¿Es la ideología politica una adicción?

Jimenez Losantos, Nestor Szerman y Raul del Pozo el viernes pasado en el Congreso de patología dual.

Ayer sábado terminó en Madrid el XIV congreso de patología dual al que asistí para conocer las novedades que se cuecen entre aquellos que las tejen, los clínicos. Lo cierto es que no hay ninguna novedad, más allá de la progresiva demonización que persigue al tabaco y al hábito de fumar que ahora si, dispone de un tratamiento farmacológico –la vareniclina- que por cierto no está financiado por la seguridad social y que funciona también como ansiolítico. De modo que si no es usted rico y quiere dejar de fumar lo mejor es optar por la vieja y castiza fórmula de «por mis huevos»que tan buenos resultados daba antes de que se supiera tanto sobre los receptores nicotínicos.

Pero no es de tabaco, ni de drogas ni de receptores sobre lo que voy a hablarles en este post sino de la dualidad, un poco homenajeando al congreso de Madrid.

Lo primero es pues definir ¿qué es esto de la patología dual?

Pues la patologia dual es cuando una persona tiene una adicción que se solapa con una enfermedad psiquiátrica cualquiera. Se trata pues de un artificio creado por los clínicos para dar visibilidad a algunas personas que se encuentran en los guettos del sistema, me refiero a los toxicómanos o drogadictos que -por si ustedes no lo saben- tienen una red asistencial propia: la red de toxicomanías, segregada de la red sanitaria convencional. La patologia dual es pues un invento para señalar la obviedad de que los drogadictos también pueden enfermar de otras cosas junto con otra obviedad: un enfermo mental puede también consumir sustancias (de hecho es lo más frecuente). De lo que se trata es pues de convencer al personal de la politica y al personal médico de que lo mejor sería tener una sola red y no dos, de ahi lo de dualidad.

Pero por lo que hablé en Madrid con otros colegas procedentes de distintos sitios de España las cosas aun están muy verdes en lo de la integración, de modo que aun hay servicios financiados por ayuntamientos arruinados, diputaciones fantasmales y sobre todo recursos muy dispersos, mal coordinados y sobre todo redundantes.

España sigue pues estando invertebrada y aqui no parece haber gobernante que le eche mano al tema de las vértebras. Es por eso que necesitamos urgentemente un buen ortopeda.

De manera que no hay sitio mejor para hablar de dualidad que en un congreso de patología dual siempre que nos olvidemos de aquello de la comorbilidad,  de la evidencia de que ciertas enfermedades pueden coexistir y de hecho lo hacen no solamente en psiquiatría sino en toda la medicina y que si hay dualidad no es tanto por inventarse un nexo de unión sino porque la separación crea dicotomias y aqui la dicotomia nos viene de serie.

Pero lo más interesante en un congreso donde el único interés procede de la dualidad es que se hable de dualidad y no tanto del tabaco y la ansiedad, cosa que todo el mundo sabe que existe y por eso fuma. Lo mejor del Congreso, digo, fue una conferencia que dieron a alimón Federico Jimenez Losantos Raul del Pozo, dos periodistas, tertulianos, pensadores, intelectuales, agitadores de conciencias, comunicadores ilustrados que platican  a diario y que saben bastante más que nosotros de adicciones y de adictos al menos a la politica  y por tanto interlocutores ideales para responder a la pregunta que titula este post y de paso ver si esta adicción -de existir- coexiste con la locura, que me da a mi que si. Uno de izquierdas y otro de derechas que enseguida se metieron en harina para tratar sobre la manía que el personal tiene de ser de derechas o de izquierdas, ser dual, en definitiva.

La intervención de Jimenez Losantos fue desde luego antológica, pues empleó en su argumentario a Freud y a Lacan para refrescarnos algunos conceptos que unos habian olvidado y otros sencillamente nunca oyeron hablar. Nos habló del ideal de Yo y del Yo ideal, de la forclusión y del repudio (verleugnung) hasta en alemán se lo sabía el culto radiolocutor, una audiencia estupefacta asistía a un insólito hecho: por primera vez en un congreso de esta naturaleza se hablaba de psicoanálisis. Esta desde luego fue una de las guindas de Jimenez Losantos. Nos habló de Zapatero, de Cataluña y de Convergencia, de Más, de Rajoy, de Mugica y de Gallardón y les puso como ejemplo para que entendieramos que el Yo ideal es siempre de izquierdas, reducto de las utopías, de los ideales y preñado de narcisismo instintivo, de principio del placer y por contra el ideal del Yo es un constructo bien distinto relleno de lideres, cultos carismáticos y teístas, instrumento de la dependencia, principio de realidad y de la tradición. En realidad ambos constructos -segun Freud- forman parte de una estructura de mayor nivel de definición y a la que conocemos con el nombre de Superyó.

Lo cierto es que me pareció de lo más acertada esta idea para señalar que el ideal del Yo y el Yo ideal son ejes de crecimiento de la personalidad politica entendiendo que los constructos «izquierda» y «derecha» son imaginarios, es decir no existen, sino que nos vienen determinados culturalmente. Pero es verdad que a las personas nos orientamos políticamente a través de rasgos caracteriales de estirpe biológica, asi unos son más conservadores mientras que otros son mas «progresistas» lo que en terminos biológicos tendría que ver con el apego y con la orientación con respecto a la autoridad.

