Los mercados y la serotonina

Montesquieu ha muerto.

(Alfonso Guerra)

Todo el mundo sabe qué es una orquesta. Es una reunión de músicos que tocan al alimón y donde cada uno tiene su papel, sincronizados a través de un director que coordina los tiempos de los distintos instrumentos que forman parte de ella. Una orquesta tiene cuatro tipos de instrumentos: la percusión, la cuerda, el metal y la madera. Cada uno de ellos está provisto de un timbre que le diferencia de los demás y que es el que el compositor elige para darle protagonismo a partes solistas o bien a tuttis.

Lo importante es saber que cada uno de estos instrumentos tienen su personalidad en función de sus armónicos que son en definitiva los que identifican su voz. Se elige un instrumento en función de las caracteristicas de un determinado pasaje, asi si uno quiere hacer una llamada épica elegirá el metal de las trompas, trompetas y tubas, si queremos darle voz a algo bucólico elegiremos oboes y flautas, si pretendemos darle un aire de comicidad elegiremos el fagot. El ritmo como es natural lo llevan los instrumentos de percusión que sin ser armónicos dan el “paso” y nos marcan los tiempos en el pecho. Y como todo el mundo sabe los pasajes románticos -los más emotivos- los lleva la cuerda.

Una orquesta es pues un armazón sonoro donde cada cual tiene su papel y sus silencios, algo asi sucede con nuestro cerebro.

Para que usted se haga una imagen certera de todo lo que acabo de decir, le diré que la cuerda es la serotonina de la orquesta. El metal la noradrenalina y el glutamato, la percusión la dopamina y la madera los sistemas de inhibición (GABA y sistema opioide). Así a grandes rasgos y para que tengamos una imagen clara en nuestra mente de los paralelismos entre la composición de los timbres y nuestro cerebro. Lo importante es saber que una buena sensación sonora es aquella que mantiene un equilibrio entre sus partes.

Y como este post va de la serotonina, es bueno que empecemos por el principio. La serotonina es un neurotransmisor que tiene en nuestro organismo múltiples funciones relacionadas con el sueño, la conducta sexual, la conducta alimentaria y la impulsividad emocional. Pero se trata de un sistema modulador, ni es excitador, ni inhibidor. Por sí mismo no se ocupa de nada concreto sino que supervisa y trata de coordinar todo lo demás. Si usted dispone en su casa de un ecualizador trate de quitarle la cuerda a esta composición y verá en que queda: queda en un esqueleto sin sentido.

Observe que en esta obra -una obertura- de Wagner todo comienza con la exposición del tema por el metal y la madera en un piano muy dificil técnicamente pues el metal es dificil de modular a la baja hasta que llega la cuerda en su ayuda en un segundo tiempo y le proporciona una modulación especial es como si se le hubiera añadido alma al mismo tema. Y asi hasta que en una tercera parte todo se desmelena con un fortisimo del metal mientras la cuerda contrapuntea arpegios fortisimos también. O sea una genialidad. Pues asi es nuestro cerebro, una obra de arte de la evolución.

Pero podemos llevar la metáfora más allá y es precisamento esto lo que pretendo hacer ahora de acuerdo con el titulo de este post. ¿Qué tienen que ver los mercados con las orquestas, los neurotransmisores cerebrales o la música.

Pues tiene algo que ver, pues la economía es una disciplina sistémica, como la música y nuestro cerebro, todo está relacionado con todo y presidido por las leyes del caos y la no-linealidad. Las leyes que presiden la economía son las mismas que presiden nuestro cerebro: las leyes del caos, ese lugar donde la causalidad ha dejado de ser una palabra con sentido. Por ejemplo en la economía no existen directores de orquesta, aunque hay gente que cree que las decisiones económicas se toman en algun lugar centralizado de Manhattan o de las torres KIO o como se dice ahora en los Bancos o el sistema financiero. Es falso. La toma de decisiones en la economía no las toma nadie, las toman los mercados que son no-individuos y que poseen lo que se llama en teoria del caos, la no-localidad. Es decir los mercados no son nadie ni están en lugar alguno, algo asi como el Yo. Pero poseen una intención: ganar dinero.

