Gallardón hermeneuta

Elevar a categoria normal lo que a nivel de calle es normal (Adolfo Suarez)

gallardon

Un buen gobernante es aquel que sabe leer los deseos mayoritarios de la ciudadanía y que aplica, invalida o redacta nuevas leyes inspiradas en el zeitgeist de su época. Todo político sueña con saber interpretar los deseos de su tiempo y de sus coetáneos a fin de corregir, suprimir o dictar nuevas normas que respondan mejor a las necesidades de la población de ahora y aqui.

Lo ideal es que una ley dure al menos 20 años pero lo cierto es que muy pocos politicos lo consiguen. Afortunadamente, la ciudadanía llega a consensos sobre la cosas y sufre las consecuencias de las malas y extemporáneas leyes que dictan los políticos.

La pregunta obligada es ésta: ¿Por qué los politicos van siempre por detrás de los consensos alcanzados por la población general?

Pues porque son malos hermeneutas.

La hermenéutica es el arte de traducir o interpretar los datos que se obtienen a través de la observación o experimentación de un fenómeno. En las ciencias sociales lo que le interesa a un politico es conocer eso que se llama “opinión pública”, y los intermediarios de esa “opinión” en una sociedad democrática son los medios.

El problema de los medios es que no son independientes, es decir responden a intereses corporativos, empresariales o a lobbyes de influencia. Y es por eso que el que ha de tomar decisiones lo tiene muy dificil, pues ¿como interpretar el sentir mayoritario de la gente?

La mejor forma de saber por donde van los intereses de la mayoría de la gente, es ser gente y no es una boutade. Es bien sabido que los politicos no son gente, son élites y las élites tienen sus propias ideas sobre lo que les conviene a la gente común.

Es asi que los gobernantes toman decisiones inspirados por sus ideales o por sus influencias y es así como suelen equivocarse casi constantemente al no llegar a sintonizar con aquello que Suarez llamó “lo normal a nivel de calle”.

En el tema del aborto se ha llegado ya a un consenso a “nivel de calle” y solo los integristas defienden eso que se llama el “derecho a la vida” y en el otro extremo, el derecho de la mujer a “ser dueña de su cuerpo”. En realidad los dos extremos de esta opinión están equivocados: no existe ningún derecho a la vida, ni existe ningún derecho sobre el feto cuando una mujer está embarazada, el feto es cosa de tres, un padre, una madre y el feto mismo que tiene continuidad embriológica. De eso ya hablé en un post antiguo y no voy a volver a manifestarme: “o regulamos el aborto o nos dedicamos a construir orfanatos”.

El Estado ha de regular el aborto por razones sanitarias: para impedir abortos ilegales, en cuchitriles inmundos y sin garantias médicas. El aborto es una cuestión de medicina paliativa y no una cuestión de moral, religión, conveniencia feminista o diatriba politica. No quiero decir que la decisión de abortar no contenga todos y cada uno de estos aspectos, lo que quiero decir es que todos y cada uno de ellos han de supeditarse a algo que es más importante: que no haya muertes por abortos clandestinos, como se ve es una cuestión puramente sanitaria.

Algo parecido sucedió en nuestro pais con la polémica que se inició con la introducción de la metadona como tratamiento paliativo de los dependientes de la heroína. Aun estoy oyendo las voces de los disidentes: administrar una droga para curarse una adicción, ¿no es una contradicción?

Asi funciona la medicina, no se trataba de curar la adicción sino de impedir sus fatales consecuencias, optando por el mal menor y la verdad es que fue un acierto, los dependientes de la heroína no se curaron con la metadona pero sobrevivieron a todas las calamidades que les hubiera acaecido de no haber entrado en ese programa de sustitución . Algunos aun viven, se apartaron de la pequeña delincuencia de las calles, entraron en contacto con el sistema sanitario y muchos de ellos cambiaron heroína por metadona. Ojalá tuvieramos a mano una metacocaína hoy para tratar de este modo a los cocainómanos.

Gallardón es un leguleyo y por tanto no piensa en términos sanitarios, más aun: piensa en parasitar el sistema sanitario para que sean los psiquiatras quienes dictaminen quién aborta y quién no. ¿Basándonos en qué criterios?

¿Morales, éticos, politicos?

Los médicos no sabemos de eso ni tenemos por qué emborronar nuestro criterio sanitario con esas circunstancias.

Lo que le recomendaría a Gallardón es que interprete mejor lo que la mayoría de la gente quiere, que eche un vistazo a la realidad y que contemple el hecho como una “fatalidad”, algo que no tiene arreglo sino quizá tan solo un parcheo compasivo.

Y la mejor opción, -me sabe mal decirlo-, es una ley de plazos, como la que pensó Bibiana Aido pero sin demagogia y sin “derechos de la mujer” colgando de una decisión tanática que es a fin de cuentas como debemos pensar el aborto.

Gallardón no pasará a la historia y seguramente esa ley de aprobarse tiene los dias contados como el trasvase del Ebro.

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