Unos serian más obedientes o conformistas y otros más rebeldes, unos más apegados y otros más desapegados, es lógico pues nuestra estirpe evolucionó como consecuencia de haber mantenido grupos sociales de un tamaño entre 80-100 individuos, mas allá de este tamaño los recursos se hubieran consumido antes y es por eso que la evolución dispuso que algunas personas obedecieran ciertos estímulos a fin de segregarse de sus comunidades de origen. Pero no bastaba con la segregación, hacía falta además que otros les siguieran, pues de nada hubiera servido que uno o dos iluminados se desgajaran de la comunidad sin arrastrar en su fuga a otros. Y de ahi que nuestro instinto gregario tenga además otro resorte: nos encanta seguir a otros, a esos que parece que saben donde van. Desde la caverna pues que existe la política, la inventó aquel que optó por la bifurcación, alejarse o tomar este camino y no aquel que ordenaba la tradición establecida.

Las utopías desde luego no llevan a ninguna parte pues de lo contrario no serán utopías sino topos sin descubrir, y como no hay manera de saber el camino sin andarlo (al menos en tiempos ancestrales) es lógico que el personal haga equivaler su utopía personal con algun lugar o estado felicitario que está en alguna parte y que sólo hace falta descubrir.

De manera que nuestra especie no tiene adicción alguna a las derechas o las izquierdas sino ciertos cultos ancestrales que cada uno trata de una forma: «Dios, la patria y el rey», como dice el slogan carlista y que hoy podriamos traducir por religión, estado y gobernantes. Lo más peligroso es cuando estos tres poderes se confunden y toman prestados elementos del otro, algo que sucede en el fundamentalismo o integrismo, pero no menos peligrosa es la hipertrofia de uno de esos poderes como sucedió en la Alemania nazi con el culto casi religioso al lider. Todo parece indicar que la mejor manera de gestionar estas tendencias al abuso de poder -que este triunvirato de pulsiones lleva a cabo en la vida de los individuos- es llevarlos a un bajo perfil.

Algo así como si dijéramos el mejor gobernante es el que no se nota, la mejor religión la que no tiene fieles civiles, el mejor Estado el que no tiene ni busca tener amenazas externas. Estoy pensando ahora en los paises nórdicos, ¿alguien sabe cual es el primer ministro de Finlandia? ¿Alguien sabe cual es la religión mas practicada en aquel pais? ¿Alguien se sabe la estructura del estado de Finlandia?

Esta es la razón por la que Raul del Pozo sentenciara que Rajoy es un buen gobernante porque no hace nada. ¿se imaginan ustedes el lio que podría armarse en España si anduviera de primer ministro algún iluminado, prisionero del Yo ideal como Gallardón (aun siendo de derechas)?

Jimenez Losantos terminó su intervención dando el turno a las preguntas de los asistentes (algo de agradecer) y tambien para señalar que la catatonia de Rajoy no es una buena estrategia para los tiempos que corren y que ni tanto ni tan poco.

En conclusion no existen adicciones a la politica, solo existen adicciones a nosotros mismos, o dicho de otra manera: que una vez establecida una manía nos dedicamos a seguirla y perseguir a las contrarias.

¿Por qué se rompen las relaciones?

Sitúese en el siguiente escenario africano. Un jaguar divisa a una manada de gacelas, las acecha y se relame, ya está relamiéndose en espera de su futura cacería. De repente da un brinco y se dispone a perseguir a una de ellas, la más cercana o despistada. En cuanto la gacela se da cuenta comienza una carrera desmedida con el jaguar pisándole los talones. Ha comenzado un típico conflicto agonístico, la gacela huye y el jaguar la persigue. ¿Quién ganará en esta ocasión?

No podemos anticiparlo pero si podemos saber una cosa: la gacela pondrá toda la carne en el asador en su carrera mientras que el jaguar ha de dividirse entre dos alternativas: quiere comerse a la gacela desde luego pero también intentará no hacerse daño. Una herida en la sabána es una sentencia de muerte. De modo que podemos decir que uno se juega la vida y el otro la cena, es lo que se llama en la psicología evolucionista el principio de vida-cena. Es por eso que de cada 10 persecuciones que llevan a cabo los depredadores solo 2 o 3 acaban en éxito y en festín.

Claro que en este juego, hay alguna variable más que interviene. Me refiero a que suponemos que la gacela está en forma para correr y no es un alevín o está coja, en cuyo caso la balanza se inclinará fácilmente del lado del jaguar. Y otro más: el hambre que tenga el jaguar pondrá en marcha otra variable fundamental, el jaguar pondrá más carne en el asador si tiene hambre que si ya comió ayer.

Ahora imagínese otra escena: dos congéneres machos de una determinada especie (no importa cual) se encuentran frente a frente en un paso estrecho. ¿Quien cederá y se retirará? No podemos saberlo tampoco, lo mas probable es que inicien un combate ritualizado. Ritualizado quiere decir una especie de combate de exhibición de armamento, cuernos, garras, dientes, tamaños, etc.  El propósito del ritual en la naturaleza es amedrentar al oponente a fin de impedir que «la sangre llegue al rio» y que no haya heridos de importancia, pero necesariamente ha de haber un vencedor y un perdedor cuando ambos contrincantes pelean por un mismo recurso. El perdedor se retira y el ganador se crece en su autoconfianza. ¿Podemos predecir quien ganará y quien se retirará?

No podemos predecirlo pero hay algunas pistas que nos pueden ayudar: la primera de ellas son los recursos que ponen en juego cada uno de ellos. Es seguro que uno valorará más el ganar y es seguro que el otro valorará mas el no sufrir daños. Naturalmente el que pone más carne en el asador (a igualdad de fuerzas y tamaños), el que valora más la ganancia será el vencedor mientras que el otro, el que valora más su integridad fisica será el perdedor.

La segunda variable que interviene en este tipo de enfrentamientos es el «factor campo» como en el fútbol, el que juega en casa tiene ventaja, pues está defendiendo su vida (como la gacela anterior) mientras que el visitante puede seguir como hasta ahora, quedándose con los restos de festín.

