The human brain project

Muchas veces he resaltado la paradoja de que un mundo como el nuestro puedan suceder cosas tan incomprensibles como que nos sea posible mantener conversaciones de voz o imagen a cientos de miles de Km de distancia y seamos tan ineptos para haber ya encontrado un medicamento o alguna clase de tecnología para tratar y curar la esquizofrenia, el paludismo o el cáncer. No deja de ser sorprendente que hayamos sido capaces de encontrar soluciones para cosas tan dispares como viajar a la luna o a Marte, encontrar métodos de comunicación sin cables, y sin embargo que nuestro conocimiento de ciertas enfermedades nos resulte tan resbaladizo.

Tanto es asi, que los laboratorios farmacéuticos han tirado la toalla, no sólo por la presión ciudadana que han tenido que soportar a veces con y a veces sin razón sino sobre todo por la ausencia de hallazgos nuevos, es como si la investigación convencional hubiera tocado fondo: después de invertir ingentes cantidades de dinero en investigar en SNC (sistema nervioso central) todo parece indicar que las lineas de investigación destinadas a encontrar nuevas dianas terapéuticas para las enfermedades mentales o neurológicas severas han fracasado. Como muestra un botón: los farmacos antipsicóticos de los que disponemos hoy no aportan nada terapéuticamente hablando a los que usábamos hace 30 años, si bien se ha ganado en seguridad, se han minimizado los efectos secundarios y son mejor tolerados que los de antaño. Sin embargo no es suficiente, en todo el tiempo transcurrido desde que se empezó a usar el Largactil (clorpromazina) o el Tofranil (imipramina) ha pasado demasiado tiempo para no haber dado con alguna otra tecla que pudiera impulsar la investigación hacia otro lado. Seguimos anclados en las monoaminas cerebrales y en los receptores neuronales de las mismas, pero no es suficiente.

Si hiciéramos esta pregunta a algun profesional acreditado seguramente respondería que la razón de nuestra ignorancia hay que ir a buscarla en la complejidad de lo que andamos estudiando, el cerebro. Y es verdad que el cerebro es una de las “máquinas” más complejas que existen en el universo. Y es verdad también que le conocemos mucho mejor que hace 30 años, pero sigue sin explicarse la paradoja a la que me he referido anteriormente. Sabemos muy poco a efectos prácticos, si el objetivo es mejorar la salud de nuestros conciudadanos, sabemos menos del cerebro que los fabricantes de móviles sobre redes inalámbricas y tecnologia punta.

No es sólo por la compleijidad del asunto sino por dos cuestiones añadidas: el dinero y la fragmentación del saber. Ambos están unidos por una industria que privilegia la rivalidad en lugar de la cooperación. En algun otro lugar he dicho que ya sabemos lo suficiente, pero que nos falta un modelo firme sobre el que proyectar todo lo que se sabe. Y además necesitamos coordinar, integrar todo lo que sabemos desde un punto de vista multidisciplinar.

Es por eso que no es posible hoy hablar de un Human Brain Project sin contar con la NASA, sin contar con los fisicos del CERN, sin contar con los mismos neurocientíficos o sin contar con modelos matemáticos y potentes computadoras que sinteticen todo ese saber.

De eso va el “Proyecto cerebro humano” que recientemnte la Union Europea ha dotado con un buen puñado de dinero con una agenda a 10 años junto al proyecto del grafeno , el material del futuro.

Vale la pena oir/ver este video de TED donde Henry Markram nos lo explica bien sencillo, junto con las aplicaciones industriales y las oportunidades de negocio que pueden haber detrás de esta modelización cerebral que ya cuenta con cierta tradición en el Blue Brain Project, su antecesor.

2 comentarios en “The human brain project

  1. Muy informativo este post, Paco. Gracias.

    A mi, la visión de este video donde Markram expone una justificación del proyecto, me deja parcialmente satisfecho / insatisfecho.

    Me parece, dicho sea con la mayor modestia / inmodestia, un enfoque “exclusivamente neurocientifico”. Con esto me refiero a que los métodos de análisis del problema “¿Qué hace el cerebro? ¿Cómo trabaja?”, parece que van a salir de la caja de herramientas habitual y no de una nueva. Con habitual me refiero a aquella que está tratando, desde hace demasiado tiempo ya, de desentrañar la función cerebro – mente sin considerar los distintos discursos que pueden realizarse para hablar de una misma cosa.

    No se trata de ver que hace 100.000 neuronas con 100 estados metabólicos diferentes (pongo por caso) y tener la fuerza computacional para hacer esos simulacros y ordenarlos probabilísticamente. No, se trataría más bien de ver, de probar una y otra vez complementariamente y confrontativamente, como las diferentes metáforas discursivas manejan elementos comunes de los que puedan extraerse leyes. Estas leyes deberiamos encontrarlas en los distintos planos discursivos. Eso si que sería el “Proyesto cerebro integrado” y no el aquí propuesto “Human Brain Project”.

    Yo pondría a trabajar juntos a un experto en religiones con un etnógrafo y un programador, un sociologo con un hipnotizador y a un psicoanalista con un psicofarmacólogo, por nombrar varios tipos de productores de metaforas.

    Si, por ejemplo, la industria farmaceutica usara otras formas de aproximarse al problema de las enfermedades cerebrales y consiguiera rebajar a un plano de menor relevancia la cuestión del rendimiento económico, obtendría resultados. De esto sin embargo no se habla en la presentación de Markram.

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