Los mercados pues son una entelequia, un constructo teórico que como el Yo es un intangible destinado a conseguir la supervivencia del organismo que le sirve de soporte. No pueden verse y no tienen una existencia material pero sin embargo tienen una existencia muy real: tanto los mercados como el Yo son muy eficientes, el uno para regular la producción de bienes y el otro para mantener un relato histórico coherente acerca de nuestra identidad.

Lo que no es una entelequia son los politicos, los banqueros, los ciudadanos y las instituciones del Estado. Eso no son entelequias sino realidades fácticas. Neurotransmisores que descompensan el equilibrio ecológico del cerebro y de la economia. La mayor parte de la gente confunde los mercados con los Bancos e ignora que el problema que estamos viviendo en España (y en toda Europa en este momento) no es que los mercados se hayan vuelto locos. Sino que han sido intervenidos.

O que han sido pervertidos si usamos la metáfora psicológica.

Supongamos que viviéramos en un entorno económico donde dejáramos que los mercados regularan la oferta y la demanda de los productos de consumo y que no hubiera politicos sino gestores profesionales de lo público. En el caso de que estos gestores fueran personas honestas -cosa tan dificil de conseguir hoy como en la historia de Sodoma y Gomorra- no tendrían más que ejecutar pequeñas correcciones  puntuales a las desviaciones temporales de las adversidades. Supongamos que hubiera bancos y que estos bancos estuvieran sometidos a la ley de Peel (de la que hablé en el post anterior), no habria desviaciones crediticias ni de apuntes fraudulentos. Los bancos no tendrían perdidas, ni hipotecas sin pagar. Los ciudadanos se las arreglarian con lo que tienen y para pedir un préstamo pasarían multiples controles, pero a cambio el Estado les exoneraría de gastos suntuarios como ahora donde el hipotecado no sólo ha de correr con los gastos adyacentes a abrirse una hipoteca sino también ser la victima de una ley hipotecaria pensada para proteger a los Bancos y no a los ciudadanos.

Los mercados no son los culpables de la situación que tenemos en la actualidad pues fueron intervenidos ya en la época en que Felipe Gnzalez y Alfonso Guerra decidieron tomar no solo el poder político sino el Estado en sí mismo. Es por eso que se ha dicho que el PSOE de aquella época no fue un partido institucional sino un régimen, una especie de franquismo sin Franco y con cara democrática. Aquellos fundamentalistas democráticos se pusieron manos a la obra y a la conquista de un Estado sin defensas y demasiado débil en aquel tiempo para hacer frente a aquella opa hostil que Felipe y Alfonso idearon. Y que el tiempo ha demostrado que no benefició solo al PSOE sino que cualquier partido politico que gobierne este país cuenta con la ventaja de que se diseñó un Estado a imagen y semajanza de los partidos politicos. Así hablamos de partitocracia, una situación de corrupción endogámica, politización de todo lo publico y nepotismo programado que pone y quita jueces (que en teoria son independientes), pone y quita directores de periódicos , pone y quita gobernadores del banco de España, las tres patas de un Estado de derecho moderno que en nuestro pais han sido intervenidas por el Gobierno de turno.

Asi no es de extrañar que el CGPJ (Consejo judicial del poder judicial) o el tribunal Constitucional estén infiltrados de agentes y comisarios politicos de los partidos, que haya periodistas, columnistas y tertulianos pagados por los partidos, sindicalistas comprados y una patronal cautiva de las decisiones del politico encumbrado.

Dicho de otra manera nuestro país tiene una disfunción serotoninérgica grave.

Y qué sucede cuando los cerebros individuales están sometidos a estas disfunciones?

Pues suceden cosas como ésta.

Se construyen aeropuertos sin aviones, trenes sin pasajeros, AVES que pasan por Cuenca y Ciudad real, se hacen campos de golf en Soria, edificios publicos sin función, museos que no visita nadie salvo excursionistas, se financian obras faraónicas, se hacen parques temáticos, ciudades de lenguas o del cine, universidades sin alumnos o se financian industrias del cine español u ONGs fraudulentas. Todo por el clientelismo politico, no de los mercados.

