¿Que es información?

EL PINGUINO

Es seguro que usted ha jugado alguna vez este juego:

Se trata de adivinar cual es el animal en que estoy pensando, usted puede hacer preguntas cuyas respuestas (si o no) delimitan el campo y van despejando la incertidumbre poco a poco y por tanto la posibilidad de acertar. De lo que se trata es de adivinar el animal con el menor número de preguntas. Asi:

1.-¿Es un vertebrado?

2.-¿Es un mamífero?

3.-¿Es un ave?

4.-¿Vuela?

Es un pingüino.

La primera pregunta es «si», lo que descarta a los invertebrados y acota al 50% las posibilidades, ya sólo nos tenemos que preocupar de los que tienen columna vertebral.

La segunda pregunta es «no», lo que deja el camino expedito a las aves y a los reptiles.

La pregunta tres «Si» ya acota un nuevo territorio de posibilidades, sabemos que es un ave.

La pregunta cuatro es decisiva, pues damos por sentado que todas las aves vuelan, y no tomamos el ejemplo de las gallinas o los pingüinos (que usan las alas para nadar). De manera que un «no» ya acota las posibilidades sólo  a dos clases de especies.

La última ya no es una pregunta sino una afirmación. «Si».

Con cuatro preguntas hemos acertado la adivinanza.

Y sucede por una cuestión: las preguntas reducían de mayor a menor (de lo universal a lo particular) el campo de elección que iba estrechándose hasta dar con la respuesta adecuada. Dicho de otro modo las preguntas estaban cargadas de intención y las respuestas estaban cargadas de información.

Información son noticias sobre la diferencia, y llamamos información a una comunicación que reduce las probabilidades de elección al 50%, entonces hablamos de un bit de información. Cada «si» o cada «no» contiene un bit. Un bit es la unidad de información que disminuye la incertidumbre en un 50%.

Un invento de Claude Shannon el padre de la teoría de la información.

Shannon era un ingeniero que estaba dedicado a investigar alguna forma de reducir los mensajes telegráficos a fin de que fueran legibles por un receptor y que resultaran lo más económicos posibles sin perder legibilidad. Un ejemplo de la codificación que propuso Shannon es lo que hoy entendemos como «enlaces cortos» de una web. Asi esta página tiene un titulo demasado largo https://carmesi.wordpress.com/2012/12/28/que-es-informacion/. Pero hay otra forma de llegar hasta aqui, es ésta: http://wp.me/p4oJn-1dV.

La segunda opción (vínculo corto) es tan eficaz como la otra, en el sentido de que los dos vínculos nos llevarían a la web pero como el lector podrá sospechar los dos vínculos difieren en una cuestión: el primero, es más largo pero contiene -de forma legible- más información que la segunda (que es una codificación arbitraria). A la hora de enviar un telegrama es preferible la segunda opción (que es más barata) pero pierde definición, es decir no hay manera de saber a qué se refiere si no no va acompañada de una etiqueta como ésta (pag carmesí).

Otro ejemplo, es algo que a mi me pasa continuamente, cuando estoy en mi despacho trabajando suelo atender llamadas de teléfono, a veces me dan un número y lo anoto en un pos-it. Lo que sucede es que casi nunca anoto a quien pertenece el teléfono. Pasan los dias y el pos-it con el número de telefono pierde definición y llega un día en que no se a quién pertenece. El número de teléfono es una buena buena información de una persona concreta, pero sin saber a quién pertenece, la información no informa de nada.

Lo que nos lleva a una cuestión fundamental descrita por Shannon. En la información hay que contar con dos cuestiones supletorias: el ruido (lo que no contiene ninguna información) y la redundancia (las repeticiones).

Ruido es todo aquello que no contiene novedad alguna. Imagine que le digo a mi vecino: «En nuestra calle hay una panaderia». Nótese que esta información no aporta nada a mi vecino que vive aqui ya demasiados años para saber que hay una panaderia en nuestra calle. Ahora bien, si yo le dijera «han abierto una panaderia nueva en nuestra calle», entonces esta frase si contiene información que quizá resulte una novedad para mi vecino, algo ha cambiado en nuestro entorno, eso es información. Pero hay otra manera de comunicar lo mismo (de forma analógica) y sería que me encontrara con mi vecino en el ascensor portando una barra de pan envuelto en el celofán de la nueva panaderia. Eso es información codificada.

Si usted está casado es seguro que ya sabe qué es la redundancia; esas cosas que su esposa repite cientos de veces, anécdotas, instrucciones, avisos, etc. No es baladí decir que en los discursos de las mujeres hay mucha mas redundancia que información codificada. Pero no es una critica al pensamiento femenino, pues más abajo verá el lector como la redundancia es necesaria para una buena transmision de información. El ejemplo más  conocido o próximo es la música. ¿Alguien conoce alguna pieza que no se repita al menos una vez, algunos de sus tramos?

