Psicópatas y antisociales

No cabe duda que los psicópatas son personajes mediáticos cuyas “hazañas” ocupan gran parte de las noticias orales y escritas, debe ser por eso que al filo de la noticia se cometen con frecuencia banalizaciones y sobrevaloraciones del termino psicopatía, una banalización que corre paralela a la idea de que estamos rodeados de ellos y que con cierta impunidad los psicópatas de hoy están en la politica o en la empresa. De ahi a decir que todos los politicos o los empresarios son psicópatas hay un paso. En realidad ese paso ya se ha dado y en las redes corren como la pólvora noticias y articulos destinados a iluminar esta idea.

En realidad no es posible que existan tantos psicópatas en la vida pública española, pues los psicópatas son una población pequeña, un 1% de la población general según Hare que es el que más sabe de esta cuestión -desde el punto de vista clinico- y es más frecuente en hombres que en mujeres. Pero no es psicópata quien quiere sino quien puede. Dicho de otro modo: el psicópata nace y comienza a manifestarse hacia los 3-5 años.

Lo cierto es que el termino psicopatía es bastante confuso. La primera confusión procede de la indiferenciación de dos categorías: la de personalidad antisocial y la de psicopatía.

La personalidad antisocial o sociopatía es el término psiquiátrico ortodoxo que ha sufrido, por cierto muchas criticas por su universal solapamiento con la delincuencia de bajo nivel y los entornos deprivados. Pareciera que en esta etiqueta cabe cualquier persona que cometa un delito, lo que de alguna manera invalida esta categoria. Pues si todos los que cometen delitos son personalidades antisociales es obvio que el tópico esta describiendo una realidad jurídica mas que psiquiátrica.

Lo que dice el libro de Hare es que los antisociales son una población bien distinta de los psicópatas. Para empezar los antisociales parecen muy dependientes de factores ambientales, pertenecen a familias desestructuradas, donde la pobreza, la deprivación y la marginalidad aparecen en primer plano. Por contra los psicópatas pertenecen a familias medias o medio-altas y comienzan a manifestar sus primeros síntomas ya en la infancia, usualmente mediante el maltrato de animales o la irresponsabilidad o vandalismo.

Aunque la psicopatía tiene una suficiente base empirica lo cierto es que aun no se encuentra codificada ni siquiera en los manuales diagnósticos y existe hasta una dificultad descriptiva. Se trata de una patata caliente para la psiquiatría ¿Qué es un psicópata?

La primera cuestión que se me ocurre es decir que un psicópata es un amoral, es decir una persona que desprecia los códigos morales de su tiempo y de su comunidad, pero de ninguna manera sería positivo describir las psicopatías atendiendo a los extremos: los casos de crimenes mediáticos como el del noruego Breivick que son efectivamente crimenes psicopáticos pero que pertenecen a casos extremos, la mayor parte de los psicópatas no son necesariamante violentos ni cometen crimenes abyectos como nos acostumbran a pensar desde la literatura o el cine.

Si atendemos al termino amoral caeríamos en un error llamativo. ¿Pues qué es moral? Bien, todos tenemos un punto de vista bastante intuitivo sobre la moral y es por eso que nos indignamos cuando alguien mete la mano en el cajón, esos politicos que cobran comisiones por algo publico o los que se enriquecen sin dar chapa gracias a un pelotazo ¿Pero son psicópatas estas personas tan abundantes en nuestro entorno?

No, no lo son, por lo tanto el criterio moral no nos sirve para identificar a un psicópata. Es necesario recordar que la moral evolucionó para controlar la conducta de los demás, no la propia. Es verdad que el control moral hace a los grupos más compactos, cohesionados y laboriosos, pero en el nivel individual nadie se considera un amoral ni se considera sospechoso de trasngredir las reglas ni por supuesto merecedor de castigos una vez se han inflingido. Del mismo modo somos capaces de mantener nuestra vara de medir de las conductas ajenas en clave moral siempre activas. O dicho de otra manera: somos capaces de detectar las inmoralidades ajenas aun en estado de intención pero no somos capaces de juzgarnos en clave moral en nuestros actos salvo en cierto casos, siempre encontramos justificación.

