Cosas de la lengua

La mayor parte de la gente no lo sabe pero el lenguaje no tiene nada de neutral, es por asi decir portador de múltiples significados. Y no sólo eso sino que a pesar de la apariencia monolítica es ambigüo y portador de desencuentros múltiples entre los comunicadores adscritos a sus claúsulas, es decir nosotros.

Pocas veces pensamos en que el lenguaje es una colección de simbolos finitos que dan lugar a significados infinitos a pesar de su finitud. Es curioso que tan solo con 27 letras seamos capaces de componer un número tan alto de palabras, de acciones y de intenciones.

No me refiero tan solo a las leyes gramaticales sino sobre todo a los tres niveles del lenguaje que componemos con nuestras palabras y de los que muchas veces no somos conscientes. Es como si el lenguaje solo atendiera a sus propias reglas y anduviera emancipado de quien lo usa. Recordaré a continuación, esos niveles:

  • Nivel denotativo, “lo que se dice”.
  • Nivel connotativo, “como se dice”.
  • Nivel pragmático o contextual, “a quién, dónde y en que contexto se pronuncian las palabras”.

La mayor parte de los enredos, peleas y desencuentros entre las personas proceden de la confusión de estos tres niveles de lenguaje y sobre todo la incapacidad para discriminar en qué nivel las palabras fueron pronunciadas y sobre todo: ignorar que toda formulación remite inevitablemente a otro plano de definición.

Un conocido mio iba un dia por la calle y una mujer que no conocia de nada se le acercó y le preguntó de forma abrupta ¿Por qué engañas a tu mujer?. Esta persona que mantenia en secreto una relación amorosa con su secretaria acudió a mi dias más tarde en un estado de angustia mientras se hacia la siguiente pregunta:

– ¿Cómo sabia esa mujer lo de mi secretaria?

Era muy fácil,asi que le aseguré:

– No lo sabia, sólo tu lo sabes,pero es suficiente para que te sientas intimidado por aquella “acusación”.

Con todo, lo importante de este ejemplo no es la “culpabilidad” reactiva e inducida por aquella acusación  sino la siguiente pregunta que me formuló.

– ¿Entonces si ella no lo sabia por qué se dirigió a mi en esos términos?

– Probablemente porque está loca, le aseguré.

Efectivamente una confusión constante y radical de esos niveles de definición es propia de la locura, pero no sólo de ella como veremos más abajo. Lo que le sucedía a esa mujer que andaba por la calle en plan inquisitorial con todos los viandantes que se encontraba a su paso es algo asi como esto:

Ella fue engañada por su marido o pareja y precisamente por ello enloqueció. Al enloquecer a causa de este sufrimiento echó mano de la proyección, un mecanismo que permite sacar fuera lo que está dentro. La proyección se transformó en una conducta concreta, la acusación y toda acusación se transforma en miedo o intimidación en la otra parte. Esta es la secuencia completa de comunicación entre la mujer desconocida y mi atribulado conocido.

Y si digo “enloquecer” es a causa de una conducta apragmática que se encuentra en la base de esta interacción. ¿Por qué dirigirse a un desconocido y no a la pareja infiel?

Precisamente porque aquella mujer se hizo un lío con los niveles de definición del lenguaje y perdió la noción de que aquella pregunta debia ir destinada (nivel pragmático) a su pareja, pero no a un desconocido.

Vale la pena señalar que esta confusión no es una simple confusión de personajes, no se trata de un falso reconocimiento, sino de una generalización que podria traducirse asi “todos los hombres sois unos crápulas infieles” en el nivel denotativo.

Nótese que la anterior afirmación no es una afirmación alienada y aunque puede discutirse se trata de una opinión sin más. Lo que le da el carácter patológico no es la afirmación en sí, sino hacerlo de forma acusatoria (connotación) y hacerlo a un desconocido (descontextualización).