Como a los individuos concretos las disfunciones serotoninérgicas se dirimen en ciclos de mania-depresión y nuevos ciclos de expansión y recesión. La economía sigue este patrón de recurrencia tanto o más que los ciclos de un trastorno bipolar. Parecen haberse vuelto locos todos a pesar de permanecer cuerdos. Es la economía la que se ha vuelto loca y a todos nos vendria bien señalar con el dedo hacia Manhattan o darle la culpa a la Merkel.

Y lo cierto es que no fueron los mercados los que diseñaron que en Castellón, Huesca o Ciudad real tenian que tener un aeropuerto sino los politicos locales. Y no es que cometieran un error definitivo pues es muy posible que dentro de 25 años estas inversiones tengan sentido. Lo que sucede es que han venido demasiado pronto y que no han sido dictadas por las leyes de la oferta y la demanda sino por la megalomanía de algunos dirigentes con la complicidad del sistema financiero cautivo de sus políticas.

Los mercados están sometidos a ciertas leyes que se pueden estudiar según “la teoria de juegos” y contienen tres variables: el ahorro, el beneficio y el consumo. Ni que decir que para que los mercados operen con eficiencia ha de haber una oscilación critica entre esas tres variables tal que no se rebasen ciertos límites en las mismas. Por ejemplo, está bien establecido que un buen negocio es aquel que deja un 10% de beneficio pero si se introduce una “perversión” tal que un negocio deja un 100% de beneficio (como sucede en la burbuja inmobiliaria o en el tráfico de drogas) entonces lo que sucede es que el ahorro disminuye y el gasto aumenta a la par que aumenta en todo el entramado social la corrupción: los bancos prestan dinero que no tienen, los precios aumentan, los individuos consumidores se creen ricos y gastan o piden más de lo que pueden devolver, se ponen más enfermos a fin de consumir más bienes, etc y todos quedan endeudados a la espera de un rescate. La vorágine maníaca se extiende en toda la sociedad a partir de la especulación de unos cuantos (no de los mercados) sino de los agentes que tienen poder para torcer el rumbo de las cosas.

Y entonces los mercados hacen su papel y nos/les ponen en su sitio. Si habia una burbuja inmobiliaria mandan al paro a todos los albañiles, fontaneros y carpinteros, de repente todo el mundo encuentra quien le arregle el grifo de casa, los precios van a la baja. Si el mercado de trabajo estaba hipertrofiado quiebran las empresas que los sostenían y no porque los mercados sean crueles con los individuos (carecen de sentimientos pues no existen) sino porque las deudas de aquellas empresas maniacas son superiores a sus beneficios. Ni que decir que la regulación que llevan a cabo los mercados (si les dejan) es a la larga beneficiosa. Los excedentes laborales se colocarán en otro lugar con beneficios reales a poco que los politicos dejen de intervenir en la economía virtual. Y la mejor noticia: los mercados se han cansado de nuestros politicos y algo tendrán que hacer para salvar su sillón.

No basta con recortarnos a los paganos de siempre, ellos también tendrán que recortarse o cortarse la coleta para siempre.

Los mercados no perdonan a los inútiles.

14 comentarios en “Los mercados y la serotonina

  1. El sistema es acéfalo, eso me parece que ya se dijo en este post: https://carmesi.wordpress.com/2011/06/03/el-final-de-las-elites/
    Y que el mercado sea acéfalo no significa que el gobierno de un Estado también deba serlo, eso lo único que lleva es al desastre cacequil en el que está sumergido España, así de fácil. Cuando todos pretenden ser de Bilbao y a ver quién es el que tiene los edificios más grandes, aunque dentro de 25 años, a lo mejor, puedan tener un servicio a costa de dejar hipotecado a todo la población durante años, con el agua al cuello en un juego dramático de me hundo – no me hundo, eso no es gestión sino sólo enriquecimiento a costa de las obras púbilicas, que no es lo mismo.

    Así que para remediar lo irremediable ahora nos traerán el Eurovegas, que si los campos de golf en Soria no tienen sentido, los que ahora harán donde se coloque, en caso de que sea en Madrid en Alcorcón les hará mucha falta para que todos podamos levantar las pancartas de Bienvenidos Mister Marshall.

