¿Excelencia o meritocracia?

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Esta semana un compañero de mi Hospital -un cirujano vascular- se despidió de nosotros puesto que había aceptado una suculenta oferta para irse a trabajar a Dubai, un país árabe de esos ricos que andan comprando todo lo que pueden en inversiones sanitarias y en talentos médicos como el citado cirujano vascular.

Al parecer le habían ofrecido en ese pais hacer realidad el sueño de su vida, montar un servicio de su especialidad con todos los adelantos, tecnologías y las técnicas de su interés -que no se muy bien cuales son-, pero que al parecer son muy perseguidas en aquel país, dispuesto a comprar todas las patentes médicas como ya ha sucedido con las clínicas Baviera de Oftalmologia y otras. Ahora se las llama spin-off y que viene a ser algo asi como la versión empresarial I+D (ganar dinero) de una investigación donde se demuestra que la evidencia es muy rentable.

Los árabes están dispuestos a pagar y comprar cualquier cosa (siempre que no esté relacionada con la salud mental) puesto que los árabes creen en la predestinación y al parecer- por lo que me contaron- consideran la locura un castigo por algún pecado anterior. No sucede lo mismo con las enfermedades físicas, para lo cual están dispuestos a desembolsar cualquier cantidad con tal de tener allí a los mejores especialistas y las mejores técnicas.

Pero el dato de la despedida del compañero dio lugar a la hora del café a una diatriba interesante sobre los modelos sanitarios de ambos paises. Resulta que este compañero en nuestro pais no tenia siquiera plaza fija, aun no habia salido su oposición, por asi decir. Lo curioso es que los de Dubai no le hacian oposición alguna sino que le contrataban por el mismo mecanismo que los equipos de fútbol fichan jugadores. Un contrato de 5 años revisable.

Durante un cierto tiempo dirigí el Hospital al que sigo perteneciendo y me llamó la atención la facilidad que tienen algunos paises para atraer talentos mientras que a mí me estaba vedado contratar a nadie a dedo. Curiosamente en España con un régimen funcionarial no podriamos traer a ningún talento de fuera y ni siquiera mantener los nuestros.Personalmente lo intenté con un oncólogo famoso de Houston que era español. Pero nosotros los españoles tenemos muchos obstáculos para eso: no podemos pagar un sueldo homologable a lo que se paga en USA por la excelencia y lo peor: hay que hacer oposiciones.

Es por eso que las oposiciones suelen estar siempre amañadas, las recomendaciones y los exámenes conocidos son la mejor fórmula para saltarse los controles tal y como también sucede con la obra publica o las contratas,

Las oposiciones son un reducto de la modernidad que en el siglo XIX español supuso un adelanto para terminar con el asunto de los “cesantes”. Los cesantes eran los colocados por el Gobierno de turno en la administración y cuando caía un gobierno arrastraba a todos sus funcionarios. A alguien con sentido común se le ocurrió aquello de las oposiciones, mérito y capacidad demostrada, es decir se instituyó la meritocracia como una forma de terminar con las cesantías y la miseria a la que eran condenados los perdedores de aquella España cuyos gobiernos -Sagasta y Cánovas- se sucedían unos a otros con una velocidad de vértigo.

Las oposiciones fueron una buena idea para terminar con el arbitrario enchufismo de aquella época y para garantizar un cuerpo estatal de funcionarios que subsistieran a los vaivenes de la política y representaran la continuidad del Estado. Y este modelo ha parecido funcionar hasta hace relativamente poco tiempo. Hoy es posible afirmar que los enchufados de las administraciones publicas se han constituido en una carisima rémora siendo los Ayuntamientos y las Diputaciones los lugares mas favorecidos no tanto por la modernidad sino por el oculto caciquismo sempiterno de nuestro país que parece haber sobrevivido a todas las reformas . El modelo de funcionariado que inventaron los modernos esta ya obsoleto,

Y lo está todavía más en el caso de los médicos,

¿Por qué los médicos o los celadores o los enfermeros hemos de ser funcionarios (o estatutarios según se mire)? ¿Por qué el personal sanitario ha de ser funcionario como lo es la policía, los jueces, los fiscales  o los abogados del estado?

No hay ninguna razón salvo la dinámica propia de una estructura obsoleta del Estado y una carencia de alternativas liberales al  asunto de la sanidad. Nunca ha habido para un médico español ninguna otra oportunidad para trabajar sino hacerlo en la sanidad publica compatibilizándola o no con cierta actividad privada-privada. O se era médico del sistema o no se podía hacer ninguna otra cosa. A mi nadie me preguntó si quería ser funcionario simplemente se me funcionarizó. Y más tarde se me incompatibilizó. No había alternativas.