Pero no hay que llegara pensar que todos y cada uno de los errores en el procesamiento de las señales lingüisticas son casos extremos de patologia mental. Hoy sabemos que la mayor parte de las discusiones entre parejas, por ejemplo, son errores en la tipificación de estos tres niveles por donde discurren las narraciones que construimos.

Nosotros los psiquiatras y tambien los psicólogos somos expertos precisamente en escuchar y comprender estas quejas, pero no lo supimos hasta que los terapeutas comunicacionales nos enseñaron las leyes del lenguaje que se ponen en juego en toda interacción entre seres hablantes.

Una queja muy frecuente entre las mujeres y destinada a su parejas suele ser esta: “no me ayuda” o esta otra “no me escucha” o esta otra “no me deja ser yo” ¿Que hay de verdad en todo eso?

Los maridos parejas-consultados suelen defenderse de estas “acusaciones” con argumentos verosímiles a veces y otros con la “huida del campo” una forma comunicacional que da grandes réditos a los hombres, me refiero a esa especie de “sordera electiva” con que se relacionan con sus parejas o bien esa estrategia tan masculina de la evitación de los discursos femeninos.

Fueron esos mismo terapeutas comunicacionales los que descubrieron lo que se llama la causalidad circular, donde una acusación va seguida de una sordera o de un sabotaje u olvido que a su vez genera otra acusación y asi hasta el infinito. Lo importante de esta secuencia de hechos predecibles es que generan en ambos miembros de la pareja desmoralización e indefensión que termina por socavar los cimientos de cualquier unión. En la causalidad circular lo importante es que cada miembro de la pareja está convencido de que sólo está reaccionando a las maniobras del otro sin caer en la cuenta de que él mismo está realizando acciones concretas para robustecer el bucle sin fin de la causalidad circular.

Es bueno recordar ahora las tres etapas por las que han pasado las técnicas comunicacionales para tratar de ayudar a resolver los enredos del lenguaje. Estas tres etapas constituyen cada una a su modo, tres estilos de maneras de contemplar los enredos comunicacionales:

1.- La comunicación es el problema.

2.-La definición del problema es el problema.

3.- La solución del problema es el problema.

En el caso de la mujer que se queja de que su pareja “no la ayuda” -con independencia de que sea verdad o no, más abajo volveré sobre la verdad- existe una definición del problema que es precisamente la causa del problema. En su aspecto denotativo la frase es de lo más neutral, no asi en el aspecto connotativo (pues se trata de una queja, acusación) ni sobre todo lo es en su aspecto pragmático, pues la frase remite inmediatamente a otra de un nivel superior que queda oculta: mi marido no me ayuda (cuando yo digo que hay que ayudar). Nótese que en lugar de haber una negociación sobre cómo, cuando y quién ayuda a quién y en qué tareas, lo que hay es una velada imposición frustrada por el sabotaje de la otra parte y el consiguiente enfado.

Cualquier comunicación que se establece entre dos personas tiene que abordar alguna vez el tema del poder. Puesto que no es posible pensar en una interacción humana ajena al mismo (como tampoco es posible imaginar una pareja sin sexo), se hace necesario negociar constantemente las cuotas de poder en cada miembro de la pareja o familia. Es por eso que las relaciones duraderas y exitosas son aquellas donde existe una continua negociación del poder, mientras que las parejas que se rompen son aquellas donde el poder no pudo ser negociado y todo quedó en sabotajes parciales o totales al poder del otro.

Y la manera de escapar de esos bucles circulares de acción-reacción es precisamente comunicar sobre el contexto, comunicar sobre -acerca de- la relación, en lugar de comunicar sobre los hechos concretos. La manera de escapar de ese bucle diabólico es precisamente metacomunicar.

