¿Están relacionados el sexo y la muerte?

Estamos acostumbrados a hacer equivalentes el sexo y la cópula de tal manera que nos olvidamos de que el sexo copulatorio es una estrategia más de las que la reproducción sexual ha desplegado para llevar a cabo su “propósito” de diversificación de posibilidades génicas, pero que no es la única en la naturaleza ni por supuesto en el hombre, donde ya empieza a vislumbrarse un futuro de embarazos probeta y de nuevos dilemas éticos y jurídicos.

Copular es – efectivamente- un engorro (Bataille 2000), la naturaleza ha tenido que inventar no sólo poderosos rituales de apareamiento y reglas para que se produzca pero además ha tenido que construir dos sexos portadores de gametos distintos a los que se accede de una forma antianatómica, cuando no penosa o dolorosa.

Penetrar a una hembra por muy dispuesta que esté es en algunas especies una tarea que necesita cierta supervisión si no queremos que las arremetidas del macho dejen a la hembra malparada, así sucede con los caballos donde hasta ha sido necesario crear una profesión – la de mamporrero – para ayudar en el coito al potro joven entusiasta pero poco hábil. Lo cierto es que en algunas especies el acceso a la hembra es tan complicado que uno llega a preguntarse por qué la evolución optó por tan magna tarea en la reproducción y no se contentó con universalizar la estrategia de la sepia que pone sus huevos en el agua y es allí en el agua donde resultan fecundados o por la más inteligente del escorpión que en un ambiente menos conductor que el agua, en la arena del desierto compone un pequeño charco y es allí donde eyacula para que más tarde la hembra ponga sus huevos en el lugar adecuado. O la estrategia de las ranas que ni siquiera tienen pene y se limitan a fecundar los huevos que las hembras depositan en el lomo del macho siendo allí fecundados.

La cópula, por el contrario, es un acto intrusivo, teñido muchas veces de tensión y dramatismo y donde el placer no se reparte casi nunca a partes iguales, siendo a veces tan fugitivo y breve que es licito preguntarse el para qué se inventó la cópula y qué ventajas supuso en la evolución de determinadas especies si es que supuso alguna.

Lo que nos lleva a una breve disquisición sobre la selección natural: no siempre una determinada actividad debe ser evolutivamente adaptativa para que demuestre su potencial valor selectivo, a veces una determinada conducta no es sino el resultado de una maladaptación que se transmite por los mismos canales que las buenas adaptaciones, en otras ocasiones la conducta o rasgo estudiado puede ser absolutamente neutra desde el punto de vista de la selección natural.

Es el caso de la cópula que no es sino un subproducto. En realidad lo que es beneficioso en términos evolutivos es la propia reproducción sexual y no el método elegido en las distintas especies para la ejecución práctica de la misma. Los reptiles iniciaron esa estrategia que llamamos cópula y posteriormente nos la transmitieron a los mamíferos y a las aves, aunque ellos se mantuvieron fieles a su estrategia ponedora de huevos que reduce las cargas del maternaje al embarazo.

No se podía hacer otra cosa, dado que la evolución no puede sino mejorar  estrategias antiguas pero no modificarlas desde la raíz. La evolución es un proceso azaroso e irreversible, en el sentido de que no puede operar hacia atrás. Por ser azaroso ensayó una estrategia en Australia y otra muy diferente en Africa, una estrategia animal y otra vegetal, una protozoaria y otra multicelular, una reproducción asexual donde el individuo se replica entero y otra sexual donde lo hace sólo de mitad en mitad, diversificando sus estrategias como el jugador de bolsa diversifica sus inversiones y no arriesga su patrimonio a un solo valor, una conducta que sería de muy elevado riesgo para el inversor.

Por ser irreversible no podemos esperar que la evolución modifique pautas filogenéticamente más antiguas, sino que las recorra en la ontogénesis, las recapitule en cada individuo y las mejore poco a poco en tiempo evolutivo. Por eso los seres humanos estamos condenados a copular a no ser que inventemos otra manera – algo que ya empieza a vislumbrarse – de reproducirnos.