Supongamos que su mujer le dice ¿Te has cambiado los calcetines? Y usted contesta, no. Ella insiste ¿No quedamos en que te los cambiarias lunes y jueves (un suponer). Si, dice él. Pues hoy es jueves. ¡Cambiate los calcetines!, ordena cuando usted ya se ha vestido. Lo que ha sucedido es que a pesar de las repeticiones , las redundancias usted se ha olvidado. Le ha pasado como al teléfono anónimo del pos-it. Usted no puede utilizar la información simplemente porque no la recuerda.

Dicho de otro modo la redundancia sirve para evitar errores en la transmisión de la información y para evitar acoplamientos. Ninguna melodía podria ser recordada sin estribillos.

Las redundancias sirven para desambigüar los contenidos de la información, es asi como funcionan los buscadores tipo Google. Por ejemplo si usted pone en Google, «El detector de humos», lo que le saldrá será publicidad de todos los fabricantes que se dedican a construir estos artefactos. Pero usted no está buscando dichos artilugios sino que quiere buscar «La teoria del detector de humos de Randolph Nesse» Es posible que asi y todo Google le devuelva una búsqueda poco precisa sobre este asunto, y usted deberá buscarlo en inglés, su idioma original pues en la traducción puede haberse perdido parte de su esencia.

Y es precisamente por esta razón que existen las repeticiones y las redundancias, para asegurar que no se pierde información como les sucede a las fotocopias, que con el tiempo pierden definición y legibilidad.

Y por otra razón: impedir los acoplamientos. Piense usted en la siguiente frase: «tengo un perro de raza boxer». Es seguro que Shannon diria que a esa frase le sobran (para hacerlas mas económica) dos palabras, «perro» y «raza». Con decir «Tengo un boxer» es suficiente. ¿Pero lo es?

Para evitar conflictos entre subrutinas es mejor agregar la palabra «perro», pues «boxer» puede hacer referencia a una palabra inglesa que significa boxeador y a aquellos rebeldes sudafricanos que guerrearon contra los ingleses. En definitiva la emisión del mensaje puede llevar a acoplamientos con otras subrutinas o módulos incrustadas en la red principal.

El ADN es en realidad una doble hélice portadora de información, pero no sólo de información vive el hombre, sino también de la posibilidad de poderla utilizar.

Es por eso que el ADN contiene además de información, repeticiones (redundancias) duplicaciones (copia y pega) y ADN basura que no codifica nada y más allá de eso es interesante rescatar una idea de Dawkins en el sentido de que a veces los genes se comportan como planos y otras veces como recetas. Si usted disfruta en la cocina ya sabe que las recetas por muy precisas que sean nunca alcanzan el sabor original (que no puede comprimirse) y que una tortilla siempre acoge el estilo de quién la cocina.

Asi es la información genética, a veces determinista y a veces indeterminada, esperando su cocinero.

Bibliografía.-

Richard Dawkins. «El capellán del diablo: reflexiones sobre la esperanza, la mentira, la ciencia y el amor». Gedisa 2003.

Psicópatas y antisociales

No cabe duda que los psicópatas son personajes mediáticos cuyas «hazañas» ocupan gran parte de las noticias orales y escritas, debe ser por eso que al filo de la noticia se cometen con frecuencia banalizaciones y sobrevaloraciones del termino psicopatía, una banalización que corre paralela a la idea de que estamos rodeados de ellos y que con cierta impunidad los psicópatas de hoy están en la politica o en la empresa. De ahi a decir que todos los politicos o los empresarios son psicópatas hay un paso. En realidad ese paso ya se ha dado y en las redes corren como la pólvora noticias y articulos destinados a iluminar esta idea.

En realidad no es posible que existan tantos psicópatas en la vida pública española, pues los psicópatas son una población pequeña, un 1% de la población general según Hare que es el que más sabe de esta cuestión -desde el punto de vista clinico- y es más frecuente en hombres que en mujeres. Pero no es psicópata quien quiere sino quien puede. Dicho de otro modo: el psicópata nace y comienza a manifestarse hacia los 3-5 años.

Lo cierto es que el termino psicopatía es bastante confuso. La primera confusión procede de la indiferenciación de dos categorías: la de personalidad antisocial y la de psicopatía.

La personalidad antisocial o sociopatía es el término psiquiátrico ortodoxo que ha sufrido, por cierto muchas criticas por su universal solapamiento con la delincuencia de bajo nivel y los entornos deprivados. Pareciera que en esta etiqueta cabe cualquier persona que cometa un delito, lo que de alguna manera invalida esta categoria. Pues si todos los que cometen delitos son personalidades antisociales es obvio que el tópico esta describiendo una realidad jurídica mas que psiquiátrica.

