El bucle melancólico catalán

Allá los muertos que entierren como Dios manda a sus muertos.

(Gabriel Celaya)

Ayer Artur Mas durante uno de esos desayunos madrileños donde habia acudido como siempre a pedir, lo dijo alto y claro -y por una vez estoy de acuerdo con su opinión-. Dijo:

– El problema es que nosotros nos hemos cansado de ustedes y ustedes de nosotros. Y puso un ejemplo:

– A España y Cataluña les pasa lo mismo que a la Europa del Norte y a la Europa del Sur. Los del Norte se han cansado de pagar y los del Sur se han cansado de las condiciones que les imponen los del Norte.

Lo que significa que unos paises, los ricos se han cansado de mantener a los pobres y los pobres a su vez se han cansado de pagar intereses por sus deudas a los del Norte. Naturalmente Mas asimila Cataluña a la Europa del Norte quedando España reducida a un pais del Sur. O lo que es lo mismo, Cataluña es rica (como la Europa del Norte) y España pobre, como los paises del Sur.

Y es por eso por lo que Más aprovechándose del éxito de la Diada, se desplazó ayer a Madrid a ver si consigue un nuevo «pacto fiscal», con la abierta amenaza de la independencia. Dicen los que entienden de esto que se irá de Madrid sin su ansiada Hacienda catalana y que le espera un largo y tortuoso camino si quiere andar por esa vereda de la independencia.

Pero yo estoy seguro de que la andará. Ya lo ha dicho Pujol,»no hemos podido cambiar a España desde Cataluña» y «Necesitamos un Estado para Cataluña» y «nos hemos cansado de ser la puta y la ramoneta (sic) «. Y la andarán porque Cataluña prefiere ser Montenegro o Islandia aisladas de la OCDE antes que seguir siendo los -según ellos- paganos de la España pobre.

Naturalmente no estoy de acuerdo con los análisis que se han llevado a cabo en la prensa de unos y otros y es por eso que escribo este post. He oido tantos disparates estos días y tantas mentiras que he creido -que aun sin ser politólogo- valdría la pena poner mi granito de arena para que se comprenda mejor qué es lo que está pasando.

Comenzaré diciendo que el nacionalismo es el refugio de aquellos que no se sienten identificados con realidades supranacionales más allá de su origen local. Todos en este sentido lo somos, unos más que otros, claro, pero en Cataluña y en Euskadi existe este fenómeno, yo lo he mamado y lo he contemplado (sin participar en él) a causa de mi ascendencia catalana materna. Es verdad que Cataluña es otra cosa –un fet diferencial-, pero esa cosa que Cataluña es, no anda muy lejos de la irregular distribución de la riqueza, de la heterogeneidad y las desigualdades en España. ¿Cómo vamos a ser un pais Uno, si en España hay tantas realidades sociales (que no nacionales) como provincias. España es un pais invertebrado, una pais de contrastes que no ha logrado a través de todo el siglo XX homogeneizar sus recursos, asi siguen habiendo bolsas de pobreza en Andalucia, Extremadura, Castilla la Mancha, Galicia o Canarias, y lo peor: dentro de cada una de estas regiones existen desigualdades, nada que ver Sevilla, con Almeria por ejemplo.

Tan invertebrados somos que no nos hemos puesto aun de acuerdo en la letra de un himno nacional a pesar de nuestros éxitos deportivos. Da pena subir al podio de las medallas sin una letra patriótica que echarse a la boca. España es el pais de los disensos, de los caines y de las disputas eternas. Aqui nadie se pone de acuerdo para nada,  basta ver las diferencias entre lo que sucede en UK con su himno y como el «God save the queen» convoca el patriotismo entre los galeses, neozelandeses, australianos, escoceses o irlandeses del norte, para sentir envidia de un pais que al menos ha encontrado -aunque sea en su hierática reina- una institución abstracta que les permite pertenecer a algo más grande que su propio pub. Los Estados trascienden a las naciones, las etnias, las tribus, las regiones y las religiones, de lo contrario se trata de un Estado fallido y eso es precisamente lo que España no ha podido conseguir.

¿Por qué?

Hay razones históricas para ello y referiré algunas relacionadas con Cataluña (y que valen para Euskadi). Todo empezó en la guerra de Sucesión, se trataba de un guerra por el trono entre Borbones y Austrias, por el trono español, Cataluña fue la perdedora de aquella guerra, al aliarse con el archiduque Carlos, hasta que las tropas de Felipe V arrasaron la ciudadela. El veleta Villaroel (con calle en el ensanche), que habia sido general del ejército de Felipe V acabó cambiándose de bando y dirigiendo la resistencia al asedio, hasta que volvió a cambiar de opinión y decidiera entregar la ciudad, a lo que se opuso uno de los héroes con estatua en Barcelona : Antonio de Casanova le arrebató el mando, aunque no cambió para nada el curso de los acontecimientos. Barcelona fue arrasada y el consejo de ciento (con calle actual) abolido.

Lo importante es retener que aquella guerra no era de Madrid o Castilla contra Cataluña, sino una guerra de bandos partidarios unos de Borbones y otros de Austrias, otras plazas como la de Xátiva (la socarrà, porque fue quemada tres veces) en Valencia siguieron la misma suerte que Barcelona. Nada de nacionalismos, se trataba de una guerra por un trono, algo que habria de suceder algunas veces más en este pais.

