El integrismo sanitario (y II)

Turismo integrista

Tal y como conté en el post anterior un integrista sanitario es aquella persona que entiende que el prototipo “salud gratuita, universal y publica” es una consigna buena en si misma y que no debe tocarse, ni debe plantearse ni siquiera como hipótesis una alternativa mejor. Hasta tal punto que llegan a considerar que se trata de un derecho inalienable, algo que viene de serie con la naturaleza humana. “La salud es innegociable” dicen obviando la verdadera naturaleza de la sanidad que no es otra sino la solidaridad.

Y para que haya solidaridad ha de haber recursos solidarios, algo que repartir o compartir pero no algo a consumir o aniquilar.

Una solidaridad que es extensible a toda la población, los sanos pagamos la factura de los enfermos y a cambio los que queden sanos -si es que queda alguno- nos pagarán la factura a los que enfermemos en el futuro.

El problema es que vivimos en un mundo donde todos estamos enfermos por definición. Estar enfermo es normal.

Es la secuela más importante de vivir en el entorno de una sociedad clínica, donde se han medicalizado no sólo las enfermedades, sino tambien la salud, las adversidades de la vida, los descontentos, las carencias y las penalidades: aquellas condiciones que no son estrictamente enfermedades, como la osteoporosis, el colesterol, la pobreza o la vejez. Todo o casi todo puede ser considerado o bien una enfermedad, bien un trastorno o bien una condición de riesgo. Todos pues somos beneficiarios activos de este sistema de bienestar que hemos construido en nuestro imaginario -a precio de oro- y que nos pasa cuota de enfermedades reales yatrógenas por hiperconsumo de casi todo como tambien de expectativas irrazonables sobre la felicidad.

Lo cierto es que la sanidad -queramos o no- se convirtió en un bien de consumo hace ya unas dos décadas, gracias al laissez faire de sucesivos malgobiernos en esta cuestión, la gente se siente usuario (en realidad les hemos convencido de que son clientes del sistema) de un bien de usar y tirar, un consumible, algo que se gasta y se repone y que no puede sino seguir creciendo de acuerdo a una demanda proporcionalmente en expansión. Ya no existen pacientes sino clientes que exigen y “siempre tienen razón” como los clientes de una tienda cualquiera. Esta estrategia que tan buenos resultados ha dado al Corte Inglés ha sido letal para la sanidad publica y ha propiciado fenómenos emergentes como: poca adherencia a los tratamientos, autodiagnósticos, incumplimientos, exceso de exploraciones, hiperconsumo de medicamentos, hiperfrecuentación, abuso de la puerta de urgencias,  busqueda de opiniones múltiples y solapamientos entre diversos profesionales y sobre todo ha dado carta de naturaleza a una sensación difusa de descontento entre los “usuarios” que en los casos más graves ha dado lugar a patologias mentales del tipo querulante . Paralelamente los médicos han optado por aplicar el manual (el protocolo) a fin de defenderse de los “derechos” de los usuarios y emplean la “medicina defensiva” que encarece y deshumaniza el sistema aun más. La medicina se ha burocratizado excesivamente y el resultado de esta burocratización es el encarecimiento y la distancia emocional de los facultativos.

De modo que la sanidad que tenemos es manifiestamente mejorable y no es que estas criticas no sean bien conocidas por profesionales, politicos, sindicatos y administración sino que se considera un defecto tolerable a fin de mantener la integrista idea de que tenemos la mejor sanidad que podemos pensar.

En un post anterior planteé la hipótesis de que la crisis económica tendría en la salud de las personas un doble efecto, uno pernicioso en ciertas capas de la población y otro benéfico a largo plazo deteniendo ese continuo goteo de quejas, malestares diversos que proceden -como aventuró Freud – de la cultura. Los más perjudicados serán aquellos que en una distribución eficiente del gasto sufrirán más y que son los mismos que ahora sufren: los crónicos, los pobres, los que viven solos y los enfermos mentales tampoco salen bien parados con una sanidad publica, gratuita y universal. Simplemente se caen por las grietas del sistema tanto si son atendidos por el Estado como si lo fueran por instituciones privadas, semiprivadas o de beneficiencia. Todo parece indicar que eso que ha venido en llamarse sanidad publica es en realidad o se comporta como una empresa cuyo tangible principal sean los votos de aquellos ciudadanos que votan y donde no hay que ir a buscar a los parias de la sociedad.

