El hipermentalismo

Por su interés subo al blog la traducción al castellano del resumen de este libro de Badcock y Crespi titulado “The imprinted brain”. En síntesis la teoría de Badcock y Crespi viene a señalar la idea de que autismo y esquizofrenia son enfermedades diametralmente opuestas que representan además cerebros genéricos extremos. En el caso del autismo se trataria de un predominio de un cerebro masculino extremo con una tedencia al pensamiento sistemático, más interesado en las cosas, los detalles que en las personas. En el extremo opuesto nos encontrariamos con el predominio de un cerebro femenino con tendencia a la hipermentalización.

En realidad estas ideas no son originales de Badcock y Crespi sino que el mismo Asperger ya advirtió de que el autismo podria representar un fenotipo masculino extremo. Del mismo modo Baron-Cohen ya publicó su teoria en esta misma linea. De manera que Badcock y Crespi lo que hacen es apuntarse a esta misma idea prolongándola y tratando de explicar esa especie de batalla que libran los genes en el cerebro de un feto durante los primeros meses de vida. Aunque en realidad -y esta idea si es original de Badcock y Crespi- la batalla no tiene lugar entre genes sino en su impresión o manifestación en el cerebro. La normalidad representaria pues un equilibrio epigenético en esta impresión y los desequilibrios caerian bien del lado de lo masculino o bien del lado de lo femenino, que deben verse no como entidades separadas de lo comun sino como desviaciones estadísticas en un continuum de posibilidades cognitivas.

Para Badcock el psicoanálisis freudiano es un ejemplo de hipermentalización, una narrativa destinada a construir significados que nos aproximen a ese centro de equilibrios ideal para las personas que o bien mentalizan demasiado o demasiado poco. Su eficacia estaría vinculada pues a proporcionar a los individuos cultos una tecnología afín a sus intereses culturales y que abriría ante ellos un horizonte de posibilidades miticas destinadas a cosntruir significados significativos.

Traducción extraida de esta web:

El psicoanálisis no ha estado nunca exento de críticos, pero hasta hace pocos años yo no me contaba entre ellos. Al contrario, con la firmeza y la inmunidad al criticismo características de los que tienen rasgos autistas, yo los ignoraba a todos e iba por mi camino creyendo que finalmente, los progresos en otras disciplinas científicas acabarían reivindicando a Freud —y para probarlo escribí varios libros. Ello me condujo a psicoanalizarme con Anna Freud hasta su muerte, acaecida en 1982. Rendí culto al santuario del profeta con la más destacada sacerdotisa cuatro días a la semana, cuarenta semanas al año, durante casi tres años. Inspirado por la fe, me convertí en un evangelista —si no del psicoanálisis, si de la figura de Freud— y desde mediados de los 70 hasta el año 2002, impartí un curso sobre Freud dirigido a estudiantes no graduados en la London School of Economics que tuvo gran aceptación.

Pero esta vía está ahora extinta, y los lectores de mi último libro, The Imprinted Brain; how genes set the balance between autism and psychosis (La impronta genética en el cerebro: como los genes establecen el equilibrio entre el autismo y la psicosis) se encontrarán con que una parte del último capítulo se parece un poco a esas noticias que vemos en los supermercados sobre la retirada de algún producto. Ciertamente, para mí éste ha sido uno de los aspectos importantes del libro: me ha proporcionado la oportunidad de rectractarme de mi fe Freudiana y confesar el enorme error que había cometido.

¿Qué pasó? Se necesita leer todo el libro para entenderlo, pero una respuesta breve sería: descubrí el autismo y, más importante aun, empecé a darme cuenta de que, lejos de ser un remedio para los problemas mentales, el psicoanálisis era una encarnación cultural de lo que ahora llamaría hiper-mentalismo.

Según la teoría de la impronta genética en el cerebro (que se explica en el libro), los genes que subyacen en los trastornos autistas y psicóticos permanecen en el genoma humano porqué dan soporte a las dos adaptaciones cognitivas fundamentales de nuestra especie. La cognición mentalística —o mentalismo (también llamada teoría de la mente/empatía/psicología popular/sentido común)— evolucionó para facilitar la interacción social y constituyó la base de la cultura mental: religión, política, comercio, arte y literatura. La cognición mecanicista (también llamada sistematización/física popular/pensamiento cosificado o orientado a los objetos) que evolucionó para facilitar la interacción física con el mundo material de los objetos no humanos y constituyó la base de la ciencia, la tecnología y de la cultura material. Los dos sistemas de cognición están generalmente más o menos equilibrados en los individuos. Sin embargo, debido a los mecanismos de expresión genética involucrados, este equilibrio puede verse fácilmente alterado. Un déficit en mentalismo (a veces con un exceso de cognición mecanicista en el llamado savantismo autista) explica los trastornos del espectro autista, mientras que lo opuesto —la mentalización excesiva— explica la mayoría de los síntomas de los trastornos del espectro psicótico.