Y la tercera variable son el número de tiradas. No es lo mismo un enfrentamiento puntual que la expectativa de un enfrentamiento diario. El macho dominante tiene sus días contados frente a los rivales más jóvenes que pugnan por su territorio. De manera que los jovenzuelos pueden esperar y seguir desgastándole, un dia u otro cederá.

Esta ultima variable tiene una gran importancia en la competencia y en los conflictos entre humanos como más abajo veremos.

Cuando dos personas se pelean -aunque sea sólo con palabras- repiten el modelo agonístico de la lucha, bien del depredador y la presa o bien el tipico confllcto entre dos congéneres que luchan por algo que ambos desean, territorio o rango.

Los conflictos entre humanos no suelen tener este dramatismo que observamos en la naturaleza y aunque existen conflictos que se resuelven con la intimidación, la amenaza o la guerra, lo cierto es que la mayor parte de nuestros conflictos se resuelven por la via hedonística, es decir a través de la seducción y las buenas maneras. Una de las razones por las que ya no necesitamos pelearnos con nuestros adversarios (aunque los tenemos por doquier) es que no vivimos junto a ellos todo el tiempo. No somos bonobos ni chimpancés condenados a aguantar a los abusones de por vida. La mayor parte de nuestros adversarios no comparten con nosotros un mismo hábitat de modo que les podemos dar esquinazo, salvo en dos entornos: el trabajo y el hogar, de modo que las mayores tragedias en nuestra especie proceden de conflictos laborales y de pareja, es lo predecible y así es.

En una confrontación como la que describí más arriba entre dos machos que compiten por un bien deseable, también en nuestra especie habrá uno que peleará panza arriba debido a que valora lo que tiene y teme perderlo, mientras que el otro quizá valore más no salir malparado y espere otra ocasión. Hay uno que ganará y otro que llegará más lejos en virtud de haber abandonado una lucha donde probablemente hubiera salido perdiendo. Pues una de las características de nuestra especie es que los conflictos no se resuelven en un dia sino que tardan a veces años en resolverse mientras en el tiempo van modificándose. De modo que en un conflicto agonístico entre humanos es plausible decir aquello de que ganar la guerra es algo bastante distinto a ganar una batalla.

Lo interesante es que en nuestra especie gana más el que tiene un recorrido más largo en su competencia con otros, pues tarde o temprano encontrará un nicho vacío que habitar. Por el contrario, la mayor parte de las luchas entre humanos no están ritualizadas por lo que el desenlace trágico es mas frecuente que entre los animales. Los humanos peleamos a muerte, pues carecemos de armamento propio.

Y si cuento todo esto es para reflexionar acerca de un fenómeno relacionado tambien con conflictos agonísticos: dos amigos, hermanos, una pareja sentimental, un matrimonio, padre e hijos tienen una disputa y rompen las relaciones. ¿Por qué se da con tanta frecuencia está solución de rupturas entre personas cultas y probablemente sensibles, incluso de personas que se quieren?

Se da porque en las relaciones intervienen dos factores de importancia: uno es el peso de la relación y el otro el precio de salir derrotado. O dicho de otra manera podemos querer mantener una relación pero no al precio de salir derrotados.

Y lo que solemos elegir es romper la relación, pues las relaciones tienen menos peso que las derrotas. Hay un sesgo de negatividad.

Lo que nos lleva a pensar el por qué las relaciones entre pares tienen hoy tanta levedad. Tanta que en nuestro pais el número de divorcios es casi similar al número de matrimonios y por lo que llevo visto en la vida el número de hermanos que no se hablan o el número de hijos que rompen todo vínculo con sus padres es mucho más elevado de lo que pensamos. Inferior desde luego al número de parejas con las que hemos roto a lo largo de nuestra vida o al número de amigos que hemos perdido por un «quítame allá esas pajas». O al número de parejas que se rompen al dia, unas 2800 en España sin contar las que no aparecen en los censos.

De manera que nuestra biografía está llena de «cadáveres». Acumulamos más cadáveres , es decir personas que hemos abandonado que derrotas, entendiendo derrotas a haber sido abandonados o a haber dado «nuestro brazo a torcer» con tal de mantener una relación.

Lo cierto es que «dar nuestro brazo a torcer» no es una buena estrategia de relación porque nuestro adversario puede convertirse en un abusador o en un parásito, de modo que es comprensible que la mayor parte de las personas opten por la primera opción en lugar de la segunda. Al fin y al cabo y como decía más arriba nuestro propio narcisismo vale más que una relación de mediana intensidad. Sin embargo esta conceptualización no sirve para explicar las rupturas de relaciones intensas y provechosas y tampoco explica el pugilato eterno entre personas emparentadas entre sí. Tampoco explica el abandono de nuestros progenitores a su suerte.

Todo parece indicar que hay algo en nuestro entorno que propicia estos malos resultados en nuestro apego con aquellas personas significativas de nuestra vida. De manera que repasaré algunas de las caracteristicas de las sociedades postindustriales en las que vivimos y que en mi opinión conspiran contra la durabilidad de las relaciones.

1.- La primera variable es la desaparición de la familia extensa. El colchón de sguridad que representaba el contar con hermanos, primos, tios y tias, abuelos y progenitores, junto a los vecinos y conocidos de nuestros entornos preindustriales (rurales) ha sido socavado por la llegada de la modernidad. Estamos solos con nuestra propia subjetividad para hacer frente a problemas endiablados y no podemos contar ni con el consejo ni la protección de nuestros parientes. Tampoco podemos fiarlo todo a nuestra parentela sin sufrir un menoscabo de nuestro autoconcepto y autonomía  que valoramos por encima de cualquier otra cosa.