    Montesquieu ha muerto , pero además hace ya mucho tiempo, y a cambio tenemos el Pensamiento Alicia ( Gustavo Bueno ) los Negocios Piramidales permitidos de la banca – por hacer referencia a tus dos anteriores post- y todos los pilares del Estado intervenidos: Jueces- Educación- Sanidad. Se confundieron totalmente, la democracia no era conseguir todo el kit que permitía tal concepto y luego pedir subvenciones a Europa para enriquecer a los generalifes de este Estado de Taifas. La democracia era mucho más, sobre todo pensar con cabeza, y a cambio lo que han hecho es crear Santos y números Rojos que ahora llevamos todos a cuesta cual costaleros, eso sí todos muy de izquierdas y nada religiosos

  2. “No es que los mercados se hayan vuelto locos, sino que han sido intervenidos”, dice Traver. Lo que no dice es cuando los mercados no estuvieron “intervenidos”. Esa “intervención” o “perversión” del mercado es el estado natural de las cosas; un mercado no “intervenido”, o no “pervertido”, no ha existido nunca fuera de la imaginación de los economistas liberales, en su particular mundo platónico de ideas puras. Es evidente que la “intervención” es un elemento del sistema, y no algo ajeno a él, y, por esa razón, debe ser tenido en cuenta a la hora de plantear la ecuación. Eso es lo que los economistas liberales no hacen, y por eso su discurso es fraudulento.
    La búsqueda del mayor beneficio puede hacerse dentro del juego del mercado, o desde fuera de él -“interviniendo”-; no hay nada dentro del marco de referencia -lógico, metafísico, moral, antropológico o psicológico- propio de la ideología liberal, que vede hacerlo. Lo común es que ocurra eso, y es lo común que, en relación con eso, entren en juego las asimetrías en poder económico, información, capacidad de influencia, etc., que también se manifiestan -y a base de bien- en el juego del mercado… y ahí entra la política; por eso, cuando alguien reclama “despolitizar la economía”, de lo que está hablando en realidad -sea consciente de ello o no- es de politizarla en cierto sentido. El timo de las obras públicas, que junto al de la burbuja inmobiliaria y el de las energías renovables, lleva tantos años desangrando a España, es, precisamente, el producto de una de estas “despolitizaciónes” de la economía. Y, por cierto, que eso no ocurrió sólo en España; el mayor de los “despolitizadores de la economía” de la epoca moderna -el señor Ronald Reagan- endeudo a su país en una manera nunca vista hasta entonces, a base de inflar burbuja tras burbuja ( si bien el prefería los portaaviones y los misiles intercontinentales a los aeropuertos y trenes AVE).

  3. Efectivamente los mercados fueron intervenido muy precozmente, ya desde la invención del dinero. Intervenidos por los reyes, tiranos y más tarde por los fundamentalistas democráticos. No es el mercado quien está politizado sino el Estado y si me apuras tambien el sistema financiero, pero no por él mismo sino porque los agentes que lo controlan han de competir en un clima de disregulación donde las reglas pueden ser cambiadas de un dia para otro por los politicos de turno o los que llegarán que defienden como es lógico el mismo “statu quo”. Algo asi pasa en el cerebro humano: la tristeza no es depresión, la alegria no es manía, siempre y cuando sean reacciones proporcionadas a estimulos medio-ambientales. Si a alguien se le muere un familiar cercano, la tristeza es la mejor solución, si te toca la loteria la alegria es adaptativa y una reacción lógica y comprensible. La disregulación sucede cuando una persona no se enriquece con un golpe de suerte o a través del esfuerzo sino a través de comisiones fraudulentas o “pelotazos”. Entonces lo que sucede es que en lugar de una alegría adaptada el sujeto se envanece y se hace más vulnerable a las perdidas que irremediablemente le vendrán en la vida. Es asi como se constituye un ciclo y se establece la recurrencia. En cualquier caso no sucede de un modo espontáneo: hace falta hacer algo, intervenir desde fuera.

