El dinero, la mujer y el incesto

La ausencia de esclavos colapsa a los amos

Vicente Verdú

No cabe ninguna duda de que la mujer ha sido siempre un bien social, una especie de valor intangible por el que los hombres han pagado dinero o especies para poseerlas, bien fuera por su valor de trabajo, su valor para el placer o por el valor por su potencial genésico. Fuera como fuere la mujer llevaba adosado  ancestralmente un valor por el que los hombres pagaban y pagan para hacerse con “sus servicios”.

Todo parece proceder segun Freud dejó escrito en “Tótem y tabú” de una historieta similar a ésta: en las tribus primigenias, clanes más bien, habia un hombre dominante que se encargaba de todas las hembras y acaparaba todos los recursos, en un momento determinado todos los machos del clan eran hijos del mismo padre, pero los hijos guardaban secretamente un enorme rencor hacia él, un buen dia decidieron darle muerte y quedarse con sus bienes y prebendas, tanto alimentarios como de hembras  Después del parricidio aquellos hominidos tuvieron un  arrebato de culpabilidad y se unieron más si cabe entre sí, propiciando las primeras cohesiones humanas que se fundaron así, sobre un crimen. La comunión y la sensación de “ir en un mismo barco” procede, en los humanos, de un crimen ritual perpetrado sobre un padre tiránico que acaparaba demasiados beneficios. Sea o no cierta la idea freudiana de cómo debieron suceder estas cosas algo de verdad nos queda de ellas por el rastro que todas las religiones han dejado en nuestro imaginario. Basta contemplar el acto de la eucaristía católica -que es en definitiva un acto de “comunión”- es decir de cohesión social que se perpetra sobre un ritual canibalistico. Comerse al padre es desde el punto de vista animista una forma de religarse, de comprometerse o de redimir un pecado, una falta anterior.

El caso es que estos clanes primigenios protegidos por un tótem -que era en realidad la victima propiciatoria de este crimen organizado por las bases- tuvieron que llegar a ciertos arreglos con respecto a los bienes que codiciaban: comida, poder y mujeres. Segun Freud, el Tótem -el antecedente y precursor de la familia tal y como la entendemos hoy- fue el que organizó el cotarro que hoy llamamos “tabú del incesto”. Los humanoides primigenios llegaron a un acuerdo entre caballeros y ungieron como intocables a las mujeres como manera de protegerse frente a las rivalidades que necesariamente emergerian de un totem poblado de buena carnes de jovenes hembras y de deseosos machos. La idea fue ésta: hay que conseguir mujeres de otros clanes a fin de mantener a las comunidades cohesionadas.

El problema -visto de esta manera- es que conseguir mujeres de otros clanes no era tarea fácil pues todos los clanes sentian a sus mujeres como dones de valor y se imponía comprarlas o cambiarlas por comida, pieles, adornos, o ganado. Se trata de una práctica ancestral que ha llegado a nuestros dias, conseguir una mujer no es tarea fácil y desde luego nada barata, una mujer vista desde esta perspectiva tiene un valor y ese valor es equiparable a lo que hoy entendemos como dinero.

El dinero es desde luego un gran invento porque sustituía a los incontables manojos de ganado, tierras, pieles u otros objetos que para pagar estos bienes hacian dificil el tránsito de cualquier viaje. Es por eso que el dinero como sustituto del trueque puede considerarse un hallazgo, pero el dinero tiene un inconveniente fundamental: alguien debe decidir qué dinero es de curso legal (es válido) y qué dinero es falso, se hizo necesaria pues una instancia que decidiera darle valor al dinero en sí, pues las monedas por sí mismas carecen de valor extra mas allá de su aleación, por eso se inventaron los Estados más recientemente o los Templos mas antiguamente para tratar de validar el valor del dinero. El oro era seguramente la matriz (como es hoy) de todos los dineros, lo que es lo mismo que decir que el Estado (en la modernidad) es quien valida todas las operaciones y canjes de dinero o de trueque entre unas personas y otras.

El asunto funciona bien mientras hay compradores y vendedores, hombres que buscan esposas y doncellas, amos y esclavos, trabajadores y empresarios. Dicho de otro modo el asunto funciona mientras hay dos polaridades en tensión y un tercero (el Estado o el Templo) que dan cuenta, median y salvaguardan estos mecanismos a través de una reserva de valor usualmente medida en oro o en capacidad de endeudamiento.

