La paradoja de la ventana rota

Frederick Bastiat fue un escritor y economista francés que se dedicó a desvelar las falacias y sofismas de su época, y a escribir un libro «Lo que se ve y lo que no se ve» de donde procede la conocida paradoja de la ventana rota.

Dicen que una vez, un gamberro adolescente rompió una cristalera, el escaparate de una pasteleria. Completamente iracundo, el pastelero se quejó a las autoridades de su ciudad y tambien a la familia del gamberro. Todos los testigos, unos treinta, defiendieron al hijo con palabras como «Son cosas que pasan… Si los cristales no se rompieran, ¿de qué vivirían los cristaleros?»

Imaginemos que el cristal cuesta 100€. El cristalero llega, hace su justo trabajo y recibe su compensación por ello. Ese dinero sale del bolsillo del tendero para llegar al del cristalero. De esta forma el dinero entra en circulación, ya que con esos 100€ el cristalero podrá pagar el cristal y comprar comida, o zapatos, o lo que él quiera. Ésto es lo que la gente ve.

Lo que no se ve es que el pastelero se ha quedado sin cristal y sin 100 euros, mientras que el dinero que hubiera ido al zapatero se ha quedado a la fuerza en el bolsillo del cristalero. El zapatero tambien pierde.

Y el gamberro no gana nada, salvo el haber sido designado como «inocente» por la impunidad decretada por lo vecinos que utilizan un pensamiento falaz que en términos económicos se conoce como keynesiano y creen que el dinero ha de fluir (cash flow) y que por tanto cualquier desastre tiene como consecuencia que el dinero corra de bolsillo en bolsillo creando riqueza.

Algo asi sucede en Benicasim (Castellón) todos los años a través de la polémica que se arma por los festivales que organiza aquel ayuntamiento costero a fin de «potenciar la economía del municipio». Lo realmente curioso es que todo el mundo (o casi) da por buena la idea de que la organización del FIB o del ROTOTOM en Benicasim -festivales que se empalman unos a otros- y que concentran en torno a ellos una superpoplación de jóvenes que alli se dan cita para tal ocasion, es positiva para la economía de la población, tanto que hasta las instituciones públicas las promueven y financian.

Se trata de una versión festivalera y cutre de la «ventana rota». En realidad los beneficios de estos festivales (financiados en parte con dinero publico) van a parar a los hosteleros, restauradores, tiendas de comestibles, panaderias, taxistas y vendedores de droga, pero no representan ninguna ventaja para la población en general, esos que no tienen nada que vender.

En realidad representan un sobrecoste para la atencion sanitaria, una molestia para la población veraneante que paga altos impuestos por no recibir nada de aquel ayuntamiento, una movilización general de policia y guardia civil y unos 2-3 suicidios cada año que son silenciados por la prensa sistemáticamente, sin contar las múltiples atenciones médicas y psiquiátricas por intoxicaciones de drogas, psicosis emergentes y otras. El bolsillo lleno de algunos perjudica a los servicios publicos, al orden publico y al bienestar general de la población , de manera parecida a los gastos del pastelero de Bastiat.

Se trata de una inversión sin retorno social y con costes sociales no contables, una falacia keynesiana como las que sostienen algunos para salir de la crisis, más gasto social, ahi lo tienen: ni siquiera Bob Dylan que viene este año conseguirá que la falacia se remonte, cada vez seremos más pobres en Benicasim a pesar de que muchos harán su Agosto ya en Julio.