de Castellón) durante el curso «Atención, meditación y desarrollo humano» en el 2012.

Mi intervención es una introducción teórica al concepto de flow, la psicologia positiva y como obtener estados de flow aprovechando las habilidades cotidianas de cada cual.

¿Qué es fluir según la wiki?

Sobre  Mihály Csíkszentmihályi

 

Video 1.-

 

Video 2.-

Lobbyes y cambalaches

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En España existen al menos cinco lobbyes importantes: las eléctricas, la Banca, las constructoras, el PP y el PSOE. Por debajo de ellos aun existen otros cuatro al menos del mismo tamaño y categoría: la Iglesia, el feminismo progresista, la Prensa y la Corona. A los lobbyes antes se les llamaba de otra manera: grupos de presión se les decía, pero ahora después del éxito del inglés en la educación básica le han cambiado el nombre pero no su esencia. Los lobbyes son grupos de poder que nunca pierden cuando las cosas vienen mal dadas. Un poder usurpado. Lo cierto es que ahora hay más lobbyes que entonces, cuando se inventó la palabra grupo de presión y sólo la masonería (o los judíos) estaban incluidos en tal categoría. Ellos son los que no necesitan llorar para mamar porque mantienen la teta del dinero, de la influencia política, de las complicidades o de la salvación eterna.

Lo interesante de los lobbyes es que mantienen enlaces entre ellos y configuran algo así como un metasindicato para protegerse de las influencias externas, es por eso que los gobiernos rescatan bancos o autopistas y no a los agricultores o a los deshauciados o bien aplican el siniestro «déficit de tarifa» -que nadie sabe qué es- para engrosar las cuentas de las eléctricas y protegerlas de la invasión inevitable de energías renovables. Será por eso que los políticos pasan a engrosar los consejos de administración de empresas privadas cuando terminan sus días públicos con generosas partidas económicas por los servicios prestados o con prebendas inimaginables para los currantes de a pie. Los políticos favorecen a los lobbyes económicos y los lobbyes económicos financian a los políticos que a su vez favorecen sus propias castas periodísticas para salir en el telediario. Nos dicen lo que debemos pensar y nos imponen sus ideales para que dejemos de fumar o nos creamos todas las bobadas sobre el sexismo o la xenofobia. Y así.

Y los ciudadanos se encuentran solos frente al tigre.

En adelante llamaremos tigre a la confluencia de estos intereses político-empresariales.

Intereses que de no ser por la corrupción y la crisis económica seguirían siendo opacos para la opinión publica. La impunidad y el «hacer lo que quiero» seguirán existiendo pero al menos tendrán costes.

¿Y qué podemos hacer para deshacernos del tigre? Poca cosa salvo cabalgarlo intentando que no nos muerda, como a continuación explicaré.

Lo ideal es que en España hubieran al menos 4 o 5 partidos que aspiraran a constituirse en gobierno, bien a solas o bien en coalición pero lo cierto es que esta configuración del Congreso es muy poco probable que se de precisamente por causa de la ley D´Hont. Un supuesto descalabro de los partidos grandes (PP y PSOE) que se cifra en que entre ambos no consiguieran el 60% de la representación no conseguiría más que dar el poder a unas minorías enloquecidas, esas que están en el seno de IU y que se pasan la ley por el forro como recientemente hemos visto en Andalucía o las que están en manos de los nacionalistas.

¿Alguien puede pensar en un gobierno de esas minorías gobernando contra los lobbyes ya establecidos?

Para aquellos que crean que la extrema izquierda o la extrema derecha sean una solución para sus males les recomendaría que pasaran unos cuantos años en un país con regímenes totalitarios. Una vacuna para toda la vida.

Lo cierto es que estas minorías – a su vez- lo que pretenden es ser también lobbyes por lo que el rescate de la política desde dentro de la política (nuevos partidos políticos) parece poco probable.  De manera que si ese suicidio no puede proceder de la politica interna del estado habrá que pensar en una autoridad externa. Si, Alemania, claro.

La única posibilidad que yo veo al estado de cosas español es un gran pacto de Estado entre PP y PSOE, una especie de pacto para suicidarse juntos, un harakiri institucional por obligación.

Algo así como una legislatura destinada a hacer una desparasitación del Estado, una reforma definitiva de la educación y un consenso para reformar la participación política más acorde con los tiempos que corren donde los ciudadanos hemos dejado de ser tontos y catatónicos y estamos muy bien informados a pesar de las intoxicaciones.