La mujer, el dinero y el incesto que prohibe el acceso a ciertas mujeres (niñas, o procedentes de la misma familia real o simbolica) se encuentran pues unidas por vinculos evolutivos y semánticos y perviven hasta nuestros dias. Del mismo modo la fascinación de la mujer por vender sus encantos al mejor postor sigue siendo uno de los motivos mejor conocidos y que gozan de mayor popularidad en todas las culturas. Todo el mundo sabe que las mujeres más bellas o consideradas más valiosas son “propiedad” de un hombre adinerado. Todo el mundo sabe tambien que la prostitución es un oficio muy antiguo y que sigue en nuestros dias tan vigente como cualquier otra cosa que ha logrado escapar a la vigilancia del Estado o al contrato social.

La mujer ha sido pues un objeto de intercambio mediado por el dinero y las costumbres que llevaba añadido un IVA, es decir un valor añadido al valor de las cosas en sí, era por asi decir un objeto de intercambio y de algo más: un intangible según que habilidades supiera desempeñar en la cama, en al campo, en el hogar, en la crianza de los hijos o en la fábrica.

Las cosas funcionaron asi hasta la explosión de la modernidad (en realidad la hegemonia de las ideas románticas sobre la vida), algo se gestaba en el siglo XIX cuando las mujeres parecian no conformarse ya con este lugar a que las condenaba este estado mercantil de las cosas a través de la prescripción del matrimonio o el celibato. La histeria por ejemplo es un buen concepto para explorar como andaban las cosas en aquel siglo pues la histeria no es más que la condición de lo femenino en perfomance reivindicativa, una queja que lleva implicita una protesta. No deja de ser curiosa la historia de esta enfermedad y los vericuetos que Freud mismo trazó para eludir el problema (más que evidente) de que sus pacientes enfermaban de histeria cuando eran obligadas y señaladas por sus padres para cuidarles ancianos y enfermos. Es sorprendente que Freud no cayera en la cuenta -inventando trayectorias intrapsíquicas exóticas como la envidia del pene- de que en realidad todas sus pacientes no eran sino feministas precoces en pos de la reividicación de un papel más activo en el mundo que el que sus progenitores habian señalado para ellas, algo a todas luces injusto para la mentalidad moderna. Dicho de otra manera: aquellas mujeres querían dejar de ser objetos mercantiles para ser sujetos, sujetos de su propio goce sexual y sujeto de sus elecciones, de sus vidas. Como los hombres.

La cosa no estalló hasta los sesenta con aquello que vino en llamarse la “revolución sexual” algo que vino de la mano de la farmacología (el invento de la pildora antibaby) y no tanto de las opciones politicas o sociales. La pildora anticonceptiva puso en manos de la mujer una herramienta revolucionaria: ya no quedarian embarazadas al azar sino siempre y cuando ellas mismas lo eligieran. Esta elección de cuando y con quién cambió el mundo de una manera sutil, no tanto porque sus consecuencias fueran inmediatas sino porque la causas, sus efectos previsibles y sus efectos no deseados o colaterales (como siempre sucede con los fármacos) tuvo consecuencias a largo plazo sobre el imaginario de hombres, mujeres, niños , padres y abuelos. Porque ¿qué puede esperarse cuando el objeto pasa a ser sujeto? ¿Qué sucede cuando el trabajador no tiene empresario que le contrate? ¿Que le sucede al amo cuando el esclavo no le obedece? ¿Qué pasa cuando el deudor no paga su deuda?

Lo que sucede es que el sistema colapsa. Y en este caso lo que ha colapsado es la masculinidad. Ya no existen hombres-hombres pues ya no existen mujeres-mujeres. La perdida de tirantez entre los contrarios ha dado lugar a una masculinización de las mujeres y a una feminización de los hombres que no se manifiesta sólo en gustos depilatorios y en la mentalidad mas o menos isosexual, sino tambien en lo somático, lo hormonal y la caida de la fertilidad. Metidas en esta contradicción las mujeres han sido las peor paradas puesto que no tienen más remedio (lo hayan elegido o no) que cargar con las prescripciones sociales que les vienen impuestas por la sociedad en la que viven. Asi deben compatibilizar sus tareas de esposas con las de madres y trabajadoras, hijas y ciudadanas en una cuadruple jornada que dejaría agotados a un regimiento de personas esclavizadas en campos de algodón, mientras sus maridos poco influidos por estos cambios sociales y solo de rebote se escabullen todo lo que pueden de sus quejas que vuelven a ser protestas ya no histéricas sino psicosomáticas.