The-Science-of-Evil

Otro de los errores que suelen cometerse en las descripciones clásicas de estas personas es el énfasis que se pone en la falta de empatía tal y como hace Baron-Cohen y otros en el libro “The science of evil” que en castellano se tradujo como “Empatía cero”. En realidad esta idea es falsa o al menos incompleta, pues la empatía tiene al menos dos aspectos complementarios: uno es la capacidad de leer mentes ajenas, es decir la capacidad de intuir las emociones y necesidades del otro y otra cuestión es la resonancia emocional que se tiene con ese otro. En realidad el psicópata es muy empático si atendemos a la primera parte de la definición de empatía y nada empático si atendemos a la segunda parte: la identificación con el otro, en el sentido de ser capaz de vibrar con la emoción de ese otro. El psicópata no es ciego a las demandas de compasión de su victima, es capaz de percatarse de ellas simplemente no resuenan en él. Pero otra vez nos hemos situado en los extremos y el lector puede haber entendido que el sadismo, la crueldad extrema, los crimenes sin motivo son la esencia de los psicópatas cuando solo están representando a una pequeña minoría de agresiones apragmáticas o anómicos donde parece que lo que se busca es el mal por el mal.

La psiquiatría no ha podido ir muy lejos en su delimitación del término psicopatía que se originó, no tanto para describir a estos seres desalmados que asesinan a sangre fría niños en las escuelas, sino que mas acá de eso  lo inventó Kurt Schneider como sinónimo de lo que hoy entendemos como trastornos de personalidad, un desarrollo anormal del carácter por causas no bien conocidas.

Y asi seguimos, sin saber muy bien a qué se deben estos trastornos que aunque los psiquiatras nos empeñamos en proclamar que no son casos psiquiatricos en el sentido de que no sufen ninguna enfermedad mental, luego nos dedicamos a escribir libros y articulos sobre el asunto desde la clinica. Lo cierto es que muy probablemente nuestra ignorancia sobre los psicópatas procede del hecho de que nadie quiere ocuparse de ellos teóricamente hablando. Sin embargo la población general lo tiene claro: aquellos que cometen crimenes execrables están locos, o por decirlo de alguna forma: algo tienen averiado en el coco. Para la opinión publica el Mal es una forma de enfermedad mental.

Y aqui está a mi modo de ver la clave de nuestra ignorancia. Si sabemos tan poco de los psicópatas es porque nos empeñamos o bien en verlos en terminos morales (el Mal) o bien en términos clinicos, la locura. Poco nos han aportado hasta el momento ambos puntos de vista aunque probablemente la Justicia se interese más por un diagnostico operativo en clave de saber si es o no imputable un delito a una persona cualquiera.

Efectivamente la clinica tiene poco que decir de modo que nos tenemos que infiltrar en el territorio del Mal si queremos saber algo más. Y hacerlo desde una perspectiva evolucionista.

capellán

Richard Dawkins escribió un libro, -una especie de antología de textos sueltos- donde aporta una anécdota que creo pertinente dejar aqui.

Dawkins dedica buena parte de su tiempo a dar conferencias, y como siempre sucede en ellas al final se abre un turno de preguntas donde iconoclastas de todo tipo se amontonan para desacreditar su teoría de los replicantes egoístas (que procede sobre todo de un libro revolucionario: El gen egoísta). Una persona del público que seguramente era un creacionista de esos que defienden la idea del Gran Diseño, le hizo un pregunta envenenada. Más o menos la pregunta era ésta.

Si una especie B procede de una especie A (por evolución) es seguro que en un momento determinado de la evolución la madre M de la especie A tuvo una hija H en la especie B, de tal modo que se encontraria a medias entre ambas especies. ¿A qué especie pertenecerian M y H?

La pregunta tiene muy mala leche pero en realidad señala hacia la solución de las especies-anillo (aqui hay un texto que procede de esta anécdota que cuento)  el que hace la pregunta está pensando en un desarrollo evolutivo lineal y saltígrado, no se plantea el desarrollo evolutivo circular (especies-anillo) y es víctima de lo que el mismo Dawkins ha llamado “mentalidad discontinua”. En realidad lo que el iconoclasta no sabe es que la especie A puede ser A en el norte de Inglaterra y B en el Artico y que las especies intermedias (híbridos) que no pueden reproducrise han desaparecido ya (se han extinguido) por lo que parece que haya una salto entre A y B, una discontinuidad.

Del mismo modo el publico en general cree que esos personajes, que salen en los telediarios y que han cometido un crimen atroz, son locos o perturbados mentales simplemente por la incomprensibilidad de su conducta. Para el vulgo o se es un psicópata o se es una persona normal, no hay medias tintas. Son victimas de la mentalidad discontinua y ellos mismos escotomizan sus propias transgresiones y psicopatías. Pues la verdad es que si la psicopatía es la ausencia de moral todos somos en cierto modo psicópatas sobre todo cuando nos conviene serlo (cuando sólo existen ventajas) pues ya sabemos que la moral es la forma en que el grupo controla a los individuos y no la forma en que los individuos autodirigimos nuestra conducta. Pues un psicópata no es más que una persona común que quiere salirse con la suya siempre y que tiene ciertas habilidades para hacerlo, muchas más si tiene poder, dinero o atractivo (aqui hay una entrada sobre las ventajas de serlo). O dicho de otro modo: la conducta moral es un continuo entre el Mal absoluto y la Bondad absoluta y no una categoría en la que se está o no se está.

