¿Que fué de la madre esquizofrenógena?

Las meigas: haberlas haylas.

(Proverbio gallego)

significante

El concepto de madre esquizofrenógena es hoy una reliquia conceptual, pero durante la primera mitad del siglo XX tuvo mucha influencia social a partir sobre todo de las descripciones de ciertos psicoanalistas y no solamente de psicoanalistas como veremos después.

El concepto es ciertamente vago y lo debemos  a Frida fromm Reichman que incluso puso a punto un método terapéutico para el tratamiento de la esquizofrenia -la psicoterapia intensiva- similar al de Margaret Sechehaye y que llamó “realización simbólica” y aun al viejo método que aprendí en mi juventud de mano de John Rosen y su discipulo Oscar Sagredo, el análisis directo, una especie de psicoanálisis silvestre  que era más una dramatización de pulsiones inconscientes que un método de parloteo. Sea como fuere, el concepto, la idea de que era la madre (pero no solo la madre) la que causaba la esquizofrenia ha tenido poco éxito en la ciencia tal y como han ido derivando las teorías sobre el polo neurobiológico.

Pero no fueron solo los psicoanalistas los que observaron estas interacciones patológicas entre ciertas madres (y entornos familiares) y sus hijos -futuros esquizofrénicos-.sino que también la escuela de Palo Alto con Grigory Bateson al mando desarrollaron en su momento una teoría interpersonal de la esquizofrenia, la teoría del doble vinculo.

El caso es que todas teorías y prácticas terapeuticas derivadas de ellas cuentan hoy con poco apoyo de evidencia (como se dice ahora) y hablar de psicoterapia de la esquizofrenia es una rareza, si bien se puede intervenir psicoterapeuticamente en las grandes psicosis con objetivos limitados; o bien como alternativas psicoeducativas, o bien como aprendizajes sociales destinados a minimizar los riesgos de su bajas habilidades sociales o bien para asegurar la adherencia al tratamiento.

El último hallazgo -con poco hueso- ha sido demostrar que en las recaídas de esquizofrénicos intervienen en gran manera los ambientes familiares caracterizados por una “alta emoción expresada” (EE), de modo que una de las tecnologías que hoy usamos en la práctica es modular en el seno de la familia el ruido ambiental que caracteriza las interacciones entre sus miembros, presididas por los contenidos críticos, las desvalorizaciones, la hostilidad, los gritos, las invalidaciones y en suma el ruido.

Hoy, tiende a considerarse que la esquizofrenia es -probablemente- no una enfermedad sino varias (clasificadas como sindromes de desconexión) y que existen distintos puntos de entrada a la misma. Genéricamente se acepta que la esquizofrenia -su causa ancestral- está relacionada con el proceso de hominización y es -en palabras de Timothy Crow- “el precio que paga nuestra especie por la adquisición del lenguaje“: al parecer el tránsito que separa la brecha entre significante/significado que incluye un salto de abstracción donde el símbolo suplanta y secuestra a “la cosa en sí” en su ausencia es el responsable de que nuestra especie tenga una alta vulnerabilidad a las enfermedades mentales y más concretamente a la esquizofrenia.

Hoy, lo politicamente correcto es sostener que la esquizofrenia se debe (causas próximas) a una alta vulnerabilidad biológica. Sólo que dado que la vulnerabilidad por sí misma no puede explicarlo todo debido a la baja heredabilidad de la esquizofrenia (no llega al 50% de concordancia en gemelos) es necesario suponer que hay algo más. Es por eso que Zubin y Spring (1977) montaron un modelo para la comprensión de la esquizofrenia que llamaron modelo de vulnerabilidad y estrés.

El problema es que el citado modelo no ha podido aclarar ni los genes implicados en esta vulnerabilidad, ni los estresores que intervienen en el desencadenamiento de la misma. Al fin y al cabo se trata de un modelo no de una teoría.