En su tránsito de objeto hacia sujeto la mujer ha perdido el valor que la sostenía como objeto de intercambio y esa perdida -cuya causalidad las mujeres desconocen- tiene consecuencias dolorosas que, ellas en su extravío, atribuyen a los hombres que como pajes castrados asumen sus tareas con displicencia y distancia notoria. Se ha forjado un abismo de sobreentendidos entre hombres y mujeres del que sólo salen bien parados algunos: aquellos que aun son capaces de seducir a una mujer eficiente a causa de su dinero o probidad y algunas: las que son capaces de encontrar un hombre que financie su posición de sujeto social con ciertas garantías, algo que pueda hacer creíble un simulacro de emancipación. El resto de la sociedad de términos medios hemos salido malparados en esta demolición y aun suspiramos por una imposible síntesis de contrarios que con arreglo a los ideales de igualdad equipare a hombres y mujeres como si de un sexo gemelar se tratara.

El problema es que no existe síntesis posible en lo femenino y lo masculino de no ser que emergiera la utopia feminista de un tercer sexo.

En realidad las politicas de Igualdad han sido  paradójicamente las responsables del actual sistema de desorden sexual en el que vivimos. Pues la subjetivación de la mujer no ha hecho sino fragmentarla en distintas parcelas de sujetos diversos: de una parte la mujer puede ser una magnifica trabajadora o profesional igual que un hombre o incluso en ciertas profesiones mucho mejor que ellos, pero ¿cómo compatibilizar esta eficacia con el resto de sus pulsiones arcaicas de cuando era solo un objeto con valor de intercambio? ¿Como ser una buena profesional y desarrollar una carrera con hijos, marido y esa incansable pulsión hacia el atractivo, algo tan ancestral que parece abrumar a las mujeres de por vida? ¿Cómo dejar de sentirse insatisfecha si renuncia a su vida profesional por dedicarse a su familia o a la carrera de su marido?

Afortunadamente, la mayor parte de las mujeres no tienen una carrera que defender y el trabajo para ellas no es central a pesar de haber realizado ya el tránsito de objetos a sujetos deseantes con algunos peajes sobreañadidos en forma de insatisfacciones corporales, con los hijos, el marido o pareja o esa eterna pelea con la báscula, el rencor o los remordimientos por haber dejado de hacer esto o aquello, por las oportunidades perdidas. La mayor parte de las mujeres trabajan para aportar un segundo sueldo a casa con el fin de conseguir ciertos bienes materiales que con sólo un sueldo serian dificiles de conseguir, otras simplemente deciden no tener hijos y no vincularse a ningún hombre de forma definitiva, otras se consagran a alguna tarea masculina y adoptan algún hombre “femenino” que les haga de acompañantes, otras se dedican en cuerpo y alma a sus familias y renuncian a ser sujetos sin caer demasiado en la cuenta de que están reproduciendo un rol ancestral. Cada cual elige segun sus posibilidades de comprensión de este oscuro fenómeno que emparenta el valor añadido o intangible de lo femenino con el sexo, el dinero y las prohibiciones ancestrales que arrastramos desde la época de la caverna.

La crisis económica que vivimos en la actualidad puede ser definida como el pecado -la purga- por la realización de una transgresión incestuosa. El dinero sólo se emparenta con el dinero, lo similar (la mujer) con lo similar (el hombre). Si el dinero ha perdido su Fundamento (El Banco o el Estado) el sexo ha perdido la tensión bipolar que alimentaba su flujos y reflujos. La femineidad ya no interesa a los hombres y la masculinidad sólo puede ir a buscarse en lo imaginario, en los campos de deportes o en el inconsciente de las mujeres que reclaman para sí un macho atávico que las use sin miramientos. Eso sólo en aquellas cuyo inconsciente aun no ha sido sellado por las conveniencias de lo correcto y asi mientras tanto ellos van al gimnasio a fortalecer biceps y glúteos que sólo podrán ser admirados como espejos ocultos de goces innombrables, ellas sufren en silencio por su renuncia mientras ellos descubren -gracias a las que socavaron el sexo con la etiqueta del género- que son homosexuales. Pues el sexo sin la plomada de la genitalidad se convierte en una elección a la carta, mediada culturalmente. Ellos tambien han descubierto, al fin, el placer de ser solamente objetos y se apasionan por la gastronomia y las tareas del hogar, hacer de papás, cosen o poner la lavadora mientras cantan un aria de Puccini. La tensión en la trinchera se ha perdido y el territorio de nadie donde ya no hay objetos ni sujetos sino solamente vacíos, tabúes transparentes y objetos desubicados hace su aparición en la vida de las personas donde cada vez más existen -soledades electivas o no- personas viviendo solas o como se dice ahora singles, metáforas de desamparo más cruel.

