El maniqueísmo: veneno de la mente

La teoría es global, la experiencia local. (Wagensberg)

El maniqueísmo es en realidad una doctrina herética muy antigua que hoy se ha transformado en un adjetivo que pretende describir la división en opciones o decisiones -usualmente dos- sobre un problema concreto. Pero no es solamente una bifurcación que divide el mundo, ilusoriamente en dos sino que además lleva adherida otra cuestión: la cuestión de la veracidad o de la certeza. Así estas dos opciones que se bifurcan y que captan sus acólitos no son dos opiniones cualesquiera sino que se suelen conformar en ideologías, religiones o concepciones del mundo bien alejadas unas de otras que se combaten entre sí por la “evidencia” de “verdad” que ambas trasmiten.

Para que haya maniqueísmo son necesarios que existan estas condiciones:

  • Un dilema a resolver
  • Un dilema que no es un dilema simple sino complejo, un wicked problem o problema endemoniado..
  • Que se plantee ilusoria y de forma convincente que hay dos y sólo dos reducciones del mismo.
  • Que los ciudadanos individuales y concretos se sientan atraídos por cualquier razón sobre una u otra solución del problema.
  • Que ignoren la mutiplicidad de facetas que existen en la definición del problema y que el problema suele anidar en los enlaces.
  • Que existan ideologías consumibles que promuevan la dicotomía y la simplificación.
  • Que exista la sensación de que el problema se encuentre bien definido por las opciones.
  • Que cada persona individual se manifieste o alinee con una de ellas, es decir que tome partido.
  • Que cada cual tenga la sensación de que el adversario está loco, equivocado o que actua de mala fe.

La verdad es que el maniqueísmo tiene mucho éxito en nuestra especie por una sencilla razón: porque presenta el problema de una forma simplificada, algo que a nuestro cerebro le viene muy bien pues la pereza cognitiva es condición de nuestra especie. La mayor parte de las veces tomamos partido por razones emocionales, lo que es lo mismo que decir que nos decantamos con aquella concepción del mundo que se acopla mejor a nuestras circunstancias. Sólo hacemos antes esto una excepción: nuestros intereses personales están por encima de nuestras emociones, casi siempre y nuestro cerebro es raudo en detectarlas.

En realidad hay otra razón para el éxito de maniqueísmo más allá de la simplificación y es porque en la paleta de conductas prácticas que podemos llevar a cabo existen con frecuencia sólo dos opciones pragmáticas: por ejemplo en el caso de una mujer embarazada existe la posibilidad de llevar a cabo el embarazo o interrumpirlo, no existe una tercera opción. En el caso de la democracia sucede otro tanto podemos votar en España (con las leyes que tenemos) al PSOE o al PP, votar otro partido, en blanco o abstenerse es siempre un riesgo que suele manifestarse a través de la inutilidad contable de cualquier opción alternativa. Con respecto a las drogas o la prostitución solo dos acciones politicas: su legalización o el mantenimiento del estatu quo que es la prohibición o el “mirar hacia otro lado”.

El maniqueísmo pues es el ingrediente fundamental de la política, una especie de reduccionismo que no es desde luego solo característico de la politica, la ciencia está también imbuida de reduccionismos cuando los científicos tratan de explicar la conducta humana a través de reduccionismos cerebrales, bioquimicos, genéticos o psicológicos.

Volviendo al tema del aborto que ha vuelto a aparecer en nuestro país recientemente y con inusitada crudeza, existen al menos dos posiciones enfrentadas, posiciones de las que ya hablé en este post y que no voy a volver a repetir salvo para denunciar que en ambos casos se trata de un reduccionismo, muy parecido a estas noticias que suelen aparecer en la prensa y que dicen cosas como que: “la oxitocina es la hormona del amor”.

El aborto es uno de esos temas complejos que tienen tantas lecturas y facetas que no pueden reducirse a pro y contra abortismo. El mismo hecho de que existan pro y antiabortistas ya declara acerca de la naturaleza de “problema endemoniado” del mismo. A mi cuando me preguntan sobre este asunto suelo decir que yo no soy ni una cosa ni otra porque nunca me he visto en semejante tesitura que es lo mismo que decir que mis intereses no se han visto amenazados por un embarazo no esperado pero es seguro que aun asi no militaria en niguno de los bandos. Pues son los intereses personales los que tienen la mejor carta de todas las que se reparten en este y otros juegos semejantes.

No ser de una cosa ni otra, es decir no tomar partido no debe considerarse como rehuir el problema, antes al contrario, una forma de rehuir el problema es la militancia activa en uno de los dos frentes. Puesto que el maniqueísmo es siempre un atajo para reducir un problema complejo a uno bien simple: la maldad o la hipocresia ajena.