Lo que dice el libro de Hare es que los antisociales son una población bien distinta de los psicópatas. Para empezar los antisociales parecen muy dependientes de factores ambientales, pertenecen a familias desestructuradas, donde la pobreza, la deprivación y la marginalidad aparecen en primer plano. Por contra los psicópatas pertenecen a familias medias o medio-altas y comienzan a manifestar sus primeros síntomas ya en la infancia, usualmente mediante el maltrato de animales o la irresponsabilidad o vandalismo.

Aunque la psicopatía tiene una suficiente base empirica lo cierto es que aun no se encuentra codificada ni siquiera en los manuales diagnósticos y existe hasta una dificultad descriptiva. Se trata de una patata caliente para la psiquiatría ¿Qué es un psicópata?

La primera cuestión que se me ocurre es decir que un psicópata es un amoral, es decir una persona que desprecia los códigos morales de su tiempo y de su comunidad, pero de ninguna manera sería positivo describir las psicopatías atendiendo a los extremos: los casos de crimenes mediáticos como el del noruego Breivick que son efectivamente crimenes psicopáticos pero que pertenecen a casos extremos, la mayor parte de los psicópatas no son necesariamante violentos ni cometen crimenes abyectos como nos acostumbran a pensar desde la literatura o el cine.

Si atendemos al termino amoral caeríamos en un error llamativo. ¿Pues qué es moral? Bien, todos tenemos un punto de vista bastante intuitivo sobre la moral y es por eso que nos indignamos cuando alguien mete la mano en el cajón, esos politicos que cobran comisiones por algo publico o los que se enriquecen sin dar chapa gracias a un pelotazo ¿Pero son psicópatas estas personas tan abundantes en nuestro entorno?

No, no lo son, por lo tanto el criterio moral no nos sirve para identificar a un psicópata. Es necesario recordar que la moral evolucionó para controlar la conducta de los demás, no la propia. Es verdad que el control moral hace a los grupos más compactos, cohesionados y laboriosos, pero en el nivel individual nadie se considera un amoral ni se considera sospechoso de trasngredir las reglas ni por supuesto merecedor de castigos una vez se han inflingido. Del mismo modo somos capaces de mantener nuestra vara de medir de las conductas ajenas en clave moral siempre activas. O dicho de otra manera: somos capaces de detectar las inmoralidades ajenas aun en estado de intención pero no somos capaces de juzgarnos en clave moral en nuestros actos salvo en cierto casos, siempre encontramos justificación.

The-Science-of-Evil

Otro de los errores que suelen cometerse en las descripciones clásicas de estas personas es el énfasis que se pone en la falta de empatía tal y como hace Baron-Cohen y otros en el libro «The science of evil» que en castellano se tradujo como «Empatía cero». En realidad esta idea es falsa o al menos incompleta, pues la empatía tiene al menos dos aspectos complementarios: uno es la capacidad de leer mentes ajenas, es decir la capacidad de intuir las emociones y necesidades del otro y otra cuestión es la resonancia emocional que se tiene con ese otro. En realidad el psicópata es muy empático si atendemos a la primera parte de la definición de empatía y nada empático si atendemos a la segunda parte: la identificación con el otro, en el sentido de ser capaz de vibrar con la emoción de ese otro. El psicópata no es ciego a las demandas de compasión de su victima, es capaz de percatarse de ellas simplemente no resuenan en él. Pero otra vez nos hemos situado en los extremos y el lector puede haber entendido que el sadismo, la crueldad extrema, los crimenes sin motivo son la esencia de los psicópatas cuando solo están representando a una pequeña minoría de agresiones apragmáticas o anómicos donde parece que lo que se busca es el mal por el mal.

La psiquiatría no ha podido ir muy lejos en su delimitación del término psicopatía que se originó, no tanto para describir a estos seres desalmados que asesinan a sangre fría niños en las escuelas, sino que mas acá de eso  lo inventó Kurt Schneider como sinónimo de lo que hoy entendemos como trastornos de personalidad, un desarrollo anormal del carácter por causas no bien conocidas.

Y asi seguimos, sin saber muy bien a qué se deben estos trastornos que aunque los psiquiatras nos empeñamos en proclamar que no son casos psiquiatricos en el sentido de que no sufen ninguna enfermedad mental, luego nos dedicamos a escribir libros y articulos sobre el asunto desde la clinica. Lo cierto es que muy probablemente nuestra ignorancia sobre los psicópatas procede del hecho de que nadie quiere ocuparse de ellos teóricamente hablando. Sin embargo la población general lo tiene claro: aquellos que cometen crimenes execrables están locos, o por decirlo de alguna forma: algo tienen averiado en el coco. Para la opinión publica el Mal es una forma de enfermedad mental.