Es dificil pronosticar cómo saldremos de esta Crisis actual pues el sistema financiero no puede financiarse a sí mismo, del mismo modo es dificil reconstruir el sentido de polaridad entre los sexos. No estoy proponiendo una vuelta atrás en el sentido de devolver a las mujeres su valor mercantil asignándoles un precio.  La solución es homeopática: Simili similibus curantur. La salida del desorden amoroso no puede ser otra más que aquella que contenga más desorden: dejar de pagar a las mujeres por sus favores sexuales (por su valor de hembras atávicas) o dejar de financiar su emancipación.

Es lo que yo hago.

Pero para saber más de los paralelismos entre la Crisis actual y todos estos conceptos les recomiendo este libro de Vicente Verdú:

El capitalismo funeral. Compactos. Barcelona 2011.

15 comentarios en “El dinero, la mujer y el incesto

  1. Absolutamente de acuerdo en su discurso, y más de acuerdo aún en su planteamiento de la perdida polaridad sujeto-objeto. Es evidente (aunque algun@s clamen al cielo) que no es sano ir de un extremo a otro, con la consecuencia de que hoy día la transgresión más atrevida y real de una mujer pase, paradójicamente, por administrar el goce de ser objeto aunque sea en rituales íntimos nostálgicos donde la hembra es de nuevo mujer-mujer y el hombre el macho alfa que siempre fue, y donde cada uno plasma gustosamente la naturaleza que la evolución les concedió, sin reivindicaciones contranatura que enturbien el encanto, dejando las políticas de igualdad que menciona para quienes tengan a bien sucumbir a ellas. Cierto, en la aplastante mayoría de casos (por suerte no en todos) se ha perdido la tensión bipolar que, según Jung, es de donde surge la vida.
    Por cierto, siempre me gustan las imágenes con que suele ilustrar sus escritos, pero la de éste me parece especialmente acertada para el tema tratado 🙂

  2. Yo propongo para las relaciones de pareja que cuando la mujer adopte el papel de sujeto el hombre adopte el de objeto y viceversa. Lo anterior tb sería válido para las relaciones sexuales.Debemos ser versátiles, así hombres y mujeres se beneficiarían de los placeres de ser objeto y sujeto.Si podemos ser las dos cosas, ¿por qué renunciar a una?

  3. Creo que siempre ocurre lo mismo, uno no se escucha en su fuero interno y acaba haciendo lo que le proponen, el atractivo de lo otro, lo moderno y aparente facil. Dice Dogen que los rios y las montañas estan ofreciendo su enseñanza y que no es nada fuera de lo que es ordinario, tenemos, creo, miedo a volver al trabajo en el campo, a dar a luz en las propias casas, en sudar y dar apariencia de trabajado, huimos de involucrarnos en la vida pues es para plebellos, Quizás a las mujeres les guse que un hombre las utilice sin miramientos porque si no fuera así, nunca hubiera sido. La cobardia se apodera de nuestra libertad.
    Intuyo que lo mejor de un hombre se lo saca la mujer que tenga al lado, porque el aspecto caracteristico de la mujer, su impronta puede hacer resurgir eso en el hombre y viceversa. Lennon experimentó eso en la compañia de Yoko, la compañia es muy importante, para bien y para mal.

  4. Anda, que menuda pringadera y tomadura de pelo lo de la liberación de la mujer. Encima para mayor recochineo lo maquillan como la revolución sexual de la mujer. Sí, menuda revolución, como si a la mujer-mujer hubiera tenido alguna vez necesidad de que alguien le dijera lo que tiene que hacer en caso de poseer necesidad de convertirse cuando ella quiera en una mujer fetiche y luego dejar de serlo.

    No seré yo la que diga que debemos volver a tomar un valor equiparable a los caballos, las ovejas o los bueyes, pero es que cuando el valor de la mujer era equiparable a estos productos la vida del hombre no es que valiera más que el de las gallinas. Es decir, esto no es una cuestión del valor diferencial entre hombres y mujeres sino del valor real de hombres y mujeres dependiendo de la clase social a la que pertenecen. La clase general y englobadora es PERSONAS luego RANGO y despues SEXO y el orden no se ha invertido, así que de revolución nada, paliativos en todo caso.