La realidad y las ficciones narrativas mantienen entre sí una extraña relación y es necesario volver ahora sobre la queja de la mujer atribulada porque su pareja “no la ayuda”. He sostenido que la causa del problema es precisamente la definición del problema y las acciones destinadas a ponerle remedio. En ningún momento hay que pensar en que la queja no es razonable o verdadera. Es muy posible que lo sea y sabemos que lo es precisamente porque es una queja demasiado común para ser ficticia. Pero toda queja ha de conocer y explicitar tambien su parte pragmática, pues toda queja es una reclamación de poder y el poder no se negocia a través de la queja.

Las quejas son siempre aun verdaderas fruto de una descontextualización.

Construimos narraciones precisamente porque no tenemos acceso a la verdad. En este caso a la verdad psicológica, tanto a la interna como a la externa. No reconocemos nuestra pulsión por el poder, no reconocemos nuestra parte de responsabilidad en la manera en que nos relacionamos con los demás, somos bucles extraños replegados en nosotros mismos y miramos siempre hacia dentro, estamos orientados hacia el Yo y la provisión de nuestras necesidades, no somos en definitiva objetivos nunca, somos jueces en cada parte. Nos sentimos siempre inocentes y le adjudicamos al otro su cuota de maldad o de locura cuando nos sabotea en lo más íntimo.

Y tenemos muy escasas habilidades de negociar una relación, por eso preferimos imponerla y por eso nos sabotean, para volverse a quejar más tarde.

Salir fuera del campo de la denotación es necesario para eludir las consecuencias de la causalidad circular, pero no existen varitas mágicas para resolver problemas endemoniados, solo podemos aspirar a disolverlos al cambiar su nivel de definición. Una relación humana está destinada a la tensión y se columpia en un equilibrio inestable roto siempre en favor del uso y abuso del poder, sea consciente o inconsciente, larvado o premeditado.

A partir de hoy mis lectores deben realizar el siguiente ejercicio (auto-aplicable cada vez que se enfaden con su pareja):

¿Cuantos gramos de poder oculto existe en cada queja?¿Cuantas quejas somos capaces de construir para mantener oculto nuestro deseo de poder?

7 comentarios en “Cosas de la lengua

  1. En mi humilde opinión, las relaciones ideales habrían de ser circulares, móviles, complementario-sumplementarias (ver icono yin-yang): donde ahí donde uno entra, el otro sale y donde el otro sale el uno entra. En hídrica frecuencia ondulatoria y acoplatoria, uno da y otro recibe pero, a la vez, el uno recibe algo otro (algo del tipo que sea). Yo creo que el principal enemigo de la relación (aparte del poder no negociado) es la humana tendencia a la inercia y la estanqueidad en roles fijos, la rigidez en ubicaciones estáticas respecto al poder (tanto en quien lo ostenta dominando como el del lado que lo asume sometiéndose a él), una rigidez vulgarmente conocida como “rutina”, y la rutina no es más que anquilosamiento por hábito (otra característica rabiosamente humana). Y diría que es porque somos seres acuosos y pendulares más allá de reptiles “de pinyó fixe” que decía mi abuela. Porque tendemos a la entropía tanto como a la neguentropía, porque somos un poco de todo y lo que no sea aceptar esta polaridad nos lleva a la artrosis emocional. Cuando ella (o él) se quejan, más que un poder encubierto yo creo que están manifestando un deseo pendular hacia el restablecimiento del equilibrio como ente idealmente fusionado (o fusionable), es decir, más bien una “queja” del poder del otro. O sea que eso que entendemos consensuadamente por “queja” sería un “vale, ya está bien, ahora toca ir para el otro lado, amor mío”. Por otro lado, no es casual que siempre se “queje” el sometido al poder pero el que lo ostenta no suela quejarse, lo cual señala en la dirección de que el poder debe crear adicción.
    El tema de la ayuda doméstica tipo “no me ayuda en casa” me parece que es otro tipo de problema que tiene que ver con otros esquemas mal entendidos (es mi opinión) más relativos al hembrismo-machismo.
    Precioso post, maestro.