Lo que si sabemos es que los estresores implicados en el desencadenamiento de una psicosis no son del mismo estilo que aquellos que reconocemos como “eventos de la vida” (life events) que se caracterizan siempre por resultar comprensibles, de una cierta intensidad y que en cualquiera de nosotros podrían desencadenar un trastorno adaptativo pero no una esquizofrenia. Aqui puedes consultar la Escala de eventos o estrés psicosocial de Holmes y Rahe.

De manera que es posible afirmar que los eventos que desencadenan una esquizofrenia son siempre sutiles y pasan desapercibido a los clinicos, probablemente porque el impacto del estrés procede más bien de algo simbólico que no está relacionado directamente con un “suceso vital trascendente o traumático” sino a algo que obliga al sujeto a abstraer algún significado y que por alguna razón le resulta imposible.

Sea como fuere lo cierto es que hoy los clinicos no hemos sido capaces de identificar y de consensuar una serie de estresores significativos de orden simbólico que correlacionen con la activación de una psicosis. No cabe duda de que hemos de ir más allá en la evaluación subjetiva de cada uno de estos eventos.

De manera que es muy probable que la esquizofrenia se encuentre metida en esa paradoja que apresa a la ciencia cuando trata de evaluar lo subjetivo.

Evidentemente, los clinicos no se atienen a dotar de verosimilitud a las vivencias subjetivas (me refiero a los clínicos que no tienen entrenamiento psicoanalítico) y prefieren atenerse a la “evidencia científica” que siempre trabaja con grandes números y conceptos estadísticos. Es muy poco probable que el uso de la estadística sea suficiente para iluminar las causas psicológicas que intervienen en el desencadenamiento o recaída en una psicosis.

Lo cierto es que es probablemente la psiquiatría la única especialidad médica donde el relato subjetivo es tenido en cuenta en la consulta, si bien tal actitud no nos ha permitido aun localizar e identificar en que consiste el estrés especifico de la esquizofrenia si es que tal especificidad existe.

Pero si traigo a este post la idea de la “madre esquizofrenógena” no es tanto para defenderla como hipótesis universal sino para denunciar las causas que están detrás de su repudio. Una de las razones que en su momento se esgrimieron para descartar esta hipótesis de la investigación es que “culpabilizaba” a las madres (como tambien sucedió con el concepto de “madre nevera” de Kanner en relación con el autismo). Personalmente no acabo de entender que una hipótesis cientifica se descarte para no resultar molesta a un cierto grupo de personas. Pero es verdad que estas cosas suceden en la ciencia y es por eso que necesitamos disidentes que no teman recorrer caminos necesariamente amargos en pos de la verdad. Hay que tener mucho coraje.

Asi en este post Eduardo Zugasti plantea estas preguntas sobre el coraje cientifico:

¿Tendrías el coraje de librarte de tus creencias y aceptar lo que es cierto?

¿Tendrías el coraje de librarte de la creencia de que el ser humano tiene un único origen africano? ¿Tendrías el coraje de librarte de la creencia de que no hay diferencias naturales entre sexos y entre razas? ¿Tendrías el coraje de aceptar que el etnocentrismo es, en realidad, algo bueno? ¿Tendrías el coraje de aceptar que las políticas de ayuda al desarrollo son, en realidad, nocivas?

La verdad es que uno no puede renunciar a lo que ve o ha visto, del mismo modo que el esquizofrénico no puede renunciar a sus propias experiencias vividas sean consensuales o no.

Y por lo que llevo visto en mi vida de clinico, hay ambientes enloquecedores, ambientes hostiles, negligentes, rechazantes, vinculos de apego débiles o contradictorios que algunas veces llevan a la esquizofrenia o a cualquier otra cosa.

Tengamos el coraje de aceptarlo: los modos de crianza tienen que ver con el desarrollo de enfermedades mentales, aunque Steven Pinker defienda lo contrario.

Pero esa paradoja entre los datos estadísticos y la evidencia de la observación clinica es para otro post.

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