Y aún: ni el Mal ni el Bien puro no existen tal y como podemos leer en esta entrada del Dr Malo (@pitiklinov), el Bien puro tampoco, no somos santos y no sabemos como reaccionaríamos si nos vieramos en situaciones como las del experimento Stanford.

Lo que si sabemos es que los excesos de autoestima y los idealismos morales proporcionan no pocos pretextos para ejercer de psicópatas, precisamente los valores con los que más nos identificamos y en los que educamos a nuestros hijos.

11 comentarios en “Psicópatas y antisociales

  1. !Que placer tan grande leer este ´post´! Y cuanto gusto si pudiese aportar algo de mi experiencia con psicopatas. A partir de Navidades regresare a Espana y espero tener tiempo para realizar algun comentario. !Feliz Navidad y gracias por cuanto escribes!

  2. El que le hizo esa pregunta a Hawkins era abogado. Esa profesión se lleva bien con la “mentalidad discontinua”, porque se ocupa de convenciones sociales. Los conceptos en los que se basan las normas jurídicas no son categorías descriptivas, cuyo valor se estime en función de la mayor o menor exactitud con la que se ajusten a los hechos del mundo real, sino distinciones pragmáticas cuyo valor se estima en función de la utilidad que se sigue de ellas. La separación entre hombre y animal, que los legisladores toman en cuenta al establecer el tratamiento penal que corresponde a la muerte de un hombre y a la de un chimpancé no se sustenta en el tipo de datos bioquímicos, genéticos o fisiológicos que un biólogo puede tomar en cuenta a la hora de adscribir a una especie determinado espécimen, sino en la utilidad que se sigue, en orden a facilitar la gestión de los problemas de convivencia entre seres humanos, del hecho de disponer de un criterio, fácil de usar, para discernir entre las conductas que deben ser penalizadas como asesinato y aquellas a las que no corresponde esta consideración. Las leyes que castigan el asesinato no se derivan de la sublime consideración en que la vida humana debe tenerse, sino del hecho de que las consecuencias de la generalización de una conducta como el homicidio, resultan indeseables para casi todos los seres humanos. La distinción “discontinua” entre hombre y no hombre, puede que no tenga valor científico, pero tiene valor pragmático: sirve -cuando es tomada en consideración para delimitar que conductas entran dentro de una determinada categoría de delito- para proporcionar a los habitantes de una determinada comunidad política, determinadas seguridades, sin las cuales, sufriría enormemente el bienestar de casi todos. Lo que decide que esta distinción “discontinua” entre hombre y chimpancé tenga este valor reside únicamente en su facilidad: es una distinción que se impone con contundencia, en el nivel más intuitivo; realizando el mismo papel que los ríos y las cordilleras en la delimitación de las fronteras de los países. Al otro lado de esa línea divisoria se sitúan aquellos seres que no reciben (o no reciben en la misma medida) la protección de la ley; la razón de que no la reciban estriba en que no existe motivo para querer prevenirse contra ellos (porque carezcan de recursos para hacer daño) o porque el tipo de prevención que la ley representa no obraría efecto con ellos (los chimpancés no leen el BOE). Existen personas en las que concurren una u ambas circunstancias (no ser temibles, y no ser disuadibles mediante leyes), es el caso (con algunos matices) de los niños y de los locos, y, conforme a ese criterio, no tendrían que recibir protección de la ley; la razón de que si lo hagan reside (dejando aparte el hecho de que allegados suyos puedan querer cobrarse venganza del daño que se les haga) en que la frontera entre lo humano y lo no humano es -a estos efectos- lo bastante importante como para que se consagren los mayores esfuerzos a evitar que se difumine (ese es el principal peligro que yo veo en los reclamos de quienes reivindican extender el principio de la igualdad moral, para que incluya a todos los grandes simios, o a los fetos humanos). Consideradas así las cosas, puede tener sentido (aunque los datos científicos no lo avalen) considerar “loco” a quien comete uno de estos crímenes incomprensibles (las leyes se hacen para disuadir conductas comprensibles).