2.-Otra variable de interés es el entorno urbano. La vida rural transcurría entre la proximidad de grupos emparentados entre sí, con menor o mayor lejanía, pero el apoyo y la solidaridad entre grupos (a no ser que estuvieran enfrentados) era la norma. La vida urbana transcurre por el contrario entre extraños, es decir con personas no emparentadas entre sí y de los que no es posible esperar grandes inversiones en nuestro bienestar.

3.-Este modo de vida hace que las relaciones entre personas se hayan mercantilizado o cosificado, añadiéndoles un plus de objetos de consumo y de desechables como si fueran plásticos. Naturalmente en este entorno es imposible esperar inversiones, cuidados o siquiera interés.

4.- Es obvio que nos hemos independizado tanto de los demás que las relaciones de apego están obsoletas. Lo que hemos ganado en autonomia lo hemos perdido en apoyos y apegos. Sin embargo nuestro narcisismo no ha sido removido en todo este proceso y parece que incluso ha sufrido un refuerzo, ¿pues si no podemos fiarnos de nosotros de quién lo haremos?.

5.- Por último los cambios demográficos, sociales incluyendo al descenso de la natalidad influyen (correlacionan) con estas cuestiones de las que ya hablé aqui en este post sobre la decadencia de Europa.

En conclusión, mi opinión es que es el narcisismo (la defensa del núcleo de intimidad privado e hiperinflacionado que cada persona guarda en su interior) el responsable de que no nos duelan prendas para desprendernos de las relaciones que forjamos con los otros, al fin y al cabo no les necesitamos, si viven demasiado lejos o si no estamos vinculados a ellos por intereses  próximos y prácticos.

Pero existen más razones para explicar este estropicio: la principal es que no sabemos negociar cuando algo en la relación no acaba de ser de nuestro agrado, somos torpes y carecemos de habilidades para establecer nuevos compromisos que vayan mas allá de los que se establecieron cuando la relación se conformó. No caemos en la cuenta de que una relación puede cambiar de nivel de definición aun después de un agravio más o menos real. La mayor parte de nosotros no sabemos cambiar una relación filial en una relación entre pares (aunque sea con nuestro propio padre), simplemente nos vemos como hijos y les exigimos como tales incluso a una edad provecta.

En el caso de las parejas puede renegociarse una relación constructiva en otro nivel. ¿Por qué la mayor parte de parejas se rompen enmedio del odio, el rencor o la violencia?. Una pareja puede transformarse en una relación de amistad, simplemente no sabemos cómo hacerlo y nuestra autoestima parece sufrir menos con la ruptura que con la negociación.

Lo cierto es que hay algunas excepciones a esta cuestión. Por ejemplo las relaciones que establecimos mientras andábamos codificando el mundo son más duraderas que aquellas que suceden después. Entre amigos es más facil conservar a «los amigos de siempre» que a los nuevos. Si Sapolsky conociera este dato es seguro que enviaría a alguno de sus becarios a investigar el asunto. Es muy probable que nuestra capacidad para establecer vínculos de amistad se cierre después de una cierta edad igual que sucede con nuestros gustos musicales o con las comidas que nos gustan. O dicho de otra forma: que se cierre la ventana plástica para establecer amistades.

Curiosamente, de existir esta ventana plástica no debe coincidir con la ventana plástica para las relaciones eróticas que permanece abierta toda la vida dependiendo de las necesidades de cada cual. Todo parece indiciar que el sexo y la amistad van por caminos diferentes o surgen de momentos vitales distintos, sin embargo no hay razón para creer que el sexo y la amistad son incompatibles, de hecho es imposible el amor sin una minima identificación, sin un minimo compañerismo.

Y de hecho es bien cierto que las relaciones de pareja parecen ser más vulnerables a esta tendencia postindustrial a cambiar de partenaire como el que cambia de automóvil. Todo parece indicar sin embargo que las relaciones que establecimos en nuestra infancia-adolescencia resisten mejor los embates de la vida moderna siempre y cuando, claro está, no se compita por el mismo recurso en cuyo caso está asegurado el fracaso.

Quizá sea cierto como decía Borges que la amistad es preferible al amor porque no precisa frecuencia. Y debe serlo porque las relaciones a largo plazo que resisten los embates del tiempo se parecen más a una amistad o fraternidad que a otra cosa. El apego es el único que puede vencer a la rivalidad, aunque sea impuesto por las circunstancias.

Respeto, aceptación y compromiso, parece ser la receta universal para sostener las relaciones.

Y lo que no interesa, no interesa.

¿Están relacionados el sexo y la muerte?

Estamos acostumbrados a hacer equivalentes el sexo y la cópula de tal manera que nos olvidamos de que el sexo copulatorio es una estrategia más de las que la reproducción sexual ha desplegado para llevar a cabo su «propósito» de diversificación de posibilidades génicas, pero que no es la única en la naturaleza ni por supuesto en el hombre, donde ya empieza a vislumbrarse un futuro de embarazos probeta y de nuevos dilemas éticos y jurídicos.

Copular es – efectivamente- un engorro (Bataille 2000), la naturaleza ha tenido que inventar no sólo poderosos rituales de apareamiento y reglas para que se produzca pero además ha tenido que construir dos sexos portadores de gametos distintos a los que se accede de una forma antianatómica, cuando no penosa o dolorosa.

Penetrar a una hembra por muy dispuesta que esté es en algunas especies una tarea que necesita cierta supervisión si no queremos que las arremetidas del macho dejen a la hembra malparada, así sucede con los caballos donde hasta ha sido necesario crear una profesión – la de mamporrero – para ayudar en el coito al potro joven entusiasta pero poco hábil. Lo cierto es que en algunas especies el acceso a la hembra es tan complicado que uno llega a preguntarse por qué la evolución optó por tan magna tarea en la reproducción y no se contentó con universalizar la estrategia de la sepia que pone sus huevos en el agua y es allí en el agua donde resultan fecundados o por la más inteligente del escorpión que en un ambiente menos conductor que el agua, en la arena del desierto compone un pequeño charco y es allí donde eyacula para que más tarde la hembra ponga sus huevos en el lugar adecuado. O la estrategia de las ranas que ni siquiera tienen pene y se limitan a fecundar los huevos que las hembras depositan en el lomo del macho siendo allí fecundados.