Y aqui está a mi modo de ver la clave de nuestra ignorancia. Si sabemos tan poco de los psicópatas es porque nos empeñamos o bien en verlos en terminos morales (el Mal) o bien en términos clinicos, la locura. Poco nos han aportado hasta el momento ambos puntos de vista aunque probablemente la Justicia se interese más por un diagnostico operativo en clave de saber si es o no imputable un delito a una persona cualquiera.

Efectivamente la clinica tiene poco que decir de modo que nos tenemos que infiltrar en el territorio del Mal si queremos saber algo más. Y hacerlo desde una perspectiva evolucionista.

capellán

Richard Dawkins escribió un libro, -una especie de antología de textos sueltos- donde aporta una anécdota que creo pertinente dejar aqui.

Dawkins dedica buena parte de su tiempo a dar conferencias, y como siempre sucede en ellas al final se abre un turno de preguntas donde iconoclastas de todo tipo se amontonan para desacreditar su teoría de los replicantes egoístas (que procede sobre todo de un libro revolucionario: El gen egoísta). Una persona del público que seguramente era un creacionista de esos que defienden la idea del Gran Diseño, le hizo un pregunta envenenada. Más o menos la pregunta era ésta.

Si una especie B procede de una especie A (por evolución) es seguro que en un momento determinado de la evolución la madre M de la especie A tuvo una hija H en la especie B, de tal modo que se encontraria a medias entre ambas especies. ¿A qué especie pertenecerian M y H?

La pregunta tiene muy mala leche pero en realidad señala hacia la solución de las especies-anillo (aqui hay un texto que procede de esta anécdota que cuento)  el que hace la pregunta está pensando en un desarrollo evolutivo lineal y saltígrado, no se plantea el desarrollo evolutivo circular (especies-anillo) y es víctima de lo que el mismo Dawkins ha llamado «mentalidad discontinua». En realidad lo que el iconoclasta no sabe es que la especie A puede ser A en el norte de Inglaterra y B en el Artico y que las especies intermedias (híbridos) que no pueden reproducrise han desaparecido ya (se han extinguido) por lo que parece que haya una salto entre A y B, una discontinuidad.

Del mismo modo el publico en general cree que esos personajes, que salen en los telediarios y que han cometido un crimen atroz, son locos o perturbados mentales simplemente por la incomprensibilidad de su conducta. Para el vulgo o se es un psicópata o se es una persona normal, no hay medias tintas. Son victimas de la mentalidad discontinua y ellos mismos escotomizan sus propias transgresiones y psicopatías. Pues la verdad es que si la psicopatía es la ausencia de moral todos somos en cierto modo psicópatas sobre todo cuando nos conviene serlo (cuando sólo existen ventajas) pues ya sabemos que la moral es la forma en que el grupo controla a los individuos y no la forma en que los individuos autodirigimos nuestra conducta. Pues un psicópata no es más que una persona común que quiere salirse con la suya siempre y que tiene ciertas habilidades para hacerlo, muchas más si tiene poder, dinero o atractivo (aqui hay una entrada sobre las ventajas de serlo). O dicho de otro modo: la conducta moral es un continuo entre el Mal absoluto y la Bondad absoluta y no una categoría en la que se está o no se está.

Y aún: ni el Mal ni el Bien puro no existen tal y como podemos leer en esta entrada del Dr Malo (@pitiklinov), el Bien puro tampoco, no somos santos y no sabemos como reaccionaríamos si nos vieramos en situaciones como las del experimento Stanford.

Lo que si sabemos es que los excesos de autoestima y los idealismos morales proporcionan no pocos pretextos para ejercer de psicópatas, precisamente los valores con los que más nos identificamos y en los que educamos a nuestros hijos.

Dilemas reptilianos

solar

El hombre que no cambia de opinión engendra los reptiles del espiritu. (W. Blake)

El Sr Andréu heredó una propiedad de su padre que a su vez la habia heredado de su abuelo. Se trata de una especie de casa solariega que en su dia debió ser un reducto de la nobleza. Fue hotel, hospital en las guerras carlistas, balneario más tarde pero poco a poco fue dejando de ser algo más que un reducto veraniego de la familia del Sr Andreu, y asi hasta que fue abandonada por sus propietarios, demasiado fría y cara de calentar en invierno e incómoda, aislada y calurosa en verano.

Las tierras que la circundan dejaron de ser productivas hace ya mucho tiempo y los campesinos que otrora la cuidaran ya no pueden vivir de ella, de modo que la propiedad es una fuente de gastos de mantenimiento, impuestos y facturas que van acumulándose en los débitos de la familia.

Pero hay otro problema añadido, nadie quiere comprar aquella heredad y sin embargo el Estado la grava con unos impuestos elevadísimos que la convierten en una carga ya insoportable para la familia. La solución seria venderla pero ¿a quién?