    Todas las mujeres no somos iguales ni tenemos los mismos problemas por tanto mi identificación no debe ser por sexo porque que la misnistra del interior del anterior gobierno Carmen Chacón pudiera parir y mantener la lactancia de su hijo sin mayor problema desarrollando sus obligaciones laborales porque lo tenía en una sala contigua a su despacho con una nani no demuestra nada más que todas no estamos en el mismo saco ni tenemos los mismos privilegios y hacernos ver que eso es general y se debe a la revolución de la mujer no es nada más que un insulto a la propia inteligencia de la mujer y de las personas en general.

    La moda es algo inventado por las propias mujeres, exactamente por las mujeres de clase alta que de esta manera marcan la diferencia de rango y clase frente a las de status más bajo que accederán a las nuevas tendencias uno o dos años después y desde luego con marcas de rango inferior.

    “La ausencia de esclavos colapsa a los amos ” desde luego, por eso duplicaron la población activa de mano de obra con las mujeres trabajando en jornadas completas, así se aseguran que de colapso nada, colapso para los demás no para los amos. La verdadera libertad está en decidir si se trabaja o no, por cuánto se trabaja y dónde…, es decir, cuándo. cómo y donde uno pasa de sujeto a objeto, lo demás no son nada más que enormes maletines de maquillaje de la SRTA PEPIS.

  5. Bueno Kissy la alternancia es lo que hacemos todos los individuos, ahora yo y ahora tu, una especie de simulación de mutualidad que nos deja contentos, igual que sucede en politica, ahora el PSOE y ahora el PP, el bipartidismo es una buena metáfora para hablar de esa alternancia de roles donde ahora mando yo y luego tu, pero que no acaba de resolver el problema de fondo porque para hacer todos lo mismo ¿para qué necesitamos dos partidos?¿Para qué dos sexos?

  6. Pues si Maria Jose pones el dedo en la llaga cuando hablas de las mujeres poderosas que dirigen las modas y los roles femeninos. El problema es que cuando se habla del trabajo femenino pocas voces son las que discriminan de qué clase social se está hablando. La reivindicación del trabajo es en suma una estafa (como el divorcio) para las clases subalternas y solo aceptable para aquellas mujeres (ricas o no) que han optado por una “carrera” profesional y no un simple trabajete para pasar el tiempo. la mayoria de mujeres de mi pueblo estarian encantadas de no trabajar pero la notario estoy seguro de que no.

  7. No entiendo Paco; el PP es sólo PP, no puede ser PP y PSOE a la vez. Los humanos sí podemos ser hombre y mujer a la vez y necesitamos dos sexos pues para tener hijos de vez en cuando y divertirnos

  8. Pues qué mujeres tan raras tienes en tu pueblo, porque a todo el mundo le gusta ganar dinero aunque sea con un trabajete para pasar el tiempo, es más, tener posibilidad de no tener más necesidad que buscar ese trabajito es todo un privilegio.

    ¿ Kissy estás segura de que se puede ser hombre y mujer al mismo tiempo ? Es que yo no veo esa necesidad.

  9. Nuevamente te felicito Paco, un post que me pone a reflexionar mucho.

    Agrego dos ideas. Primeramente debo decir que mis estudios se realizaron en un instituto psicoanalítico muy prestigiado, tuve maestros a quienes he considerado muy capacitados, además de permanecer por muchos años en grupos de estudios sobre la obra de Freud, coordianados por una de los psicoanalistas a quién más admiro y respeto en México. Aprendí mucho, nos adentramos en los escritos de Freud e incluso cuestionamos muchas de sus ideas, aun antes de que se inicie el siglo XXI, lo cuál ya nos ubica como pioneros en estas desidealizaciones. Pero a nadie se lo ocurrió lo que a tí te ha parecido, y con muchísima razón, sumamente obvio, las pacientes de Freud no eran enfermas, por el contrario, eran las primeras rebeldes que buscaban romper con la definición de objetos secundarios, y que lamentablemente el Maestro catalogó como neuróticas y a quiénes recomendó volver a su sitio. Hoy en día podemos aprender mucho más de Dora, Isabel, y demás féminas que deseaban vivir de otra manera. Voy a volver a leer los casos desde la óptica que propones.

    Hoy en día, también solemos aparentar “rarezas”, aquéllas que no cumplimos con el rol, ya sea de mujeres sometidas, o bien de “luchadoras no exitosas”, que también nos cuestionamos cuál debió ser el camino más adecuado.