La mejor forma de resolver un wicked problem es sortearlo soltando la abrazadera como en el nudo Gordiano. Más abajo volveré sobre esta cuestión que otros han llamado el pensamiento lateral.

Y puede caracterizarse asi: usted puede abortar o no abortar pero no milite en ningun bando. Curiosamente no existen movimientos pro o anti-prostitutas y nos conformamos con que no secuestren nuestras aceras. A veces mirar hacia otro lado es la mejor solución.

Todo parece indicar que los que piensan que el feto es propiedad de la madre y los que piensan que la vida es un derecho inalienable proceda o no de Dios manifiestan posiciones antagónicas imposibles de conciliar, al mismo  tiempo que se basan en una falacia reduccionista en ambos casos. Y los políticos o los que hacen política con esta cuestión son los que ganan en esta carrera de ignorancias, pero si hay quien gana es porque hay damnificados como es ahora el caso de la feministas que ven su proyecto de Igualdad a corto plazo amenazado por una nueva Ley sobre el asunto.

Es por eso que algunos suelen afirmar que la mejor Ley es la que no existe, es decir aquella actividad que se regula sola sin necesidad de intervencionismo estatal. Pues una ley se escribe para regular la vida en común, lo que es lo msismo que decir que si existen leyes es porque hay diferentes sensibilidades en la percepción de las cosas.

Y si hay una ley del aborto es porque no hay consenso en la sociedad sobre la cuestión, de forma que las leyes (hasta ahora dos  y con la amenaza de una tercera) son una forma de regular, no de prohibir una conducta que por otra parte está muy difundida en nuestra sociedad. Y sobre todo por una cuestión de orden metafisico: al Estado le interesa la vida humana y es por eso que ha de pronunciarse o lo que es lo mismo, marcar limites a una conducta.

Y si hablo de cuestiones metafísicas es por la razón de que existe una pregunta fundamental en esta cuestión, no me refiero a la pregunta filosófica común de ¿cuando empieza la vida humana? sino en esta otra ¿Debe el Estado proteger la vida humana? ¿Y si ha de hacerlo en nombre de qué?

Dejo estas preguntas abiertas para levantar acta notarial de la complejidad de la cuestión que nos ocupa. Una cuestión que tiene muchas formas de verse y no me refiero a los dos supuestos ideológicos en los que se mueve nuestra preferencia, sino a través del discurso de la ciencia, la religión, la filosofia, la medicina y otras disciplinas.

Pero sea cual sea la opinión que desde cada una de esas disciplinas se obtenga, sus hallazgos siempre serán parciales, incompletos y transitorios. No hay ninguna verdad proceda de la disciplina que proceda que aporte un hecho incuestionable salvo el que procede de la Embriología: despues de la fecundación y hasta el parto todo es feto.

Sucede que los hallagos de las distintas disciplinas no pueden cruzarse, es decir no pueden integrarse unos en otros pues cada una de nuestras disciplinas tienen el carácter de ser inmanentes, se alimentan de sí mismas y de sus propias verdades parciales. Lo que significa que no hay disciplina trascendente, no hay ninguna disciplina desde donde fluya una verdad universal, directa y aprovechable de forma práctica.

Lo que hoy sabemos del feto, de la maternidad, de antropologia cultural, del derecho o de las enfermedades obstétricas o de psicologia evolucionista es inaprovechable cuando las opciones se reducen a dos: abortar o no abortar.

La mejor opción es este caso esla adopción de una epistemología débil, un eclecticismo débil. Y sobre todo adquirir conocimientos sobre el tema que vayan mas allá de la conocida cantinela de Dios, la religión o la propiedad de mi cuerpo.

El pensamiento lateral puede acudir en nuestra ayuda en estas cuestiones en una conocido aforsimo filosófico: “cuanto mas sé sobre un problema endemoniado menos claro tengo cual es su solución”.

Simplemente porque no la tiene en los términos en que se plantea: militar en un bando o en el otro.

La mayor parte de la gente es eso precisamente lo que hace: no milita. No tiene una idea fijada de antemano sobre el asunto, intuye que le falta información y no suele pronunciarse. Sabe muy bien qué hacer cuando el dilema no puede eludirse, cuando ella, su esposa o su hija quedan embarazadas. Y todo parece indicar que los intereses personales están por encima de cualquier militancia.

Todo parece indicar que nuestro cerebro sabe muy bien qué hacer cuando se siente amenazado por algo.

¿Y los demás, qué podemos hacer?

Solamente se me ocurre una opción: mientras no seamos capaces de pensar de forma no maniquea: la tolerancia.

Pero probablemente la tolerancia es imposible en el pensamiento maniqueo.

Asi que la propiedad más valiosa en el pensamiento lateral es la responsabilidad, ya saben, el derivado laico de la culpa.

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