Según este punto de vista, el psicoanálisis sería una forma institucionalizada de hiper-mentalismo comparable a la esquizofrenia paranoide. Los esquizofrénicos que se han recuperado comentan que su psicosis es una enfermedad de sobre-interpretación, de ver significados donde no los hay, y de intuir intenciones, pensamientos y emociones en los otros que simplemente no existen. El psicoanálisis institucionalizó este tipo de paranoia al creer que mediante la libre asociación de ideas, los sueños y los lapsus linguae se podría interpretar el infantil y reprimido inconsciente del individuo.

Pero, por supuesto, si esa mente inconsciente existiera, los primeros autistas ya nos lo habrían revelado hace mucho tiempo, debido a su incapacidad para engañarse ellos mismos o engañar a otros, debido a su inmunidad a las convenciones e imposiciones y debido a su perversa insistencia en ser ellos mismos. En particular los autistas savants revelaron que la pristina y no socializada mente del niño autista se parecía más a un ordenador que piensa que no al infierno de reprimidos deseos y sórdida sexualidad imaginada por Freud. Las pasiones de los autistas savants son los horarios, los calendarios y las máquinas, no el incesto, el parricidio o la furia primitiva. Lejos de ser las indiscriminadas máquinas de alimentarse (o repetitivas máquinas de comer) que el ello Freudiano sugeriría, los niños autistas a menudo experimentan un fastidioso rechazo a la comida. Y contrariamente al dogma Freudiano, los recuerdos infantiles conservados por algunos autistas revelan fascinación por las cosas, no por las personas.

Así que este es mi aviso de retirada del producto. Los lectores que quieran saber más, tendrán que leer detenidamente The Imprinted Brain —prestando especial atención a las notas del último capítulo.

Lecturas relacionadas.-

El extraño caso del Sr Asperger

8 Comments »

  1. 1
    sannio10 Dice:

    Son muy hermosas, por tan humanas, tus palabras sobre el “error” freudiano en que has estado sumido. A veces pienso en quienes, como nosotros, se entusiasman tanto por las novedades científicas; y en especial por los “descubrimientos” diarios de las capacidades plásticas del cerebro; parodiando el título de cierta colección de cierta editorial: en quienes sentimos “la dicha de enmudecer”. Y me recuerda a aquellos hombres del siglo XVIII que se creyeron liberadores de las supercherías y “oscuridades” padecidas por el género humano hasta la llegada de las Luces. Pagamos a Caronte el óbolo, aunque antes de tiempo, por nuestra innata curiosidad. Y sin rechistar.

  2. 2

    Bueno lo del error freudiano son palabras de Badcock, aunque yo en parte las suscribo, si bien mi profesion de psiquiatra me llevó a distanciarme del psicoanálisis (reconociendo algunos de sus meritos) a medida que iba sabiendo mas de la mente humana.

  3. 3
    sannio10 Dice:

    Sí, es verdad. Luego me di cuenta, pues leí el ‘post’ un par de veces más. A veces las comillas evitan esos errores… Yo leo a Freud, y siempre que lo revisito aprendo. Pero el psicoanálisis, como todo, es eso: una teoría. Luego vienen otras, y otras y otras. Y no hay duda: lo que nos parece hoy “extraordinario”, más adelante será superado. Somos simples eslabones de una cadena; y duramos muy poco. ¡Pompas de jabón!, ¡pum. pum!
    Respecto a autismo y asperger: ¿qué piensas del asperger adulto? Una vez le pregunté a un psicólogo de una de esas asociaciones. Me marcó un rollo absolutamente ajeno a la pregunta. A mí me parece que con la edad, siendo leve, aminora (o es menos evidente), pero…

  4. 4

    El psicoanálisis es una narrativa como otras narrativas que les sirven a la gente a contarse cosas sobre uno mismo. El asunto es que hay narrativas que nos sirven y otras que no con independencia de su son ciertas o no

  5. 5

    Yo he visto pocos Aspergers pero lo que he visto en ellos es una progresiva paranoidizacion

  6. 6
    sannio10 Dice:

    Es cierto. En realidad, todo es en la vida eso: una narrativa. Si sirve, bien; si no, se busca otra. Unos cobran por narrar; otros narran sin cobrar. Y un buen día, para unos y otros, todo se acaba.

  7. 7

    Para que una narrativa resulte útil, también hay que considerar el vínculo que se da entre quién narra y quién escucha, una buena relación puede aportar beneficios, en cambio una mala puede llegar a ser letal. Y no sólo hablo de la relación paciente-terapéuta, sino de los lazos que vamos construyendo en la vida y que también pueden entenderse como una manera de encontrar a quien contar nuestro relato, al tiempo que permitimos que los demás también vean en nosotros a un testigo de su historia.

  8. 8

    Exactamente, debe tratarse de una narrativa diferente de la del paciente pero no tan alejada de la suya que no pueda integrarla en su propio discurso.


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