El ser humano ha logrado disociar el amor y el sexo de tal manera que podemos relacionarnos sexualmente con alguien sin amor y más recientemente sin compromisos reproductivos, una disociación de la que pueden beneficiarse tanto hombres como mujeres, pero que es menos prestigiosa entre las hembras que aspiran a una unión monogámica. Además de eso y gracias a su enorme capacidad simbólica el humano ha logrado también inventar el erotismo, algo que se añade en valor de goce a la reproducción y casi siempre a la cópula.

Podríamos definir al erotismo como el sexo sin cópula, un placer que se añade al placer; aquel que logra sortear el determinismo propio de la especie y va más allá del sexo reproductivo y  a veces también del sexo copulatorio. No es mi intención en este punto hacer una recapitulación del erotismo para el que remito al lector a la obra de G. Bataille citada, pero si pretendo hacer notar que todo lo que ha venido en llamarse perversiones sexuales desde el siglo XIX hacia acá y que ahora se encuentra clasificado como parafilias en los sucesivos DSMs, son conductas sexuales ejecutivas sin cópula. Así el sado-masoquismo, puede ser considerado como un ritual que escenifica la agresión sexual sin llegar a consumarla.

El fetichismo un desplazamiento del objeto sexual hacia una parte que lo representa simbólicamente. La masturbación, – quizá la forma más frecuente de sexualidad sin cópula- un ritual destinado a dar cuenta por si mismo de la necesaria autoestimulación que con intervención de otro pudiera resultar peligrosa o al menos incompatible con otras pulsiones puestas en juego en la fantasía inacabable de los seres humanos y así sucesivamente: el lector deberá incluir las perversiones de las que tenga noticia para acabar concluyendo que existen personas que optan por vivir una sexualidad sin cópula que si bien puede parecer como la emergencia de una conducta aberrante es en realidad una conducta selectiva, sometida a las mismas leyes causales que cualquier otra y que en mi opinión sólo nos resulta aberrante a partir de nuestra ignorancia de las leyes naturales y que puede llegar a ser tan maladaptativa como el sexo marital reglado.
Demaret llamó a estas conductas “actividades sustitutorias” y Tinbergen las llamó “conducta reorientada”.

Se trata de actividades sustitutivas de la cópula que pueden darse en los animales del mismo modo que en el hombre. Se ha señalado a la onicofagia, la tricotilomanía y la masturbación como actividades sustitutivas que aparecen siempre que dos pulsiones instintivas aparecen simultáneamente con el resultado de inhibirse mutuamente, como por ejemplo sucede entre la pulsión de huir y la pulsión de luchar o la pulsión sexual y la de fuga. Es entonces en este contexto de duda entre hacer una cosa u otra cuando suele darse la actividad sustitutiva que en el hombre aprovecha programas genéticos arcaicos sobre los que se desarrolla la pulsión concreta. Agarrarse o aferrarse es el programa genético que soportaría la masturbación , como el groomingo despiojamiento sería el soporte de la onicofagia. Con todo para desarrollar este tipo de conductas se han señalado además de la confusión o la duda, la subestimulación o las situaciones de cautividad que son las condiciones donde este tipo de conductas se han estudiado con más detenimiento sobre todo en los simios.

Asimismo Stevens y Price (2000) han señalado que el sadomasoquismo puede explicarse mediante la fusión de dos programas genéticos (Stevens –jungiano- les llama arquetipos) distintos como el rango y el reproductivo, una yuxtaposición que podemos encontrar también en la pedofilia (Eibl-Eibesfeldt, 1990). Algunas personas sólo pueden excitarse a través de relaciones de dominancia o sumisión o mediante rituales que escenifiquen una puesta en escena de suspense. El miedo puede operar como una fuente de arousal, como parece demostrar el interés por las películas de terror, así como la fantasía inacabable de los humanos puede suponer una síntesis emocional o condensador cognitivo para dar cuenta de señales diversas procedentes de distintas agencias instintivas que puedan inhibirse entre sí, como sucede frecuentemente en los animales en cautividad o sometidos a infra o sobreestimulación.

