El efecto Werther

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Fue Phillps el que pidió prestado a Goethe esta conceptualización sobre los efectos miméticos de los suicidios que comenzaron a ser conocidos a partir del éxito editorial de una novela «Las penas del joven Werther» cuya popularidad y lectura hizo estragos entre los adolescentes de cuando entonces desatándose una verdadera epidemia de suicidios.

Desde entonces se enseña en las facultades de periodismo que no hay que hacer demasiada publicidad a este fenómeno ante la evidencia de que la publicidad incrementa los imitadores. de hecho los periodistas andan con mucho cuidado cuando informan de esta clase de cosas que en realidad contrastan con otros fenómenos que no obtienen el mismo tratamiento pero que también se contagian como la violencia de género, las agresiones contra niños y las andanzas de pederastas en la red o fuera de ella.

Recientemente parece que se ha abierto la veda sobre este asunto o al menos así lo reclaman algunos que se fundan en los siguientes argumentos:

  • El suicidio es la primera causa de muerte violenta en nuestro país
  • Dicen y es posible que en los últimos años haya habido un repunte de el numero total de casos debido a la crisis económica
  • Hay una relación (esto no está demostrado) entre los deshaucios y ciertos suicidios.
  • El ultimo tabú de nuestra sociedad debe caer y ser sustituido por información, aquí en este post el lector puede seguir los argumentos politicos en clave «progre» de este autor

Naturalmente hablar del suicidio en plan abstracto no perjudica a nadie, ni las estadísticas sobre el mismo o las teorías psicológicas sobre sus causas pero personalmente estoy convencido de que informar sobre el suicidio de tal persona en particular o los suicidios mediáticos incrementarían el número de víctimas de manera que les adelantaré mi posición sobre el asunto: los periodistas harán bien en mantener en secreto todo lo que sepan sobre esta conducta irreversible, su divulgación no haría sino seguirse de una oleada de imitadores, naturalmente teniendo en cuanta la popularidad de la víctima principal. ¿Se imaginan ustedes uno de esos programas de tertulias de telebasura añadiendo detalles morbosos al suicidio de una estrella del deporte o del rock?

Lo que dice Phillips en el efecto Wherter es que lo que seguiría a ese suicidio mediático seria una epidemis de suicidios y lo más sorpendente: de accidentes de tráfico que son  a veces suicidios encubiertos.

Como el lector puede observar la ratio de suicidios en España ronda los 10/1000.000 habitantes año y nos situamos en la segunda linea de una serie de paises que superan los 14/100.000 habitantes, naturalmente ciertos países no tienen estadisticas y es imposible conocer la incidencia de suicidio en ellos.

Lo interesante es que podriamos compararlo por ejemplo con este mapa donde se mide la edad de una primera relación sexual, observen:

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Y también podríamos hacerlo en relación al consumo de alcohol y los accidentes de tráfico, etc. Lo que encontraríamos es que los países occidentales y opulentos (incluyendo a la antigua URSS) presentan diferencias con respecto a sus vecinos del sur, pero si observamos solamente la vieja Europa nos encontraríamos con ciertos solapamientos entre todas y cada una de las variables que nos ocupan, por ejemplo Escandinavia y Centro Europa parecen a la cabeza tanto del suicidio, como de cualquier otra distopía social (alcoholismo, violencia de género, etc).

Lo único que parece afectarse a través de la información y de la prevención (que siempre se percibe como un abuso de autoridad) son los accidentes de tráfico y los accidentes laborales. Dicho de otra forma, las multas y el castigo.

Causas del suicidio.-

Lo primero que hay que saber es que el suicidio no es una enfermedad sino una conducta que no siempre va destinada a perder la vida, de manera que hablar de causalidad lineal es una ligereza. Morir y matarse no son la misma cosa, en las intenciones de un suicida pueden haber ocultas segundas intenciones como vengarse, dejar una buena indeminización a la viuda, la vergüenza (la devotio de los romanos o el harakiri de los japoneses) huir, dejar de sufrir o coaccionar a alguien, por ultimo es necesario recordar la función de «matar a otro» en la imagen interna de esa persona. De manera que es una conducta heterogénea que no debemos observar con la lupa de la causalidad ni de la psicopatología (en cuanto conducta). Por otra parte se sabe que ciertas enfermedades mentales como la depresión grave o el trastorno bipolar junto con ciertos trastornos de la impulsividad como el trastorno limite de la personalidad son grupos de riesgo para el suicidio, del mismo modo otras condiciones sociales como la edad avanzada, el alcoholismo y la soledad son condiciones que favorecen el suicidio. De modo que en cuanto prevención, hay que decir que el consumo de antidepresivos en una sociedad cualquiera minimiza el numero de suicidios de esa misma comunidad, del mismo modo la asistencia a estos colectivos más desamparados es también una buena estrategia de prevención.

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Pero la mejor estrategia para prevenir el suicidio es evitar su mimetización, pero para eso hemos de hablar de una cuestión de la que ya hablé aqui a propósito del libro «Conectados» de Cristakis y Fowler»: la difusión hiperdiádica.

La difusión hiperdiádica es un concepto calcado del concepto «difusión de la identidad» de Erickson, que se utiliza para describir los problemas de identidad que arrastran ciertos pacientes como los border-lines pero no solamente ellos. Estas personas tienen dificultades para sostener un proyecto de vida que encaje con sus preferencias, habilidades y posibilidades y por contra se pegotean a los demás como proveedores de afecto, control y estimulación, también como objetos frustrantes y  quizá enemigos a la larga. Se supone -según la idea de Erickson- que estas personas carecen de una identidad concreta y autónoma y se refugian en las identidades de las que toman como partes con las que ahora se funden y más tarde repudian. Erickson llama difusión a este proceso de porosidad o de volatibilidad de la propia identidad.

En este mismo sentido Cristakis y Fowler proponen este mismo concepto de difusión para explicar que la mayor parte de nuestras preferencias, gustos, aficiones, sentimientos, emociones, proyectos, deseos, etc que no se cuecen en el interior del cerebro sino en los vínculos que establecemos con nuestras relaciones sociales, así concluyen que:

Más que saber cómo estamos hechos lo que interesa es cómo estamos conectados, con qué materiales, intensidades y coloridos.

Volviendo ahora al tema central de este post, el contagio de algunas condiciones o conductas como ponerse a dieta, comer en exceso, fumar cigarrillos o dejar de fumar, la obesidad e incluso la felicidad o el suicidio se contaminan a través de la red social propia según ciertas características que viene definidas por los grados de aproximación. entre cada nodo de la red.

En realidad todas estas ideas no representan ninguna novedad pues ya fueron expuestas por Durkheim en el siglo XIX. Hace algún tiempo hice un post a propósito de una cadena de suicidios que se dio en un lugar de Gales y que se propagó como un virus a través de la red social de Bebo. El lector puede leer allí, las ideas del que hasta la fecha más ha aportado sobre el suicidio.

De manera que me manifiesto a favor de la contención periodística de tales informaciones sobre todo cuando:

  • Se dan detalles sobre la manera de suicidarse.
  • Se dan detalles sobre la ausencia de alternativas en la búsqueda de soluciones a un problema dado.
  • Se dan hipótesis psicológicas no probadas como causa del suicidio.
  • Cuando se trata de una persona mediática que podría arrastrar a muchos seguidores en su contagio.