  3. Si existiera una especie no humana, poseedora de un nivel de inteligencia que, por una parte, hiciera indeseable convocar su cólera (por la capacidad de destrucción que ese alto indice intelectual le procuraría), y por otra parte le permitiera leer los textos legales y entender su sentido, tendría razón de ser que las leyes proporcionaran a sus vidas y propiedades la misma protección que otorgan a los seres humanos; en tanto algo así no aparece, la frontera entre hombre y animal es una piedra angular de los sistemas legales. Aquellas personas que cometen crímenes incomprensibles; crímenes que escapan al cálculo de costes y beneficios que las leyes penales tienen en cuenta, no son disuadibles mediante leyes, pero su inequívoca adscripción a la especie humana, convierte en inadecuado usar con ellas los mismos métodos con que se combaten las plagas de animales dañinos; se plantea entonces el dilema: ¿Hay que tratárlos como miembros de la especie humana, exigiéndoles las responsabilidades que deriven de su conducta, o corresponde tratarlos como animales dañinos, dándoles muerte, sin otra consideración?. Para solventar ese dilema, se inventó la convención jurídica de “loco”, y se decidió que quienes cayesen debajo de esta categoría, caso de revelar peligrosidad, fuesen internados en centros especiales, en vez de ser ejecutados, encerrados en cárceles o multados. Dicho de otro modo: la cuestión no es tanto en determinar si tal persona padece realmente una enfermedad mental, como en determinar si la ley tiene algún papel en su caso; si la conducta por la que se le juzga no pertenece a la categoría de conductas que pueden ser disuadidas por medio de leyes, no lo tiene (el conflicto, en todo caso, aparece cuando el enfermo mental comete un acto delictivo, perteneciente a la categoría de conductas comprensibles)

  4. A mi aún no me queda clara la definición. Es común que los mismos psiquiatras se equivoquen hasta cuando los entrevistan para que den su opinión sobre un criminal( confunden psicópata con sociopata). Por lo que leí en un aparte de tu artículo si el psicópata nace así no sería correcto judicializarlo porque sería una victima de su propia genética. Recuerdo que en derecho hay un convencionalismo de que algunos individuos nacen para ser criminales.

  5. Señor Roberto: En el caso de que alguien cometiese un crimen -contemplado en código penal- y se le eximiese de la pena por existir un dictamen psiquiátrico que lo clasificara como “psicópata”, ¿qué lograríamos? Por otra parte, el psicópata no siempre está manchado de sangre: los hay de guante blanco, muy blanco. ¿Dónde abundan? O mejor: ¿qué les atrae más? Todo aquello que huela a poder. Y una pregunta: ¿Existe alguien que no sea ‘víctima’ de su propia genética?

  6. Vaya!! fue un placer exquisito leerte. gracias por adjudicarme el mérito. Con amor. Aquel que formuló aquellos dos “aspectos complementarios: uno es la capacidad de leer mentes ajenas, es decir la capacidad de intuir las emociones y necesidades del otro y otra cuestión es la resonancia emocional que se tiene con ese otro”.

  7. Dejando a un lado el sarcasmo. me ha resultado muy interesante este post. Delimitar conceptos es, además de una temática que subyace aquí, algo que supongo resulta ser en demasía obsesivo y a la vez “intelectual” (en el sentido de realización abstracta y de alguna manera no-generadora de sucesos “que existen”) como para que muchos sean los que hayan procurado extensas noches sin dormir para llevarlo a cabo. Sucede a menudo que muchos no están o no son aptos para generar por sí mismos la noción de estructura ausente que propone Eco en su libro homónimo, ya que sin ésta perdemos de vista que las categorías (ejem. “especie”) no son “enteramente” una estructura que existe o habita como parte de lo existente ni son enteramente “el prisma con el que cual miramos”. Como siempre, un excelente post. Será hasta otra oportunidad. Buenas noches.

  8. Para los que no clickean los links, Paco sostiene: “Varela propone que nuestra fijación por imaginar a la mente como un sistema representacional y pasiva de la realidad-mundo es un error epistemológico que nos ha mantenido ocupados tanto tiempo precisamente por la endeblez de la realidad en mostrarse fija y también por la debilidad cognitiva de los constructos para apresarla como un Yo cuya existencia se nos escurre constantemente de entre las manos.

    Varela propone una hipótesis muy osada, los contenidos mentales dibujan en su propia organización -autoorganización- un mundo sensible percibido que en parte es una emergencia, una creación autopoyética que procede del ordenamiento en clases de esos mismos contenidos mentales. Asi realidad-mundo y fenómenos mentales se encontrarían en un contínuo diálogo tranformador. Varela opta por el punto de vista de enmedio: huevo y gallina serían coemergentes.

    De manera que la realidad que percibimos no es una copia exacta de la realidad en sí, sino una aproximación. Percibimos significados (pescamos peces) a través de un red simbólica (lenguaje y abstracciones) que nos permiten configurar esa misma realidad que se nos presenta a través de significantes. De modo que entre significante y significado no existe una correspondencia lineal sino indeterminada, cada significante tiene múltiples significados según el sentido que cada cual le adjudica.”

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