Una vez descartada la via de la utopia revolucionaria que estamos presenciando en Ucrania en vivo y en directo y que ya veremos con cuantos muertos y miseria económica termina, podemos afirmar que los golpes de mano sabemos como se inician pero no como terminan. ¿Quien hubiera supuesto que Rusia intervendría en Ucrania a propósito del caos desarrollado en la zona? Por no pensar en la peor: que los rusos montaron todo o parte del tinglado de Kiev.

Hacerse el harakiri es desde luego poco probable, pues carecemos de líderes con categoría moral y política para llevarlo a cabo pero no es del todo descartable. Al fin y al cabo las cortes franquistas se hicieron el harakiri cuando votaron por la ley de la reforma política ¿cómo se sale de una dictadura?. Claro que quizá hubo algún lobby detrás de aquella estrategia que después de todo salió bastante bien.

Necesitamos un nuevo contrato social al estilo de Rousseau, redefinir las relaciones entre los individuos y el estado, no se trata de pequeñas reformas o de parcheos al estilo celtibérico, lo que necesitamos son hombres  (y mujeres) que den la talla y se suiciden políticamente para acelerar el proceso.

El tigre sigue dando zarpazos pero sus días están contados. Cabe cualquier estrategia y solo una no vale: la estrategia conservadora de no hacer nada.

Creo que les moverán el sillón.

Y que lo que venga no sea peor.

Aqui dejo colgado este tango lúcido que cantaba Serrat que me ha parecido apropiado para ilustrar este post.

 

La paradoja del determinista puro

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Acabo de terminar el libro de Dick Swaab titulado grandilocuentemente «Somos nuestro cerebro» y de él me han llamado la atención varias cosas que quiero compartir con mis lectores. La primera es el éxito de ventas que ha tenido un libro sobre divulgación en neurociencia, al menos en Holanda (ignoro si en España ha seguido un camino similar). La segunda cuestión que me ha llamado la atención es que Swaab haya llegado a un éxito editorial de tal calibre después de su jubilación. ¿Por qué esperar a jubilarse para escribir este libro? Y por último me ha llamado mucho la atención el materialismo reduccionista que impregna toda la obra y que puede resumirse en una frase: estamos tan determinados por nuestros genes que la única elección posible de los humanos es que los niños puedan elegir padres.

Es naturalmente una broma, pero es interesante recordar que el libro es un ataque  a la idea del libre albedrío.

Para Swaab el hombre no es libre sino que está determinado por sus genes, el medio ambiente importa muy poco y menos aun otras consideraciones sobre crianza, enfermedades infantiles, hambre, maltrato o ignorancia. Y se apoya además en ideas que todo el mundo da por descontadas: me refiero a las ideas sobre la evidencia de que cuando tomamos una decisión antes nuestro cerebro ya la ha tomado por nosotros. No voy a insistir en esta idea que el propio Libet ya había refutado y que podemos recordar en este post, que titulé Libet y la libertad.

Todas estas ideas encajan bien con la mentalidad calvinista. Es necesario recordar que la predestinación es el antecedente filosófico del reduccionismo materialista: ese que dice que somos nuestro cerebro.  Y que puede explicar el éxito de ventas en Holanda.

Algo que me gustaría preguntarle al Dr Swaab si me fuera posible es esto: ¿La creencia en el determinismo está también determinada por los genes, o cómo funciona la cosa? Si contestara que si, entonces él estaría determinado a creer en lo que cree con independencia de ser calvinista y holandés, lo cual quitaría valor a su creencia. Si contestara que no entonces debería explicarnos cómo ha logrado inmunizarse contra la tendencia universal a ser lo que dicta nuestro cerebro. Se trata de la conocida paradoja del determinista puro. El determinista sólo puede serlo si decide no serlo y viceversa. Es decir  uno puede decidir ser determinista para los demás pero no para sí mismo. Eso suelen hacer los científicos en general: construyen un mundo inorgánico y luego se niegan a habitarlo (Merleau-Ponty) pero lo alquilan a los turistas despistados que pasan por allí.

Y se niegan a habitarlo precisamente porque es imposible vivir en un mundo descarnado incluso para un calvinista.

Una de las supersticiones materialistas que más me han llamado la atención de las que he leído en el libro es la afirmación de Swaab de que la anorexia mental es una enfermedad del cerebro. Lo que significa en términos comprensibles que debe existir en el cerebro de las anoréxicas algo que las condena a serlo con independencia de si hacen o no dietas hipocalóricas y que ese algo es realmente la variable critica.