Pero un día todo cambió: alguien decidió comprar todos los terrenos incluyendo a la casa solariega para construir una urbanización. Al Sr Andreu le comenzaron a llegar ofertas por su propiedad y aqui comenzó precisamente su calvario personal.

Primero le ofrecieron 100 pero le pareció poco, mas tarde 200 y le siguió pareciendo poco. La familia comenzó a sospechar lo peor: el Sr Andreu no quería vender. ¿Pero no era la mejor solución desprenderse de aquella finca que se habia convertido en una carga insoportable para la familia?

El Sr Andreu era presionado constantemente por su esposa, hijos, primos  e incluso por un yerno abogado que tenia en Bilbao. Pero no parecía atender los buenos consejos que le daban sus familiares. Echaba balones fuera, eludía las presiones, cambiaba de tema y utilizaba circunloquios de toda clase para evitar los sermones que su familia le lanzaba diario. ¡Tienes que vender!

Y los compradores a su vez no estaban dispuestos a ceder más ante el impasible Sr Andreu, interpretaban que queria presionarles para obtener un precio mejor, pero ellos ya estaban valorando la posibilidad de circunvalar su urbanización y dejar a la heredad del Sr Andreu aislada de lo que ellos entendian era el progreso del municipio.

Hasta el alcalde, el cura y el médico intervinieron para mediar en este conflicto que amenazaba incluso a los poderes locales, habia mucho que ganar y la tozudez del Sr Andreu no hacía mas que amenazar un buen negocio para todos. Todo fue inútil, el Sr Andreu no queria vender.

Un conflicto de escalada reptiliano.-

No cabe ninguna duda de que la opción más inteligente es vender y aprovechar la generosa oferta que el Sr Andreu tiene sobre la mesa. Una opción que le permitiria desprenderse de algo que sólo genera gastos y que resulta ya imposible de reflotar para el propio uso.

¿Por qué el Sr Andreu no vende?

Pues porque para el Sr Andreu aquella casa no es una casa sino su identidad, algo que establece su rango y su jerarquía social, por decirlo en terminos etológicos: su territorio. Y el territorio no puede venderse, se defiende con uñas y dientes, solo puede perderse o arrebatarse por la fuerza.

Asi piensa el reptil del Sr Andreu, pero sus familiares le entraron por lo mamifero, por lo emocional ¿Es que estás tonto? ¿A tus 85 años qué esperas? ¿Es que crees que tus  hijos lo van a conservar? ¿Y para qué lo quieren? «No es más que una carga imposible de manejar para una economia moderna». «La gente vivimos de un sueldo, ya no somos los capitostes del pueblo». «Eres un egoísta, una persona trasnochada». «Vives en otra época», etc.

Acusaciones promotoras de la culpa, humillación y vergüenza que poco a poco fueron haciendo mella en el ánimo del Sr Andreu y obligándole a desescalar.

Fue asi que el dia de todos santos accedió a vender.

Y todo fue sustituido por una pena informe, una nostalgia por aquello que se perdió definitivamente.

A la semana siguiente marido y mujer fueron al ambulatorio a vacunarse de la gripe.

Al cabo de unos dias el Sr Andreu contrajo la gripe para la que en teoría había sido vacunado.

Tuvo una complicación bronquial y sin saber cómo murió mientras se duchaba un dia soleado de Noviembre, aun no habia empezado a hacer frío de verdad.

El Sr Andreu murió de un disgusto y no de una neumonía tal y como rezaba el certificado de defunción. Cualquier cosa antes de cambiar de opinión.

Pues los reptiles no tienen opiniones.

Reptiles y reptilianos

reptil

Un tal David Icke sostiene la insólita teoría de que nuestra especie es la que es precisamente porque fue sometida en tiempo ancestral a manipulaciones genéticas resultado de las cuales ciertos individuos pertenecen a una raza ¿superior? que se denominan reptilianos. Bush, Rumsfeld y quien sabe si Aznar son reptilianos, segun una teoría conspiranoica de mucha presencia en la red, una especie de sociedad secreta que gobierna el mundo.

El caso es que esta teoría de reptiles injertados tiene cierta verosimilitud si aceptamos las ideas de Paul McLean en el sentido de que nuestro cerebro no es unitario sino que representa filogenéticamente las edades de la evolución, asi hay un cerebro reptiliano, uno mamifero y otro humano.

Naturalmente la teoria de Icke no tiene nada que ver con la de McLean, la primera en cierto modo es creacionista y paranoica y la segunda evolucionista y científica, es decir verdadera por más que literariamente hablando la primera sea más atractiva que la segunda.

El cerebro reptiliano o complejo-R es el mas antiguo filogenéticamente hablando de nuestros tres cerebros y de sus prestaciones y limitaciones voy a hablarles ahora, no sin recordar que McLean habló de un cerebro triuno como tres bolas de helado superpuestos representando las edades de la vida en la Tierra.