El fundamento nuclear de que algunas personas elijan estas actividades preferentemente en lugar de otras es que la copula, en realidad el sexo es una pulsión autónoma que sin embargo se presenta siempre acompañada de otras pulsiones como la agresión, el miedo y sus derivados culturales o arcaicos: la fascinación (la duda entre huir o entregarse) y la reacción de fuga (para acabar siendo alcanzada por el perseguidor). La cópula está pues teñida de otros aspectos instintivos distintos a la propia intencionalidad de reproducirse al menos en el hombre, no puede extrañarnos pues que la copula de miedo, repugnancia o resulte agresiva o humillante y más allá de eso que la confrontación con individuos del sexo opuesto se halla teñida de temor, por no hablar de las prohibiciones culturales o religiosas que se han adherido a la sexualidad desde tiempos remotos y que le han añadido inevitablemente un tinte de transgresión contra lo sagrado, complicando un sencillo análisis evolutivo

Por  eso existen pues las parafilias, que son más frecuentes en el sexo masculino y tienen que ver con sus programas reproductivos cuando resultan inhibidos por otras pulsiones interpuestas, en realidad rituales que tratan de exorcizar el miedo a la cópula, bordeándola desde fuera. Así en el sado-masoquismo, una amenaza proyectada, es mediante un comportamiento ritualizado cuyo propósito es profundizar en la asimetría entre la pareja y exorcizar el miedo o en el fetichismo donde el objeto sexual es desplazado por representación hacia una parte cualquiera, a un objeto neutral relacionado por vecindad que logra cosificar la relación y por tanto convirtiéndola en algo inerte.
Y es natural que así sea. La agresión y la sexualidad se encuentran emparentadas en el coito, por razones de la propia mecánica sexual y de los rituales que la preceden y además por razones filosóficas profundas que no me comprometo a nombrar de una forma exhaustiva.

La sexualidad puede – subjetivamente – ser sentida como una pérdida, no sólo del propio genoma sino del deseo de inmortalidad que acompaña al individuo de principio a fin de su vida. La reproducción sexual se basa en una pérdida la mitad del genoma, que desaparece con la recombinación, a diferencia de las células asexuales como las cancerosas o las esporas que son inmortales. Por esta razón sexo y muerte se encuentran emparentados metafísicamente, además de que el lector hallará en otros artículos, sobre todo en aquel que examina la agresión las razones por las que la selección natural ha desarrollado paralelamente la agresión en compañía de la sexualidad, como un mecanismo más de adaptación al medio.

Bibliografía.-
BUSS, D.M.:
(1995): “Psichologycal sex differences: origins thought sexual selection”. American Psychologist, 50(3), 164-168
(1992) “Sex differences in jealousy: evolution, physiology and psychology”. Psychologycal Science 3(4), 251-255.
(1999) “Evolutionary psychology: the new science of the mind”. Allyn and Bacon. Boston.

BUSS, D.M. & SCHMITH D.P.(1993): ” Sexual strategies theory: an evolutionary perspective on human mating”. Psychological review, 100(2), 204-232.
DALY M, WILSON M, WEGHORST S.J (1982) “Male sexual jealousy” Ethology and sociobiology 3:11-27
DALY M. WILSON. M (1983): ” Sex, evolution, and behavior”. Belmont. California. Wadswortoh.
DEMARET,A (1983): “Etología y psiquiatría”. Herder. Barcelona.

DEVEREUX, G.(1983): “Essais d´ethnopsychiatrie general”. Gallimard. Paris.
EIBL-EIBESFELDT I:
(1971) “Love and hate”. Methuen. London

(1990) “Dominance, submission and love: sexual pathologies from the perspective of ethology” in J:R Feierman (ed) Pedophilia:biosocial dimensions. Springer-Verlag. New York.

13 comentarios en “¿Están relacionados el sexo y la muerte?