La cópula, por el contrario, es un acto intrusivo, teñido muchas veces de tensión y dramatismo y donde el placer no se reparte casi nunca a partes iguales, siendo a veces tan fugitivo y breve que es licito preguntarse el para qué se inventó la cópula y qué ventajas supuso en la evolución de determinadas especies si es que supuso alguna.

Lo que nos lleva a una breve disquisición sobre la selección natural: no siempre una determinada actividad debe ser evolutivamente adaptativa para que demuestre su potencial valor selectivo, a veces una determinada conducta no es sino el resultado de una maladaptación que se transmite por los mismos canales que las buenas adaptaciones, en otras ocasiones la conducta o rasgo estudiado puede ser absolutamente neutra desde el punto de vista de la selección natural.

Es el caso de la cópula que no es sino un subproducto. En realidad lo que es beneficioso en términos evolutivos es la propia reproducción sexual y no el método elegido en las distintas especies para la ejecución práctica de la misma. Los reptiles iniciaron esa estrategia que llamamos cópula y posteriormente nos la transmitieron a los mamíferos y a las aves, aunque ellos se mantuvieron fieles a su estrategia ponedora de huevos que reduce las cargas del maternaje al embarazo.

No se podía hacer otra cosa, dado que la evolución no puede sino mejorar  estrategias antiguas pero no modificarlas desde la raíz. La evolución es un proceso azaroso e irreversible, en el sentido de que no puede operar hacia atrás. Por ser azaroso ensayó una estrategia en Australia y otra muy diferente en Africa, una estrategia animal y otra vegetal, una protozoaria y otra multicelular, una reproducción asexual donde el individuo se replica entero y otra sexual donde lo hace sólo de mitad en mitad, diversificando sus estrategias como el jugador de bolsa diversifica sus inversiones y no arriesga su patrimonio a un solo valor, una conducta que sería de muy elevado riesgo para el inversor.

Por ser irreversible no podemos esperar que la evolución modifique pautas filogenéticamente más antiguas, sino que las recorra en la ontogénesis, las recapitule en cada individuo y las mejore poco a poco en tiempo evolutivo. Por eso los seres humanos estamos condenados a copular a no ser que inventemos otra manera – algo que ya empieza a vislumbrarse – de reproducirnos.

El ser humano ha logrado disociar el amor y el sexo de tal manera que podemos relacionarnos sexualmente con alguien sin amor y más recientemente sin compromisos reproductivos, una disociación de la que pueden beneficiarse tanto hombres como mujeres, pero que es menos prestigiosa entre las hembras que aspiran a una unión monogámica. Además de eso y gracias a su enorme capacidad simbólica el humano ha logrado también inventar el erotismo, algo que se añade en valor de goce a la reproducción y casi siempre a la cópula.

Podríamos definir al erotismo como el sexo sin cópula, un placer que se añade al placer; aquel que logra sortear el determinismo propio de la especie y va más allá del sexo reproductivo y  a veces también del sexo copulatorio. No es mi intención en este punto hacer una recapitulación del erotismo para el que remito al lector a la obra de G. Bataille citada, pero si pretendo hacer notar que todo lo que ha venido en llamarse perversiones sexuales desde el siglo XIX hacia acá y que ahora se encuentra clasificado como parafilias en los sucesivos DSMs, son conductas sexuales ejecutivas sin cópula. Así el sado-masoquismo, puede ser considerado como un ritual que escenifica la agresión sexual sin llegar a consumarla.

El fetichismo un desplazamiento del objeto sexual hacia una parte que lo representa simbólicamente. La masturbación, – quizá la forma más frecuente de sexualidad sin cópula- un ritual destinado a dar cuenta por si mismo de la necesaria autoestimulación que con intervención de otro pudiera resultar peligrosa o al menos incompatible con otras pulsiones puestas en juego en la fantasía inacabable de los seres humanos y así sucesivamente: el lector deberá incluir las perversiones de las que tenga noticia para acabar concluyendo que existen personas que optan por vivir una sexualidad sin cópula que si bien puede parecer como la emergencia de una conducta aberrante es en realidad una conducta selectiva, sometida a las mismas leyes causales que cualquier otra y que en mi opinión sólo nos resulta aberrante a partir de nuestra ignorancia de las leyes naturales y que puede llegar a ser tan maladaptativa como el sexo marital reglado.
Demaret llamó a estas conductas «actividades sustitutorias» y Tinbergen las llamó «conducta reorientada».

Se trata de actividades sustitutivas de la cópula que pueden darse en los animales del mismo modo que en el hombre. Se ha señalado a la onicofagia, la tricotilomanía y la masturbación como actividades sustitutivas que aparecen siempre que dos pulsiones instintivas aparecen simultáneamente con el resultado de inhibirse mutuamente, como por ejemplo sucede entre la pulsión de huir y la pulsión de luchar o la pulsión sexual y la de fuga. Es entonces en este contexto de duda entre hacer una cosa u otra cuando suele darse la actividad sustitutiva que en el hombre aprovecha programas genéticos arcaicos sobre los que se desarrolla la pulsión concreta. Agarrarse o aferrarse es el programa genético que soportaría la masturbación , como el groomingo despiojamiento sería el soporte de la onicofagia. Con todo para desarrollar este tipo de conductas se han señalado además de la confusión o la duda, la subestimulación o las situaciones de cautividad que son las condiciones donde este tipo de conductas se han estudiado con más detenimiento sobre todo en los simios.