Personalmente me adhiero a esta teoría por una razón fundamental: la evolución no opera hacia atrás, es decir no puede desdeñar los diseños anteriores para seguir con sus innovaciones. Significa que no puede hacer borrón y cuenta nueva cuando aparece una novedad sino que ha de integrarla en sus diseños anteriores. Y eso hicieron los mamíferos cuando le ganaron la batalla reproductiva a los reptiles.

Como es bien sabido la extinción de los dinosuarios (fuera por la razones que fuere) dejo vacío un nicho ecológico inmenso en la superficie d ela Tierra. Un nicho que fue ocupado por un mamifero ya extinguido -el misionero- a medio camino entre una rata y un primate. Naturalmente el misionero ya existía antes de la gran extinción, solo que su coexistencia con los dinosaurios le obligaba a vivir de noche valiéndose de una innovación que los reptiles no habian alcanzado: la autonomía con respecto al mantenimiento del calor. Dado que el misionero se autoregulaba térmicamentea pudo acoplarse mejor a los nichos nocturnos, pero cuando los dinosaurios desaparecieron de la faz de la tierra aun tuvo agallas apara adaptarse a los entornos diurnos que aquellos habian abandonado. Asi fue -según Sagan cuenta en «Los dragones del Edén»- que los mamiferos ganaron la batalla contra sus contrincantes eternos: los reptiles.

Sin embargo los mamíferos, -que habian inventado el apego y eran por tanto mejores madres que los reptiles-, no pudieron diseñar sus cerebros desde cero y tuvieron que tomar prestados los diseños -perfectos en cierto modo- que los reptiles habian utilizado para perpetuarse durante eones de tiempos Jurásicos, hasta que alguna catástrofe a escala general terminó con su hábitat alimentario.

Y asi hasta nosotros los hombres que llevamos efectivamente un reptil dentro aunque de manera bien distinta a como sugiere ese Icke.

Si los mamíferos inventaron el apego de las madres y sus crías los reptiles inventaron la jerarquía y el rango. Y ese es el problema que nosotros los hombres llevamos en nuestra herencia ancestral: hemos de compatibilizar el apego de los mamíferos con el rango de los reptiles, el egoísmo con el altruismo, la cooperación con el «ahi te quedas». De eso vamos nosotros los sapiens.

Pero empecemos por el principio: el cerebro reptiliano se ocupa sobre todo de regular los automatismos, en eso es el mejor diseño que la evolución ha podido inventar centralizando su funcionalidad. Se ocupa de regular nuestra respiración, la frecuencia cardiaca, las cifras tensionales, la inervación voluntaria y la vegetativa, el peristaltismo intestinal, la motilidad gástrica y prácticamente todos los fenomenos viscerales automatizados y no sometidos a las emociones.

El complejo-R es nada emocional, no se ocupa de esas cosas de mamíferos pues bastante trabajo tiene en conservar la integridad del individuo que habita y en eso es seguro y eficiente. Pero no sólo de supervivencias se ocupa nuestro cerebro reptiliano sino también de la reproducción. Corteja y sobrevive, copula y huye, lucha y diviértete y si tienes territorio defiéndelo, si no lo tienes agénciate uno. Esas parecen ser las estrategias de las que se ocupa nuestro reptil.

Dicho de otro modo: nuestro cerebro reptiliano es impulsivo -un tipo de acción- mientras que nuestro cerebro mamífero está diseñado para construir vínculos a largo plazo. Parecen opciones antagónicas y realmente lo son. Basta con que usted haga un poco de memoria para saber quien venció en su ultima confrontación. ¿Mantuvo el vínculo o lo rompió? Ese es el reptil.

Nuestro cerebro reptiliano tiene en nuestro cerebro tres representantes poderosos: los ganglios basales, el cerebelo y el tronco cerebral. Si somos capaces de dormir es gracias a que en el tronco cerebral existe un botón que apaga la conciencia y más tarde la estimula para que podamos soñar (la sustancia reticular). Si somos capaces de recordar movimientos es gracias a los ganglios basales y si somos capaces de respirar es gracias a automatismos sencillos inscritos en ese cuadro de mandos que llamamos tronco cerebral.