  4. “Los Estados fueron intervenidos muy precozmente, ya desde la invención del dinero”, dice Traver. No se que quiere decir. El dinero es, por su propia naturaleza, intervención estatal. Nació cuando a un rey se le ocurrió que, en vez de enviar recaudadores a buscar las ovejas o los sacos de trigo que sus subditos eran obligados a darle como tributo, le era mejor imprimir su sello en un trozos de oro y decirle a sus tributarios que la entrega de uno de esos trozos de oro valdría ante el recaudador de impuestos por la entrega de una oveja, o de un saco de trigo. Fuera de las economías de trueque (en donde granos de cacao o porciones de sal pueden -con muchas limitaciones- hacer las veces de medio de pago universal) no existe dinero que no sea dinero fiduciario. Sin intervención estatal en la economía, no habría mercado; es así de sencillo. Todavía entiendo menos que es lo que quiere decir con eso de que “el Estado está politizado”. Si despolitizamos el estado, abolimos la política, ni más ni menos. ¿lo cree posible? (¿piensa acaso que el fascismo fue otra cosa que un intento -insensato- de abolir la política?)

  5. Ya tardaba en salir la palabra “fascismo”. ¿crees que el fascismo no era politico? Y con respecto al dinero fiduciario o no, yo creo que el dinero (el papel moneda) se inventó para sustituir un valor universal garantizado por las reservas de oro. El problema del dinero es que al ser papel puede emitirse hasta el paroxismo sin el soporte del oro, es decir del valor real de las cosas medido en oro.

  6. “¿Crees que el fascismo no era político?”, pregunta Traver. No, señor Traver, yo no pienso que el fascismo no fuese político; eran los fascistas quienes lo pensaban, no yo. No es posible escapar de la política, en el mismo modo que no es posible escapar de la propia sombra. La política no es un campo ajeno a la economía, sino que está intima y esencialmente imbricada con ella. La política es uno de los elementos del sistema, no hay ninguna manera de separarlo del resto; y quienes pretenden hacerlo, se condenan a la inoperancia. Los liberales siempre tienen la razón; si se trata de una economia decididamente estatalizada, proclaman, “ya lo decía yo”, y si se trata de una economía fuertemente liberalizada, entonces el problema es que no está lo suficientemente liberalizada. Es algo así como la fe que predica la iglesia: la fe puede obrar cualquier milagro; si no te cura el cáncer es porque no tienes la suficiente.

  7. Creo que confundes la política (gestión de lo publico) con la partitocracia que es una forma de organizar la política en torno a ideologías usualmente obsoletas. Te recomiendo que leas a Aristóteles que hablo mucho de esta cuestión.

  8. Pero si no hay que preocuparse, si total los que pagaremos seremos los pringados de siempre que todavia no nos hemos dado cuenta de qué es una intervención como dios manda… uy¡ Perdón, que ahora hay que nombrar otros dioses con nombres propios para que la cosa resulte:

    http://www.cincodias.com/articulo/economia/krugman-augura-salida-grecia-euro-corralito-espana/20120514cdscdseco_11/

    Krugman se puede equivocar, por supuesto, pero en el juego de mirar hay que mirarlo todo si no se trata de una mirada recortada y perversa -lo digo por enlazar con el post de Neurociencia y neurocultura-. La economía siempre fue perversa es cuestión de los Estados aceptar o poner límites a esa perversión, pero para eso hay que tener claro que el Estado existe y a qué Estado se pertenece y no hacer negocio unos a costa de otros.

    Pero, vamos, ya veremos en qué queda todo, pero todo, todo.

  9. Ese escenario que dibuja Kraugman es muy poco posible, yo no me lo creo. Claro que yo no tengo una opinión demasiado fundada sobre ese tema. Hablé de los mercados y de los intervencionismos politicos y hay una manera de medirlo: si tuvieramos un medidor de acritud politica en España o Italia ganariamos la partida por varios puntos sobre lo que sucede en Inglaterra, Noruega o incluso en Francia, el pais de la guillotina. Yo creo que en España la politica es omnipresente y lo infecta todo, de tal modo que España está en una peor situación que el resto de paises. Los mercados no perdonan el intervencionismo de los politicos y nos pasaran factura durante años hasta que la gestión de lo publico se haga más participativa y sobre todo que se termine con las ideologias que hacen que los partidos se nutran a sí mismos de falacias y mentiras. No es posible tolerar que el banco de España sea controlado por un politico al servicio del Gobierno.