Adelanta Swaab incluso una hipótesis: la anorexia mental es una enfermedad -probablemente, dice- autoinmune. Uno siempre agradece el «probablemente» aunque es seguro que para Swaab las enfermedades autoinmunes también están determinadas genéticamente de manera que la etiología autoinmune no aporta nada a su argumento principal. Uno nace con un gen (o grupo de genes) que le determinan para ser anoréxico/a, no importa si nació usted en Africa, en un país musulmán o en occidente. No importa si vive usted en una sociedad con libertades sexuales explícitas, si las tasas de divorcio son altas o si la natalidad es baja. No importa si existen excedentes alimentarios o hambrunas a su alrededor, no importa si usted cree que tiene derecho a poseer el cuerpo que quisiera tener o si se conforma con lo que Dios le dió. No importa si usted inició una dieta porque sus compañeros del colegio hacían bromas sobre su sobrepeso o si usted quería parecerse a su amiga Fulanita que llevaba a todos los chicos de calle y era la más popular entre sus amigas.

Todo esto no tiene ninguna importancia lo que importa son los genes. Y uno tampoco acaba de entender qué clase de juegos juegan esos genes que sólo atacan a las chicas (en una proporción de 10 a 1) o por qué esos genes se manifiestan mucho mas en los países desarrollados que en Asia. Y casi nada en los países musulmanes donde las mujeres llevan tapado hasta el cogote.

Debe tratarse de un juego caprichoso de algunos genes que muestran sus patitas de una manera muy poco genética y se acumulan en entornos muy concretos y nada azarosos.

Dice Swaab que la anorexia mental debe ser una enfermedad del hipotálamo y trae a colación algunos síndromes metabólicos parecidos a la anorexia mental que tienen una causa orgánica. Efectivamente estos síndromes existen pero son la excepción y no la regla fundamental.

En nuestro entorno la causa de la anorexia mental es el rechazo del peso que debería alcanzarse por talla y edad en una paciente joven que restringió su aporte calórico (inició una dieta) y se instaló en un bajo peso que le proporcionó algún tipo de compensación y inició efectivamente una serie de disfunciones metabólicas secundarias a la anorexia propiamente dicha, la principal de las cuales es la amenorrea (la falta de la regla). La verdad sobre este asunto es que tal y como he contado innumerables veces en mi otro blog, la anorexia mental es una enfermedad étnica y supone la demostración de que en la enfermedad no sólo intervienen factores biológicos y/o naturales sino también factores psicológicos, sociales e incluso étnicos.

La anorexia mental no es una enfermedad de occidente por su posición geográfica o por pertenecer al hemisferio norte sino por la manera de vivir que tenemos en occidente, por los valores en que educamos a nuestros hijos y por razones que he enumerado en múltiples post de mis blogs. Ahora bien, entonces en ¿donde queda lo biológico en la anorexia mental? ¿es que lo biológico carece entonces de importancia?

Claro que si, lo biológico tiene mucha importancia y de hecho pone en riesgo la vida de este tipo de pacientes con una mortalidad digna de mención entre las enfermedades mentales, pero lo biológico se forma por arrastre, es secundario a la inanición que sigue a las dietas voluntariamente establecidas y llevadas a cabo de una forma obsesiva y persistente.

Lo biológico opera como un limite sobre lo posible, es por eso que al no poder ser invisibles no hay genes para la invisibilidad, del mismo modo es muy posible que existan genes relacionados con algún aspecto del síndrome de anorexia mental, pues adelgazar y sobre todo ahorrar recursos es una adaptación biológica a las hambrunas pero no hay una correspondencia causal entre los hallazgos biológicos y el cuadro completo de la anorexia mental tal y como lo encontramos en la clínica. No es una enfermedad por falta de alimento sino una enfermedad por la falta de voluntad de alimentarse por un miedo elemental: el miedo a engordar que tiene que ver con el miedo a la exclusión social al que las anoréxicas son especialmente vulnerables.

Una especie de vudú sexual.

Ahí hay que ir a buscar el gen o genes implicados, aunque no hay que hacerse demasiadas ilusiones que tras el hallazgo del gen hallemos la píldora mágica capaz de curar esta enfermedad.

La anorexia mental es el espejo de la sociedad en que vivimos, un mundo basado en la apariencia donde cada persona siente que tiene derecho a tener el cuerpo que desea ob-tener.

¿Soberanía o derechos humanos?

justicia-universal

Hace unos dias se celebraban -en mi ciudad- fiestas patronales, esas conmemoraciones anuales donde todo está permitido y la gente puede beber, trasnochar, comer, bailar en una especie de orgía dionisíaca que termina supuestamente con las coerciones de la vida cotidiana. Esos dias hasta la guardia civil deja de hacer controles de alcoholemia y se hacen oidos sordos a la prohibición de beber, orinar o drogarse en la calle.