Eso que los psicólogos llaman el inconsciente es en realidad nuestro cerebro reptiliano (aunque no sólo). En él no hay palabras, ni emociones y solo existen patrones. Nuestro complejo-R lee patrones que impulsan conductas (acciones) destinadas a cortejar-copular y sobrevivir. Y como además carece de refinamiento lo hace de una manera muy tosca. Los rituales de cópula son en casi todas las especies muy parecidos a la lucha. La hembra huye, el macho persigue, el macho la alcanza y deposita bien en su interior o bien fuera del cuerpo de la hembra su esperma. Los rituales de apareamiento son siniestramente parecidos a los rituales agonísticos (de confrontación o lucha entre individuos). Y son tan parecidos que los niños de nuestra especie suelen interpretar el coito de los padres (cuando lo oyen) en clave agonistica. «Papa pega a mamá».  Y sólo cuando adquieren el suficiente conocimiento acerca de la mecánica copulatoria abandonan esa fantasía, si bien las hembras de nuestra especie (en el caso de no que no existiera dimorfismo para identificarlas) serian reconocibles sólo por la capacidad que han desarrollado para zafarse de las continuas emboscadas de los hombres.

No cabe ninguna duda de que nuestro inconsciente procedural (la memoria de cada procedimiento) se halla en los ganglios basales: es alli donde conservamos los algoritmos que constituyen lo que entendemos como movimientos complejos, alli guardamos las secuencias de cada uno de los movimientos que hemos llevado a cabo en nuestra vida y los repetimos automáticamente como atarnos los cordones de los zapatos. No necesitamos pensar, sólo poner en marcha voluntariamente tal movimiento y la secuencia aparece como mágicamente surgida de la nada.

La verdad es que nosotros los humanos nos llevamos bastante mal con nuestro reptil, tiene -por asi decir- poca reputación si lo comparamos con las prestaciones mamíferas, con las emociones en primer plano o nuestra corteza cerebral por aquello del mérito de pensar racionalmente. Pero lo cierto es que nuestra salud depende básicamente de nuestro reptil pues es él el que está más cerca de lo orgánico y de los procesos que regulan nuestras visceras y sus funciones. Hemos renegado de él y cuando lo nombramos es para hacerle feos o para decidir cosas que van en contra de sus planes.

Es por eso que existen las enfermedades psicosomáticas y las enfermedades mentales: disonancias del reptil cuando se pone a negociar algo con sus eslabones superiores.

Poner de acuerdo a ese ministerio de neurodefensa que solo lee patrones y propone acciones a cara o cruz, con nuestro cerebro mamífero que tiene en cuenta emociones y que tiene que vérselas con las dependencias de los apegos, no es cosa fácil. No es de extrañar que cuando uno está en posición «up» el otro esté en posición «down» y que lo que aparezca en terminos verbales sean la confusión o la duda. «No se qué pensar», solemos decir cuando uno tira de la cuerda en sentido opuesto al otro. Los antagonismos solo inducen a nivel cortical confusión y el no saber qué hacer o ese debate interno permanente que llevamos con nosotros mismos en clave de diálogo interior con nuestra vocecita.

Una buena salud puede ser definida como la sinergia entre los tres cerebros: todos trabajando en el mismo sentido, yendo en el mismo barco, tirando del mismo extremo de la cuerda. La dificultad de esta estrategia es que no sabemos qué patrones lee nuestro complejo-R y sólo podemos tener noticia de las emociones que dispara nuestro cerebro mamífero o límbico. ¿Cómo adivinar pues las intenciones de defensa de nuestro reptil y modular su respuesta?

La verdad es que sólo tenemos dos recursos para tal cosa: el primero es conocer nuestro cuerpo y sus necesidades, también las de nuestro organismo entero, el segundo implementar pensamientos o ideas que tiendan a la negociación y a la reconciliación. Nuestro cerebro cortical ha de acostumbrarse a ser mas un mediador que un juez que dicta sentencia. Pues es seguro que desde el punto de vista racional podemos encontrar justificaciones para todo.

Nuestra mente reptiliana es una mente militar autónoma. Nuestro cerebro mamifero es un sentimental irascible que va a la suya y nuestra mente racional opera casi siempre en terminos categoriales de condena o absolución.

Es precisamente desde nuestra mente racional después de haber renunciado a los juicios sumariales desde donde podemos dirigir todo el cotarro.

Piensa y acertarás.

Aversiones e intolerancias alimentarias: conclusiones

Aversiones.-

Los 392 votos obtenidos en el cuestionario de «aversiones alimentarias» es suficiente para hacerse una idea de por donde andan las aversiones de nuestros conciudadanos, hoy y en este pais España.

Los resultados obtenidos coinciden con la hipótesis previa y es consecuente con las ideas de Haidt acerca del asco que ya he posteado en alguna que otra ocasión. Efectivamente hay tres grandes bloques relacionados con el asco o la repugnancia:

Las neofobias.-

Los alimentos nuevos, que nunca se han probado pero que sin embargo pueden ser la base de la alimentación en otras culturas provocan un buen número de repugnancias, los insectos fritos (un 20% de rechazo) se lleva el premio de alimentos rechazados, aunque es muy probable que los rechazantes nunca hayan visto ni saboreado los deliciosos saltamontes fritos que tanto gustan en Indochina. La carne de serpiente- insólita en nuestro entorno- acumula un 13% del rechazo quizá porque la anguila es más conocida en nuestro medio y las deliciosas angulas se consideran un manjar exquisito.