Digamoslo claramente, la joya de la corona sanitaria es la cirugía sin ingreso, los trasplantes, la oncología y los tratamientos de altas tecnologías, el resto es rutina y no proporciona portadas de periódicos, ni reportajes televisivos ni inauguraciones de políticos comprometidos con lo publico. En realidad el integrismo sanitario es profundamente hipócrita: nunca se preocupó de los más desfavorecidos ni lo hará.

Es por eso que se inventó lo sociosanitario, los recursos sociales y la ley de la dependencia que no se ha implantado en nuestro pais por haber llegado demasiado pronto a nuestro sistema de salud. Además se han cometido enormes errores en el tratamiento de estos problemas sociosanitarios que responden a discontinuidades asistenciales de ciertos procesos morbosos complicados con situaciones de abandono social y de falta de redes de contención. A alguien se le ocurrió que Bienestar social y Sanidad se repartieran los enfermos trazando una artificiosa linea de separación entre ellos, asi se entiende que las residencias de mayores se encuentren desasistidas de profesionales de la psiquiatría,  de enfermeria y a veces hasta de médicos generales o que existan CEMS (Centros de enfermos mentales con caracter de internamiento)  que remeden a la peor medicina manicomial del siglo XIX. Se les buscó aparcamiento pero nadie se preocupó de sus necesidades asistenciales. Ni gratuita ni universal.

Hay mucho cinismo y mucha hipocresía en las declaraciones de aquellos que defienden el modelo actual sin tener en cuenta las perversiones, descuentos y exilios que el propio modelo ha generado y que se oponen a cualquier tipo de externalización de servicios que hagan más eficaz el sistema o que se liquiden consultas redundantes o se centralicen ciertas urgencias como las quirurgicas ¿Tiene sentido que existan cirujanos de guardia en dos hospitales distantes 1 Km?.

¿Centralizar esas urgencias quirúrgicas seria un recorte o un derroche?

Ni que decir que los recursos han de ir alli donde mas se necesiten y no donde mayor resplandor politico puedan proyectar y por último diré algo que probablemente no guste a mis colegas: los médicos tienen que ser leales con la institución que les paga, y solidarios con aquellos que menos tienen y que es la hora de desenmascarar las prebendas, los tenderetes, el crecimiento asimétrico de algunos servicios, la duplicación de actividades, las guardias localizadas que no sirven de nada y la tendencia -comprensible por otra parte- de seguir creciendo indefinidamente para obtener una vida laboral más cómoda.

La crisis tendrá efectos perniciosos en el mismo lugar y con la misma población que soportó estoicamente la opulencia, pero pondrá en su sitio a muchos que hasta ahora han salido bien parados en la distribución de recursos superfluos.

Conviene tambien que leas: “La hipermodernidad”

Un comentario en “El integrismo sanitario (y II)

  1. En este post se trató la paradoja que lleva implícita la defensa a ultranza de radicalismo en conceptos como igualdad o libertad sin poner límites o fronteras que los definan correctamente. Tales conceptos son abstractos y sólo se concretan en la definición de un contexto determinado, saltándose los límites tales expresiones comienzan a funcionar hacia su vertiente opuesta de Desigualdad y totalitarismo.

    La igualdad y la libertad universal no existen, sólo existen distintos estados que dan sentido a tales conceptos, configuraciones que hacen posible expresarlos. Pero la universalidad es por definición desigual , ni buena ni mala, ni justa ni injusta, pero sí profundamente desigual.

    https://carmesi.wordpress.com/2012/03/01/de-izquierdas-o-de-derechas/

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