El problema está muy envenenado porque dudo mucho que en este pais sea posible liberalizar (quiero decir privatizar) la sanidad sin la permanente sospecha de que se está favoreciendo a alguien, el enchufismo con el que las oposiciones han quedado contaminadas se ha transmitido ya a las contratas publicas, si se puede amañar una oposición también puede amañarse una contrata. Personalmente creo que con la corrupción que existe en nuestra clase política y con la debacle del estado es muy poco oportuno plantear privatizaciones como las que recientemente hemos visto  en la Comunidad de Madrid y que ha terminado en los tribunales. No me fio ni un pelo de los ardores privatizadores como tampoco me fío de los países árabes que ningunean a sus pacientes mentales, ni de los sindicatos que son un tapón para la modernización del país.

Privatizar tiene ventajas y desventajas, pero no sólo hay que hablar de ellas sino de la tradición. En España hay una cultura de enchufismo y de engaño que no puede resolverse de la noche a la mañana, tampoco hay empresas que tengan la suficiente experiencia sanitaria y cuando digo experiencia sanitaria me refiero a empresas que sepan competir en un terreno diseñado simplemente para la rapiña. La privatización podría dejar sin asistencia no ya a los más desfavorecidos sino a las patologias crónicas y poco rentables pues siempre habrá procesos rentables y procesos no rentables, no es lo mismo operar unas cataratas que atender a un esquizofrénico crónico de por vida. Ni a un diabético,

Unos enfermos consumen recursos mientras que otros salen absueltos de una intervención puntual y concreta. Un sistema de salud debe garantizar la equidad y eso es muy poco probable que suceda con una privatización con trampa.

Lo cierto es que la meritocracia ha muerto ya aunque casi nadie lo ha advertido. La mejor forma de entenderla es a través de este casi chiste que me contaron ayer: ” Lo hizo siempre mal pero llevaba tanto tiempo haciéndolo mal que tenia más puntos que nadie y ganó la plaza.” Pues de eso se trata de tener más puntos que los demás, no importa que un psicólogo carezca de inteligencia emocional si ha publicado papers y tiene la tesis doctoral. Mejor si tiene el apoyo de alguien en el tribunal.

Mi interlocutor se refería a un profesor de universidad, de modo que con esta imagen queda explicado cual es el dilema. No se trata de contarlo desde el político costado de la privatización o la estatalización de los servicios públicos, sino de qué vara de medir vamos a usar para fichar a nuestros profesionales. ¿Les contarán sus méritos de tiempo holgazaneando u optaremos por la excelencia, la innovación y el cambio?

Dicho de otro modo, el mérito por si mismo no garantiza el acceso del mejor, ni el perfil adecuado para el puesto y por supuesto no garantiza sus rendimientos de por vida, más allá de eso: no todos los nepotismos son malos y a veces es peor un recuento frío de meses trabajados. Una oposición para ganar un puesto de por vida es una perversión sin más, salvo en ciertas profesiones donde sea necesaria una identificación total entre el Estado y el profesional.

Lo cierto es que la mejor opción seria una reforma de la administración.

Y lo peor es que ya se hizo hace años y que duermevela en algun cajón del ministerio de sanidad desde la época de Felipe Gonzalez

Nadie se ha atrevido a llevarla a cabo

Un comentario en “¿Excelencia o meritocracia?

  1. Una reforma de la administración, tal como planteas, es imposible en el estado de decrepitud social que reina en España. El uroboro o la pescadilla que se muerde la cola. El ejemplo de la plaza universitaria “por puntos acumulados”, pese a la incompetencia del funcionarizado, llega a caso aún más extremos. Pues no es cosa de capacidad o incapacidad, sino de tener en el bote -previamente a la farsa- tres de los cinco votos. Un conocido, que puso el mingo en cierto colegio universitario de Castellón hace ya varias décadas (con colon irritable como consecuencia de su reiterada ira ante la corrupción), lo expresaba, con sano cinismo, respecto a una persona joven, de alta competencia, una y otra vez rechazada: “Tiene sobrados méritos y capacidades, ejecuta relativamente bien la farsa, pero le falta realizar la oposición previa a la oposición”. Aquí sí hay linealidad: la causa (tres votos seguros, o sea, amañados previamente), genera el efecto (obtención de la plaza). Que un funcionario cometa un acto de manifiesta injusticia a sabiendas se denomina “prevaricación”. Ahora hay que demostrarla… Los testigos huyen despavoridos: ‘Io non ho visto nulla, non so nulla!’ Y así, surge un muro infranqueable: el muro de la ‘omertà’, el arma más poderosa de toda mafia.

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