Sueños y exocerebro

La reina Mab, la nodriza de las hadas.

Hace unos dias me dirigía a comprar el periódico, siempre en el mismo sitio, en el mismo kiosko regentado por una matrimonio que tiene un hijo pequeño de unos 7 u 8 años y que cuando es fiesta se pasa la mañana aburrido jugando a fútbol dentro del propio establecimiento bajo la continua reprimenda de sus padres. El niño está aburrido y se distrae dando balonazon a las estanterias, los clientes y el escaparate.

– ¿Y tu que quieres ser de mayor, le pregunta un cliente?

– Yo, selebro (sic).

-Es su sueño, dice su madre, ser futbolista como Xavi.

Y entonces me quedé pensando que relación hay entre los sueños, los deseos y las ambiciones.

Lo cierto es que la palabra sueño ha quedado como sinónimo de «deseo». Solemos decir como la madre del otro Xavi-cerebro, que su sueño es convertirse en futbolista.

¿Pero es esto cierto?

La identificación de sueño y deseo no es nueva: fue formulada por Freud en 1900 y a pesar de que todo el mundo conviene en decir que Freud está pasado de moda, lo cierto es que a nivel del lenguaje coloquial ha logrado introducir esta idea en el imaginario de nuestros coetáneos.

Pero no es cierto. Los sueños no son siempre realizaciones de deseos, ni siquiera soñamos para realizar deseos, sino para otras cosas, que ahora abordaré.

Lo cual no significa que no podamos soñar en cosas que deseamos aunque lo más frecuente de los sueños es que sean absurdos (tal y como conté aqui) y soñemos en situaciones no solamente embarazosas o indignas, sino que al elegir a sus personajes no lo hagamos siguiendo la estela de nuestros gustos. Si atendemos a la pulsión sexual por ejemplo ¿cuantas veces no hemos soñado que copulamos con personas feas, poco atractivas o que nunca en nuestra vida real atenderíamos con pasión?

Los psicoanalistas dirían ahora que esas personas feas o poco deseables que aparecen en nuestros sueños son personas que aparecen en el lugar de otras- las verdaderamente deseadas- y que se hallan ocultas bajo una sutil censura que las hace desaparecer de nuestra conciencia. Y yo me pregunto si es menos pecado acostarse con una fea que con una guapa. Lo cierto es que no creo en absoluto en esta especie de sustitución de personajes modulados por la represión.

Lo que creo que los sueños son solamente memoria y la memoria no atiende más que a sí misma.

En realidad los sueños representan las formas puras de procesamiento cerebral en ausencia de estímulos medio-ambientales. Es posible decir que soñar es pensar en baja definición, un pensamiento sensorializado relacionado y pariente de la alucinación. Los sueños son pensamientos visualizados -imagineria visual- y tramoya precognitiva. Lo que soñamos -durante esas fases de sueño REM- no son más que cadenas asociativas de acciones, lugares que nos recuerdan a otros lugares, situaciones ya vividas, descontextualizadas y desdibujadas, personajes vinculados por conexiones semánticas que se saltan tanto las leyes del tiempo como las del espacio y las de la contigüidad pragmática. Podemos soñar en algun hecho de nuestro pasado azuzado por alguna banalidad o preocupación que mantengamos del dia (restos diurnos), apresamos un nombre, una fecha, una situación y la insertamos en el sueño de esa noche sin haberla elegido, es como si ciertos significantes fueran anzuelos desde donde colgar esos hilos donde el pasado se recicla a sí mismo cada noche y en cada sueño. Hilos de los que por cierto habló Shakespeare en este inmortal monólogo de Mercucio.

Pero esos sigificantes no pueden ser cualquier cosa: han de haber sido previamente simbolizados, es decir pasados por el turmix del lenguaje.

Nuestro cerebro no puede procesar símbolos, solo puede procesar electricidad. Las neuronas se comunican y enlazan entre sí a través de electricidad. No procesan simbolos, ni signos, ni se representan la realidad sino en forma de corriente eléctrica y conectividad, pero es precisamente a través de una propiedad de las neuronas que aprendemos y recordamos: la plasticidad cerebral.

La plasticidad cerebral significa que las conexiones entre neuronas cambian, algunas se inhiben o apagan, mientras que otras se excitan o potencian entre sí, todo depende de los aprendizajes que hacemos durante el dia, mientras estamos despiertos. Cuando tres neuronas aprenden a excitarse juntas siempre tienden a hacerlo de la misma manera. Probablemente lo hacen a través de ciertas marcas (proteínas) sintetizadas por la glía, que es el tejido que da soporte, pero también direccionalidad a las dendritas de las neuronas y que de alguna forma las conducen hacia sus dianas a fin de establecer nuevas conexiones o podar otras ramas obsoletas.

Probablemente eso es lo que sucede durante los sueños, un viaje de conexión entre neuronas y una poda de recuerdos anidados en ellas (probablemente en sus axones tal y como comenté en este post). De forma que lo que nosotros soñamos o vemos en nuestros sueños son cadenas asociadas y cadenas podadas de viejos recuerdos actualizados por un anzuelo. Es como si ciertas ramas del árbol -tal y como sucede con los árboles de verdad- precisarán ser cortadas de vez en cuando para hacer sitio a los aprendizajes nuevos. Dicho de otra forma: los sueños traducen las tareas de mantenimiento de la memoria.