    Concuerdo con el comentario de María José Blanco. Ni yo ni muchas mujeres podemos identificarnos con la supuesta mujer liberada y triunfadora que se apunta éxitos profesionales al tiempo que controla eficazmente su vida familiar, apoyada por una serie de recursos, materiales y seguramente humanos, que la hacen aparecer como “la mujer maravilla de nuestros tiempos”.
    Aunque compartimos género, todas somos diferentes pues cargamos con nosotros las consecuencias de nuestros genes, nuestra historia personal y las circunstancias externas que hemos tenido que enfrentar. Este bagage nos impide que lleguemos de igual manera al mismo lugar. Es fácil aplaudir a una mujer que recibe aplausos desde su atril enarbolando una bandera de lucha feminista, aunque no siempre sabemos como llegó a esa posición.

    En cambio resulta más sencillo cuestionar a aquéllas, en condiciones menos favorables, que no alcanzaron tantos éxitos, y que, como las mujeres de tu pueblo, hubieran deseado una vida más sencilla y cómoda, y en el mejor de los casos, en compañía de una pareja que complemente su vida con base en el amor y en el respeto por lo que cada uno es y los recursos tanto internos como externos que posee.

  10. Un post extraordinario que mantiene una tesis profunda y consistente.

    La imitación es nuestra forma básica de aprendizaje, pero paralelamente también es nuestra manera de ir muriendo. Es en la medida en que nos volvemos copias de lo ya existente que no somos nada más que un back up, una copia de seguridad de los memes que persisten en una determinada época.
    Si además ese meme es estúpido y perjudicial, uno será tristemente una copia para la persistencia de lo estúpido o perjudicial. Es decir, un virus. Pretender que el hombre o la mujer es una página en blanco cuyas bases biológicas pueden reescribirse sin más, es uno de los virus más letales que vivimos en esta época.
    La dramática situación que muchas personas viven a causa de estos memes, se acrecienta por ese desamparo que produce no saber la causa real de lo que les ocurre, más allá de haber imitado el comportamiento de la época.
    Pero incluso si alguien es capaz de autoinicularse una vacuna contra este virus y dejar de replicar comportamientos , aun tendrá que lidiar con el hecho de que aquellos que lo rodean aun siguen infectados y por tanto no les valdrá de casi nada su insight en tanto no encuentren a otra persona que también se haya “curado”. La cuestión se complica cuando aquellos que se curaron no pueden manifestarlo por el riesgo de ser parcialmente excluidos de un sistema “políticamente correcto”.

  11. Pero Kissy en ese post Paco habla, como muy bien lo llama, del “Sexo cuántico ” y tal y como explica al final del post :” Siempre que entendamos, claro está, que ser macho o hembra pertenece a un nivel de realidad distinto al resto de las posibilidades de ser-sexual. Siempre que seamos capaces de discriminar lo que es el gato en sí de lo que es el invento de un gato o la representación de un gato, entonces si, vuelven a haber ocho gatos”

    Que la realidad cuántica exista no significa que tenga que tenerla siempre en cuenta para todas las definiciones de la realidad, porque se trata de dos niveles diferentes. Una cosa es la realidad tangible del día a día donde yo noto y siento el contacto con otra persona y otra es que sabiendo según la física que el contacto entre dos superficies nunca se produce sino que lo que sentimos es la fuerza de repulsión de los electrones que gravitan en nuestra superficie en contacto con los electrones de otra, se niegue que si alguien me ha acariciado yo pueda decir que he sentido su piel. Es decir, que yo no estaba hablando de sexo cuántico, sino que no es necesario sentirse hombre para poder romper el espejo de las identifiaciones que mantienen a la mujer como un bloque uniformado previsible y por tanto sumamente manipulable al arbitrio de fuerzas externas poco idenficables pero que utilizan la imagen en beneficio propio.

    En cuanto al género sexual sé que Paco tiene otro post donde lo explica bastante bien en neruociencias, pero no lo encuentro.

    Seguro, Paco, que tú sabes dónde está.

  12. Yo tampoco hablaba de sexo, o eres hombre o eres mujer. Hablaba de la mente humana ;si la mente humana no sigue las leyes del determinismo (como dice el post) puedes pensar como hombre y mujer a la vez.

  13. Pues mucha gente cree que se puede pensar como un hombre y una mujer a la vez pero, si de pensamiento se trata, creo que eso no es cierto. Lo que sí se puede tener y creo que es lo que se debe conseguir es intentar pensar de forma diferente para poder superar precisamente esas leyes del determinismo como dice el post.

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