  2. Todo en la vida es política, en tanto que política es, en sentido amplio, relaciones de poder. Por eso el lenguaje nunca es neutral porque el hablante- oyente nunca lo es, aunque por supuesto hay grados.

    La pragmática estudia el uso del lenguaje dentro de un acto comunicativo concreto y en origen el acto comunicativo como expresión de una acción verbalizada es oral. Saliendo del uso del lenguaje oral los actos comunicativos se producen a través de textos escritos y requieren otro estudio que pertenece a la Lingúística del texto y a la Teroría lteraria según el género al que pertenezca el texto de caracter literario o no.

    A raíz de la existencia de internet y la creación de situaciones comunicativas en tiempo real a través de textos sería conveniente que el autor- lector tuviera claro que el acto comunitivo entra dentro de unas coordenadas diferentes al acto comunicativo en lengua oral. Por ello para poder evitar malos entendidos dentro de un texto dialogado convendría, más que nunca, respetar las formas. Y dentro de la pragmática El principio de cooperación de Grice facilita las inferencias y presuposiciones de lo que se dice. Este autor además reconoce que más allá de sus máximas, el principio de cortesía debería presidir todo acto de comunicación para evitar los roces.

    Este principio de cortesía no sólo se refiere a la utilización de fórmulas de respeto y halago sino que tiene que ver con las presuposiciones que el hablante- oyente / autor- lector tienen uno del otro. Cuanto mayor confianza y conocimiento se tenga de la persona con la que se establece la comunicación más correctas serán las inferencias y presuposiciones que se hagan de los enunciados y menos proyecciones personales en la interpretación de los mismos se harán. Como le sucedió al ejemplo, que pones, Paco, en el post, del hombre que se encontró con esa mujer que le acusó de ser infiel. El desconocimiento por completo de la persona que emitía el enunciado le llevó a proyectar sus pensamientos en lo dicho por la mujer para poder dar sentido a esas palabras descontextualizadas. Los emoticonos, y estoy hablando en general, no sustituyen a toda la información no verbal que se produce en la lengua oral, incluso pueden intensificar mucho más el tono irónico del mismo y todo el texto quedaría cargado por ese matiz imposible de discriminar, por tanto, cuál sería el signficado real denotativo y cuál el connotativo.

    Nomalmente cuando se da intencionalidad al escrito, si no está bien anclado en el contexto y regulado por las fomas del género al que pertenece, lo que se produce es una proyección de las propias emociones o intenciones sobre el mismo y mucho más cuando todo tipo de relacion y acto comunicativo está basado en relaciones de poder… esto es una característica humana sino estaríamos hablando de máquinas. Por esto, la oralidad escrita no existe porque es imposible verter en un texto todas las claves correctas para su decodificación de tipo no verbal y deben ser imaginadas o interpretadas por el lector, es decir, exige una doble decodificación como todo texto escrito.

  3. Yo siempre leí que contra el amor era imposible luchar y que si era verdadero duraba más allá de la muerte; pues no, hay una que puede acabar con él y ya lo ha dicho Ana:

    “LA BATALLA CONTRA EL AMOR

    En un reino donde solo gobernaba el odio, comenzó a llamar a todos los sentimientos negativos del reino.