Los sueños no son representaciones de la realidad sino que muestran la actividad por defecto de nuestro cerebro en condiciones de aislamiento sensorial. ¿Qué relaciones guarda entonces los sueños con la realidad? ¿Aparecen en nuestro sueños simbolos? ¿Y si es asi como lo hacen?

Lo cierto es que cuando soñamos no soñamos en iones, serotoninas, electrones o corriente eléctrica sino que soñamos en escenas que nos apelan directamente. En escenas dramáticas donde reconocemos episodios de nuestra vida, personajes que aun desdibujados reconocemos y que aun asombrados por no saber qué clase de lógica les hizo aparecer en una escena determinada, lo cierto es que nos aluden desde lo más íntimo. Es lógico, al fin y al cabo es nuestra memoria y no la del vecino la que está en juego. Lo asombroso de los sueños es que construyen pequeñas ficciones de las no que no podemos negar su originalidad. Son como pequeños puzzles de imágenes y acciones barajadas de una forma muy curiosa como un cuadro subrealista o un sketch de cine. No suele tratarse de ficciones largas o complejas pero si llaman la atención sus contenidos.

Contenidos que aluden y apelan a simbolos universales.

¿Pero cómo se las arregla el cerebro para soñar en cuestiones simbólicas si no puede procesar símbolos?

Evidentemente los símbolos no están en el cerebro sino en el exocerebro tal y como comenté en el post anterior. Es la cultura la que nos provee de símbolos que no son otra cosa sino atajos para transitar una realidad que es las más de las veces un sin sentido. Es posible afirmar que nuestra vida vigil transcurre en un entorno que contiene algunas proposiciones de inexplicabilidad. No toda la realidad que vivimos es transparente y comprensiva, existe una porción de la realidad que escapa al procesamiento simbólico. Se trata de lo que Lacan llamaba lo Real, aquello que no puede ser simbolizado, aquello que carece de explicación y que nos pone a prueba en tanto que somos incapaces -decimos- de metabolizarlo. Carecemos de un sistema de referencia para explicarnos lo Real, no le podemos dar forma y escapa a nuestro raciocinio. Decimos que lo Real es aquella parte de la realidad que no podemos simbolizar.

Los sueños se construyen con los hilos de la realidad y se prenden a partir de restos diurnos o del pasado más reciente. Es como si ciertos elementos de la memoria a corto plazo pugnaran por hacerse un hueco en la memoria a largo plazo y trataran de desalojar de alli otros recuerdos ya caducados u obsoletos. Pero sueño y realidad mantienen ciertas conexiones del mismo modo que en una novela la ficción y las vivencias intimas del autor se entrelazan unas con otras dando como resultado una re-creación de la realidad vivida por el sujeto. En realidad el arte, escribir un relato de ficción no puede hacerse en el vacío, precisa de ciertos elementos que el escritor toma de su propia experiencia, pero se trata solamente de anzuelos que ni siquiera tienen por que ser veraces, basta con que hayan sido pensados o imaginados para que puedan comportarse como tales anzuelos.

Pero para que un anzuelo de este tipo logre penetrar en la memoria y arrancar sueños es necesario que haya sido previamente simbolizado, de lo contrario se comportará como un cuerpo extraño y lo Real escapa siempre de esa posibilidad. Y los sueños no conseguirán su función de podar y sustituir los recuerdos sino que emprenderán una carrera de repetición a fin de disolverlos. Es por esta razón que los sueños traumáticos se repiten a través de una reexperimentación continua del evento traumático. Cuando un sueño se repite lo que nos está diciendo es que trata de encontrar sus enlaces a fin de disiparse de nuestra memoria, enlazarse con algo que sea semánticamente similar a fin de hallar correspondencias entre nuestros recuerdos antiguos. Si no las halla el anzuelo queda colgando de esos hilos invisibles que penden del soñante cada noche y se arrastra a la deriva intentando infructuosamente su objetivo.

Lo complicado de todo esto e galimatias pertenece a lo que conocemos como el problema dificil de la conciencia. ¿Cómo se las arregla nuestra mente para convertir una experiencia vivida en señales electricas? O al revés ¿como se las arregla para convertir señales eléctricas en ideas pensamientos, creaciones o paroxismos estéticos?

Y lo cierto es que lo hace a pesar de que no entendemos cómo lo hace. Y a lo mejor el secreto es que no hay tal secreto y que simplemente nuestro cerebro utiliza sus conexiones extrasomáticas para codificar y decodificar las señales y simbolos en pensamientos.

Si esto fuera asi, los sueños representarian la actividad del cerebro abandonado a sus propios medios. Pero ni siquiera seriamos capaces de soñar si no dispusiéramos de una base de datos externa que previamente y a través del estado de vigilia hubiera venido a socorrernos para dar forma a esa actividad de bajo perfil que realiza nuestro cerebro por sus propios medios.

Pues a fin de cuentas lo que soñamos son los elementos finales de esa conversión que llamamos símbolos, más concretamente lenguaje y ficciones relativas a ese mismo lenguaje.

Un lenguaje que a fin de cuentas no representa la realidad sino que solo se representa a si mismo.