Asimismo Stevens y Price (2000) han señalado que el sadomasoquismo puede explicarse mediante la fusión de dos programas genéticos (Stevens –jungiano- les llama arquetipos) distintos como el rango y el reproductivo, una yuxtaposición que podemos encontrar también en la pedofilia (Eibl-Eibesfeldt, 1990). Algunas personas sólo pueden excitarse a través de relaciones de dominancia o sumisión o mediante rituales que escenifiquen una puesta en escena de suspense. El miedo puede operar como una fuente de arousal, como parece demostrar el interés por las películas de terror, así como la fantasía inacabable de los humanos puede suponer una síntesis emocional o condensador cognitivo para dar cuenta de señales diversas procedentes de distintas agencias instintivas que puedan inhibirse entre sí, como sucede frecuentemente en los animales en cautividad o sometidos a infra o sobreestimulación.

El fundamento nuclear de que algunas personas elijan estas actividades preferentemente en lugar de otras es que la copula, en realidad el sexo es una pulsión autónoma que sin embargo se presenta siempre acompañada de otras pulsiones como la agresión, el miedo y sus derivados culturales o arcaicos: la fascinación (la duda entre huir o entregarse) y la reacción de fuga (para acabar siendo alcanzada por el perseguidor). La cópula está pues teñida de otros aspectos instintivos distintos a la propia intencionalidad de reproducirse al menos en el hombre, no puede extrañarnos pues que la copula de miedo, repugnancia o resulte agresiva o humillante y más allá de eso que la confrontación con individuos del sexo opuesto se halla teñida de temor, por no hablar de las prohibiciones culturales o religiosas que se han adherido a la sexualidad desde tiempos remotos y que le han añadido inevitablemente un tinte de transgresión contra lo sagrado, complicando un sencillo análisis evolutivo

Por  eso existen pues las parafilias, que son más frecuentes en el sexo masculino y tienen que ver con sus programas reproductivos cuando resultan inhibidos por otras pulsiones interpuestas, en realidad rituales que tratan de exorcizar el miedo a la cópula, bordeándola desde fuera. Así en el sado-masoquismo, una amenaza proyectada, es mediante un comportamiento ritualizado cuyo propósito es profundizar en la asimetría entre la pareja y exorcizar el miedo o en el fetichismo donde el objeto sexual es desplazado por representación hacia una parte cualquiera, a un objeto neutral relacionado por vecindad que logra cosificar la relación y por tanto convirtiéndola en algo inerte.
Y es natural que así sea. La agresión y la sexualidad se encuentran emparentadas en el coito, por razones de la propia mecánica sexual y de los rituales que la preceden y además por razones filosóficas profundas que no me comprometo a nombrar de una forma exhaustiva.

La sexualidad puede – subjetivamente – ser sentida como una pérdida, no sólo del propio genoma sino del deseo de inmortalidad que acompaña al individuo de principio a fin de su vida. La reproducción sexual se basa en una pérdida la mitad del genoma, que desaparece con la recombinación, a diferencia de las células asexuales como las cancerosas o las esporas que son inmortales. Por esta razón sexo y muerte se encuentran emparentados metafísicamente, además de que el lector hallará en otros artículos, sobre todo en aquel que examina la agresión las razones por las que la selección natural ha desarrollado paralelamente la agresión en compañía de la sexualidad, como un mecanismo más de adaptación al medio.

Bibliografía.-
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BUSS, D.M. & SCHMITH D.P.(1993): » Sexual strategies theory: an evolutionary perspective on human mating». Psychological review, 100(2), 204-232.
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(1990) «Dominance, submission and love: sexual pathologies from the perspective of ethology» in J:R Feierman (ed) Pedophilia:biosocial dimensions. Springer-Verlag. New York.

La conquista social de la tierra

De E. O. Wilson ya hablé aqui en este post a propósito de la consiliencia, la biodiversidad y tambien de las hormigas, un insecto social que fue para Wilson su piedra de toque y leit motiv de sus investigaciones etológicas sobre grupos.

Ahora a sus 83 años Wilson vuelve con un libro polémico en el que se desdice de su militancia anterior en lo que ha venido en llamarse «la seleccion por parentesco» y vuelve a ponernos el dedo en el ojo, como ya lo hiciera en su «Sociobiología», escandalizando a todos los conversos a la fe del parentesco. Lo que Wilson dice ahora es que la selección es múltiple y no guiada ni por el egoismo del gen (Dawkins) ni por el altruismo recíproco de Trivers y W. D. Hamilton.

En realidad los dogmas están ahi para contrariarlos y esta contrariedad procede casi siempre de la ciencia, de algun tipo de disidencia. este es el caso de Wilson. La pregunta clave de esta cuestión es la siguiente: ¿La evolución opera sobre los individuos, sobre los grupos o sobre la especie?

Richard Dawkins seria el representante de los primeros, de lo que piensan que el gen es el artífice de cualquier tipo de cambio y el que soporta el peso evolutivo. Sin embargo, con su teoria del gen egoísta no se pudo explicar nunca las conductas altruistas. ¿Como encajar el altruismo con el egoismo genético. Aqui escribí un post sobre esta paradoja.

Fue entonces cuando apareció Hamilton, un biólogo evolucionista que se supone fue precisamente el padre simbólico de Wilson, con su teoria de la selección por parentesco.

Para que el lector entienda mejor este cambio de opinión deberá entender primero lo que se conoce como ley de Hamilton, una sencilla ecuación que formaliza las relaciones de parentesco, la inversión o costes de una determinada conducta «de sacrificio» y que nos permite predecir el comportamiento de algunos organismos en el sentido del altruismo.