  1. Me parece un muy interesante y acertado resumen del “estado de la cuestión”. ¿Cómo no van a estar metafísicamente emparentados ‘sexo’ y ‘muerte’? El coito fructífero es la vía por la que nos inmortalizamos; por eso está relacionado directamente con la muerte. Se lo llama en francés ‘la petite mort’ y en ciertas áreas de América ‘la muerte chiquita’. Una muerte de la que se resucita, al igual que la generación de vida supone -nada más y nada menos- el nuevo eslabón de la cadena. De esto han tratado ciertos filósofos con mucho tino y enjundia antes de que existiese como campo de conocimiento la psicología evolucionista. Pero la cópula humana no es ningún invento, sino producto de un largo proceso evolutivo en el que imperan el azar y la necesidad. Los primates no somos cefalópodos, ni insectos, ni batracios… Verdad es que todos esos metaplaceres han recibido denominaciones muy distintas, según la moral de cada época. Lo que más me ha gustado, por sus muy ricos matices, es que hayas definido la ‘fascinación’ como la “duda entre huir y entregarse”. Pero te ha faltado añadir a quién se aplica. ¿A los machos de un especie, a los hombres en la humana…? Pues, por otra parte, en la sexualidad existe un importantísimo componente de agresividad -aún cuando sea contenida- desencadenado por la testosterona, la hormona de la vida. ¡Y tanto que ejercer la sexualidad es ansia consciente (o subconsciente) de inmortalidad. Y se agudiza, ¡ay! con el paso de los años; por razones que anda sobrando explicar por ser meridianamente obvias.

  2. Si, la fascinación ha sido siempre vista como una especie de hipnosis (sometimiento a la voluntad de alguien) hasta que los etólogos la descubrieron en animales. Con respecto a la cópula yo no he dicho, creo, que sea un invento sino un subproducto. Los evolucionistas distinguen entre aquello que es una adaptación, aquello que es un subproducto y aquello que es neutral (que carece de funcion evolutiva alguna). El sexo en sí es una forma reproductiva que ha sido seleccionada por la evolucion, pero no la cópula, que si te fijas es en nuestra especie algo incómodo que exige posturas inverosimiles y además con una cercania exagerada entre los orificios reproductivos y los otros mas feos. En realidad es una chapuza, por eso dicen que los marcianos copulan frotandose la nariz. 🙂

  3. Yo no la considero ni una “chapuza” ni un “engorro”. ¡Hombre, lo de las “posturas inverosímiles” me parece un poquito exagerado! Son las que son, y tampoco difieren demasiado de las de los otros mamíferos. La fascinación animal es muy digna de reflexión. Y es, sí, una especie de hechizo momentáneo. En la especie humana tal vez se fascina más la hembra. ¿Estás de acuerdo con esta “impresión” mía? Respecto a la cópula de los marcianos es, sin duda, un extraordinario adelanto evolutivo que ya quisiéramos para nosotros dentro de un par de millones de años…

  4. Jajajajaja, es una chapuza que viene de serie, y ya sabes que la evolucion no puede operar hacia atrás y no tiene mas remedio que usar los diseños que le vienen de serie aunque sean chapuzas.

  5. Bueno, existen mutaciones de retroceso. Y dado el caos general en que se inserta todo, nada es descartable. Siento, eso sí, discrepar en lo de la “chapuza”.

  6. De ellas me hablaba un amigo, hace ya muchos años, cuando aún no habíamos iniciado ni la licenciatura… Creo que se refería a algo así: “Ante las mutaciones puntuales, existen reversiones o mutaciones hacia atrás, que consisten en un proceso de revertientes (esto significa que se vuelve al fenotipo original) bien por reversión en el mismo sitio de la secuencia, o por una nueva mutación que restaura la función cambiada en la primera, o por revertientes de segundo sitio, que a su vez pueden ser reversiones en otra parte del gen afectado, o en otro gen que sintetiza una enzima que produce el fenotipo salvaje”. A veces, en broma, lo aplicaba a individuos con aspecto neandertaliano o a personas que podían mover a voluntad los pabellones auditivos.

  7. Oye, Paco, qué te parece – evolutivamente hablando – la llamada “postura del misionero”? ¿Crees que es “engorrosa” en el sentido batailliano?

  8. Pues desde que adoptamos la bipedestación es la mas adecuada y parece ser tambien la más favorable para la reproducción. El otro dia me enteré de que en Ucrania han sacado una ley para favorecer la postura del misionero debido al descenso poblacional. 🙂

  9. Parece que dicha postura, muy recomendada por los misioneros, es la favorita de los bonobos. Ellos, sin embargo, no son bípedos, como nosotros… Algo habrá.

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