Tres guerras carlistas en el siglo XIX, una guerra en ultramar (Cuba y Filipinas), y una guerra civil en el siglo XX, son la repetición de una misma historia: la codicia de los reyes yel enfrentamiento de las dos Españas, la que retratara Antonio Machado, y que dio como resultado numerosas crisis económicas, sociales y politicas. España ha estado siempre en recesión o en bancarrota.

Ahora bien el resultado de aquellas guerras no fue el mismo para Euskadi que para Cataluña. Y tienen razón los catalanes en quejarse de su «pacto fiscal» pues tanto Euskadi como Navarra conservan su regimen foral aun hoy, fruto de los abrazos de Vergara con que se dio fin a las guerras carlistas los vascos sacaron buena tajada. Debe ser por eso que hoy Euskadi y Navarra tienen mejor sanidad que las demás regiones españolas. Es verdad, aqui hay una flagrante contradicción: ¿si la caja del dinero es común por qué se hace excepción con Euskadi y Navarra y se deja fuera a Cataluña cuyas instituciones forales son tan antiguas como aquellas? ¿Y la Comunidad valenciana que tambien tuvo sus instituciones forales?

Jon Juaristi es un escritor español que escribió en 1997 un libro titulado «El bucle melancólico» (que fue premio nacional de ensayo) donde escarba en clave freudiana por las causas del nacionalismo (en este caso el vasco). Para Juaristi la causa del nacionalismo es la nostalgia, pero no una nostalgia cualquiera sino una nostalgia melancólica, la añoranza no por alguna cosa que se perdió, sino la añoranza por algo que nunca existió.

Los politicos catalanes y vascos han sido los que han arrimado el ascua a su sardina, al transformar el bucle en un sentimiento nacionalista, pervirtiendo la historia y reescribiéndola, inventándola y forzando los hechos para que encajaran en sus intereses que no son otros sino los de perpetuar su «clase» politica al estilo de lo que ya hablé en mi post anterior. No cabe ninguna duda de que para Mas es mejor ser Presidente de la República catalana que la de ser President de una Generalitat sin recursos propios y no me cabe ninguna duda de que los politicos arrastrarán al pueblo catalán hacia la independencia pronto o tarde blandiendo el señuelo de la catalanidad, es decir un señuelo emocional y por tanto irracional.

Los politicos transforman la historia en mito a través de un neolenguaje orweliano que trata de confundir la historia con el pasado. Dado que la historia puede reescribirse e inventarse con la ayuda de ciertos elementos intelectuales del pesebre podemos construir un mito casi sobre cualquier cosa. Pero los mitos no son todos iguales, no es lo mismo un mito supranacional que abarque que un mito local que divida. Todos los mitos son mentira, tanto la reina madre Isabel como el conseller en cap» Casanova, solo que ciertos mitos dividen y otros mitos integran. Y es por eso que el pasado siempre nos vuelve, con distintas etiquetas y con distinas guerras y distintos muertos.

Y es por eso que las guerras no sirven para nada y con los muertos aun siendo héroes no tenemos más remedio sino enterralos como decía Celaya a fin de que no interfieran con el futuro.

Lo que está por hacer de una vez es la construcción del Estado español, con o sin Cataluña, con o sin Euskadi. Tiene razón Mas, asi no podemos seguir, aunque cada uno lo interprete de una manera distinta. Si yo fuera el presidente del Gobierno abriría un periodo de segregación nacional voluntaria, los que quieran pemanecer que se queden y los que quieran irse que se vayan y que cada palo aguante su vela. Pero antes de eso habrá que abordar de una vez el tema de la infrafinanciación de los territorios, por poner un ejemplo: trabajo en un Hospital (Castellón de la Plana) que si gasta supongamos 80 millones al año de presupuesto recibe solo la mitad. El resto es deuda. Dicho de otra manera el centro (esté donde esté) siempre va a tratar a la periferia como periferia y los agravios no hacen sino multiplicarse y emerger precisamente en tiempos de crisis, Castellón siempre será discriminada por Valencia,Valencia por Madrid y Madrid por Berlin.

De manera que es comprensible el cantonalismo y alli donde prende esa idea -aunque reaccionaria- no deja titere con cabeza pues se transmite -como dice Juaristi-, como un bucle de resentimiento, de generación en generación.

Es comprensible que los catalanes no quieran ser españoles, al fin y al cabo hay muy pocos motivos para sentirse orgulloso de serlo, este es un pais de desigualdades y de afrentas entre unos y otros, un pais poco serio, y con mucha charanga y pandereta, «del bigote gris y labios de hastío», un pais de casinos provincianos y de fincas inanes, un pais anticuado y ocupado ya no por señoritos o curas pero si por déspotas con corbata. Es lógico que los que viven bien quieran desprenderse de ciertas remoras españolas, lo que es lo mismo que decir que la solidaridad ha caducado y que los ricos se han cansado de ver como los pobres les han perdido el respeto.

El camino de la independencia catalana será largo y dificil. Descartada la solución militar, no tienen más remedio que iniciar un largo proceso jurídico, enredado, dificil y costoso que aumentará el cansancio y la antipatía entre unos y otros, pero al final la lograrán.

Pero yo prefiero una España sin Cataluña que una España con desigualdades, una España sin columna vertebral.

Necesitamos quitarnos esa ortopédica protección de una vez y abordar de una vez la estructura del Estado que quede.