El altruismo puede tener sentido evolutivo si se expresa en términos de genes. La frecuencia de los genes asociados a una conducta altruista puede incrementarse si los beneficiados son portadores de los mismos genes que el altruista. El ejemplo típico es el de las abejas obreras, que se sacrifican para propagar los genes de la reina, que son precisamente los suyos.

El éxito evolutivo del altruismo radica en la probabilidad de que los genes que se reproducen (los de los beneficiados) sean los mismos que los que se sacrifican. Si el valor de esa probabilidad es suficientemente alto, el altruismo es evolutivamente ventajoso; sino, es un suicidio.

Este principio se recoge de forma simple y admirable en la fórmula de Hamilton,

r x b > c

Donde c es el coste reproductivo que sufre el individuo que realiza el acto altruista, b es el beneficio reproductivo que obtiene el individuo receptor del acto altruista, y r es el grado de parentesco que existe entre ellos (la x denota multiplicación), desde si son clones (r=1) hasta si no son parientes (r=0), pasando por si son hermanos (0.5), primos (0.125), etc.

Este es el significado de r en el contexto de la selección natural por parentesco.
El significado de la regla de Hamilton es el siguiente. Supongamos que r = 1. Si c < b, es decir, el coste reproductivo de quien hace el acto altruista es menor que el beneficio reproductivo que obtiene su clon, entonces el acto es un adelanto reproductivo porque los genes se propagan de forma más eficaz. Si no, el acto no ha merecido la pena porque la capacidad reproductiva de esos genes no ha aumentado y se ha perdido un individuo.

Supongamos ahora que los dos individuos no son clones sino simplemente hermanos, y que el acto altruista supone un coste c = 1. En el caso anterior, con r = 1, bastaba un beneficio b > 1 para verificar la regla de Hamilton. Entre hermanos, el valor de r es menor que 1 (pongamos 0.5), con lo que b tiene que ser mayor que 2 para cumplir la regla de Hamilton, esto es, para que 0.5 x b sea mayor que 1. Cuanto más lejano es el pariente, mayor tiene que ser el beneficio que se obtiene en el sacrificio altruista.

Existe una forma humorística de describir la regla de Hamilton, atribuida a Haldane… ¡en 1930! “No me tiraré al río para salvar a un hermano, pero sí para salvar a dos. Tampoco me tiraré para salvar a dos primos, pero sí para salvar a ocho”. La razón es que se necesita salvar al menos a dos hermanos para tener cierta probabilidad de salvar toda su carga genética, ya que cada uno aporta solo el 50%; igualmente, se necesitan por lo menos ocho primos para tener completa su carga genética con alguna probabilidad.

La Regla de Hamilton revisada.-

Según la regla de Hamilton, el altruismo solo es sostenible evolutivamente entre parientes. Axelrod y el propio Hamilton demostraron en 1981 que la cooperación a largo plazo puede ser beneficiosa para ambas partes a pesar de que el incentivo a corto plazo indique lo contrario e independientemente del grado de parentesco [1]. El problema del Dilema del Prisionero (Iterado) de la Teoría de Juegos muestra que la selección natural puede favorecer el altruismo a nivel grupal a pesar de ser egoísta a nivel individual 

En la actualidad se usa el concepto de selección a varios niveles (selección múltiple), según el cual la adaptación evolutiva a un nivel requiere un proceso de selección natural a ese mismo nivel, y tiende a quedar indeterminada por la selección natural a niveles inferiores. A nivel individual o intragrupal, los actos altruistas son evolutivamente perjudiciales, ya que la capacidad reproductiva de los individuos altruistas está en desventaja frente a la de los que no se sacrifican nunca. Este efecto puede ser compensado a un nivel superior en el que la competencia es entre grupos –selección intergrupal. El modo en que un rasgo localmente desventajoso pueda expandirse a toda la población es que sea ventajoso a un nivel evolutivo superior, que es lo que ocurre con el altruismo: a nivel intergrupal, los grupos altruistas tienen ventaja sobre los que no altruistas porque su capacidad reproductiva es mayor.

Así, la regla “r x b > c lleva al altruismo” es incompleta y ha sido ampliada recientemente por Wilson en 2005 con la fórmula
r x bk + be > c

Donde r x bk es el beneficio que obtienen los individuos emparentados (extendidos a los portadores de genes que predisponen al altruismo), y b es el beneficio que obtiene el grupo independientemente de la relación de parentesco.

Dicho de una manera más clara y matizada: la selección opera en el nivel individual (egoísmo) y tambien en el nivel de grupos y en el nivel de la especie. Las conductas altruistas son efectivamente desventajosas entre individuos pero son ventajosas para los clados grupales. Todo parece indicar que en lo individual sólo percibimos el perjuicio y que el beneficio se escapa de nuestra percepción afectando a algo más grande que nosotros mismos.

Es por eso que nuestra filiación o pertenencia forma parte de nuestras necesidades sociales como humanos, queremos ser distintos de los demás pero queremos tambien pertenecer a algo que nos abarque e incluya. El problema procede de la competencia entre grupos, hay algo tribal en todas esas guerras que los humanos nos inventamos para defender nuestra tribu de los otros, extranjeros o simples vecinos.

De manera que el nuevo (y quizá ultimo) libro de Wilson se dedica a refutar uno de los dogmas de la selección natural: la selección por parentesco, que aun siendo cierta en el caso de individuos emparentados no explica el altruismo entre individuos desconocidos. Asi avanza la ciencia de manera gradual, poco a poco la psicología evolucionista va tendiendo puentes entre la psicologia y la biologia y la forma en que los individuos se relacionan con su medio ambiente.