  10. ´”Creo que confundes la política (gestión de lo público) con la partitocracia”, dice PT. Yo diría que el que confunde una cosa y otra es usted, señor Traver; es usted el que, una vez detrás de otra, utiliza la palabra política en este sentido peyorativo, como si no tuviese ningún otro. Tampoco veo en que modo se puede organizar la política como no sea en función de construcciones ideológicas; no hay ningún otro modo de hacerlo. No se puede aprehender directamente la realidad para trabajar sobre ella; trabajamos con construcciones ideológicas, nos guste o no, seamos o no conscientes de ello. Eso no quiere decir que no se pueda criticar el aferramiento terco a formulaciones doctrinarias. Pero, es que, yo, tampoco veo esa terquedad por ninguna parte; lo que predomina es el pragmatismo (¿con qué ideología formal, de izquierda o de derecha, es consistente lo que hacen unos y otros?) Son cortoplacistas; tirios y troyanos (y no solo en España, por cierto). Si algo no se puede predicar del momento presente es que los problemas que atravesamos procedan de doctrinarismo. Lo que vd llama “ideología” no es más que una selección convenienzuda de temas, tomados de aquí y de allá, con el único criterio de que “vistan” mucho y comprometan poco. Lo que usted atribuye a la politización (todo eso de los aeropuertos, y todo lo demás que se hizo mal) es precisamente consecuencia de todo lo contrario: de la despolitización; de la asunción de los puestos de responsabilidad política por gente que no cree en el estado, en la política ni en lo público; de gente cuya ideología es un pragmatismo individualista, y que en virtud de esa ideología entiende que no tiene la obligación de ocuparse de lo público. Nixon expresó bien esta actitud: “esto es un negocio”. No estoy hablando de moral personal (por más que no deje de atribuirle alguna importancia), estoy hablando de ideología.

  11. ¿Qué clase de peloteo es este, señor Traver? Es usted el que juega con dos cartas. Según le conviene utiliza la palabra “política” en su acepción respetable, o la remite a la otra acepción. A mi esto ya me va pareciendo la ley del embudo. La política es una materia compleja, en la que la racionalidad y la rectitud de propósito en el servicio al bien común, están inextricablemente entremezcladas con la irracionalidad, el arribismo, la codicia y todas las demás miserias, locuras, egoismos y extravagancias humanas. Esto no es algo que se pueda evitar; es decir: no se puede plantear como un mal a erradicar, sino como un problema a gestionar. La demanda liberal de una economía no intervenida expresa la inmadurez de unas personas que se niegan a aceptar un aspecto de la realidad que no les gusta, y se encastillan en una demanda utópica: la no intervención del poder en la economía. La intervención del poder en la economía es un imponderable; no existe ningún dato histórico que permita suponer que es posible sustraerse a eso. Una ideología que se niega a gestionar esa realidad, y que en vez de ello se dedica a predicar su erradicación, no es un construcción ideológica racional; es una irracionalidad, una religión. No tiene sentido ridiculizar a un cura que predica la castidad como remedio contra el sida, y tomar en serio las exhortaciones y preceptos de la religión liberal.

  12. La politica no es necesariamente el juego ideologico entre los que piensan de una manera y los que piensan de otra. Sigues confundiendo partidos politicos (esas industrias que gestionan las ideologias) con la gestión publica. La politica puede hacerse de mil formas y no es necesario enredar a la gente con juegos ideologicos que no comprenden. Ya se que esto no es asi pero dejame l menos que lo plantee como hipótesis.

  13. Pero Traver si la política puede hacerse de mil formas sin enredar a la gente con juegos ideológicos entonces que lo que obtiene es doctrina, es decir, adoctrinamiento de la población hacia una etiqueta que pone izquierda o que pone derecha, sin ninguna base que lo justifique y ese es el gran mal de la sociedad actual que les dices: ” blanco y en botella ” y responden: leche. Pues mire usted no, puede ser leche o vaya usted a saber qué cosas más hasta que no se comprueba. La gente está escasillada en la doctrina y no en ningún pensamiento ideológico. Uno puedo decir que es de izquierdas y le repatea Victor Manuel y Almodóvar , un adoctrinado no lo comprenderá, ese es el problema.

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