    El Odio.- Bueno súbditos quiero decirles que estamos perdiendo la batalla que tenemos contra el amor y es por eso que quiero que uno de ustedes vaya y lo derrote. El Egoísmo alzo la mano y dijo.- yo voy a matarlo y solo te pido 6 días nada más. El Odio dijo entonces.- Ve y mátalo. Y es así que el Egoísmo empezó su lucha con el amor y pasaron los 6 días y regresó y le dijo al odio. El Egoísmo.- Lo siento pero el amor es muy fuerte. Hice todo lo que estaba a mi alcance pero no logre ni siquiera hacerle daño. Entonces el odio otra vez reunió a todos sus súbditos y le dijo. El Odio.- El amor debe morir. y la avaricia levanto la mano y dijo. La Avaricia.- Yo lo voy a matar solo dame 5 días y la riqueza empezó a luchar contra el amor y al 5to día regresó pero solo, no pudo contra el amor y es así que el Odio comenzó a mandar a todos sus súbditos uno por uno a luchar contra el amor, fue La Mentira, El Engaño, La Pobreza, La Codicia, El Rencor, Los Celos y hasta el propio Odio fue a luchar contra el amor y ni así pudieron contra El Amor. Pero había uno que tenia una capa negra y sombrero ancho que le tapaba todo el rostro, él le dijo al Odio yo voy a matar al Amor entonces ese desconocido se fue sin decir el tiempo que se demoraría y al día siguiente regresó trayendo entre sus manos y arrastrándolo al Amor y lo tiro a los pies del Odio y le dijo acá esta el Amor esta muerto y ensangrentado, y dándose una vuelta se comenzó a marchar y todos los sentimientos negativos comenzaron a murmurar ¿cómo es posible que lo haya logrado? y de pronto el Odio le dijo alto no te vayas y déjame verte el rostro y de paso quiero saber tu nombre entonces el misterioso, como todos los sentimientos negativos lo llamaron en ese instante, se dio vuelta y se quitó el sombrero que le tapaba el rostro y dijo yo soy al Rutina y aquí te traje lo que ningún súbdito tuyo pudo lograr y es así que la rutina se fue del castillo y todos los sentimientos negativos lo vieron partir del castillo.”

  4. Sí, Kissy, se trata de la rutina o anquilosamiento. La prueba del nueve -que diría el maestro Carmesí- consiste en una alteración abrupta de esa fijación de roles consensuados, que lo altera todo igual que nos altera la rutina diaria el tener invitados durante unos días en casa (la casa simboliza el Yo, tb en sueños). Los roles se establecen, por lo que llevo visto, en base a eso que el Analisis Transaccional llamaría víctima-perseguidor-salvador, o cualquiera de los arquetipos conocidos. Sólo el amor genuino trasciende ese penduleo vital, ese salto cuántico, que no es lo mismo que en el texto se llama nivel de definición, sino un reto difícil de superar por la mayoría de parejas.

  5. Bueno, contesto a Ana. Las relaciones ideales como su nombre indica no existen, en todas las relaciones existe una lucha por el poder, como en todas las relaciones sexuales existe el sexo. Es algo que viene de serie en las relaciones humanas: la lucha por el poder, entendido como control de la conducta del otro. Personalmente no creo que exista ninguna relación que escape a esta clausula fundacional de nuestro instinto parlante que es lo mismo que decir que no puede escapar de las condiciones con las que la lengua construye el mundo.
    Lo que dices de las relaciones compelmentarias es verdad, pero ahi tambien existe una relación inescrutable de poder y tu misma lo dices cuando hablas de la flexibilidad de las relaciones. ¿Pues quien decide cuando hay que flexibilizar? Ahi se encuentra implicita otra de las clausulas en las que el poder se esconde para no ser acusado de tal poder.

  6. No, creo que no lo decide nadie (de los miembros de la pareja) sino una ley universal (tan universal y tan más allá de nosotros como la ley de la gravedad a causa de la cual nos mantenemos pegados al suelo) que incluye y abarca todas las polaridades pendulares, algo así como si estuviéramos sujetos a un vaivén natural, ir contra el cual significaría ir contra natura, algo así. No sé, a mí nunca me ha ocurrido, improvisaba. Como sabe, yo con la razón no pago el alquiler 🙂

  7. Yo también creo como Ana que no lo decide nadie, con el tiempo y conociendo al otro acabas aprendiendo cuando toca cambiar de rol o dejar que la relación “muera” las veces que haga falta para que pueda renovarse,supongo.

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