Y lo hace gracias a una disciplina en apariencia alejada de lo humano, a través de la etología. Lo que Wilson viene a decir lo ejemplificaré con una caso de la vida real de nuestro pais:

Me refiero a lo que está sucediendo en nuestro pais con Cataluña y España, un claro enfrentamiento tribal. Lo interesante de esta «guerra» tribal es que se trata de resolver desde la política. La paradoja es que desde la política no puede resolverse un problema tribal porque la política misma es una disciplina tribal. Los políticos no pueden resolver este problema porque son parte de la definición del problema. Se trata de un problema que podria ser resuelto educadamente, hablando, siempre y cuando los que hablen no sean politicos, pues los políticos se comportarán como generales de un ejército de hormigas y no como seres racionales.

Bibliografía.-

Hamilton, W. D.: The genetical evolution of social behaviour I and II. J. Theor. Biology 7: 1-16 and 17-52 (1964).

La fotosíntesis humana

La fotosíntesis puede definirse de varias formas, es una cualidad de las plantas y sirve para transformar la luz en energía quimica, algo que llevan a cabo las plantas a través de un pigmento verde llamado clorofila. Pero esta no es la unica potencialidad residente en la fotosíntesis que al menos sirve para otras cosas:

  • Transforma lo inorgánico en orgánico.
  • Transforma el CO2 en glucosa y desprende O2
  • Transforma la energia lumínica (cierta parte del espectro) en energía química.

Se trata de un proceso extraordinario y en cierto modo misterioso, pues transformar lo inorgánico en orgánico es bastante complicado en el laboratorio, del mismo modo es complicado sintetizar glucosa a partir del CO2 del aire. Pero aun mas misterioso es averiguar de donde extrae la planta la energia que necesita para sus procesos metabolicos o de crecimiento.

Hasta ayer, pensabamos que era de la lucosa de donde extraia la planta esta energía pero existe una nueva teoria.

Lo que plantea esta teoria es que la energia se extrae a partir de una reacción quimica llamada la disociacion del agua. Consiste en transformar 2 moleculas de agua en hidrogeno y oxigeno. Esta reacción se lleva a cabo soltando 4 electrones de alta energia, para inmediatamente revertirse (pues el oxigeno es tóxico). La disociacion del agua y su inmediata reversión formaría un latido, una especie de contracción-expansión de la molécula de agua que daria como resultado una especie de movimiento perpetuo en el interior de la planta. Ese movimiento seria el aporte energético de la planta quedando la glucosa como un reservorio de energia destinado a la construcción de la materia propiamente dicha en el organismo.

La fotosíntesis es un proceso tan curioso que cuando uno empieza a conocerla mejor enseguida le viene a la cabeza cómo es posible que pagemos tanto por la luz que consumimos en nuestras casas teniendo como tenemos una fuente de aprovisionamiento inagotable como es el sol que en ciertos organismos  pueden aprovechar para hacer cosas insólitas como sintetizar glucosa a partir de desechos de nuestra respiración. Uno se pregunta por qué no hay algun ingenio que sea capaz de hacer lo mismo o algo parecido para tener energia gratis para toda la humanidad.

Esta era al parecer la idea de Nicolas Tesla.

Eso fue lo que pensé mientras escuchaba al Dr Arturo Solis hablando en el colegio de médicos de Castellón sobre su teoria de la fotosíntesis humana.

De lo que dijo el citado doctor -oftalmólogo de profesión- en aquella conferencia voy a centrarme en las cosas que creo que pueden ser verdad (aunque improbables) y de las cosas que dijo que inducian a pensar en otras cosas. No voy a referirme a las falsedades que pillé al vuelo, ni en la simpatía o antipatía personal (por sesgada) que me produjo el citado doctor, ni tampoco voy a perder el tiempo en criticar «su medicamento». Al parecer un medicamento que ha sido retirado por las autoridades sanitarias españolas por no llevar en sus envases la composición exacta y no haber pasado los controles que se exigen a todo medicamento nuevo. De manera que el Quiampi I que asi se llama su remedio para todo no sabemos que es, aunque he encontrado en Internet algunos rastros de su fórmula que al parecer está patentada (el lio de las patentes, daria para otro post) en Europa oriental y tambien en su pais, en Mexico.

Para Solís, en un estilo de lo mas schopenhariano «todas las enfermedades son la misma enfermedad» y por tanto su remedio sirve para todo.

El cuerpo no sabe medicina, afirmó.

Pero la idea central de su discurso es la siguiente: ¿Son los animales capaces de llevar a cabo un proceso similar a la fotosíntesis de los vegetales?

El Dr Solis responde afirmativamente a esta pregunta, solo que en nuestro caso este proceso se lleva  acabo a través de la melanina.

La melanina es un pigmento color marrón oscuro o negro que es el responsable de que en verano nos bronceemos. Pero esta es una visión muy pobre de las funciones de la melanina, efectivamente la melanina tiene un caracter adaptativo y sirve para defendernos de los ataques del sol, más concretamente de los malignos rayos UVA que son los responsables del cancer de piel. Sin embargo recibir luz del sol tiene otras propiedades benéficas para nuestro organismo, por ejemplo la activacion de la vitamina D3, necesaria para nuestros huesos y cuya ausencia se objetiva en el raquitismo.

Pero el Dr Solis va más allá de eso y afirma que la melanina es la clorofila humana y que tiene funciones parecidas.

En lo que se parece es precisamente en su capacidad de disociar el agua y promover ese latido reversible de la reacción química -que el llama primordial- y que en su opinión dio lugar al comienzo de la vida.

De ahi extraemos segun Solís la energía (de la fotosíntesis) y no de lo que creiamos hasta ahora: la glucosa.

De manera que con un poco de melanina incluso podriamos pasar del aire. Es el futuro. Pero ah! el propio Solis nos desengaña: los humanos no somos autotrofos.

Les dejo con este video donde una bloguera bien conocida en el mundo new age le entrevista aprovechando su visita a España donde ha venido a publicitar su Quiampi I: