Los placeres fáciles

Placer es aquello que añadimos a la vida y goce algo que sustraemos a la muerte  (J. Lacan)

atracon

No cabe duda de que nos falta un semiología para entender de qué hablamos cuando hablamos de placer. Para pensar es necesario construir categorias, pues de lo contrario no sabemos pensar y meteremos casi siempre en el mismo corral churras mezcladas con merinas.

Y cuento esto porque en el lenguaje cientifico solemos hablar de un sistema o módulo que controla la recompensa-placer, (el sistema dopaminérgico del que ya hablé aqui, hablando en este caso de la pornografía) algo que viene a decir que recompensa cerebral y placer son la misma cosa, si bien en neurociencia suele matizarse que el placer tiene dos elementos, uno apetitivo  que busca y uno consumatorio que es voluptuoso (el placer propiamente dicho).

Y no es suficiente puesto que el placer y la recompensa cerebrales no son la misma cosa. El placer necesita un sujeto social, mientras que la recompensa cerebral sólo necesita circuitos y neurotransmisores.

Las personas o sujetos tenemos una amplia paleta de placeres a nuestra disposición que además son idiosincrásicos, lo que quiere decir que son privados: cada cual extrae placer de unas cosas y no de otras. Por ejemplo si eres un amante de la musica, puede que te guste Mahler o quizá Bach, el jazz o el country-rock, si tienes mal gusto incluso puede que te guste Julio Iglesias, es verdad que sobre gustos no hay nada escrito lo que significa que la forma en que extraemos placer es una refinada técnica que hemos desarrollado cada uno de noesotros de forma creativa y privada. Cada sujeto está – digamos, especializado- en un tipo de placer adherido al placer universal por la música. La música da placer y el placer que extraemos de la audición de un concierto o canción cualquiera no es el mismo tipo de placer que sienten aquellos que se dan atracones de pasteles.

Hay -por asi decir- placeres fáciles y placeres dificiles. Nuestra especie está adaptada a identificar lo dulce con algo ventajoso en tiempo ancestral, la diferencia es que en el paleolitico no habia refinados de azúcar, y lo dulce -usualmente la fruta madura- no poseía como hoy el potencial destructivo que tiene el azúcar refinado sobre nuestra especie.

La obesidad de nuestro tiempo está relacionada con que casi toda la población somos portadores de un gen ahorrador de insulina lo que señala en la dirección de un linaje de homínidos que estuvieron sometidos -quizá cíclicamente- a la tortura incierta de las hambrunas. Nuestra adaptación es pues a la privación de hidratos de carbono, es por eso que la sobrecarga de azúcares (presentes en bebidas, ketchup, pasteles, helados, galletas y golosinas) que hoy consumimos es letal para nuestra especie (acumulándose sus sobrantes en la grasa subcutánea), pero aun es más peligroso que usemos estos azúcares como premio o soborno de nuestros hijos (Tiger 1992). Estamos construyendo pues un futuro de diabéticos y obesos mórbidos.

Lo cierto es que tanto los azúcares como las grasas o la sal son consumidos en grandes cantidades en nuestro mundo actual porque provocan placer y no existe una cultura psicológica sobre el placer a diferencia de su opuesto: el dolor. Tenemos una lengua diseñada para gustar de lo dulce, del sabor de las grasas animales y de la sal y es por esta razón que la comida es sin ninguna duda algo que está muy controlado tal y como conté en este post. Comer, para un omnívoro es peligroso y por eso es un acto ritualizado social y culturalmente a través de la gastronomia, la tradición y la buena educación en la mesa, medidas higiénicas y etc.

Comer es pues un acto social, un placer social, pero existen ciertas diferencias entre el placer del gourmet y el llenado compulsivo del que se atraca de chocolate.

El chocolate es otro de esos alimentos curiosos que convocan grandes pasiones entre sus consumidores, no solo es azúcar, con o sin lácteos sino que además contiene cacao, un fruto que contiene un producto llamado teobromina que se comporta de una manera similar a la dopamina. Sobre si provoca adicción o no es irrelevante si seguimos el argumentario de este post y que es el siguiente:

Todo lo que provoca placer puede ser adictivo si:

  • Es fácil de obtener.
  • Es autoadministrado.
  • Se consume en aislamiento o sin ritualización social.
  • Sustituye a otro tipo de placeres más elaborados o dificiles.
  • Es la fuente primordial de  placer.

Comer chocolate no es una adicción siempre que el chocolate no sea un sustituto de cualquier otra cosa o impida el obtener placer de otra manera, se consuma de forma moderada o social (sin atracones).

Algunos autores como Tiger han manifestado que tanto el azúcar como el chocolate (los placeres fáciles) mantienen a ciertos adultos en posicionamientos psicológicos infantiles (neobebés, les llama), personalmente estoy de acuerdo con esa idea: la afición al dulce es una recompensa fácil para el cerebro y está desprovista de refinamiento placentero a la vez que obstruye la diversificación de la dieta.

¿Para qué probar cosas nuevas si lo que me gusta es el chocolate o la coca-cola?

Siguiendo con estos argumentos nos será más facil identificar estos placeres fáciles que sobrecargan nuestro sistema dopaminárgico y pueden llevarnos de cabeza hacia la adicción o la compulsión:

  1. El azúcar, el chocolate, la grasa o la sal concocan mayor placer fácil que extraer una amplia paleta de sabores diversos de una dieta completa. El biberón siempre será mas fácil que el pecho para un bebé.
  2. El consumo de pornografía o  la masturbación convocan placer (recompensa cerebral y adicción) porque son placeres fáciles si los comparamos con la dificultad y el riesgo de buscar, obtener y retener una pareja sexual.
  3. El pensar da placer, siempre será más placentero compartir las ideas con alguien que pensarlas a solas  y mucho más si estas ideas tienen feed back, las ideas que tienen retorno social provocan más placer que aquellas que se piensan a solas que siempre tienen el riesgo de convertirse en obsesiones.

Dicho a modo de conclusión: no podemos hacernos adictos a Bach, pero si al chocolate. Para que Bach nos provoque placer hay que saber algo de música, oir a Bach y si se quiere saber algo de su  tiempo. Para disfrutar de Bach es necesario una cierta instrucción, algo que nos viene de lo social, para que nos guste el chocolate basta con ser un sapiens y llenarse de cualquier cosa.

Mi conclusión es que existe una recompensa cerebral y un placer del sujeto que incluye esfuerzo y aprendizaje que no existe en los llamados placeres fáciles, simples clones repetitivos de sí mismos.

Bibliografía.-

Lionel Tiger: «En busca del placer». Paidós (Contextos). Barcelona 1992.