Lo relacionado con la muerte.-

Las cabezas de animales y las visceras de animales acumulan el 20% y el 16% de los rechazos totales, son pues y después de los alimentos exóticos el siguiente plato que rechazaríamos más frecuentemente de nuestra dieta. Era de esperar, todo lo que nos recuerde a nuestra condición de animales finitos nos provoca repugnancia. No hay nada tan repugnante como una cabeza de cordero presidiendo una mesa o una cabeza de conejo flotando por la sopa.

Lo crudo.-

No cabe ninguna duda de que nuestra dieta y probablemente nuestro cerebro cambió después de haberse inventado el fuego y que los alimentos cocinados representaron un hito en nuestro medraje evolutivo al hacerlos más digeribles y precisar de intestinos más cortos. Un desarrollo que pudo dedicarse a otros menesteres como por ejemplo el tamaño cerebral, el gran consumidor de glucosa. Los ácidos grasos omega-3 tuvieron sin duda una gran importancia en el desarrollo de nuestra inteligencia pero asi y todo el marisco crudo le resulta repugnante al 8% de la población que ha contestado el cuestionario. Del mismo modo el 9% considera repulsiva la carne cruda y el 6% el pescado crudo.

Es tambien lógico puesto que los alimentos crudos, (sin cocinar) representan peligros por la posibilidad de hallarse infectados de bacterias o de temibles parásitos como el anisakis que se destruyen con una simple cocción.

Mi conclusión es que el asco evolucionó como un sistema de defensa psíquico destinado a protegernos de tóxicos, infecciones, parásitos y otros venenos relacionados con la alimentación. El gusto y el olor (a podrido) salieron en ayuda de estas defensas señalando que lo amargo (alcaloides) es peligroso mientras que lo dulce (sacaridos) era comestible.

No obstante, esta primera barrera defensiva es tosca y poco de fiar pues se encuentra dependiendo de los condicionamientos simples (clásicos o paulovianos y aprendizajes indefinidos). Significa que del mismo modo como parece que nos ha servido como defensa para eludir sustancias tóxicas tambien puede erigirse como guia de elusión de alimentos inocentes como las aceitunas.

Curiosamente el alcohol (que es un tóxico) no tiene ningun voto aversivo, lo cual representa una paradoja similar a la aceptación general que tienen los pasteles y los dulces en general (0%) de aversiones a pesar de su efecto metabólico bien conocido, lo que viene a señalar en que el asco no evolucionó para mejorar nuestra salud sino para apartarnos de peligros entendidos en clave ancestral.

Intolerancias.-

Como era de esperar las intolerancias alimentarias son menos frecuentes que las aversiones y sólo se han contabilizado 89 votos.

Una vez descontadas las intolerancias al gluten de los celíacos, los resultados muestran un perfil muy parecido al que cabía esperar. La intolerancia más frecuente en nuestro medio es a los lácteos (28%). Lógico, puesto que hay que recordar que nuestra especie solo se ha adaptado a los lácteos muy recientemente (efecto Baldwin). Simplemente nuestro intestino no posee lactasa y ha de sintetizarlo durante la infancia, un fermento que degrada la lactosa presente en la leche. Estamos en general mal adaptados a los consumos de lácteos no fermentados.

Un resultado curioso son los votos que ha obtenido la «intolerancia al alcohol» (16%) o a la cerveza (8%) aunque es dificil de precisar si se trata de una verdadera intolerancia o a que los intolerantes son simplemente metabolizadores lentos del alcohol. En cualquier caso no deja de ser relevante el numero de intolerantes comparado con los que tienen aversión por el alcohol que son ninguno, tal y como se desprende del análisis anterior.

Pareciera indicar que las alarmas metabólicas o inmunológicas -como sucede con las alergias a la fruta-, son la ultima barrera que nuestro organismo opone para defenderse de sustancias extrañas o potencialmente peligrosas.

Las llamadas alergias alimentarias parece que son también arbitrarias -como sucede con las alergias respiratorias- y probablemente tienen que ver con la detección errónea de antigenos inofensivos que -por alguna razón hasta ahora desconocida- son identificados como peligrosos por nuestro sistema inmunitario.

Lo que podria ser explicado a través de la teoria del detector de humos de Nesse que viene a decir que más vale que una alarma salte en ausencia de peligro que demasiado tarde cuando el peligro ya haya provocado daños.

Si existe alguna relación entre aversiones e intolerancias y aun: si existe algun rasgo de la personalidad asociado con ellas será motivo de otras investigaciones.

Bibliografía.-

Aversiones e intolerancias alimentarias