Ser médico

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Uno de los temas recurrentes en un servicio de salud mental como el mio donde coinciden psicólogos y psiquiatras son las bromas y las chanzas acerca de eso que ha venido en llamarse multidisciplinariedad y que no es sino la coexistencia de psicologos, psiquiatras, asistentes sociales y enfermeras en un proyecto bienintencionado de trabajo en común del que ya hablé aqui y de cuya conceptualización, limites y malos entendidos no voy a volver a hablar sino para situarme en el terreno de la ironía.

Contaba yo el otro dia a quién quiso escucharme que hay una diferencia fundamental entre psicólogos y psiquiatras, una diferencia que me parece definitiva y esencial: los psiquiatras somos médicos y estamos por tanto investidos de “carisma”. Los psicólogos, aunque Bolonia haya dispuesto lo contrario no son una profesión sanitaria y es por eso que no tienen carisma, como tampoco la tienen los fisioterapeutas, los enfermeros, los veterinarios o los odontólogos, a pesar de que estos, si, son profesiones sanitarias.

De manera que preciso ahora definir qué es eso del carisma.

El carisma es aquello por lo que la gente te busca cuando está enfermo o cuando va a morirse.

Y no existe una profesión mas vinculada al carisma que la medicina: el médico es médico para siempre, hasta que se muere, más allá de si está jubilado o en activo. El médico es considerado siempre médico con independencia de su especialidad, de su pericia, de sus titulos académicos o si es de dia o de noche. El médico siempre es médico aunque no ejerza.

Lo interesante de la carrera de medicina es que es un saber autónomo no intercambiable. Los médicos necesariamente hemos de ser médicos, ni enfermeros podemos ser, ni fisoterapeutas o podologos. Un psicólogo puede dedicarse a muchas cosas, existen puentes que alargan su profesión hasta el contacto con otras, pueden dedicarse al deporte, a la enseñanza, a la pedagogia especial, a los RRHH, etc. Los médicos tenemos cegadas todas las posibilidades o somos medicos o no somos nada.

Les contaré una anécdota.

Hace unos meses una persona de mi finca enfermó gravemente, era de noche y domingo de modo que me llamaron (a los médicos siempre nos llaman cuando pasan estas cosas en el micromundo de las fincas de vecinos). Subí a casa de mis vecinos y me encontré con una anciana sentada en un sillón que agonizaba. Me di cuenta de que tenia un encharcamiento de pulmón (un edema agudo de pulmón) y que estaba muriéndose, era cuestion de minutos. En cuanto llegué a la casa los familiares desaparecieron y me dejaron solo con Teresa que era el nombre de aquella señora que yo no habia visto nunca.

Los familiares, y en realidad casi todo el mundo está horrorizado ante la presencia iniminente de la muerte y son muy pocos los que aguantan el tirón de hacer compañia en sus últimos momentos a sus familiares cuando tienen que hacer ese tránsito -el mas importante de su vida- a solas. El caso es que cogí a Teresa de la mano y le susurré al oido: “¿Ves la luz Teresa?” “No tengas miedo y ve hacia la luz, yo estaré contigo hasta que te hayas ido”. Repetí este mantra varias veces sin dejar de tomarle el pulso, hasta que su corazón dejó de latir con esa mueca hipocrática que deja la muerte y que algunos confunden con una sonrisa de felicidad.

Naturalmente yo no creo nada de luces, ni túneles, ni de estas experiencias próximas a la muerte que de existir deben ser la manera en que el cerebro lo organiza todo para no sufrir, de modo que me aseguré de estar a solas con la moribunda y que nadie de su familia me oyera repetir mi oración, pues una oración parecia al fin y al cabo. Y el caso es que yo no habia sido requerido por ser un cura, o un religioso, sino un médico. Pero un médico que no es cardiólogo ni sabe nada de edemas de pulmón y que sin ninguna tecnologia nos encontramos en igualdad de condiciones para acompañar moribundos que cualquier otra persona.

Me pregunté por qué no habian llamado a un psicólogo (hay varios en mi finca) o a cualquier otro vecino más cercano que yo a la religión. Me llamaron a mi porque soy médico. Ese es mi carisma.

Y entonces me di cuenta de que aquello que cuando era joven algunos llamaban “vocación” – y que yo siempre rechacé pues no sentí ninguna llamada- en realidad es lo que ahora yo nombro como “carisma”.

Que es lo que los demás nos suponen a los médicos y por eso nos llaman en situaciones críticas, donde no nos llaman para que hagamos nada concreto, salvo que les sustituyamos en aquello que ellos no quieren hacer: mirar a la muerte a la cara y decirle a Teresa que vaya hacia la luz.

Aqui en la wiki hay una definición convencional del carisma que relacionan con la capacidad de convocar adhesiones en función del atractivo o del magnetismo personal de una persona, algo muy parecido al liderazgo pero que va más allá de él.. Pero para mi “carisma” es algo que va más allá del éxito teatrero o dramático de una persona que convoca fanatismos más o menos comprensibles, por su capacidad de curar, sostener, convencer, o guiar a personas descarriadas. Para mi el carisma es la capacidad de despertar en los demás talentos dormidos que no se hubieran explicitado sin la concurrencia de carismático o bien la de tramitar todo tipo de papeleo con lo sagrado. Los que siguen a un personaje con carisma lo hacen porque no saben dónde ir, mientras que el personaje carismático parece que sabe donde va, tal y como comenté en algun post anterior.

Y es por eso que el médico mantiene su prestigio carismático a pesar de todo lo que ha llovido, simplemente nosotros no nos asustamos ante la muerte e incluso somos capaces de fingir que hay un túnel al final del cual vemos una luz.

Teresa no puede confirmar si lo vio o no, pero lo que es seguro es que no murió sola, bastaba una mano aun sin fonendo.

4 comentarios en “Ser médico

  1. Don Paco, siempre le he admirado desde que lo conozco por el Twitter, y me admira su claridad de pensamiento, ya que los psiquiatras que conozco acá en México, no todos pero la mayoría, parecen contagiarse de las dolencias de sus pacientes. Ahora me explico por que mi compadre, otro médico general, momentos antes de ingresarme al quirófano para que me practicaran una discoidectomía cervical L4-L5 y L5-L6, me decía: ” siga la luz, compadre… siga la luz…” y yo que pensé que se refería a las lámparas del quirófano…

  2. No termino de entender eso de la luz. ¿Los moribundos ven siempre una luz?. Lo digo porque, si a alguién que se está muriendo le dices que vaya hacia la luz, y él no ve ninguna luz, no me parece que eso le vaya a aliviar la angustia ( más bien me parece razón para que le aumente).

  3. Eso hay que saberlo administrar. Aunque si uno es sincero y honrado consigo mismo e intenta serlo con ls demás, se dará cuenta que la vida desnuda es dura y que vivirla con la conciencia de la vida desnuda puede asustar a cualquiera. Lo que hace la vida un poco más llevadera, una de las necesidades es el tener un grupo y tener quien te acuda, saber que puedes refugiarte. Uno ha de aprender a vivir en el mundo de la vida, de la existencia. Desde luego la presencia y el dialogo con un médico sincero y bien preparado te dá mucha tarnquilidad para aceptar y asimilar de buena gana el diagnóstico y aceptar tu responsabilidad.

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