Los niños cada vez más jóvenes tienen su oportunidad de hacer sus primeros escarceos con el alcohol, los porros, las salidas de noche y ensayar y medir (comparar) su capacidad de seducción que es la forma en que la competencia industrial ha montado franquicia en el imaginario de nuestros ciudadanos. Esos, que no saben aun que no podrán tenerlo todo a pesar de las promesas de placer que le llegan desde las peliculas, la moda o las canciones rock.

Estaba yo bebiéndome una cerveza en este contexto en una de esas «collas» que se montan para celebrar de forma semiprivada las fiestas cuando un negro de esos que venden pichigüilis para los niños entró en el recinto de una de ellas. El camarero inmediatamente invitó al negro de los pichigüilis a una cerveza y a picar altramuces y cacahuetes y entabló conversación con él. Dado que era inevitable no advertir que se trataba de un subsahariano, le preguntó:

– ¿Tu has entrado por Ceuta o por Melilla?¿Por dónde saltaste?

Es necesario recordar ahora que esta escena se desarrollaba durante las peleas políticas que siguieron al incidente habido creo que en Ceuta donde murieron algunos subsaharianos, esos que hacen cola en la frontera para entrar en territorio español.

Y contestó:

– No, no, yo vine en avión.

Entonces llega alguien que al parecer ostenta mando sobre la citada cerveceria y le dice al camarero que ¿por qué razón está invitando al negro?. El camarero apela al sentido de la fiesta, a la compasión humana y al mandamiento cristiano de «dar de comer al hambriento».

A lo que el mandamás replica: «esta es una «colla» privada», aqui no puede estar, ¡ala! mandalo para afuera. Naturalmente no todo el mundo en la barra estuvo de acuerdo con esta decisión, hasta tal punto que pronto la muchachada se dividió en dos: los que estaban de acuerdo con invitar al subsahariano y los que estaban de acuerdo en defender la privacidad del local.

Unos estaban por la soberanía y otros por los derechos humanos.

Y caí en la cuenta de que ese era precisamente el problema.

Puesto que soberanía y derechos humanos empastan mal. Se trata de conceptos contradictorios entre sí.

Lo interesante de mi observación fue que los individuos -una parte importante de ellos- son dados a la compasión, eso que antes se llamaba caridad. Una persona normal se siente conmovida ante ciertas privaciones de la miseria y esta dispuesta a ayudar al menesteroso. Siempre que se den dos condiciónes: 1) ha de verle, es decir el menesteroso no puede ser una abstracción sino un ser de carne y hueso y 2) el acto caritativo tiene un principio y un final, una cerveza, unos cacahuetes, y a otra cosa.

Naturalmente la caridad no resuelve la pobreza en el mundo pero la ONU tampoco. Lo que es necesario señalar es que la caridad es la forma en que los sujetos individuales entendemos la cooperación, un poco a base de pequeños gestos como ofrecer unos altramuces.

Los derechos humanos si son abstractos, nadie sabe que derecho tenemos los humanos para inferir que existen derechos para nuestra especie y que además son universales, tanto como para exigir que un juez español abra diligencias contra un ciudadano de otro país, tal y como acostumbraba Garzón, un debate que ha vuelto recientemente a las páginas de los periódicos.

El principio de soberanía se opone al principio «derechos humanos». Pasa en las vallas de Melilla y pasa en las invitaciones del camarero. Y vuelve al debate político a través de eso que ha venido en llamarse Justicia Universal.

Personalmente no creo en esa entelequia que llamamos «Justicia universal», pues la Justicia en realidad emana del Estado que se asienta sobre la base de su soberanía nacional.

Del mismo modo estoy impulsado a creer más en la compasión individual que en ese sentido de Justicia que dicen muchos que es innato en el ser humano como dicen aqui. en este articulo que pretende demostrar un sentido de justicia innato en el ser humano confundiendo justicia con codicia comparativa. Lo cierto es que todos podemos ser justos a la hora de detectar las injusticias que nos perjudican pero bastante torpes y ciegos para no ver las injusticias que nos favorecen.

La compasión es la forma biológica en que la soberania se manifiesta en un organismo.

Los derechos humanos ni siquiera se hubieran inventado sin el Estado que es el depositario de la soberanía nacional

Es por eso que existen vallas.

Y subsaharianos que quieren cruzar.